Volviendo a las Base IX : LA REVOLUCIÓN RUSA

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Por Marcos Agustin Gallardo

“La masa sin orden es solo ruido; el guerrero que domina la posición convierte pocos en suficientes”.

Es 23 de febrero del calendario juliano y 8 de marzo del gregoriano de 1917. Nos encontramos en Rusia (Petrogrado). El invierno es extremadamente crudo: las temperaturas rondan los -20 °C, el frío corta la respiración y los pies húmedos de las descamisadas que reclaman alimentos comienzan a congelarse; han tomado las calles rememorando el “Día Internacional de la Mujer Trabajadora”. La escasez de víveres, la alta inflación y las derrotas de la Primera Guerra Mundial de 1914 tenían a la población en una atmósfera de miseria y descontento, convocando a huelgas masivas que reunían a más de 150 mil obreros.

Los ojos del mundo y de los grandes teóricos socialistas-comunistas estaban puestos en Rusia debido a que se encontraba atrasada industrialmente y bajo el régimen zarista, que había gobernado el imperio durante casi cuatro siglos. La pregunta en aquel momento era si sería necesario que Rusia pasara por la dirigencia de gobiernos burgueses para poder desarrollar tecnologías, o si esa misma transición tecnológica y de los mercados podía hacerse bajo un régimen comunista o socialista. Este último avanzaría en una forma de organización que requería la colectivización tierras y las tecnologías, organizados estatalmente, aprovechando al máximo el “desarrollo de las fuerzas productivas”, para garantizar lo que el economista argentino José Luis Coraggio (2011) —recuperando y reformulando la teoría de nuestro amigo “Carlitos” sobre los esquemas de reproducción— define como la “reproducción ampliada de la vida” Marx(1859/2008) ; es decir, operar con una lógica económica contrahegemónica que no tuviera lugar para la usura, la especulación y la extracción de plusvalor. Similar a lo que se denomina hoy en día Economía Social y Solidaria, con la creación de cooperativas y una dirección organizada mediante el ejercicio de una “democracia directa, participativa y lineal en lugar de verticalista”. Esta idea estaba pensada también a nivel mundial, ya que una revolución aislada no tiene sentido y carece del soporte material para expandirse, multiplicarse, perdurar y sostenerse en el tiempo. Esto no quiere decir que no hubiera especificación de tareas, división del trabajo o distinciones técnicas.

Sin embargo, los sóviets no funcionaban solo como cooperativas de subsistencia dentro del sistema, sino que oficiaban de órganos de poder político alternativo y de autodefensa armada destinados a destruir el orden burgués. El ciudadano común fundió lo político con lo militar porque la revolución requería la fuerza para sostenerse ante la inevitable reacción violenta de las clases dominantes, similar a lo que sucede hoy en Bolivia.

Según el historiador Eric Hobsbawm (1998), una de las causas que posibilitó la formación del Sóviet de Petrogrado —gobierno autoconvocado revolucionario, o “consejo” de trabajadores, obreros, campesinos y militares que gobernó Rusia durante la Revolución de 1917— fue la muerte de los oficiales de alto rango durante la Guerra Ruso-Japonesa de 1904-1905. Al morir el alto mando, quienes quedaron con vida compartían similares condiciones materiales de existencia. Por otro lado, como argumenta Roberto Jacoby (1986) en su obra El asalto al cielo, cuando el gobierno es incapaz de salvaguardar la seguridad o los intereses de sus habitantes, la estructura burocrático-militar tradicional se fractura, y el ciudadano común asume de forma directa funciones de autodefensa y combate, “fundiendo su rol político con el militar”.

Recordamos también que Lenin, quien se encontraba en el exilio, es enviado a Rusia por las Potencias Centrales en un tren “blindado” en sentido diplomático, con la esperanza de que, una vez desatada la revolución, el país saliera de la guerra, ya que los socialistas estarían en contra de defender los intereses capitalistas.


Existieron dos grandes teóricos (Vladímir Lenin  y Vladímir Lenin ) que en principio problematizan y luego trabajan juntos, recuperando las tesis marxistas, actualizándolas y adaptándolas a las circunstancias de la época.

León Trotsky fue el seudónimo que adopta Lev Davídovich Bronstein, en honor o sentido sarcástico al guardiacárcel que oficiaba de su “verdugo” antes de escaparse por la tundra congelada de Siberia.

Había por aquel entonces dos ideas o tesis fundamentales. La del auténtico  León, denominada “Revolución permanente”, no se refería a batallas constantes, sino a la realización de cambios continuos impulsados por el aparato estatal —es decir, “desde arriba”— y también por los y las trabajadoras —“desde abajo”—, que tenían que ver con mejoras económicas, materiales y culturales; avanzar en la democratización de la toma de decisiones; capacitación en oficios y áreas técnicas para dejar de depender de los trabajadores calificados que provenían de la nobleza y la aristocracia; rotación de actividades para estar al tanto de las finanzas; y una democracia directa y participativa con sufragio femenino. Por otro lado, Lenin creía principalmente en un gobierno obrero-campesino-militar —en el que por supuesto estaban incluidas las mujeres— que pusiera fin al régimen zarista; es decir, una “dictadura del proletariado”, idea que recupera y continúa desarrollando de Marx y su posterior análisis histórico. La polémica estaba en torno a que Trotsky decía que algunos sectores de la población no estaban capacitados para gobernar y debían ser en principio formados e instruidos, mientras que Lenin quería dar un golpe que sea del pueblo para el pueblo. Finalmente, ambos trabajan en conjunto.

