Del Pacto Roca-Runciman (1933) al acuerdo Trump-Milei
Por Gabriel Merino
Del Pacto Roca-Runciman (1933) al acuerdo Trump-Milei
Casi un siglo después, en otra transición de poder mundial, Argentina vuelve a firmar un tratado desigual con la potencia hegemónica en declive.
Sin embargo, el primer acuerdo resultaba quizás menos dañino para el país, debido a la mayor complementariedad que existía entonces entre la metrópoli británica y la economía agroexportadora argentina. Aquella hegemonía, de hecho, posibilitó el desarrollo de lo que algunos una «semicolonia próspera». Esta disparidad se aprecia claramente al comparar las concesiones comerciales. En los años treinta, con economías mucho más pequeñas en términos relativos, el Imperio Británico se comprometió a importar una cuota no menor a 390.000 toneladas anuales de carne enfriada (el 85% de las cuales debía canalizarse obligatoriamente a través de frigoríficos de capital extranjero).
En cambio, el acuerdo actual con Estados Unidos ofrece una cuota de apenas 100.000 toneladas. Para ponerlo en perspectiva, Argentina actualmente vende a China más de 500.000 toneladas. Como hace cien años, las concesiones expresan una relación de subordinación estratégica. Argentina otorga acceso preferencial a productos estadounidenses en sectores clave: automotriz (autos y autopartes); salud (medicamentos y dispositivos médicos); tecnología (productos informáticos y software); industria (químicos y maquinaria); y agroindustria (se permite el acceso de productos avícolas y se facilita el de carne porcina y bovina). Además, debe aceptar la aprobación de la FDA estadounidense 
como certificación suficiente para el ingreso de productos al mercado nacional, cediendo parte de su soberanía sanitaria. A esto se suma el compromiso de avanzar en normativas de propiedad intelectual y comercio digital hechas a la medida de las empresas tecnológicas y farmacéuticas estadounidenses, lo que puede perjudicar la producción local en sectores estratégicos e impedir el desarrollo tecnológico autónomo.
El acuerdo también incluye cláusulas geopolíticas explícitas. Argentina se compromete a acelerar, a través del RIGI, las solicitudes de proyectos de empresas estadounidenses y a priorizar a Estados Unidos como socio comercial e inversor en la explotación de cobre, litio y otros minerales críticos, por encima de «empresas o economías que manipulan el mercado».

Esta es la traducción concreta de la resonante afirmación del secretario del Tesoro estadounidense: hay que «sacar a China de la Argentina». Pero la cláusula también margina a otros competidores e inversores potenciales. Todos estos puntos consolidan el lugar de Argentina como «patio trasero» en la esfera de influencia estadounidense.
Cabe recordar que este acuerdo se negoció en octubre del año pasado, se anunció en noviembre y forma parte del paquete de condiciones del salvataje financiero al gobierno de Milei.
Nada es gratis…
Resulta particularmente llamativo que, a cambio de tantas concesiones, no se hayan obtenido mejoras para productos clave de la industria nacional, como el acero, el aluminio y el biodiésel, que siguen sujetos a los altos aranceles que bloquean su exportación. La asimetría del tratado se cifra de manera elocuente: mientras las obligaciones reales para Estados Unidos se reducen a dos puntos, el listado de compromisos para Argentina asciende a 113.
Por ello @jujizel
lo define acertadamente como un «tratado de sumisión comercial y económica»
Gabriel Merino
Argentina firmó el convenio comercial con Estado Unidos Acuerdo recíproco entre patrón y dependiente

244517 |
|
318679 |
