QUÉ ES el Modelo Formoseño. Sus Fundamentos
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QUÉ ES el Modelo Formoseño
I. Presentación
Ninguna circunstancia de la vida humana, y consecuentemente de la vida de un
país, tiene explicación si se la desvincula de su génesis, sus causas y del contexto
en el cual se desenvuelve. La Nación no es una entelequia. Se la ha definido
con acierto como “la comunión de los que vivieron, los que viven y los que vendrán”,
precisándose de ese modo la idea de permanencia y continuidad con que el pueblo se
identifica en el reconocimiento de un pasado común, en un presente compartido sobre
valores fundamentales y en un futuro que promueva y enriquezca, con las peculiaridades
nacionales, las causas de la dignidad humana, de la justicia, de la libertad y de la paz.
Es imprescindible revisar, antes que nada, la cuestión atinente a la filosofía peronista y a
ese campo mucho más vasto y comprensivo que es el Pensamiento Nacional. Si pasáramos
por alto esos basamentos que sostienen nuestra personalidad ideológica, toda esta
tarea de divulgación y esclarecimiento carecería de alma. La razón es obvia: un pueblo
que fuera dominado por una cultura que en cualquier orden no fuera la suya propia,
jamás podría considerarse un pueblo verdaderamente independiente. Hoy el avasallamiento
sobre las mentes de los hombres constituye el más despiadado y ominoso de
todos los dominios.
Casi por naturaleza, por aquello de que en las distintas concepciones culturales del
mundo hay también un conflicto de mentalidades, de diferentes visiones ante la vida, sucede
que el hombre común (que resistió como pudo la implantación de estructuras
económicas totalmente contrarias a sus intereses), termina aferrándose a sus esencias
espirituales, a sus valores intrínsecos, a su propio modo de ser. Esa profunda convicción de no
querer cambiar aunque a su alrededor exista toda una maquinaria que le insista sobre la
“conveniencia” de aceptar lo otro, será lo que lleve a aquellas minorías a no sólo destruir
el modelo de vida social al que aspiran los pueblos, también a aniquilar la raíz cultural
que otorga a esa suma de almas, a lo que se entiende como comunidad (aquello que es
propio de todos), el carácter y la coherencia que tienen los que son conscientes de su
destino y misión intransferibles.
El choque de mentalidades y hasta estilos de vida no responde exclusivamente a
motivaciones de tipo económico, aunque éstas se hallen presentes en el proceso. Hay razones
que deben desentrañarse, que importa analizar para una mejor comprensión del devenir
histórico argentino y, por consiguiente, de su actual y decisiva circunstancia.
Por eso, en estas páginas hemos de recorrer, juntos, el pensamiento y las obras capitales
de la política nacional, como La Comunidad Organizada, el Modelo Argentino para el
Proyecto Nacional, la Doctrina Social de la Iglesia, el Continentalismo y el
Universalismo de Perón. De cada una de ellas intentaremos extraer un conjunto de elementos,
principios y reflexiones que habrán de orientarnos en la recta comprensión del Modelo
Formoseño, pues éste se encuentra, como ya se apreciará, íntimamente ligado a esa línea
nacional, popular, humanista y cristiana.

II. La Comunidad Organizada
El Modelo Formoseño se inspira, en primer lugar, en los principios de la
Comunidad Organizada, elemento central de la Filosofía Justicialista. Esta obra fue pre
sentada el 9 de abril de 1949, por el entonces Presidente de la República, Gral.
Juan Domingo Perón, quien fuera invitado a dictar una conferencia en el acto de clausura
de las deliberaciones del Primer Congreso Nacional de Filosofía organizado por la
Universidad Nacional de Cuyo.
Los lineamientos allí desarrollados organizan de manera sistemática y ordenada los
fundamentos esenciales del Peronismo, que ya habían sido expresados en distintas
oportunidades (discursos, charlas, entrevistas) por el Gral. Perón y que además emergían de la
acción de gobierno desde, al menos, 1943.
