Carta al Presidente Javier Milei de Axel Kicillof, Gobernador de la Provincia de Buenos Aires

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La Plata, 1° de noviembre de 2025
Señor Presidente:
Los resultados de las elecciones nacionales del 26 de octubre fueron
favorables para su fuerza política. Sin embargo, las calamidades que su
modelo económico provoca en nuestra sociedad siguen su curso. Jubilados,
trabajadores, comerciantes, industriales, estudiantes, sectores vulnerables y
sectores medios continúan siendo golpeados por un ajuste que se traduce en
recesión, feroz caída del consumo y las ventas, pérdida de empleo y, sobre
todo, angustia y desesperación.
Valoro que haya decidido dejar de insultar a quienes piensan
distinto. Pero su tarea, señor Presidente, es mucho más que eso: se trata
de gobernar para todos los argentinos, dentro de la Constitución, respetando
el federalismo y defendiendo el interés nacional. Será el pueblo, dentro de dos
años, quien decida si cumplió o no con esa tarea.
En esta nueva etapa de su gobierno, usted modificó su tono y su estilo,
pero aún le falta lo más importante: enfrentar la realidad. Su plan económico,
basado en mantener un dólar bajo y una recesión prolongada para contener
los precios, fracasó. Los dólares de Scott Bessent pueden haber sido


eficaces para calmar a los mercados financieros, pero de ninguna
manera resuelven los problemas de la vida cotidiana de la mayoría de
los argentinos. Cabe recordar que usted tuvo que recurrir a este nuevo
“salvataje” luego de que su propio plan económico pusiera a la
economía y a la sociedad argentina al borde del abismo. Esa realidad
debería invitarlo a tener mayor humildad y menos triunfalismo.


A partir de entonces, el presidente Trump asumió un rol inédito en la
política nacional. Sus declaraciones, amenazando a los argentinos con “no ser
generoso” si su candidato perdía, constituyen un episodio vergonzoso para
nuestra democracia. No se registra en la historia argentina una intromisión
económica y política de semejante magnitud y tan explícita. Luego, el
supuesto emisario de Estados Unidos, Barry Bennet, vino al país a “ordenar”

su campaña y su gobierno. Si bien esta intervención puede haber calmado los
mercados y contribuido a su resultado electoral, lo hizo al precio de una
pérdida de soberanía y dignidad nacional. Y a cambio de compromisos que no
se dieron a conocer porque, claramente, no se trata de una sociedad de
beneficencia.
Le recuerdo, señor Presidente, que el respaldo del extranjero no
reemplaza el respaldo del pueblo argentino. A usted le gusta recordar
que “2 + 2 es 4”. Debo señalarle, al respecto, que la suma de quienes no
votaron por su fuerza política y los millones de argentinos que no fueron
a votar –seguramente desalentados luego de sucesivas frustraciones
económicas y decepciones políticas– constituyen una mayoría social
que no lo está aplaudiendo precisamente.
Ahora bien, si realmente desea abrir un diálogo con quienes piensan
distinto y priorizan los intereses de todos los argentinos, le digo con
total claridad: no es buena señal excluir a los gobernadores que
considera “enemigos”. Las provincias que usted decidió no convocar
representan a más del 40% de la población argentina. Y los gobernadores
que las conducimos fuimos elegidos democráticamente, al igual que usted,
para defender los intereses de nuestros pueblos. La exclusión de nuestras
provincias es un gesto antidemocrático y contrario al espíritu federal.
Por eso lo convoco, una vez más, a reunirnos para articular políticas públicas.
No espere de mí insultos ni agresiones; pero tampoco espere que ceda en la
defensa de los intereses de mi provincia o en la defensa de las convicciones
de mi fuerza política. Resulta innegable que la provincia de Buenos Aires
—donde vive casi el 40% de los argentinos, los que lo votaron y los que
no— ha sido duramente castigada por su administración. En seguridad,
sufrimos recortes arbitrarios; en transporte, la quita de subsidios afecta a
millones de bonaerenses; en infraestructura, se paralizaron obras esenciales.
A eso se suma la caída de la recaudación producto de la recesión y el
aumento de la demanda social.


