Jorge Taiana participó en Colombia de un encuentro internacional para defender la soberanía y la integridad regional en el actual escenario internacional

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Fuente: Prensa Diputados

El diputado nacional Jorge Taiana participó de un encuentro internacional realizado en Colombia junto a líderes y referentes políticos de América y Europa, con el objetivo de coordinar un plan de acción conjunto en defensa de la Democracia, la soberanía, la integridad territorial y la dignidad de los pueblos en el actual escenario global.

La convocatoria, organizada por la Internacional Progresista, se llevó a cabo en el Palacio San Carlos sede del Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia y fue inaugurada por la canciller Rosa Yolanda Villavicencio quien presidió la primera sesión de trabajo.


Durante dos jornadas, los asistentes debatieron sobre tres ejes centrales: la crisis actual, una discusión estratégica sobre la cooperación hemisférica y alternativas para un plan de acción.
En su intervención,Jorge Taiana remarcó la importancia de la integración regional y del multilateralismo como herramientas fundamentales para preservar la paz y la defensa de la soberanía frente al ataque de las potencias hegemónicas.
Del encuentro “Nuestra América” participaron, entre otros, David Adler, Co-Coordinador General de la Internacional Progresista; Rosa Yolanda Villavicencio, Ministra de Relaciones Exteriores de Colombia; Christian; Clémence Guette, Vicepresidenta de la Asamblea Nacional de Francia; Daniel Rojas, Ministro de Educación de Colombia; Andrés Arauz, excandidato a la Presidencia de Ecuador, Bill de Blasio, exalcalde de la ciudad de Nueva York; el diputado español Gerardo Pisarello; Walter Baier, Presidente del Partido de la Izquierda Europea; Mónica Valente, Secretaria Ejecutiva del Foro de São Paulo, Brasil, entre otros.

La reunión concluyó con la aprobación de la Declaración de San Carlos en la que se destacan como principales puntos: la defensa del derecho internacional y la soberanía, se denuncia el nuevo intervencionismo estadounidense, se reafirma la necesidad de la integración como condición para resistir la coerción, se ponen en valor las experiencias de integración como el UNASUR y se proyecta un plan de acción para el futuro del espacio.

DECLARACIÓN FINAL

Declaración de San Carlos
Bogotá, 25 de enero


PARTE I
Reafirmando los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas, incluida la igualdad
soberana de los Estados, la prohibición del uso de la fuerza y el derecho sagrado de todos los
pueblos a la libre determinación,

Reconociendo estos como los principios que animaron a Simón Bolívar en su lucha por un
continente libre, José de San Martín en su visión de un continente independiente y soberano
Américas, Benito Juárez en busca de una paz duradera entre sus naciones, y José
Martí en su llamado a defenderla de la intervención imperialista;

Destacando que la actual coyuntura internacional está marcada por la erosión de esos principios, a
medida que surgen fuerzas reaccionarias que buscan reafirmar la dominación estadounidense
sobre sus naciones vecinas y más allá mediante la coerción, la manipulación y la intervención militar;
Alarmados porque este proyecto se ha articulado explícitamente bajo la bandera de una Doctrina
Monroe revivida y un nuevo “Corolario Trump”, que afirma a las Américas como una esfera exclusiva
de control y trata la soberanía, la democracia y el derecho internacional como impedimentos en
lugar de obligaciones;

Observando con grave preocupación que esta doctrina ya se ha puesto en práctica mediante actos
concretos, entre ellos, entre otros:

La intervención financiera en Argentina tuvo como objetivo condicionar la política económica
y restringir la elección democrática;

La intervención electoral en Honduras, incluyendo el indulto al narcodictador convicto
Juan Orlando Hernández y la campaña para nombrar al Presidente
Partido a la presidencia;

Intervención militar en Venezuela mediante una campaña de bombardeos en la capital
Caracas que cobró vidas civiles y 32 combatientes cubanos que con valentía y honor
enfrentaron la intervención hostil de Estados Unidos y defendieron el secuestro de Nicolás
Maduro y Cilia Flores;

