Francisco Taiana, presenta su Libro en Universidad del Centro en Tandil y en Asociación Bancaria de Mar del Plata

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Francisco A. Taiana, es historiador y sinólogo argentino. Su formación académica incluye estudios en la Universidad de Oxford y la Universidad de Pekín. Actualmente ejerce como profesor en la Universidad Nacional de Quilmes y dirige la Especialización en Estudios en China Contemporánea en la Universidad Nacional de Lanús. Desde 2020, desempeña un rol esencial como director de Cooperación Internacional en el Ministerio de Cultura de la Nación.

FCH Facultad de Ciencias Humanas de Universidad del Centro en Tandil

 

 Viernes🗓 03/11/2023  – 16 hs.
📍 Aula 3 (FCH- Campus Universitario Tandil)
🟨 #PresentacióndeLibro | «Argentina, China y el mundo (1945-2022)», de Francisco Taiana.
Les invitamos a la presentación de esta obra que representa un análisis de las relaciones entre Argentina y la República Popular China más allá del intercambio comercial o los acuerdos bilaterales; situando a Buenos Aires y Beijing en el marco del sistema internacional surgido a partir de la Segunda Guerra Mundial. Esta obra constituye una contribución invaluable a la comprensión de las relaciones internacionales argentinas y su evolución a lo largo de los años.
En tanto en Mar del Plata se presentará su libro en Calle San Luis 2069, sede de la Asociación Bancaria, a las 15 Horas del sábado 4 de noviembre de 2023
 Sábado🗓 04/11/2023  – 15 hs.
ASOCIACION BANCARIA – SAN LUIS 2069 – MAR DEL PLATA

 

Fuente: https://reporteasia.com/ Por  Marcos Gonzalez Gava – 

Francisco Taiana: “A China, con el correr de las décadas, le ha quedado más claro que Argentina es su socio natural dentro de América Latina”

Taiana es un referente de las nuevas generaciones de argentinos con un especial interés por China.

El estudio de la Historia es la pasión de Francisco Taiana (28), un joven argentino que desde su infancia se sintió atraído por esta materia. Con el mismo afán que un arqueólogo, para él, la historia guarda tesoros que valen la pena ser encontrados, porque no solo tienen influencia en la actualidad a nivel sociedad, sino también en nuestras propias vidas, en nuestra percepción de las cosas, y de máxima, en las decisiones que tomamos. Por ello, se trata de un conocimiento estratégico. Según sus propias palabras: “al terminar el secundario quería seguir una carrera que te dé cierta visión del mundo. Y creo que, en ese sentido, la Historia da una visión general, con sus limitaciones metodológicas, da una visión de conjunto que a uno le ofrece herramientas para empezar a avanzar en las direcciones que uno prefiera”.

Desde entonces, el aprendizaje de los acontecimientos sucedidos en tiempo pasado lo atraparía, llevándolo a recorrer distintas casas de estudio, diferentes en sus enfoques filosóficos y en su marcos sociales y culturales. Pero no debe extrañarnos: además de ser un estudiante dedicado, Francisco es un ávido viajero, interesado en conocer personas y culturas en primera persona, como una extensión del aula y de la academia. Empezó ese camino cursando una Licenciatura en Historia en la Universidad Torcuato Di Tella, en Buenos Aires. Apenas finalizado ese proceso, se lanzó a escribir su primer libro: “Julio Argentino Roca: un lugar incómodo en el pensamiento nacional”. Se trata de una obra de Historiografía, o sea, el estudio de la escritura de la Historia: “tradicionalmente, con la Historia se estudia el pasado, en la Historiografía, en cambio, estudiás historiadores”, aclaró, ante la especificidad que encierra dicha especialización.

Luego, para profundizar sus conocimientos y ganar una experiencia única, seguiría con un Magíster en Estudios Latinoamericanos, nada menos que en la Universidad de Oxford, Inglaterra, para justo después viajar a China y continuar su instrucción en la prestigiosa Universidad de Pekín, donde culminó, luego de dos años, un segundo Máster, en este caso, en Estudios Chinos. Su interés por Latinoamérica lo llevó luego a estudiar China, con la idea de que existe un gran complemento entre estos dos lugares que, aunque lejanos y disímiles, no dejan de estar atravesados por una misma Historia, con factores que los acercan.

Esta conexión entre las culturas y sociedades de oriente y occidente él la identificó en las relaciones diplomáticas, un espacio de mucha actividad e intercambio, donde la interculturalidad es un gaje clave del oficio. Ese ha sido su foco de estudio, dedicándose específicamente a analizar el vínculo entre China y Argentina a nivel cancillería y cuerpo diplomático, que justamente en 2022 cumple 50 años, el 19 de febrero próximo. En estos momentos, Francisco se encuentra terminando un segundo libro, en el que realiza una revisión de la diplomacia aplicada en las gestiones de gobierno China-Argentina, retrotrayéndose a 1945, para ofrecer una mirada más abarcativa del nexo entre el gigante asiático y dicho país sudamericano; relación que, con la reciente visita del presidente argentino Alberto Fernández a Beijing, y la firma del acuerdo para unirse a la iniciativa de la Franja y La Ruta de la Seda, da muestras de su vigencia.