La situación es de emergencia, y el Gobierno Nacional que usted lidera no
puede borrarse ni desertar de sus responsabilidades. El ajuste fiscal al que
usted llama “superávit” se construyó en gran medida sobre la quita
ilegal de fondos a las provincias. En el caso de Buenos Aires, se eliminaron
el Fondo de Seguridad, el Fondo de Incentivo Docente, el Fondo
Compensador para los Jubilados, se paralizaron 1.000 obras y 16.000
viviendas, entre otros. Nos debe a los bonaerenses más de doce millones de
millones de pesos. Ese supuesto ahorro nacional está hecho con recursos
que le pertenecen al pueblo de mi Provincia y de las demás. La Provincia de
Buenos Aires es la más poblada del país, la que más produce y la que menos

recursos recibe: aporta el 40% de la recaudación nacional y recibe apenas el
7%. Eso no es austeridad: es injusticia estructural.
Además de las deudas que tiene su Gobierno con las Provincias –planteadas
con firmeza por mis colegas en la reunión a la que decidió excluirme– usted
propone discutir una agenda de reformas. Las reformas que Argentina
necesita deben estar orientadas a promover un desarrollo federal con
justicia social, a fortalecer los intereses nacionales en un mundo
caótico, y a favorecer un Estado eficaz, capaz de corregir las
desigualdades que fracturan a nuestro país.

Aún no se conoce el contenido preciso de sus propuestas para esta nueva etapa, pero las
declaraciones –de sus funcionarios y de los nuevos accionistas extranjeros de
su gobierno– insinúan una dirección que agravará las desigualdades de
nuestra sociedad. Las reformas prometidas no contienen soluciones para
una economía paralizada, para una industria nacional quebrada ni para
un pueblo que la está pasando mal. Como dirigente de la fuerza política
ratificada el domingo como principal fuerza de la oposición, le aseguro que
se equivoca si cree que, por participar de fotos o reuniones, el
peronismo va a acompañar reformas que quiten derechos, destruyan la
producción y ahoguen aún más a una sociedad golpeada, endeudada y
sin horizonte de progreso.
Una vez más le propongo discutir estas cuestiones —y las que usted
quiera agregar— con seriedad. Así como lo hice la noche del 7 de
septiembre después de que nuestra fuerza política obtuviera un triunfo
contundente en las elecciones provinciales, en las cuales se ratificó el
rumbo de nuestra gestión, vuelvo a hacerlo ahora que nos tocó perder
por un escaso margen en la elección nacional en la Provincia. No todo se
trata de consignas e insultos; la campaña ya terminó. En virtud de
nuestras responsabilidades, estamos obligados a coordinar para proteger a
los que más sufren, reactivar la producción, fortalecer el federalismo y
garantizar que las provincias reciban lo que les corresponde.


Su gobierno desertó de sus obligaciones en materia de salud, educación,
infraestructura, protección del trabajo, alimentación; quitó remedios y
asistencia a los jubilados, pacientes oncológicos y personas con
discapacidad. En nuestra provincia, muchísimos bonaerenses tienen
crecientes dificultades para afrontar el alquiler, los servicios, los remedios y
hasta la comida. Desde el gobierno provincial y los municipios intentamos dar
respuestas a una demanda cada vez mayor. Para que tenga una idea, sólo en
los comedores escolares y comunitarios reciben alimento más de 4 millones
de bonaerenses y la necesidad crece. Se necesita al Estado para afrontar

esta emergencia y usted no puede permanecer indiferente. Imagínese si
tuviéramos todos esa actitud.


Presidente Milei: los argentinos la están pasando mal. Las familias están
endeudadas, los comercios vacíos, la industria paralizada, los salarios
pulverizados. Los municipios y las provincias sostienen con esfuerzo lo
que el Estado nacional abandona. Su política económica está destruyendo
el tejido social y productivo de la Argentina. Por eso le pido que escuche, que
corrija, que dialogue. No con los mercados, sino con la gente. No con los
poderosos de afuera, sino con los trabajadores, los empresarios y los
gobernadores de su propio país. El futuro de la Argentina no se construye
con odio ni sometimiento, sino con respeto, cooperación y amor a la
Patria.
Atentamente,

Axel Kicillof
Gobernador de la Provincia de Buenos Aires

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