Ficción de Tesis sobre la realidad: La Descolonización

Regresar a Diario Mar de Ajó, el diarito – Prensa Popular – Noticias Atemporales – Prensa Alternativa

Por Marcos Gallardo

A la gente brava del sur de Argentina los llamaron “tehuelches”; nombre que le dieron los mapuches a los pueblos nativos que habitaban desde la Patagonia  hasta la pampa. En su explicación del origen del universo, narraban que el mundo en los comienzos estaba gobernado por gigantes llamados “Noshtex” y que, un día, uno de ellos tuvo un hijo con una nube. Por temor a ser desafiado debido a una antigua profecía, uno de los gigantes intentó devorarlo; sin embargo, el niño sobrevivió gracias a un pequeño pájaro que pudo rescatarlo a tiempo y esconderlo hasta que se hizo adulto para poder así enfrentarlos. Dicen los caciques del clan de las tribus —entre los cuales también había mujeres como “María la Grande”— que utilizó flechas mágicas para herirlo, desterrándolo a los confines de la tierra, muy profundo debajo de la cordillera de los Andes… como aquellas guerras que nos contaba Gramsci que se libran en la sociedad: las de superficie y las subterráneas… Pero quedaba aún otro gigante muy poderoso; para poder derrotarlo, tuvo que usar toda su astucia convirtiéndose en un pequeño insecto y lograr así atacar desde adentro. Similar a lo que sucede a veces con ciertos intereses y poderes extranjeros que buscan hacerse pequeños y pasar desapercibidos para enfrentar a las masas entre sí y atacar desde el interior…

Al ser derrotados y encerrados, la tierra pudo prosperar y los aonikenk (sureños) aprendieron a cazar, a encender el fuego y, sobre todo, a unirse y organizarse para enfrentar las amenazas por temor a ser devorados o derrotados nuevamente por aquellas “fuerzas negativas” … como ocurrió también en “El Gran Miedo” durante la Revolución francesa.

El telón del teatro comunitario se cerró y bajaron las luces… Es la primera vez que Simona ve una obra de teatro de títeres. El presentador dijo que en 20 minutos comienza la siguiente, así que algunos fueron a los baños y otros al Kiosco de la entrada. En la siguiente función aparecen dos personas hablando en un colectivo:

—Mira, hijo, te digo que los autores clásicos o fundadores de cualquier ciencia suelen ser material inagotable, permeable y elástico, como el caso de Max Weber, junto con Marx y Durkheim. Claro que a Carlitos lo empezaron a enseñar mucho después, porque la sociología estaba influenciada por los modelos de EE. UU.; entonces nos enseñaban a Pareto, que borraba el conflicto social y la lucha de clases, todo el contenido dialéctico, pero no te quiero marear por ahora.

Simona abrió un chocolate que compró a un vendedor y siguió prestando atención…

—Max Weber no viene a corregir las otras corrientes, que son el funcionalismo y el materialismo histórico, ni a negarlas, sino que se complementan, como aquellas aguas que confluyen en un mismo cauce, como los lentes que utilizamos para ver de lejos y de cerca: todos útiles según la ocasión. El alemán, en la obra La ética protestante y el espíritu del capitalismo, observando el mapa de países pobres y países ricos en Europa, nota que aquellos que poseían mayores riquezas eran quienes practicaban o pertenecían a la religión protestante o evangelista, mientras que el resto eran católicos, islámicos o de distintas creencias…

Una persona se levanta y hace ruido cuando roza los asientos; parece que le estaba sonando el teléfono. La obra continúa.

—A medida que avanza en su investigación, se detiene a observar, intentar comprender e interpretar para poder explicar lo que está viendo; es decir, analizar y ordenar la realidad que para él es caótica, siendo los individuos quienes le damos sentido y la sostenemos.

—¿Me seguís, hijo? —le dijo un títere al otro, casi mirándolo con una mezcla de ternura y paciencia.

—Al observar la forma de pensar, hacer y ser de aquellos grupos, es decir, el ethos religioso, nota que existía la creencia entre estos de que si eran «elegidos por Dios» tendrían una vida próspera con muchas bendiciones materiales, ya que al no poder comunicarse con el Padre directamente excepto en la oración, la voluntad del Creador solía manifestarse de esa manera y, a su vez, les garantizaba un lugar en los «cielos» al momento de partir. Por otro lado, en la Biblia o evangelio algunos versículos pregonaban tener una vida sin lujos, lo cual a su vez los obligaba a reinvertir su dinero en empresas, dinamizando el sistema de explotación sin demasiado consumo, ya que aquello se convertía en pecado o falta, ignorando o tergiversando la cuestión de la usura, el crédito o el interés de la cual también había hablado Aristóteles dos milenios atrás.

El sociólogo descubre así dos patrones que favorecieron el desarrollo y consolidación del capitalismo: por un lado, aquella idea de ser salvo relacionada al éxito económico-material que repercutía en la elección de carreras más cortas o con rápida salida laboral en las familias de protestantes, ya que a mayor poder adquisitivo, mayores “bendiciones emanadas desde arriba”; y el hecho de respetar el ascetismo facilitaba la acumulación y concentración de capitales que, al circular pero no haber distribución, no generaba poder de compra real en los trabajadores, y que permitía financiar a su vez la construcción de ciudades «elegidas también por Dios» seguramente en alguna tierra prometida, como aquellos supuestos pueblos que quieren afirmar su existencia intentando constantemente negar y exterminar a otros o, trayéndolo a la actualidad, amplios sectores de derecha apoyando campañas políticas. De esta manera se produce una simbiosis, transmutación o, mejor dicho, una “afinidad electiva” como la que hablaban los alquimistas; es decir, dos sustancias que se atraen o, en este caso, dos fuerzas, dos esferas: la ética protestante y el capitalismo o, mejor dicho, en esta ocasión, su «espíritu empresarial, la democracia y el voto popular”.

Es como aquella cinta de Moebius que no tiene fin: una cosa afecta a la otra y así hasta el eterno retorno…como aquellas ruinas circulares.

Al terminar la obra de títeres, Simona salió del teatro, pisó una baldosa floja que la salpico de agua, sonrió y encendió un cigarrillo, saludó a los que vendían pan casero en la feria mientras colaboraba con unas personas que viven en situación de calle y vio un cartel en el cine popular de la esquina que narraba la historia de Túpac Amaru II. Decía que quisieron desmembrarlo con cuatro caballos por rebelarse, por ser el primer pueblo originario y naturales de estas tierras en abolir la esclavitud en Latinoamérica y proclamar la igualdad; como suele suceder… quisieron doblegarlo, pero no pudieron, tal es así que casi tres siglos después su historia perdura en un cartel de la avenida…


Regresar a Diario Mar de Ajó, el diarito – Prensa Popular – Noticias Atemporales – Prensa Alternativa

 
263933
 
342246

Leave a Reply