Ataques a buques civiles en el Mar Caribe y el Pacífico, llevados a cabo sin el debido
proceso y que resultaron en la ejecución extrajudicial de más de un centenar de
pescadores y tripulantes de embarcaciones;

• El recrudecimiento sin precedentes del bloqueo económico, comercial y financiero y el
incremento de las amenazas contra Cuba con el objetivo de derrocar a la Revolución;

Los designios expansionistas sobre Groenlandia, donde las demandas para su adquisición por parte de
Estados Unidos no tiene en cuenta la soberanía de su pueblo ni su derecho a la
autodeterminación;

• Violación sistemática de los derechos políticos, civiles y sociales de los más de cincuenta
millones de migrantes que viven en Estados Unidos, abrumadoramente de origen
latinoamericano, que son sujetos de detención, expulsión y represión por parte de
autoridades estatales, incluido el Departamento de Seguridad Nacional y el Servicio de
Inmigración y Control de

Aduanas; amenazas persistentes y ataques políticos dirigidos contra el gobierno soberano
y democrático de México, encabezado por su primera presidenta, Claudia Sheinbaum
Pardo, destinados a desacreditar un proyecto de transformación social y socavar la
dignidad y la autodeterminación del pueblo mexicano;

• Apoyo a la guerra jurídica como arma de persecución política, desplegada contra líderes políticos que promueven
la soberanía y la integración regional, como Lula Da Silva, Rafael Correa y Cristina
Fernández de Kirchner, incluida la escalada internacional con sanciones de la OFAC
contra Gustavo Petro.

Reconociendo que esta escalada constituye no sólo una amenaza sin precedentes para los
pueblos de América, sino también una amenaza directa al principio universal de libre
determinación, cuya aplicación selectiva socava su validez en todas partes;

Recordando la observación del Presidente Gustavo Petro de que el genocidio de Israel contra los
El pueblo palestino en Gaza no fue más que una premonición para todos los pueblos que rechazan
la subyugación, demostrando cómo las violaciones incontroladas del derecho internacional migran
de una región a otra;

Afirmando, por tanto, que los firmantes de dentro y fuera de las Américas se unen a esta
Declaración en la convicción de que la defensa de la soberanía hemisférica es inseparable de la
defensa del derecho internacional a nivel mundial, y que sólo la solidaridad internacional
coordinada puede detener la trayectoria actual hacia una violencia imperial expandida.

PARTE II
Afirmando que la acción colectiva entre Estados soberanos y sus pueblos es la única
estrategia capaz de resistir un ataque organizado bajo la Doctrina Monroe, y que la
fragmentación sigue siendo la condición principal de la que depende la dominación;

Reconociendo que los instrumentos contemporáneos de coerción rara vez se presentan
únicamente como una guerra, sino como una combinación de presión financiera, medidas
coercitivas unilaterales, guerra de información, restricciones punitivas al comercio y la energía,
aislamiento diplomático calibrado y ataques sistemáticos a los trabajadores y al movimiento
sindical, diseñados para erosionar la legitimidad, agotar la capacidad pública y forzar
resultados políticos;

Reconociendo que el acceso universal a servicios públicos de calidad —incluidos la educación,
la salud y la asistencia social, la energía, el agua y el saneamiento— es una condición
necesaria para una democracia funcional, equitativa y estable, y que esos servicios son
esenciales para romper los ciclos de desigualdad estructural, social y económica que
erosionan la participación democrática y la soberanía popular;

Observando que la actual administración de los Estados Unidos ha seguido una estrategia
deliberada de división mediante la intimidación, la coerción y el aislamiento, incluidas
sanciones financieras, restricciones comerciales, bloqueos energéticos y presión diplomática
destinada a fracturar la cooperación regional e imponer resultados desde el exterior;