Nuevamente nos encontramos definidos por la historia de la izquierda (heterogénea) y la puja por el poder: los denominados bolcheviques y mencheviques se encontraban en el mismo a la revolucionaria, solo que se diferenciaban en la forma de llevar a cabo la revolución debido a su interpretación teórica del marxismo:
Los Mencheviques (la minoría, que en realidad en un principio era la mayoría): Representaban el ala socialista más ortodoxa y moderada en sus métodos de transición. Siguiendo al pie de la letra a Karl Marx, argumentaban que Rusia —un país feudal y campesino— primero debía pasar por una revolución burguesa y desarrollar el “capitalismo industrial” antes de poder avanzar hacia el socialismo. Defendían un partido de masas amplio, abierto a la participación de sindicatos y con una toma de decisiones democrática y laxa. Estaban dispuestos a cooperar temporalmente con la burguesía liberal para derrocar al zarismo.


Los Bolcheviques (la mayoría, que al principio era una minoría): Representaban el ala socialista más revolucionaria bajo el liderazgo de Lenin y Trotsky. Defendían la revolución directa: sostenían que Rusia no necesitaba esperar décadas de capitalismo burgués. Afirmaban que el proletariado (los obreros), en alianza con el campesinado, podía tomar el poder de forma directa y “saltarse” o acelerar las etapas históricas. Defendían un partido de vanguardia ideológica: debía ser una organización cerrada, disciplinada, semiclandestina y compuesta exclusivamente por revolucionarios profesionales bajo el principio del centralismo democrático. Se negaban rotundamente a cualquier alianza con las clases burguesas o liberales, a quienes consideraban contrarrevolucionarios. Como afirma Néstor Kohan (2002), la conciencia de clase no brota espontáneamente de la fábrica solo por sufrir explotación; la ideología burguesa satura la sociedad y, por lo tanto, se necesita una vanguardia de revolucionarios profesionales organizada bajo el centralismo democrático para disputar la hegemonía.

En las revoluciones de febrero se instaura un gobierno provisional; luego, en octubre, se proclama la República Socialista Soviética. En febrero de 1917 comienza una ola de manifestaciones que exigen alimentos, huelgas obreras y protestas estudiantiles que toman las calles de Petrogrado. Las tropas del zar se negaron a reprimir a la multitud y se unieron a la protesta. El zar Nicolás II se vio obligado a abdicar, dando comienzo a un período de “poder dual”, como describe Sheila Fitzpatrick (1982).

Tras la caída de la autocracia, se formó una estructura de gobierno paralela e inestable denominada “El Gobierno Provisional”, compuesto por las élites liberales, que tenía la responsabilidad formal del Estado pero carecía de legitimidad popular. El Sóviet de Petrogrado, un consejo elegido y formado directamente por obreros y soldados, tenía el control real de las fábricas y las armas, pero inicialmente estaba liderado por facciones moderadas (mencheviques y socialrevolucionarios) que preferían dejar que la burguesía gobernara.

Al regresar del exilio, Lenin rompió el consenso de la izquierda moderada e impulsó consignas directas: “Paz, pan y tierra” y “Todo el poder a los soviets”. Durante el verano, las derrotas en el frente militar, la inflación y la falta de una reforma agraria aumentaron el descontento social. El Gobierno Provisional sufrió una degradación total tras el fallido intento de golpe de Estado militar de la derecha. Con unos soviets totalmente enardecidos y ahora con mayoría bolchevique, Lenin y León Trotsky organizaron de forma meticulosa la insurrección armada del 24 y 25 de octubre, inaugurando el “Comunismo para el Sur Global” y rompiendo con el eurocentrismo. Derrocaron al Gobierno Provisional y proclamaron el nacimiento de un gobierno puramente bolchevique.

La guerra civil duró cinco años, desde 1917 hasta 1923. Enfrentó al Ejército Rojo bolchevique, cuyo líder era Trotsky, contra el Ejército Blanco: una coalición de conservadores, monárquicos y potencias extranjeras.

Lenin muere el 21 de enero de 1924 en circunstancias que generan debates hoy en día; sin embargo, deja una carta-testamento que solo fue conocida muchísimos años después. En ella dice que bajo ningún punto de vista debe quedar Stalin en el poder porque es “tosco”, no está preparado y puede ser muy peligroso. En 1929, Trotsky es expulsado del país y finalmente es asesinado en 1940.

Lenin demostró que en la periferia y los países dependientes no hay que esperar a que la burguesía desarrolle las fuerzas productivas, porque las burguesías periféricas son cobardes, aliadas al imperialismo y colonialistas por omisión.

El primer Plan Quinquenal (1928-1932) fue un proyecto económico y social implementado en la Unión Soviética (URSS) para transformar al país en una potencia industrial y autosuficiente. Lograron la industrialización material y militar del país, pero al costo de destruir el tejido de la economía colectiva autogestionada, reemplazándola por una burocracia totalitaria que persiguió a la misma generación de revolucionarios que la hicieron posible, transformando el socialismo en un “capitalismo de Estado”.

Lo que había comenzado “desde abajo” pronto se volvió “desde arriba” y perdió sus condiciones de posibilidad, ya que se concentró todo el poder en la figura de Stalin, derivando en un cesarismo o dictadura. Se dio fin así a la última experiencia de aquellos “destellos” o chispazos de socialismo, producto del enfrentamiento de clases,y la formacion de gobiernos autoconvocados ,dando comienzo a su vez de una nueva forma de pensarnos y transformar el mundo…

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