La reflexión acerca de sus principios y conceptos contribuye, como ya se adelantó, de
manera decidida a dotar de sólidos contenidos al Modelo Formoseño. Es así que éste no
podrá ser comprendido adecuadamente sin la necesaria y permanente remisión a
aquella pieza central del pensamiento político nacional.
El desafío central esbozado en la Comunidad Organizada es el de superar la antigua
tensión -planteada en términos filosóficos y políticos por distintas escuelas de
pensamiento- entre lo individual y lo colectivo. La preeminencia de una u otra visión, a lo largo de la
historia de la humanidad, ha generado, en todos los casos, amargos padecimientos para
el hombre. Se trataba, o bien de la explotación del hombre por el hombre, consecuencia
evidente de la concepción liberal-individualista, o de la explotación del hombre por el
Estado, fruto de las políticas de “insectificación” del individuo, llevadas adelante por el
materialismo marxista.
El general Perón deja planteada en La Comunidad Organizada la insuficiencia de ambas
vertientes, señalando:
“Es justo que tratemos de resolver si ha de acentuarse la vida de la
comunidad sobre la materia solamente o si será prudente que impere la libertad del
individuo solo, ciega para los intereses y las necesidades comunes, provista
de una irrefrenable ambición, material también. No creemos que ninguna de
esas formas posea condiciones de redención. Están ausentes de ellas el milagro
del amor, el estímulo de la esperanza y la perfección de la justicia.”
El equilibrio, la armonía, en tanto cualidades centrales de esta filosofía, afloran de
inmediato, ofreciendo una alternativa equidistante de aquellas formas de materialismo:
“Lo que nuestra filosofía intenta restablecer al emplear el término armonía
es, cabalmente, el sentido de plenitud de la existencia. Al principio
hegeliano de realización del yo en el nosotros, apuntamos la necesidad de que ese
“nosotros” se realice y perfeccione por el yo. Nuestra comunidad tenderá a
ser de hombres y no de bestias. Nuestra disciplina tiende a ser conocimiento,
busca ser cultura. Nuestra libertad, coexistencia de las libertades que pro
cede de una ética para la que el bien general se halla siempre vivo, presente,
indeclinable. El progreso social no debe mendigar ni asesinar, sino
realizarse por la conciencia plena de su inexorabilidad… Esta comunidad que
persigue fines espirituales y materiales, que tiende a superarse, que anhela
mejorar y ser más justa, más buena y más feliz, en la que el individuo puede
realizarse y realizarla simultáneamente, dará al hombre futuro la
bienvenida desde su alta torre.”
El Gral. Perón retomaría estos fundamentos en el año de su paso a la inmortalidad,
al señalar:
“En el Modelo Argentino, nuestra sociedad futura debe responder, con
absoluta plenitud, al concepto de Comunidad Organizada. Pero esta organización
no puede entenderse como la construcción de una máquina fría, rígidamente
trabada, donde los mecanismos de poder nublen la conciencia del hombre y lo
conviertan en un engranaje despojado y vencido. El hombre es principio y fin
de la Comunidad Organizada, por lo que no puede haber realización
histórica que avasalle la libertad de su espíritu. No hay organización posible si el
hombre es aniquilado por un aparato externo a su propia existencia. La
Comunidad Organizada no es, por lo tanto, una comunidad mecanizada donde
la conciencia individual se diluye en una estructura que no puede más que
sentir como ajena. Pero tampoco estoy predicando un desencadenamiento de
individualismo como modo de vida en el que la competencia feroz transforme
al hombre en un lobo para sus semejantes. La solución ideal debe eludir
ambos peligros: un colectivismo asfixiante y un individualismo deshumaniza
do. Nuestra comunidad sólo puede realizarse en la medida en que se realicen
cada uno de los ciudadanos que la integran.”
Esta concepción ha pasado la prueba del tiempo. Resulta absolutamente válida como
principio en la recta comprensión del mundo contemporáneo.
