Evangelistas y el poder político

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Fuente: DeepSeek

La relación entre los movimientos evangélicos (particularmente pentecostales y neopentecostales) y el poder político en América Latina representa un fenómeno complejo y multifacético, con implicaciones profundas en la democracia, los derechos humanos y la estructura social de la región. A continuación, se presenta un análisis estructurado en ejes clave:

1. Expansión demográfica y bases de influencia
Crecimiento acelerado: Los evangélicos pasaron de representar el 4% de la población latinoamericana en 1970 al 19% en 2023, mientras el catolicismo disminuyó del 80% (1996) al 59% actual. En países como Guatemala, Honduras o Brasil, superan o igualan a los católicos.
Conexión con la marginalidad: Su arraigo en barrios populares se debe a redes comunitarias que ofrecen servicios básicos (salud, empleo, cuidado infantil), llenando vacíos estatales. Esto genera lealtades políticas aprovechadas electoralmente.
Infraestructura mediática: Controlan radios, canales de TV (ej. Red Aleluya en Brasil) y redes sociales, amplificando discursos conservadores y movilizando feligreses.

 

2. Raíces históricas y vínculos geopolíticos
Guerra Fría y anticomunismo: EE.UU. promovió misiones evangélicas en los años 60-70 para contrarrestar movimientos católicos de izquierda (teología de la liberación). Documentos desclasificados revelan que la CIA y el gobierno de Nixon vieron esto como una herramienta para debilitar movimientos sociales.
Redemocratización y vacío conservador: Tras las dictaduras, la derecha tradicional carecía de base de masas. Los evangélicos llenaron este espacio con un discurso de «orden moral», articulando partidos como el Partido Encuentro Social (México) o la Bancada Evangélica brasileña.
Teología de la prosperidad: Importada de EE.UU. en los años 80, vincula fe cristiana con éxito material y neoliberalismo. Justifica la riqueza de pastores (ej. Edir Macedo, dueño de Record TV) y estigmatiza la pobreza como «falta de fe».

3. Estrategias de poder político
Activismo electoral:
Candidaturas propias: Jimmy Morales (Guatemala), Fabricio Alvarado (Costa Rica), Javier Bertucci (Venezuela) y Marcelo Crivella (alcalde de Río de Janeiro).
Alianzas pragmáticas: Apoyan tanto a derechas (Bolsonaro en Brasil, Kast en Chile) como a izquierdas (López Obrador en México, Daniel Ortega en Nicaragua) a cambio de avances en agendas morales.
Lobby legislativo: En Brasil, la Bancada Evangélica tiene 200+ diputados (2023) que impulsan leyes contra aborto, «ideología de género» y derechos LGBTQ+ .
Movilización contra procesos progresistas:
Colombia (2016): Campaña por el «No» en el plebiscito de paz con las FARC, tildando el acuerdo de «amenaza a la familia» .
Brasil (2016): Respaldaron el impeachment a Dilma Rousseff bajo consignas religiosas.

 

4. Agenda ideológica y tensiones sociales
Conservadurismo cultural: Oposición férrea a matrimonio igualitario, aborto, educación sexual, y teorías científicas (evolución, Big Bang). Promueven el «pánico moral» contra la «ideología de género».
Sionismo cristiano: Apoyo incondicional a Israel, con presión para trasladar embajadas a Jerusalén (ej. Guatemala bajo Morales)
Autoritarismo y teocracia: Sectores neopentecostales promueven teorías conspirativas (marxismo cultural, QAnon) y defienden políticas de «mano dura» (pena de muerte, castigos corporales).

5. Economía política y contradicciones de clase
Financiamiento opaco: Grandes iglesias (ej. Universal del Reino de Dios) reciben diezmos masivos, invierten en bienes raíces y medios, y operan como holdings económicos exentos de impuestos.
Paradoja de clase: Aunque el 70% de sus feligreses son pobres, lideres promueven agendas neoliberales que perpetúan desigualdades. En Brasil, iglesias gestionan cárceles y cooperan con bandas narcos para controlar territorios.
Crisis éticas: Figuras como Jimmy Morales o Edir Macedo acumulan escándalos de corrupción, a pesar de su retórica de «moralización».

6. Futuro y desafíos democráticos
-Fragmentación interna: Pentecostales clásicos (ej. Asambleas de Dios) critican el neopentecostalismo mercantilizado, pero comparten agenda conservadora.
– Reacción secular: Movimientos feministas, LGBTQ+ y de derechos humanos confrontan su influencia, revitalizando debates sobre laicismo.
Geopolítica regional: EE.UU. sigue usando redes evangélicas para promover intereses (ej. oposición a gobiernos izquierdistas), mientras China y Rusia buscan alianzas con líderes religiosos.

 

Conclusión:

Un proyecto hegemónico en disputa
El poder evangélico en América Latina es un proyecto político articulado, no solo un fenómeno religioso. Combina milenarismo teológico con pragmatismo neoliberal, explotando vacíos del Estado y desencantos democráticos. Su éxito radica en la capacidad de traducir malestar social en lealtades políticas mediante redes territoriales y discursos maniqueos («Dios vs. comunismo», «familia vs. degeneración»). Sin embargo, enfrenta contradicciones por su vinculación con élites corruptas y su choque con sociedades cada vez más plurales. Como advierte Javier Corrales, esto revive la polarización «anti-clerical vs. conservadora» del siglo XIX, amenazando cohesiones sociales ya frágiles.

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