INVASIONES INGLESAS (1806 – 1870) por Leonardo Castagnino

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Por Leonardo Castagnino

Todos conocemos en mayor o menor medida las invasiones inglesas de 1806 y 1807, pero no eran las primeras, ni serían las últimas. La prosperidad inglesa se había fortalecido con la colaboración de piratas armados por la corona, que saqueaban y robaban en todo el mundo, como Francis Drake, por ejemplo. Durante la ocupación española de América, ya los ingleses habían comenzado a rivalizar con los españoles por el control de las regiones descubiertas. En 1763 Inglaterra acuerda una alianza con Portugal mediante el tratado de Methuen. Esto le posibilitaba aprovisionarse en cualquier puerto lusitano del mundo, a la vez que le permitió intensificar su más antigua forma de comerciar: el contrabando en las regiones en que le estaba vedado el comercio.

A comienzos de enero de 1763, Inglaterra inicia el ataque a Colonia del Sacramento, pero fracasa. El comandante inglés era John Mac Namara, y perece en el ataque. En esa época, la zona era parte integrante de la Gobernación de Buenos Aires e integraba el Virreinato del Perú. Dicha Gobernación estaba a cargo de Don Pedro de Cevallos.

El 10 de diciembre de 1769, el Capitán Antonio Hunt, comunica a Ruiz Puente, quien fuera Gobernador español de Malvinas, que había ocupado el archipiélago en nombre de su Majestad Británica, estableciéndose en Puerto Egmont. Enterados de la situación en Buenos Aires, se envía desde aquí al Mayor General Juan Ignacio Madariaga con la misión de recuperar Puerto Egmont, obteniendo la rendición inglesa el 1° de julio de 1770. En 1788 los ingleses ocupan la Isla de los Estados. En 1790 son expulsados de la Isla Grande de la Tierra del Fuego, y recién para 1791 lo son de la Isla de los Estados, por orden directa del Virrey Loreto. El tratado del Escorial ya había sido firmado en 1790, por el cual se prohibía a los ingleses navegar y pescar a menos de 10 leguas de tierras españolas, y establecerse en ellas.

En abril de 1806 parte del Cabo de Buena Esperanza, una escuadra naval compuesta por cinco navíos de guerra e igual cantidad de buques de transporte, todos con bandera inglesa a las órdenes del Comodoro Home Popham; las tropas que transportaban se encontraban al mando del Brigadier William Carr Beresford. Antes de partir, los jefes de la expedición habían convenido en distribuir como “buena presa” los caudales que esperaban encontrar según informes recibidos a través de un escocés llamado Russel, que viajaba como pasajero en una goleta de bandera portuguesa. El 25 de junio los ingleses desembarcan en Quilmes y ocupan la ciudad de Buenos Aires con poca resistencia. Se establecen los términos de la capitulación en la que los británicos exigen la entrega de los caudales reales; pero estos habían sido enviados a Luján por orden del Virrey.

El 5 de julio el tesoro retornó a Buenos Aires, y doce días más tarde la fragata Narcissus zarpa hacia la Gran Bretaña con su valiosa carga. El 12 de septiembre el tesoro llegó a Portsmouth, y en ocho enormes carros -cada uno llevando 5 toneladas de pesos plata-, partió hacia Londres. Allí se lo recibió con un enorme júbilo, y es depositado en el Banco de Inglaterra para su posterior distribución.

Mientras tanto, al otro lado del Atlántico, Buenos Aires había sido reconquistada por el pueblo al mando del entonces Capitán de Navío Don Santiago de Liniers. En 1808 los participantes de la invasión, por fallo de las autoridades inglesas, se repartieron el botín de 296.187 libras, 3 chelines y 2 peniques.

En 1807 los ingleses envían un nuevo contingente militar. La población de Buenos Aires, enterada de la presencia de una poderosa flota inglesa que se apodera de Montevideo y Colonia, se apresta para la defensa. Para fin de junio de 1807 los ingleses tiran anclas en la Ensenada de Barragán, y el 1° de julio comienzan a movilizarse hacia la Capital. En principio los criollos no pueden detener el avance inglés hacia Buenos Aires, pero en la ciudad, la resistencia de todos sus habitantes hace capitular al ejército inglés al mando de John Whitelocke, el 7 de julio de 1807. El fracaso militar sufrido en el Plata los obligaría a replantear la táctica; cambiarían la ocupación militar por la colonización económica y cultural. Para eso, apoyarían la independencia americana del dominio español.

“América española es libre y si sabemos actuar con habilidad será nuestra”… «La cosa está hecha, el clavo está puesto. Hispanoamérica es libre y si nosotros no gobernamos tristemente nuestros asuntos, es inglesa». ([1]) “Es una política estrecha mirar a este o el otro país como destinados a ser los perpetuos aliados o los eternos enemigos de Inglaterra. No tenemos perpetuos aliados ni eternos enemigos. Nuestros intereses son lo perpetuo y lo eterno.” ([2])

Con la aparición de la máquina a vapor – segunda mitad del siglo XVIII -, la industria inglesa se convertiría en una potencia; a mediados del siglo XIX Inglaterra – país rico en hierro y carbón – ya producía más hierro que la totalidad del resto del mundo. En todo tiempo, el desarrollo industrial requirió de manera imprescindible ser abastecido de materias primas, y a su vez, tener mercados donde colocar sus excedentes. De cortarse esa cadena, cualquier país cuya economía se asienta sobre la industria, quedaría irremediablemente en ruinas. Por eso Inglaterra, un país en pleno desarrollo industrial, no podía permitir una alteración del statu quo mundial en sus colonias, de las cuales siempre extrajo las materias primas para abastecerse y abastecer su industria. ¿Qué sería de Inglaterra si se detuviera esa máquina? ¿Cómo haría para alimentar a toda esa masa de obreros volcados a la producción industrial?

