Hay olor a bosta en San Isidro

Regresar a Diario Mar de Ajó, el diarito – Prensa Popular –Noticias Atemporales- Prensa Alternativa

Fuente:  https://guidoesminombre.substack.com/ jul 25, 2025    Por Emiliano Guido

La defensa política de CFK despabiló una acción colectiva incorporada a la caja de herramientas por la organización HIJOS. ¿Por qué el escrache es tan repudiado? ¿Por qué nos cuesta ejercerlo?

Año 1995, un militante de HIJOS Capital nos visita en La Plata y participa en la asamblea de los días sábados, que en el capítulo uno de la organización se desarrollaba en la sede central del sindicato de docentes públicos SUTEBA. Era un salón extenso y humilde en su mobiliario. Poníamos sillas de plástico en ronda para debatir e intercambiar opiniones. Circulaba mucho mate, también galletitas que hubiesen tenido varios octógonos negros de haber existido el etiquetado frontal de alimentos.

El compañero trajo la propuesta envuelta en un papel imaginario de nitroglicerina. Se trataba de una idea osada, no estrenada, valiente, peligrosa. Nos contó que en su regional habían decidido marchar hacia los domicilios de los genocidas impunes de la última dictadura para, tras acampar unas horas en el lugar, mostrar a los vecinos su convivencia barrial con una persona que había secuestrado, torturado o robado bebés.

Fue la primera vez que oí la palabra “escrache”. Nuestro compañero mencionó esa palabra, dijo que el hecho político se llamaba así, “escrache”. Nadie consultó a la RAE sobre la veracidad del término, pero el sonido prendió en la orga. Una palabra con encanto, endulzada con el sonido chicloso que produce la CH.

A partir de ese momento iniciamos el plan logístico de la medida. Un grupo, el cual integré, consultó a los abogados de la organización de derechos humanos APDH qué tipo de apercibimientos legales podíamos afrontar. Recuerdo aún la cara sorprendida de uno de los letrados. Nos tranquilizó, el escrache, dijo, a lo sumo podría ser decodificado en términos del Código Penal con una multa. También nos dio una lectura política calma, dijo que como familiares de víctimas del Terrorismo de Estado no podrían ir tan fácil a nuestra saga.

Corría la sabia de la adrenalina por nuestros cuerpos jóvenes, veinteañeros. Se trataba de una acción que pretendía romper con un cordón sanitario impuesto desde 1983 tras la derrota de los proyectos emancipadores de los años 70. La línea roja establecía y establece que las protestas no deben alterar el orden ni infringir la ley. El “escrache” rompía aquel canon porque se trataba de incomodar la privacidad de ciudadanos que, en términos constitucionales, gozaban de todas las libertades establecidas.

Buscábamos marcar su madriguera con la música bullanguera de la militancia para, en principio, anoticiar a los negocios cercanos, a las señoras de la cuadra, al dueño del locutorio, de su cercanía domiciliaria con “alguien que tiene las manos manchadas de sangre”.

No era una acción violenta, ni mucho menos. Pero, en ese momento, pensamos bastante cuál era la manera más adecuada de hacer los escraches porque cargábamos con el mote de ser los hijos de los terroristas de los años 70. Estábamos al tanto, claro, de que volvíamos a espolvorear con un rubor de azúcar muy tenue el postre maldito de la violencia política. El escrache tenía una carga política muy fuerte, además de un toque de ilegalidad porque, de forma explícita, saltábamos la valla de lo permitido.

Recapitulando, el escrache fue una acción sutil, algo así como el roce delicado de un esgrimista contra un cuerpo rival. Queríamos, pretendíamos, rodear a los genocidas con el clamor popular. Algunas veces nos fue bien, otras no, dependía del entorno social donde se desarrollaba la acción. Por caso, cuando escrachamos años después al genocida Videla en las inmediaciones del Hospital Militar obviamente no fuimos recibidos con vítores desde los balcones. Pero, otras veces, sí recibimos el calor y el acompañamiento de los vecinos.

Fue nuestra manera de rodear a los milicos genocidas con la voz, en esa mecánica ventrílocua maravillosa que ejercíamos, de nuestros viejos desaparecidos. Cantábamos “hasta dónde vayan los iremos a buscar”.

