No es la gente: es la economía. El endeudamiento de los hogares argentinos
Fuente: deudores.mateconomia.com.ar
El endeudamiento de los hogares argentinos en 16 gráficos y en cinco movimientos. Microdatos de la Central de Deudores del BCRA, salarios del INDEC y balances: de la caída del ingreso a la mora, en el orden en que pasó. El rol central de MercadoLibre en la disparada de la morosidad.



El orden importa, y es la razón por la que este informe empieza en 2023 y no en 2024. Si uno mira solamente la ventana en la que el BCRA publica el panel de deudores, la caída del salario ya ocurrió: se ve una línea plana, un piso, y al lado una mora que sube. La conclusión fácil sería que no tienen nada que ver. Corriendo la serie hacia atrás, la secuencia aparece.
Entre noviembre de 2023 y marzo de 2024 el salario privado registrado perdió 14 puntos y las jubilaciones casi 40. Son cuatro meses. Después vino una recuperación parcial que nunca completó el trayecto: dos años más tarde, el privado sigue nueve puntos abajo y las jubilaciones, veinticuatro. Lo que se perdió en el arranque no volvió.
Ese hueco es el que van a tapar, primero, los ahorros; después, el crédito.


El desarme de los plazos fijos suele leerse como una decisión financiera: las tasas dejaron de convenir, el dinero se fue a otro lado. Puede ser cierto para los montos grandes. Pero lo que muestra el gráfico no son montos: son personas, y las personas que desaparecen del sistema de plazos fijos son las de abajo, las que tenían un colchón chico y lo gastaron.
Es el eslabón que casi nunca se cuenta, y es el que explica por qué el endeudamiento masivo llega recién en 2025 y no en 2024: primero hay un año en el que la caída del ingreso se absorbe con lo que había guardado: se inicia el «desahorro». Cuando eso se termina, no queda otra que pedir prestado.


Conviene ser precisos con lo que este gráfico dice y con lo que no. La expansión del crédito no bancario no empieza con este gobierno: arranca en 2021 y responde a un cambio estructural —la aparición de las billeteras virtuales y el crédito por aplicación— que es anterior y más profundo que cualquier gestión.
Lo que sí es propio de este ciclo es la coincidencia. La curva se acelera exactamente cuando el ingreso ya cayó y el ahorro ya se gastó. El crédito no llega para financiar un consumo nuevo: llega para sostener el que había, viene para socorrer a quien ya no tiene otra forma de pagar. Y lo hace a un precio que es más del doble que el de los bancos, todos los meses, sobre la gente que menos tiene.
El corte de la línea en julio de 2024 no es una caída: es un cambio en qué entidades le informan al BCRA. Los dos tramos no son comparables entre sí, pero cada uno sí lo es internamente, y los dos suben.


La objeción previsible es que la mora sube porque entró gente nueva al crédito, y la gente nueva es más riesgosa. El panel permite responderla sin discutir: se puede tomar el padrón de deudores de julio de 2024, congelarlo, y seguir a esas mismas personas —ni una más— durante veinticuatro meses.
La línea punteada es ese ejercicio. Va prácticamente pegada a la otra. No es que entraron deudores peores: son los mismos, y se deterioraron.


Durante décadas, el crédito de los sectores populares tuvo una cara conocida: la financiación en el mostrador de la casa de electrodomésticos, la tarjeta de la cadena regional, la mutual del sindicato. Todas esas curvas están planas o bajando.
Lo que creció es otra cosa: un préstamo que se pide desde el teléfono, se aprueba en minutos, no exige recibo de sueldo y se otorga sin que medie ninguna conversación. La ventaja es real —llega a quien el banco nunca atendió—. El precio de esa velocidad está en el gráfico que sigue.


Estas son tasas reales: lo que la deuda crece por encima de la inflación, es decir por encima de lo que sube todo lo demás, incluido —en el mejor de los casos— el salario de quien debe. Un 8,9% mensual real significa que una deuda se duplica en términos de poder de compra en menos de nueve meses, sin que el deudor gaste un peso más.
Y hay un dato peor que el nivel: la brecha se abrió justo en este ciclo. Hasta 2023 las cinco curvas se movían más o menos juntas. Desde mediados de 2024 los bancos bajan y el resto se despega. El crédito se abarató para quien tenía banco y se encareció para quien no.
Eso convierte a la tasa en un mecanismo de distribución regresivo: el que menos tiene paga el doble por la misma plata. No es un accidente del mercado, es su funcionamiento normal cuando el acceso al banco depende de tener un empleo registrado.