Desde Formosa, hemos retomado y seguido fielmente estas premisas, las que
contribuyen, entre otras cosas, a entender cómo debe plantearse, por ejemplo, la relación
entre la Nación y las provincias. El Dr. Gildo Insfrán ha dicho al respecto:
“El crecimiento armónico y equilibrado de las partes es indudablemente el
único camino para la realización del todo. Del mismo modo, podemos
afirmar que la realización de las provincias es el único camino para realizarnos
como Nación”.
Aquí se observa una de las claves que sirven para comprender al Modelo Formoseño
en toda su dimensión. El desafío consiste en prestar la atención debida en los intereses
de la comunidad sin distraer los valores supremos del individuo. El individuo, en esta
concepción, se integra al bien general con la alegría de la dignidad propia, encontrando
su proporción y armonía en conjunción del progreso material y los valores espirituales.
Como lo señalaba el Gral. Perón, somos colectivistas, pero con una base individualista
basada en la fe por lo que el hombre representa al existir.
En suma, ni la vida social sólo material, ni la libertad individual sin intereses y
necesidades comunes. La superación individual debe ser la premisa de la superación
colectiva, y la armonía -el sentido de plenitud de la existencia- hará que ese “nosotros”
se realice y perfeccione por el “yo” en la Comunidad Organizada.
Así, nuestro Proyecto Provincial adhiere fundadamente a los principios de la
Comunidad Organizada y aspira a su construcción y realización concreta. Es una opción
basada no sólo en fundamentos teóricos, sino esencialmente sustentada en la práctica,
en la acción concreta. 
¿Por qué el Modelo Formoseño aspira a la edificación de una sociedad justa, libre y sobe
rana en la Comunidad Organizada? En primer lugar, porque entendemos que el hombre
es principio y fin de toda acción política y que no puede haber realización histórica que
avasalle la libertad de su espíritu. La Comunidad Organizada no es ni la mecanización
de una conciencia individual anulada por la estructura, ni el individualismo exacerbado
como modo de vida. Es aquélla donde sólo puede realizarse en la medida en que se
realicen cada uno de quienes la integran. También creemos que entre los principios
individuales y los que se afirman colectivamente no hay diferencias, en la medida en que
entre ambos se observe un necesario equilibrio.
Insistimos en que sólo a partir de la conjugación de los intereses individuales con los
comunitarios aflora la Justicia Social como valor supremo que hace posible la
co-existencia en paz entre los hombres. La realización personal, tanto material como espiritual, se
completa en la medida en que los objetivos inherentes al bien común también
encuentren su cauce. De idéntica manera, la comunidad no podrá alcanzar sus fines generales
si en su seno, hombres y mujeres, no puedan desarrollar las potencias que anidan en sus
individualidades.
Como se podrá apreciar en la Tercera Parte, el Modelo Formoseño toma los principios
rectores formulados en la Comunidad Organizada, transformándolos en realidad
objetiva.
Esto se desprende con absoluta claridad en acciones específicas tales como las que
son llevadas adelante en el marco del Instituto del PAIPPA (Programa de Acción Integral
para el Pequeño Productor Agropecuario), en el programa solidario “Por Nuestra Gente,
Todo”; o en ese conjunto de obras (escuelas, hospitales, caminos, etc.) que apuntan a
lograr que el formoseño encuentre en su propio suelo los instrumentos para concretar
sus anhelos, conjugados con idénticas pretensiones de sus hermanos.