Entre 1860 y 1865 se produce la Guerra de Secesión en Estados Unidos y el norte industrial bloquea el Sur, para impedir la salida de algodón del país. La situación produjo una paralización de las fábricas inglesas entre 1861 y 1862, que fue un dramático aviso del futuro que le esperaba a la nación que había suplantado los cañones por las máquinas de hilados. ¿Qué le pasaría a un país que exportaba el setenta por ciento de su producción industrial?

El dominio inglés era puesto a prueba casi simultáneamente en todas partes del mundo. Las fechas coinciden. En 1845 se produce la agresión anglo-francesa al Río de la Plata intentando la libre navegación de los ríos; a partir de 1848, y durante veinte años en China; en 1857 se producen levantamientos libertarios en la India, con violentísimas represiones por parte de los ingleses; también ocurre en Persia en 1857 y 1858. La acompañan otras potencias, como Francia en China y en el Río de la Plata. El mantenimiento del sistema comercial mundial era fundamental para Inglaterra, y precisamente Paraguay, un país chico y desconocido, con su desarrollo, su autonomía y su política de no tomar empréstitos, desafiaba romper ese equilibrio. Los ingleses, desde su punto de vista imperialista, comercial, violento y falto de ética, veían claramente que necesitaban sacar la pieza que trababa su máquina, que motivó la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay. ([3])

Brasil no era inmune al comercio inglés y a los empréstitos. A partir de 1850, a través de sus empresas, Inglaterra monopoliza la comercialización del café, y el treinta por ciento de las exportaciones brasileñas se hacían a través de Inglaterra. Algo similar sucede con la minería y casi la totalidad de los servicios públicos estaban en manos de empresas inglesas. Los negocios financieros se repartían entre la casa Baring y los Rothschild a través del testaferro Irineo Evangelista de Souza, barón de Mauá. Desde 1825 hasta 1865 los empréstitos ingleses al Brasil suman casi dieciocho millones de libras, y entre 1865 y 1870 se adicionaron otros veinte millones más. Mientras tanto en Argentina, hasta 1872 se colocan empréstitos por veintisiete millones y en Uruguay por valor de tres millones y medio.

Para 1864 Brasil sufría una gran crisis económica, pero la llegada de los empréstitos creaba una falsa ilusión de progreso. León Pomer en “La Guerra del Paraguay” lo enuncia bien: “La guerra contra el tirano López imprimió gran actividad al comercio y a todas las industrias, puestas a contribuir para proveer las múltiples necesidades de tres ejércitos, que luchaban tan distanciados de su gran centro de recursos, la ciudad de Buenos Aires”, y citando a Agote, dice que el ingreso de divisas en Argentina “dio un movimiento extraordinario al comercio e industria, haciendo subir el valor de los productos del país y estimulando una fuerte importación de mercaderías extranjeras”. Esas divisas no ingresaban para fortalecer genuinamente la industria, sino más bien para estimular el comercio y los negocios de los que se convertirían en nuevos ricos como especuladores y proveedores del ejército. Ese falso progreso que sirvió momentáneamente para sacar de la calle a desocupados, se fue desmoronando durante la guerra y se convirtió en una franca bancarrota en la postguerra.

En contraste, Paraguay termina la guerra sin deudas y sin tomar empréstito de nadie. Con la guerra del Paraguay, Inglaterra no sólo consigue terminar con el mal ejemplo paraguayo, sino que toma el control financiero de los aliados mediante nuevos empréstitos. El representante inglés Edward Thornton, luego de entrevistarse con Pedro II en Uruguayana en septiembre de 1865, dice con ironía en un breve discurso que “aumenta mi satisfacción y es prueba de que la política de Brasil continuará inspirándose en un espíritu de armonía, justa y digna en sus relaciones con los demás pueblos”

“Hay en Europa seis grandes poderes: Inglaterra, Francia, Rusia, Austria, Prusia y Baring Brothers” ([4]). ([5])

[1]George Canning, Primer Ministro Inglés.

[2]Declaraciones de Lord Palmerston en el parlamento inglés durante el bloqueo anglo-francés al Río de la Plata, 1848.

[3] Castagnino L. «Guerra del Paraguay. La Triple Alianza contra los países del Plata» Edic. La Gazeta Federal. Bs.As. 2° edición. 2012.

[4]Duque de Richelieu.

[5]Castagnino Leonardo. «Guerra del Paraguay. La Triple Alianza contra los Países de Plata». Ed. La Gazeta Federal. Bs.As. 2° edición. 2012

INVASIONES INGLESA 1086-1870

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