Conclusiones: Argentina, China y el mundo (1945-2022) de Francisco Taiana
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A lo largo de Argentina, China y el mundo (1945-2022), se lleva un análisis cronológico de las diversas interacciones entre China y la Argentina en ese período, desde el punto de vista de la historia global. En función de ello, el análisis ha descripto cómo la estructura general del orden internacional convirtió a estos países en socios compatibles el mundo bipolar que surgió en la posguerra (y el orden mundial unipolar que lo sucedió en la postguerra Fría) colocó a ambos países en una posición incómoda que los llevó a buscar nuevas alternativas más allá de sus asociaciones tradicionales.
Para 1945, China había recuperado parte de su estatus internacional, dentro del orden global emergente. Como consecuencia de su papel en la derrota de los poderes del Eje, se le otorgó un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) y por lo tanto, se posicionó para convertirse en un jugador más central en los asuntos internacionales. Esto, a su vez, se ajustaba a las necesidades geopolíticas de la Argentina, que estaban cambiando rápidamente como resultado del colapso del sistema triangular que había mantenido con el Reino Unido y los Estados Unidos en la década anterior.

Es en este contexto donde debemos considerar el establecimiento de relaciones diplomáticas entre la Argentina y la república de China.
Sin embargo, mientras que el final de la Segunda Guerra Mundial trajo consigo un establecimiento inmediato de lazos diplomáticos entre China y la Argentina, la convergencia del surgimiento de la Guerra Fría, la fundación de la República Popular de China (RPC) y la hipótesis de la Tercera Guerra Mundial actuaron como los primeros reveses importantes en la cooperación sino-argentina. Más aún, si bien los elementos generales sobre los que se construyó la futura relación entre Buenos Aires y Beijing ya estaban presentes desde 1945, una serie de factores contingentes retrasaron el establecimiento de vínculos diplomáticos formales. Revoluciones de diferente tipo, cambios recurrentes en la dirigencia nacional, influencia extranjera y crisis domésticas impidieron durante décadas el establecimiento de contactos estables a largo plazo entre la República Argentina y la RPC.
No obstante, a pesar de estas limitaciones hubo contactos con Beijing que se establecieron rápidamente a principios de la década de 1950 con varios intercambios comerciales. Esto abrió posibilidades de estrechar lazos entre ambos países, lo que estuvo facilitado por la creciente compatibilidad de sus políticas exteriores (es decir, la Tercera Posición argentina y la teoría china de la Zona Intermedia). Estos contactos, sin embargo, fueron interrumpidos por el derrocamiento del general Perón en 1955, lo que provocó un cambio repentino y profundo en la política exterior argentina.

A su vez, a fines de la década de 1950 y principios de los sesenta, la política exterior cada vez más independiente de le RPC dentro del Bloque Socialista y el giro maoísta hacia el Tercer Mundo convirtieron a China en un socio atractivo para los gobiernos civiles argentinos. Sin embargo, la intensificación de la Guerra Fría en América Latina fortaleció la posición de los militares argentinos en asuntos internos del país y facilitó el derrocamiento recurrente de los gobiernos civiles. La combinación de conflictos internos frecuentes y la sucesión de gobiernos de corta duración impidieron que Buenos Aires desarrollara una postura coherente sobre Beijing a pesar de algunos intentos específicos de acercamiento.

No obstante, a principios de la década de 1970, una combinación de factores había cambiado el escenario internacional: la retirada de Estados Unidos (EEUU) de la Guerra de Vietnam, una mayor tensión sino-soviética, el acercamiento sino-estadounidense y la aparición de la relación triangular sino-soviético-estadounidense. Esto se sumó a una serie de contingencias internas en ambos países que crearon un marco favorable en el cual las relaciones diplomáticas formales entre la República Argentina y la RPC finalmente pudieron establecerse el 19 de febrero de 1972.

Esto a su vez vio el comienzo del período de cooperación que continúa en gran medida ininterrumpido hasta nuestros días, un factor que se hizo aún más notable al considerar las trascendentes transformaciones internas y las profundas reorientaciones diplomáticas de ambos países durante el período 1972-2022. En esto años, Beijing enfrentó la muerte de su líder más carismático, puso fin oficialmente a la campaña anárquica de la Revolución Cultural, purgó su facción de línea más dura dentro del Partido, reconstruyó los lazos con Estados Unidos, fue a la guerra contra su antiguo aliado Vietnam, se embarcó en amplias reformas de mercado, sobrevivió el colapso del Bloque Socialista, se unió a la Organización Mundial de Comercio (OMC), fue dos veces sede de los Juegos Olímpicos, lanzó la Iniciativa de la Franja y la Ruta, se posicionó como la segunda potencia mundial.
En el mismo período, el gobierno argentino fue testigo del fin de un régimen militar, la reelección y (poco después) la muerte de su líder más trascedente, conflictos internos dentro de su movimiento político más importante otro golpe militar, violaciones masivas de los derechos humanos, una casi guerra con Chile, una guerra rea con una potencia nuclear de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), el restablecimiento de la democracia, confrontaciones recurrentes y reconciliaciones con EEUU, crisis de deuda e hiperinflación, las reformas de mercado más radicales del país, la crisis económica más profunda del país, un fuerte énfasis en la integración latinoamericana, la adopción de los derechos humanos como política de Estado, un retorno súbito al neoliberalismo y un retorno más al peronismo, que debió enfrentar el triple desafío de una crisis económica, una voluminosa deuda externa y una pandemia global.
En paralelo a estos desarrollos, se observa un florecimiento prácticamente constante de las relaciones sino-argentinas, en una amplia gama de sectores: política, comercio, cultura, ciencia (nuclear, espacial, antártica y agroindustrial), educación defensa, infraestructura y energía. A esto se le agrega una cooperación considerable en los múltiples ámbitos multilaterales que ambos países comparten y en un apoyo mutuo y férreo en las cuestiones de Taiwán y las Islas Malvinas, ambos asuntos estratégicamente cruciales en los que Beijing y Buenos Aires se apoyan firmemente. Finalmente, con la firma de la Asociación Estratégica en 2004, la Asociación Estratégica Integral en 2014 y el Memorándum de la Iniciativa de la Franja y la Ruta en 2022, se fueron dando saltos cualitativos que han transformado a la República Argentina en el socio más importante de la RPC en América Latina.
Como se ha ilustrado a lo largo del libro, tanto Beijing como Buenos Aires se han enfrentado a restricciones del orden mundial surgido en 1945, acomodándose a sus realidades sobreponiéndose a sus limitaciones. Ya superado el mundo bipolar y dejando atrás el mundo unipolar, la República Argentina y la RPC llegaron al 50 aniversario del establecimiento de lazos diplomáticos formales, posicionadas para seguir profundizando su relación en el mundo multipolar que está naciendo.
Francisco A. Taiana
Noviembre de 2022
Editado: Universidad Nacional de Quilmes Editorial
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