 

Hay olor a bosta en San Isidro

“-¿Qué es eso?- pregunté señalando las bolsas de yute.

-Mierda- dijo el Chacho mientras doblaba las mangas de su camisa. Acto seguido metió la mano en forma de cuchara para sacar un puñado de plasta oscura, con un color inconfundible.

(…) La gente dejó de reír y comenzó a trabajar más aprisa. Todos, niños harapientos, mujeres, adolescentes con signos de malnutrición, metían la mano con la misma eficiencia mecánica a los costales para rellenar los sobres y colocarlos después en cajas de cartón”, el extracto corresponde a la novela “El huésped”, en ese pasaje la escritora mexicana Guadalupe Nettel ficcionaliza un sabotaje electoral perpetrado por un conjunto de linyeras y desclasados para manifestar su descontento con el sistema político. Si, sobres electorales llenos de mierda.

Semanas atrás, un grupo de militantes kirchneristas utilizó con mucho ingenio ese insumo escatológico para marcar el frente de la residencia del diputado José Luis Espert, principal espada verbal del mileísmo en la batalla cultural.

Fue la manera que encontraron de devolver el golpe a uno mucho más cruento dado por el propio Espert cuando deshonró en duros términos a la ex presidenta CFK y su hija Florencia. “Acá vive la mierda de Espert”, rezaba el pasacalle que utilizaron durante el escrache. Según la periodista Luciana Bertoia durante la acción “dejaron 51 panfletos que rezaban ‘Espert sos una mierda… Con Cristina no se jode’. La acción duró unos pocos minutos. No hubo confrontación”.

El escrache se desarrolló en la zona norte del extrarradio capitalino, un radio sociológico blanco y de bolsillos pudientes, donde también reside la jueza Sandra Arroyo Salgado, ex mujer del fiscal Nisman y de probados vínculos con los servicios de inteligencia. La magistrada, ante la presentación de Espert, desató una acción judicial furibunda, apresó a varias militantes, todas feministas y de vínculos orgánicos con la organización La Cámpora.

Se trató, evidentemente, de una acción militante osada, valiente, semejante a los escraches que hacíamos en HIJOS. El roce de un esgrimista contra el cuerpo enemigo. Sin embargo, fue un hecho político huérfano, sin padrinazgo político. Ninguna organización asumió la responsabilidad, los dirigentes políticos más encumbrados del peronismo se desentendieron del hecho.

A un año y medio de iniciado el gobierno de Milei, el Jefe de Estado y sus voceros han bastardeado de forma sistemática la memoria popular, mancillaron más de una vez el nombre de las Madres de Plaza de Mayo, se mofan a diario de nuestros dirigentes, prometen “cárcel o bala”.

A pesar de tanta deshonra y humillación, la cúpula del peronismo no resetea la máquina, se aferra a dar una pelea institucional y electoral. El escrache contra Espert parece, entonces, haber sido un acto de imaginación suelto. El peronismo la ha guardado en un cajón del escritorio.

Por supuesto que la metodología de acción no compone la estrategia del programa, pero sí reside ahí la química volcánica del estado colectivo. El peronismo, a decir de intelectuales como Horowicz o Portantiero, está desarmado. Hace décadas que relegó su vocación clasista; es decir, poner al frente de su columna las reivindicaciones del movimiento obrero, el organizado y el desorganizado también.

A su vez, con el correr de los años, la perimetral de acción impuesta por la derecha acalambra cada vez más los planes de lucha propios. Los cortes de ruta, por caso, han desaparecido como opción para dar pelea. Los escraches, ya está dicho, parecen ser para la conducción del peronismo un pecado imberbe.

El olor del estiércol da nauseas, ¿puede decirse que hubo algo de poesía derramada en el frontón de Espert? ¿Cuánto tiempo habrá quedado desparramada la mierda en aquella residencia de San Isidro? ¿Tendrá un salario digno el personal de limpieza que lustró la acera?

Gracias por leer, si pueden compartir genial, nos vemos pronto. ¡La patria no se vende!

Regresar a Diario Mar de Ajó, el diarito – Prensa Popular –Noticias Atemporales- Prensa Alternativa

235030
307215

Leave a Reply