Con el primero de estos programas se busca generar las condiciones para que el
pequeño productor se haga dueño de su futuro, que está vinculado indefectiblemente a
la tierra, aquella destinada a darle sustento a su familia y a él mismo. La propiedad de la
tierra, en este contexto, es la primera condición para hacer realidad la Comunidad
Organizada. El pequeño productor formoseño encuentra en ella la herramienta insustituible
para su realización, a lo que se debe agregar las ventajas de la educación, de nuevas
formas de asociación y cooperación, la adición de valor a la producción, sin dejar de
lado la asistencia con prestaciones de salud y complementación nutricional, seguro,
vivienda, entre otros aspectos destacados del programa. Todo ello se desprende con
absoluta claridad a partir de lo señalado en ocasión del lanzamiento del PAIPPA, en
el año1996. Allí se decía:
“ Es necesario recrear la cultura del esfuerzo y del trabajo. Este sector posee
los tres elementos centrales: su tierra, elementos de labranza y su fuerza de
trabajo. El PAIPPA va a fortalecer estas tres estructuras. No es una tarea
fácil: nos han inculcado un individualismo que es difícil romper, y para este
sector es necesario acelerar el proceso, por lo cual el PAIPPA sostiene que los
productores deben agruparse en familias, porque de esa manera podremos
construir la lucha contra los efectos de la globalización. Para propender
a la Comunidad Organizada es preciso buscar formas asociativas y
convertirnos en predicadores, sin importar la ideología, el color de piel o la
religión. El Gobierno garantiza el derecho de realizarse en su suelo natal
trabajando con la célula básica de la Comunidad Organizada, que es la
familia y, dentro de ella, con la mujer, para capacitarla y complementar su
conocimiento en la práctica laboral, con los niños, con los abuelos. Nuestros
niños recibirán los conocimientos necesarios pues vamos a incorporar los
contenidos curriculares que les sean útiles para su vida en su suelo. La
educación va a reconvertirse, acompañando este proyecto político,
orientándose al sector de la producción. De la misma manera, con el recupero del cobro
de las viviendas del IPV se van a construir viviendas rurales, las viviendas
PAIPPA, para que todos puedan acceder a una vivienda digna.
Complementariamente, se gestionará y otorgará el título definitivo de la tierra para
poder acceder a esa vivienda dentro de su chacra. El centro de encuentro
será la escuela de cada colonia.”
Que cada formoseño se realice en su tierra, junto a sus semejantes, es también, en
última instancia, el objetivo que persigue el programa “Por Nuestra Gente, Todo”. Sus
ejes y características más destacados serán analizados más adelante. Por lo pronto,
decimos que cuando todas las áreas del gobierno provincial actúan en conjunto y de
manera sistémica e integrada, cuando todos los recursos del Estado, sin exclusiones,
se ponen a disposición directa y sin mediaciones a favor de los ciudadanos, allí donde
éstos residen, se está brindando las condiciones básicas para que cada formoseño y
su familia puedan acceder a los servicios elementales e indispensables para una vida
digna y plena.
Es así como aquellos principios filosóficos, esbozados en la Comunidad Organizada,
encuentran una aplicación constatable, concreta. El trato cálido, humano, directo, de
los servidores públicos, no hace más que reconocer la dignidad del hombre. La
palabra amable y el gesto solidario conjugan las necesidades materiales y espirituales,
instalando en el seno de este programa solidario la noción de armonía, de equilibrio,
de Justicia Social, en suma. La incesante labor de trabajadores viales, médicos,
odontólogos, enfermeras, policías, docentes, obreros, integrantes de cooperadoras, vecinos,
contribuye a crear una atmósfera especial, donde la Comunidad Organizada se
conjuga en un nosotros compartido.
Una Formosa integrada desde el punto de vista social y territorial, no sólo satisface
necesidades de desarrollo económico de la provincia. Detrás de los kilómetros de
caminos construidos, más allá de las obras de infraestructura eléctrica, del manejo de los
recursos hídricos, de las escuelas, de los hospitales, se encuentra el individuo, el hombre
de carne y hueso. De nada servirán estas obras si no tienen al hombre formoseño como
destinatario central. Cumplirán su cometido si, y sólo si, estas obras se convierten en
instrumentos para la realización de cada uno de los formoseños, para que éstos, en fin,
sean artífices de su propio futuro, gestores y administradores del bien más preciado de
todo hombre: su libertad.
Quién lo puede negar, en Formosa se busca, en forma permanente, atender al interés
general, partiendo de la satisfacción de las necesidades individuales.
Texto Completo de EL MODELO FORMOSEÑO
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