Yuval Abraham, director de ‘NAZA’: “¿Cómo puede alguien tener una imagen de sí mismo de buena persona y seguir participando en la matanza en Gaza?”
Fuente: https://elpais.com/
El cineasta israelí se plantea volver a su país tras las próximas elecciones, pero no ahora: “Probablemente nos atacarán si regresamos”

Cuando la pantalla de su iPhone se enciende, el rostro del cineasta Yuval Abraham (Be’er Sheva, 31 años) aparece risueño, con gafas y sin ápice de cansancio, a pesar de llevar toda la mañana del viernes dando entrevistas internacionales. No se sabe en qué país europeo vive ahora escondido (¿Italia? ¿Reino Unido?) tras las amenazas que ha recibido en Israel, empezando por el Gobierno que lidera Benjamin Netanyahu, tras el estreno en el festival de Venecia de su documental NAZA, codirigido por Rachel Szor. Ambos ya ganaron el Oscar al mejor largometraje documental con No Other Land, que también codirigieron Basel Adra y Hamdan Ballal, y si aquel filme supuso un terremoto político y social, NAZA ha superado esa conmoción.
Y por esa conmoción comienza la larga charla de Abraham con un grupo de periodistas españoles la misma mañana del estreno en salas comerciales en España de NAZA, que cuenta con los testimonios de 24 militares —llegaron a tantear a más de cien— que detallan el sistema de asesinato en masa de palestinos. “Rachel y yo estamos un poco preocupados con todo lo que ha pasado. No hemos vuelto a Israel todavía, debido a las amenazas que recibimos y a la sensación de que probablemente nos atacarán si volvemos. Personalmente, estoy menos asustado con el Gobierno de Netanyahu, que creo que es muy populista y está intentando hacer esto para obtener votos para las elecciones próximas. Como periodista, cuando haces un filme que expone crímenes, que el Gobierno que los cometió se sienta atemorizado no está mal. Me pone más nervioso que gran parte de la sociedad israelí esté abiertamente al ataque contra nosotros. Eso sí, estamos a salvo ahora mismo, y con mucha energía para acompañar el lanzamiento del filme”.
Abraham aparece recostado en el cabecero de una cama. Asoma un cuadro sin marco y él mismo sostiene el teléfono. Se muestra generoso en sus palabras, no duda en las respuestas ni templa su discurso. Como cuando explica un pequeño momento de NAZA, cuando un soldado de una unidad especial confiesa que muchos de los integrantes de esa brigada son de izquierdas. ¿Qué lleva a alguien de esta ideología, cercana a la de Abraham, a asumir el trabajo de ejecutar sin miramientos a los palestinos (NAZA es el acrónimo en hebreo de daños colaterales), sin importar si son o no miembros de Hamás? “El servicio militar en Israel es obligatorio. Cuando llegas a una unidad de inteligencia, como la unidad 8200 que es de la que estamos hablando, tienes que tener un buen currículo académico, algo que posee la élite liberal que vive en Tel Aviv. No es una coincidencia que NAZA esté filmada en Tel Aviv, porque indaga en el papel de la sociedad liberal israelí. Yo quería mostrar cómo este grupo social está detrás de algunas de las acciones más atroces cometidas en Gaza. Hablamos de gente que está contra Netanyahu, que cree en la democracia, al menos para los israelíes judíos, que cree en la lucha contra el cambio climático y en los derechos de la comunidad LGBTIQ+… Pero con respecto a las políticas del gobierno israelí contra los palestinos, sus posiciones son, por desgracia, bastante similares a las de Netanyahu. Espero que los elementos más liberales de la sociedad israelí cambien su actitud. NAZA les confronta: ¿cómo puede alguien tener una imagen de sí mismo de buena persona y seguir participando en la matanza?”.