Subrayando que ninguna nación que actúe sola puede resistir con fiabilidad la presión ejercida
por el aparato militar y financiero más grande del mundo, pero que mediante la cooperación
las naciones pueden construir la autonomía, la resiliencia y la capacidad compartida necesarias
para resistir y desarrollarse en condiciones geopolíticas adversas;

Recordando que los pueblos de América han promovido reiteradamente su libertad y
estabilidad cuando han actuado concertadamente, incluso en la resistencia a legados
coloniales como la continua ocupación de las Malvinas, y mediante la creación de mecanismos
regionales y subregionales que ampliaron el espacio de políticas, fortalecieron el apoyo mutuo
y redujeron la exposición a la tutela externa;

Recordando en particular la creación del Consejo de Defensa Suramericano en el seno de la UNASUR como
un esfuerzo para desarrollar la coordinación regional, la confianza mutua y el diálogo sobre defensa soberana
sobre la base de la no intervención, reduciendo así la dependencia de doctrinas, rutas de entrenamiento y
arquitecturas de seguridad históricamente configuradas por los Estados Unidos, incluidas las asociadas con la
Escuela de la Paz,   Américas;

Recordando también la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños
Estados Unidos (CELAC) como un foro para el multilateralismo latinoamericano y caribeño sin tutela externa,
proporcionando un espacio de coordinación política y posiciones comunes independiente de la Organización
de Estados Americanos dominada por Estados Unidos;

Reconociendo que estas experiencias demuestran una lección central para la coyuntura actual, a saber, que la
soberanía no se preserva mediante el aislamiento, sino mediante una cooperación deliberada que convierte la
vulnerabilidad compartida en fortaleza compartida y transforma la proximidad geográfica en solidaridad política;

Destacando que la coordinación intergubernamental, si bien indispensable, seguirá siendo insuficiente sin el
poder popular de los movimientos sociales, las organizaciones populares, los sindicatos y los jóvenes —cuya
creatividad y acción colectiva configuran los horizontes de la democracia— para defender la soberanía y
promover los intereses de la clase trabajadora, y también el surgimiento de un renovado movimiento de
solidaridad dentro de la Organización Mundial del Comercio.

Norte, capaz de rechazar la complicidad, de combatir el militarismo y de afirmar en las instituciones públicas y
en la vida cívica que la agresión y la coerción no se llevarán a cabo en su
nombre;

Reconociendo que este poder popular depende de la capacidad de pensar, aprender y actuar juntos, y que la
producción de conocimiento crítico, educación política y análisis compartido es una dimensión esencial de
cualquier proyecto de transformación democrática;

Subrayando, por tanto, que la estrategia de Nuestra América debe entenderse como simultáneamente
diplomática, económica, cívica, popular, social y cultural: un frente común que fortalezca la resiliencia colectiva,
defienda la opción democrática y los derechos humanos de la coerción externa y restablezca la primacía del
derecho internacional mediante una acción coordinada a través de las fronteras.

PARTE III
Nosotros, los delegados a la reunión inaugural de Nuestra América en Bogotá, Colombia, afirmamos el
horizonte compartido de: un hemisferio que se gobierna a sí mismo, defiende a sus pueblos y habla con su
propia voz.

Para avanzar en ese proyecto, nos comprometemos a una estrategia común para resistir la coerción, construir
la autonomía a través de la democracia y la integración, y proyectar a Nuestra América como una fuerza de
soberanía entre las naciones y de solidaridad entre los pueblos.

Para resistir la coerción, nos comprometemos a:

1. Promover una participación coordinada en foros multilaterales, incluidas las Naciones Unidas y sus
organismos especializados, para defender la Carta, defender la prohibición del uso o la amenaza del
uso de la fuerza y resistir los esfuerzos por normalizar las acciones coercitivas unilaterales.

2. Establecer mecanismos para una mayor coordinación hemisférica y apoyo mutuo en respuesta a
sanciones, bloqueos, esfuerzos de desestabilización y choques económicos repentinos, incluyendo
la identificación de necesidades compartidas, mejores prácticas y vías de cooperación.