El argumento de los montos bajos aparece siempre que se discute este tema, y tiene una forma tranquilizadora: si lo que se debe es poco, el problema es poco. La curva dice lo contrario. La mora más alta está justo en el tramo más chico, entre los que deben menos de un cuarto de salario mínimo.
Que alguien no pueda devolver noventa mil pesos no habla del tamaño de la deuda: habla de que no hay noventa mil pesos. El monto bajo no es una señal de que el problema sea menor. Es la señal de qué clase social lo tiene.


Los dos mapas tienen exactamente la misma información adentro y cuentan cosas distintas. El de la derecha es el que suele publicarse, porque es el que sale de los balances: qué porcentaje de la cartera está caída. Ahí el país se ve bastante homogéneo.
El de la izquierda cuenta personas. Y ahí aparece un país partido: el norte y Cuyo con más de un tercio de sus deudores en mora, la Ciudad de Buenos Aires con la mitad de eso. La diferencia entre los dos mapas es el monto: donde los ingresos son bajos, las deudas son chicas, y muchas deudas chicas caídas suman poca plata pero muchísimos hogares.
Vale la pena decir lo que no se ve: no hay ninguna provincia donde el crédito sea sistemáticamente más barato porque su gente pague mejor. La tasa no premia al que menos riesgo tiene. Se cobra parejo hacia arriba y se recupera donde se puede.
Hay una generación cuya puerta de entrada al sistema financiero no fue una caja de ahorro sino una aplicación. No tienen empleo registrado, entonces no tienen banco; no tienen banco, entonces el único crédito disponible es el caro. Su primera experiencia con el crédito es, para cuatro de cada diez, una deuda que no pudieron pagar.
El costo no es solo el dinero. Una mora temprana queda en el registro y define el precio de todo lo que venga después: el alquiler, el auto, la casa. Se está construyendo una cohorte que empieza su vida adulta con el crédito ya cerrado.

Hay una generación cuya puerta de entrada al sistema financiero no fue una caja de ahorro sino una aplicación. No tienen empleo registrado, entonces no tienen banco; no tienen banco, entonces el único crédito disponible es el caro. Su primera experiencia con el crédito es, para cuatro de cada diez, una deuda que no pudieron pagar.
El costo no es solo el dinero. Una mora temprana queda en el registro y define el precio de todo lo que venga después: el alquiler, el auto, la casa. Se está construyendo una cohorte que empieza su vida adulta con el crédito ya cerrado.




La comparación regional es la prueba más limpia de que acá pasa algo particular. Es la misma empresa, con la misma tecnología y la misma app, en tres países. En Brasil y México el negocio sigue siendo vender cosas. En Argentina, dos tercios de lo que factura viene de prestar plata.
No es que la empresa decidió ser distinta acá. Es que acá encontró un mercado distinto: millones de personas sin acceso al crédito bancario, con ingresos que no alcanzan, dispuestas a pagar tasas que en cualquier otro contexto serían impagables. El mercado existía antes que la oferta.
De los 12.500 millones de dólares de cartera regional, el 26% registra algún atraso y más del 11% ya lleva más de seis meses de mora. La rentabilidad de este negocio y su tasa de incobrabilidad son la misma cosa mirada de los dos lados.



Esta curva es el mecanismo completo, medido. Doce meses antes de caer, estas personas estaban al día. Después la deuda empieza a crecer despacio, se acelera, y en el mes cero se corta. No es un salto: es una rampa.
Lo que la rampa describe es un comportamiento conocido de cerca por cualquiera que haya estado ahí: se toma un crédito nuevo para cubrir la cuota del anterior. Funciona algunos meses. Con las tasas del gráfico 6, no puede funcionar mucho más.
Y hay un detalle que cambia cómo hay que leer todas las cifras de este informe: cuando la deuda cae en mora profunda, la entidad deja de actualizar el saldo. El 83% de los saldos morosos de Mercado Libre se repite idéntico mes a mes. Los «montos bajos» que se citan son fotos del día de la caída, sin la inflación acumulada desde entonces.


Volvemos al principio, que ahora se lee distinto. El salario real cae a fines de 2023, toca piso en marzo de 2024 y se estanca. La mora empieza a subir con un año de retraso: el tiempo que tardan el ahorro y el crédito en agotarse.
Puesto así, la mora deja de ser una anomalía del comportamiento de seis millones de personas y pasa a ser lo que efectivamente es: el registro contable de una caída del ingreso. La deuda de los hogares fue el mecanismo que permitió que el consumo no se derrumbara al mismo tiempo que el salario. Ese mecanismo tiene un límite, y el límite se está viendo.
Ninguna política de educación financiera, ninguna advertencia sobre el uso responsable del crédito y ningún registro de deudores modifica esta secuencia. Lo único que la modifica es que el trabajo vuelva a pagar lo que cuesta vivir.

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