¡Qué día maldito el 13 de diciembre!

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Fuente: del muro de Jorge Pampa Alvaro

Desde aquél lejanísimo fusilamiento de Dorrego en 1828. La soberbia europeizante y racista de la naciente oligarquía unitaria fusilando a la gran esperanza federal y popular.

Se lo escribió Facundo Quiroga a Lavalle: «La guerra que ustedes empiezan hoy será acaso infinita. Sólo terminará cuando el bando agraciado entierre al desgraciado»

¿Terminó esa guerra?
Creo que no, de una forma abierta o larvada sigue, porque la guerra no son sólo hechos bélicos. En el fondo gana el que doblega definitivamente al adversario.
Por lo menos Lavalle pagó su crimen.

Margarita Belén es otro símbolo, esta vez fué un ejército encapuchado y envilecido asesinando prisioneros políticos, con el agravante de haberlos torturado con saña horas antes, como para que entendamos que no se había terminado en 1852.
No sé si algún día alguien podrá dilucidar el sentido que le quiso dar a dictadura a ese fusilamiento. lo cierto es que en todas las cárceles donde había presos políticos pasó algo. En algunas con muchos golpes, en otras más atenuado.
Aquella burocracia autoritaria tendrá la respuesta. ¿Marcada de cancha? ¿Inicio de ofensiva contra los prisioneros y sus familias?

Ciertamente el 77 fué el año más duro de todos.
En la masacre del Chaco perdí a dos queridísimos compañeros, hermanos, el flaco Sala y el Pato Tierno. Para peor me enteré un par de años después, ni siquiera el impacto emocional inesperado tuvimos. Por lo menos para llorar sin lágrimas.
El paso del tiempo y la reiteración fué naturalizando las pérdidas hasta el casi estadístico «cayó fulano/a».


En este caso de Margarita Belén la perseverancia empecinada de Mirta Clara no permitió olvidar ni por un momento a aquellos queridos compañeros.

Después conocimos el relato escrito desde las tripas por Jorge Giles, que nos contó de la arenga de despedida del flaco como para que me lo siga imaginando con su estampa de guapo arrabalero y voz gruesa de fumador de Particulares.


Hoy leo por acá una hermosa nota de Juan Pablo, el hijo del Pato.
La interpelación humana a la maldita historia: «No quiero que me devuelvan al héroe, al mártir…yo quiero a mi viejo».
No tengo respuesta. Sólo algo modesto: «están en la memoria de muchos». Parece un consuelo, parece no alcanzar.
A lo mejor si desandamos el reloj podríamos decirle a Juan Pablo Tierno que en aquellos años valorábamos más la calidad de nuestros aportes a la sociedad hasta entregar incluso nuestras jóvenes existencias, que la cantidad de años que se supone un muchacho de 25-30 años tiene por delante.
Son los dilemas del hacer, del riesgo. De esa historia que con aparente distancia nos termina hermanando con el Coronel Manuel Dorrego.
Dicho con el mayor de los orgullos en este día maldito

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