Que está primero: ¿La representatividad de los individuos o la representatividad de las políticas?

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La política y la representatividad podemos verlas en términos personales (cuanta representatividad tengo “yo”) y, lo más trascedente, la representatividad de las políticas.

Pero lo que trasciende, lo que sirve y es fundamental la “representatividad de las políticas”. Políticas que deben apuntar a representar decenas, miles y millones de seres humanos. Lo personal es importante, como instrumento para ser el estandarte de una política. Pero lo personal, sin una política de multitudes que lo sustente, pierde validez.

Empieza a girar en sí mismo y concluye. Sin trascender, porque carece de raíces. Lo “personal”, sin organización popular, busca solo beneficio individual, de quien ostenta el cargo, el puesto. Pero no sirve a la comunidad.

La representatividad lograda a través de la corrección de las “políticas masivas” la vemos en la “eficacia” de los gobiernos democráticos y en el “asentimiento popular” de tales propuestas políticas. Porque es sabido que la “democracia” es el mejor modelo conocido de administración de las políticas a las que puede aspirar el pueblo para alcanzar sus objetivos de bienestar.

La “democracia”, la “representatividad” y la “sustentabilidad”, son tres arietes que van juntos indisolublemente, sobre todo si esperamos a que “la política” perdure y opere en favor del pueblo argentino.

Y para que ello suceda, esa política debe ser realmente representativa, vale decir, “representada” por los “movimientos populares y nacionales”, como aconteció en nuestro país con el Yrigoyenismo, el Peronismo y la continuidad de este último, el Kirchnerismo. De tal manera de sembrar alternativas que favorezcan a la estabilidad política, económica y cultural, que muten de un proyecto para pocos –excluyente, de derecha y entreguista de nuestra soberanía en todos los ámbitos-, a un destino de grandeza de la patria, la justicia social, la independencia económica y la sustentabilidad del medio ambiente.

Obviamente, se necesitarán décadas para contrarrestar semejante longeva entrega y dominación y construir un poder nacional y popular. Con políticas de “alianzas” entre los que objetivamente han sido perjudicados por los planes oligárquicos de exclusión y entrega al capital e intereses extranjeros. Alianzas con sectores internos y con los pueblos latinoamericanos que den continuidad a las concepciones y acciones de José de San Martín, Simón Bolívar, José Artigas, Juan M. de Rosas, Hipólito Yrigoyen, el ABC de Perón y su Tercera Posición, Néstor Kirchner y Cristina Kirchner y las posiciones sobre el No al ALCA7 y el Unasur8.

Muchos dirán que llevará demasiado tiempo, que es mejor conseguir logros inmediatos antes de ir construyendo la pared “ladrillo por ladrillo”. Se equivocan. El proceso de transformación de un “país para pocos” en un “país donde decidan una multiplicidad de sectores, hegemonizados por los trabajadores, y donde estén todos los sectores representados” (producción, industria, campo, comercio, cajas de crédito, cooperativas y mutuales, entre otros) lleva un tiempo. Necesariamente hay que compatibilizar los personalismos y las lógicas diferencias entre cada uno de los sectores antes mencionados. Pero, alcanzar esta “compatibilización de la diversidad”, se logra con “propuestas políticas” que contemplen semejante variedad de visiones, prácticas, convencimientos,

prejuicios,  preconceptos, historia y pautas culturales. Todo ese proceso lleva tiempo; implica una espera que, a la larga, resultará provechosa porque redundará en un resultado consistente y sustentable para el pueblo. Y para saber esperar, en definitiva, debemos estar munidos de “paciencia”. Debemos ser tan pacientes como sabios; “respetar los tiempos de maduración” para que la comunidad “perciba, comprenda y asuma” la nueva realidad.

La paciencia y el tiempo van de la mano en el camino para obtener la representatividad de las políticas y, consecuentemente, de aquellos que deberán llevarlas adelante de la mejor manera. Este punto es esencial, porque en todo ser humano hay una clara tendencia a autoconstruirse un “caminito” de éxitos personales para alcanzar rápidamente cargos políticos.

Lo que la política del campo nacional y popular llevó adelante entre y post dictadura 1976 – 1983 fue un modelo signado por el “Estatuto de los Partidos Políticos”, generado por el gobierno de facto. Este Estatuto buscaba como objetivo central: “domesticar al peronismo”., que dejara de ser un movimiento social de masas, para convertirse esencialmente en un partido político más (como la Unión Cívica Radical, el Partido Socialista, el Partido Comunista, la Democracia Cristiana, la Unión de Centro Democrático o el PRO). La “partidocracia” del Partido Justicialista junto con el sindicalismo que siempre ha transado con los diferentes  gobiernos  (dictatoriales o “democráticos”), comenzaron a “tallar”; con internas en todos los pueblos, ciudades, secciones electorales, provincias y en la nación, de tal manera de ocupar el puesto partidario, electoral, legislativo o en diferentes instancias del ejecutivo, y dejando para una instancia posterior el “contenido de la política”.

Se “olvidó” de hecho a la “representatividad política”. Pero esto no es nuevo para el peronismo. Creo que uno de los momentos cúspide, fue la famosa consigna del Vandorismo (y de su líder, Augusto Timoteo Vandor): “Para Salvar a Perón hay que estar contra Perón”, consigna que demostró hasta qué punto se podía llegar cuando las apetencias personales se anteponen a los del movimiento, de la nación y de la patria.

La representatividad política, por ende, siempre estará ligada a la corrección de la propuesta política, esa que debe ser legítima para que resulte exitosa. Y que debe estar siempre alerta ante la posibilidad de que devenga en politiquería, y mute su objetivo hacia otro diferente de carácter oportunista y personal.

Por ello, como militantes, ciudadanos y actores políticos, tenemos una ardua tarea por delante: recuperar el Movimiento Peronista. Recuperarlo porque es la materia misma de nuestro propósito político. Cuando recuperemos la ascendencia que tuvo el peronismo por sobre los sectores económicos históricos que representan a los trabajadores, los productores agropecuarios, los comerciantes, los industriales, los profesionales, los trabajadores de la cultura, de la ciencia, de la educación y de la salud, tendremos en nuestras manos la esencia misma de lo que somos, un “movimiento de masas”, y así, solo así, paciencia y espera mediante, lograr la “representatividad política” necesaria que nos hará indestructibles como propuesta política nacional y popular.

S.B.

APUNTES PARA LA POLÍTICA Motor de la vida y de las relaciones humanas 23-1-2023

7 Área de Libre Comercio de las Américas, fue el nombre oficial de un acuerdo multilateral de libre comercio, firmado en Miami durante la Cumbre de las Américas de 1994, que abarcaba a todos los países del continente americano, con excepción de Cuba. El ALCA debía comenzar a funcionar a partir de la IV Cumbre de las Américas, realizada en Mar del Plata, Argentina en 2005, pero en esa reunión entró en crisis, al punto que se lo considerara «un proyecto muerto».
8 Organismo internacional, conformado por los doce países de la región suramericana: Argentina, Bolivia; Brasil, Chile; Colombia; Ecuador; Guyana; Paraguay; Perú; Surinam, Uruguay y Venezuela.

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