Sé vos, nomás y al mundo salvarás: la historia de una niña trans en Azul

El jueves pasado, en la oficina local del Registro Provincial de las personas, una niña trans de nuestra ciudad, de tan sólo 5 años, pudo efectuar la anulación de su partida de nacimiento y reemplazarla por una nueva, que refleje su género autopercibido. 
Allí, la niña, su abogado y sus padres, ante la necesaria participación de las empleadas de la dependencia provincial, despidieron a un varón y le dieron la bienvenida a Flor.

Sus padres decidieron contar su historia “Si abre una sola cabeza, un solo corazón habrá valido la pena”.

Azul ha sido pionera en la efectivización y pleno ejercicio de los derechos relativos a la identidad y la libertad de amar, ser y sentir. Fuimos partícipes años atrás, de un matrimonio entre dos mujeres, de los primeros en la Provincia de Buenos Aires luego de la aprobación de la ley de Matrimonio igualitario. De igual manera hoy, en nuestra ciudad, una niña trans cierra un ciclo de su corta vida, donde su documento y su sentir estaban disociados. Hoy es enteramente ella.

Pero el acto administrativo acontecido la semana pasada no fue el comienzo, sino el fin a una etapa que comenzó mucho antes, más específicamente cuando Flor tenía apenas un año y medio. En ese momento, su mamá comenzó a presenciar como su hijo, según constaba en la partida de nacimiento, le pedía rejillas y repasadores para simular tener pelo largo y utilizaba remeras que le quedaban grandes y las transformaba en vestidos.

Estos primeros indicios, sumados al deseo de Flor de ser una princesa y dejar una y otra vez en claro que ella era una nena, no les generó preocupación a sus padres, pero si curiosidad y es por esto que decidieron charlar con algunos profesionales.

El primero en saber fue el pediatra, quien atinó a opinar que quizás, Flor simplemente imitaba a una figura femenina que idolatraba, pero al recurrir a una psicóloga se encontraron con el aspecto menos agradable pero el más común en nuestra sociedad: el desconocimiento y el rechazo. 

Así, la psicóloga les recomendó reprimir lo que su hija sentía y les aconsejó ocultar la ropa de mujer, los maquillajes y los zapatos de mamá, alentando a que Flor no sea Flor, si no que le haga caso a lo que el doctor le impuso en base a su sexo biológico el día que nació. Ella debía comportarse como algo que no era, como un varón.

No hubo caso, el sentir de Flor fue más fuerte y gracias a la intervención de una tercera profesional, quien luego de escuchar las inquietudes de los padres y conocer a la niña, pudieron ponerle nombre a lo que estaba pasando: estaban frente a una niña trans.

Había que hacer el duelo del niño que no tenían y dejar ser a la niña que Flor decía ser.

A partir de este momento, comenzó un camino para los padres de aprendizaje, basado en indagar a través de videos en Youtube y conocer sobre otros casos similares en el país, que fueron fundamentales para entender cómo darle las herramientas adecuadas a su hija para ser plenamente ella, sin condicionarla ni presionarla. Comprar ropa y elegir su nombre fueron algunas de las cosas que dependieron enteramente de Flor, quien eligió su nombre, el que coincide con lo que ella siente y lo vistió con las ropas adecuadas, lejos de las vestimentas históricamente asociadas a los varones.

Flor repetía constantemente: “no soy más un nene, soy una nena y mi nombre es otro”, por lo que el paso siguiente fue anular su partida de nacimiento, que no era tan suya, su nombre no estaba ahí, reflejaba los datos de otra persona, que muy lejos estaba de su vestido de princesa y los zapatos de mamá que tanto le gustaba usar.

Lo complejo que se tornaba asistir a distintas instituciones públicas, debiendo explicar lo que sucedía constantemente delante de su hija, fue el punto definitivo para plasmar en un documento público la verdadera identidad de Flor y así fue que el día jueves 23 de julio del 2020 y luego de recibir asesoramiento de funcionarios del Area de Género de la Provincia de Buenos Aires y con el acompañamiento de Facundo Achaga, en su rol de Abogado de la niña, efectivizaron la anulación de su partida de nacimiento y la posterior confección de una nueva partida, poniendo punto final al último vestigio que quedaba de aquel niño que Florencia jamás fue, ella siempre fue Flor.

“Yo fuí parte de un equipo, junto con el Ministerio de género de la Provincia, su psicóloga y sus papás, donde Flor es la protagonista” sostiene Achaga, quien afirma que su tarea consistió en representar a la niña y acompañarla en la prestación de su consentimiento ante las autoridades del registro de las personas, para que el trámite legal tenga validez y se constate que Flor, en este caso, fue debidamente asesorada.

“Éstas son las cosas que enaltecen la profesión, porque el abogado debe tener una función social y muchas veces nuestra tarea está asociada a los momentos malos” agrega Facundo, a la vez que sostiene que “hay muchas infancias trans en la Provincia que son prohibidas y nos debemos replantear esto como sociedad, repensar la infancia y dejarla libre, ya que muchas veces los niños y niñas toman mejores decisiones que los adultos”.

Pero este enorme paso que Flor y su familia dieron días atrás, no hubiese sido posible sin la contención de amigos, familiares y el trabajo realizado por Marilina como psicóloga de la niña, acompañado de un proceso de aprendizaje que encontraba su motor en las ganas de Flor de que se la respete en su decisión, la cual estaba ya tomada hace mucho y no había marcha atrás.

“Hay que aceptar a las personas como son, sin discriminar o hablar sin conocer” señala el papá de Flor como una enseñanza que toda esta experiencia le dejó y que le mostró que a veces la felicidad en las personas se logra con tan poco, respetando la libertad de los demás y disfrutando, en su caso particular, de la libertad de su hija.

Este suceso nos impone a todos los que formamos parte de la sociedad azuleña un desafío, que es aprender los adultos de los niños. La mirada desprejuiciada de los más pequeños ayudaría a que los adultos podamos, al igual que el papá de Flor, disfrutar y ser felices, viendo como los que están a nuestro alrededor, son felices siendo libres y plenos.

“Como sociedad vamos a superarnos el día que deseemos tener un niño trans” afirma la mamá de Flor, que ansía que cada día la sociedad se encuentre más receptiva a realidades como ésta, que no son nuevas y que estuvieron históricamente invisibilizadas, a costa de la infelicidad de muchos y muchas. Una sociedad que deje a cada uno ser lo que es y así, salvar el mundo de aquellos que lo conciben como algo inmutable y que condena a la marginalidad a quienes se animen a ser orgullosamente ellos.

Flor es una niña feliz y sana, las dificultades que enfrente de ahora en más, tendrán que ver con los demás y fundamentalmente con los adultos que no saben respetar algo tan básico como el derecho a ser.

Los padres de Flor no dejan de preocuparse por las estadísticas que señalan que la expectativa de vida de una persona trans es de 35 años y que el 40%  de los adolescentes trans pasan por intentos de suicidio por la falta de aceptación social de su condición. Por eso cuentan su historia, porque saben que hay familias en Azul que pueden estar pasando por lo mismo, porque saben que hay otras tantas historias como la de Flor que necesitan y merecen ser aceptadas. Por eso insisten con “abrir mentes y corazones”, tarea indispensable y urgente.