En el filme, hay imágenes de Netanyahu que aparecen en las pantallas de televisión en las casas de la gente que se ven desde la azotea donde se efectúan las entrevistas. En ellas, el primer ministro israelí repite su retórica sobre la lucha entre el bien y el mal. En esa confrontación, parece imposible que nazca una solución política al problema. “Tienes razón. Es una perspectiva simplista que permite a Netanyahu evitar cualquier tipo de escrutinio y de crítica. Si esto es una lucha contra el mal, no importa lo que hagas, eres bueno y el otro lado es malo por su esencia. Eso es lo importante. Hay un momento en que un miembro de la armada israelí dice que lo que están haciendo es acercarse a la paz. En fin. Lo que están haciendo no es asegurarse de que la violencia palestina contra los israelíes se detenga, sino reventar cualquier negociación con la diplomacia palestina. Y para mí esto es la base del problema. Los gobiernos israelíes llevan años bloqueando la paz y una solución política”.
¿Cómo lograron un equilibrio entre revelar materiales puramente periodísticas y construir un artefacto cinemátográfico? “Fue otro de los desafíos. Porque en el filme no tenemos narración ni infografías. Huimos del reportaje, y a la vez cualquier acusación que se hiciera en pantalla debía ser verificada por múltiples fuentes. En el cine, y en especial en un documental, a veces lo más fuerte no es lo que se dice, sino lo que no se dice. Es el silencio. Y por otro lado, cuando ves a alguien hablando sobre el asesinato de una familia y lo cuenta de manera casual, con un tono de voz rutinario… Bueno, crean pensamientos que empiezan a sonar en la mente del espectador”. Y por eso, subraya: “Espero que NAZA sea parte de un movimiento que ya existe en todo el mundo, de personas que entienden que la violencia lleva a más violencia. La única solución para Palestina e Israel es respetar los derechos humanos de todos”.

Puede que por ese eco que está despertando NAZA, que además estará disponible online en noviembre para todo el mundo de manera gratuita, el Gobierno israelí ha producido un documental titulado NAZA, la verdadera historia, muy similar incluso en su estilo al de Abraham. “Mira, empecé a verlo y al rato me aburrí y lo paré. Para mí, esta reacción es buena. El hecho de que sientan una necesidad de mimetizar mi filme acabará aportando más atención a mi trabajo”.
El 27 de octubre habrá elecciones legislativas en Israel. Abraham quiere ver qué ocurre: “Como NAZA se podrá ver gratis en noviembre, me preocupa lo que sucederá en Israel cuando esto suceda. Yo quiero volver, aunque primero quiero ver el resultado de las elecciones y la posterior reacción de la población con NAZA. Soy periodista, quiero seguir escribiendo, haciendo mi trabajo. La única duda es si podré hacerlo desde casa o si tendré que hacerlo en el extranjero”. Aunque sigue: “La película es parte de un ecosistema de muchas cosas que están sucediendo en el mundo. Y muchas personas, organizaciones, periodistas y cineastas están intentando empujar a los gobiernos a respetar los derechos humanos, a respetar la ley internacional, a terminar el asesinato de civiles en Gaza, a tener una solución política que otorgue libertad y justicia a los palestinos. No creo que el filme en sí tenga el poder de empujar a un movimiento social, aunque sí de apoyarlo. Habrá que ver si tiene eco en las elecciones”.
La última pregunta tiene que ver con el imperio del algoritmo: bajo el paraguas informático, bajo la excusa de que ha sido una máquina quien lo ordenó, se diluyen responsabilidades en la sociedad actual. Y no solo en el genocidio en Palestina. “Es importante recordar que hay seres humanos detrás de las decisiones y también detrás de los crímenes. Existe ese debate sobre si la herramienta es la responsable, como si golpeas con un martillo y culpas a la herramienta. Sin embargo, en el caso de las acciones israelíes y las matanzas, está claro que hay una intervención humana directa. El martillo y los algoritmos ayudan y facilitan las cosas, pero basta con escuchar las declaraciones de los líderes israelíes tras la masacre de octubre: hablaron abiertamente de exterminio y de combatir a toda una nación. Ellos son los responsables, y ese sentimiento no se limitaba a la retórica; se reflejó en la acción militar, en las políticas militares y en la forma en que se llevaron a cabo las matanzas y se arrasaron ciudades hasta los cimientos. Creo que la película examina la relación entre la tecnología y las decisiones militares: al final, son seres humanos quienes toman las decisiones y los que deberían asumir la responsabilidad de las consecuencias”.
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