3. Promover la solidaridad y afirmar la soberanía en todo el hemisferio.
Desde Cuba hasta Venezuela, desde México hasta Colombia y más allá, ampliando la cooperación
médica, alimentaria, energética y de respuesta a desastres; desarrollando enfoques colectivos para
mitigar el impacto civil de las medidas coercitivas unilaterales; y afirmando que ningún desafío en
nuestra región se enfrentará con una invasión o una coerción militarizada, sino con diálogo y
enfoques cooperativos y basados en los derechos ante los desafíos regionales compartidos.

4. Apoyar la documentación y el análisis de la coerción y la desinformación, incluidas las medidas
unilaterales, la interferencia encubierta y la guerra de información, a fin de orientar la interacción
diplomática, las estrategias jurídicas y la comprensión pública.

5. Fomentar la colaboración entre expertos jurídicos e instituciones para compartir jurisprudencia, evaluar
vías de impugnación jurídica y explorar respuestas coordinadas a la coerción ilegal y la aplicación
extraterritorial.

6. Defender los derechos de los migrantes latinoamericanos en Estados Unidos, oponernos a las
deportaciones masivas y promover las condiciones de paz, prosperidad y desarrollo democrático en
nuestra región.

7. Defender los derechos de los trabajadores promoviendo los derechos sindicales y laborales, incluido el
derecho a organizarse, a la negociación colectiva y a la huelga en nuestra región, para que ningún
trabajador se vea obligado a abandonar su país de origen en busca de dignidad en otro lugar.
Para reafirmar nuestra independencia, nos comprometemos a:

8. Fortalecer el diálogo regional sobre la protección de los procesos democráticos, incluido el intercambio
de experiencias sobre acompañamiento electoral, salvaguardias para la participación cívica y
respuestas diplomáticas a la interferencia o intimidación externa.

9. Examinar opciones para una mayor autonomía financiera y comercial, incluidos acuerdos de
compensación regionales, canales de pago de contingencia y una mayor cooperación comercial Sur
Sur, con el objetivo de reducir la exposición a la coerción política y económica.

10. Promover la cooperación en materia de soberanía energética y alimentaria y el fortalecimiento de los
servicios públicos mediante el intercambio de información y la exploración de enfoques conjuntos en
materia de reservas estratégicas, compras y suministros públicos, inversión en infraestructura,
propiedad pública y producción agrícola sostenible al servicio del desarrollo ecológico.

11.
Revitalizar los esfuerzos de integración regional mediante el intercambio de experiencias, la
identificación de áreas de convergencia y la promoción de iniciativas de cooperación que mejoren el
poder de negociación colectiva, protejan los bienes públicos y amplíen la capacidad de las políticas.
espacio.

Para fortalecer Nuestra América, nos comprometemos a:
12. Sostener un proceso vivo de coordinación entre gobiernos, movimientos, fuerzas políticas,
sindicatos y pueblos, profundizando este diálogo mediante convocatorias, iniciativas
compartidas y canales permanentes de cooperación que busquen avanzar hacia una
ciudadanía de las Américas con derechos garantizados.

13. Ampliar las alianzas con los movimientos de resistencia internacionales y fomentar el
diálogo con los pueblos del Norte Global con el fin de desafiar la complicidad con la
agresión, oponerse al lucro mediante la coerción y la guerra, y promover la adhesión al
derecho internacional y la coexistencia pacífica.

14. Convocar la próxima Nuestra América en La Habana, Cuba, llamando a todos los pueblos
del mundo a solidarizarse con el pueblo cubano y su lucha constante por la defensa de
su soberanía y autodeterminación contra los designios y amenazas de Estados Unidos
de América.

Con este espíritu —y frente a grandes peligros— forjaremos un futuro para las Américas que
fomente la unidad, la soberanía y la paz por encima del miedo, la violencia y la dominación
extranjera.

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