Además de ejercer como profesor de la Universidad Nacional de Quilmes, en la actualidad se prepara para dictar una clase dentro del curso que el CEDEMA (Centro de Debate Multidisciplinar Argentino) está lanzando el próximo 15 de febrero, llamado “República Popular China: nuevo líder mundial”. En ese marco, Taiana buscará explicar los fenómenos relacionados a la modernización de China, en los que Occidente ha tenido un rol preponderante, haciendo énfasis en los eventos más destacados de los últimos dos centenios en ese aspecto.

En búsqueda de más detalles sobre su formación, sus viajes y su visión del mundo, ReporteAsia tuvo el gusto de entrevistar a este joven académico, dueño de un vasto conocimiento sobre China, país que ha ganado preponderancia entre sus intereses profesionales y personales. Considérese el siguiente dato: en el tiempo que estuvo residiendo en China llegó a visitar 31 de las 34 provincias que componen ese país, un récord -y una curiosidad- difíciles de igualar.

Francisco, hablando de tus estudios internacionales: ¿cómo ha sido estudiar en contextos tan diferentes como Inglaterra y China?

Fueron dos experiencias muy gratas pero muy disímiles entre sí. La Universidad de Oxford está basada en el sistema de colleges. Son alrededor de 40 y cada uno de estos colleges conforma la comunidad académica. Y los colleges tienen perfiles muy diferenciados: algunos son más tradicionales, otros son más modernos. Es una institución que está acercándose a cumplir su primer milenio, solo le faltan otros 100 años, entonces es un lugar con unas particularidades bastante complejas y muy específicas. Oxford, por un lado, es una universidad de élite no solo a nivel académico sino también en términos sociales: está atada a lo que son las clases altas tradicionales inglesas. La Universidad de Pekín, por otro lado, que es la mejor universidad de China, también es una institución de élite, pero dentro de un sistema mucho más competitivo y meritocrático.

La Universidad de Pekín guarda un vínculo profundo con importantes sucesos del siglo XX en China, ¿cómo lo viviste como estudiante e historiador?

La Universidad de Pekín es producto de ese encuentro más bien traumático, pero dinamizador, de China con la modernidad. Fue fundada a finales del siglo 19 en un período muy crítico de la historia de China, cuando el sistema imperial, que para ese entonces ya llevaba unos 22 siglos, se encontraba en pleno proceso de descomposición -20 años más tarde finalmente abdicaría el último emperador-, y donde los avances de las potencias industriales sobre China había generado algunas contradicciones muy importantes.

Y realmente la Universidad de Pekín -y digo Pekín y no de Beijing porque mantiene el nombre antiguo con el que solía llamarse a esa ciudad-, realmente tiene una historia muy ligada a los cimbronazos políticos de la historia china de estos últimos 120 o 130 años. Justamente fue de vanguardia en la modernización del país. Fue el núcleo de muchos movimientos estudiantiles y políticos muy importantes que sacudieron la capital y con el tiempo, el país. Digamos, desde el Movimiento del 4 de Mayo, que es el gran movimiento político que irrumpe en el escenario de la temprana República de China, en 1919, como rechazo a lo que había sido el Tratado de Versalles y las condiciones bajo las que había quedado China después de la I Guerra Mundial -y creo que ellos habían visto una traición de los intereses del pueblo chino y la continua subordinación a las potencias imperialistas-, hasta otros saltos en los años 60 con la Revolución Cultural, ese gran movimiento político-social que sacudió la nación, hasta las oleadas de protestas en 1989 que culminaron en Tiananmen, la Universidad de Pekín es una institución que se encuentra muy ligada a la historia contemporánea de China y siempre ha sido muy dinámica en ese sentido.

Considerando lo compleja que es la historia china, ¿en qué aspectos vas a enfocarte en la clase que vas a dictar dentro del curso del CEDEMA?

Fundamentalmente, mi argumento general es intentar explicar la historia reciente de China, los últimos 150 años, como la historia de una civilización muy antigua que tiene un encuentro traumático e inmensamente transformador con la modernidad industrial. Es la historia de un país que se considera a sí mismo como el centro del mundo, con varios argumentos sólidos para defender esa tesis. China en 1830, en plena Revolución Industrial, que a China no había llegado, durante la dinastía Qing, que fue la que llevó al país a su máxima extensión territorial, unos 13 millones de kilómetros cuadrados -hoy sería el segundo país más grande del mundo después de Canadá-, representaba algo así como un 25% o 30% del PBI mundial, con 300 millones de personas ¿Cómo ese Estado, con esas capacidades, con ese patrimonio cultural, sufre algo que nunca le había pasado antes? El encuentro con las potencias imperialistas europeas fue muy desestabilizador en niveles ideológicos, identitarios y civilizatorios.

Francisco Taiana
En el “Festival de Esculturas de Nieve y Hielo” que se celebra cada año desde 1963 en la ciudad de Harbin.

China es un país que durante sus milenios había sido conquistado por ejércitos extranjeros, generalmente lo que el imperio chino veía como a los bárbaros de las estepas: los mongoles, los hunos, los manchúes. Podía pasar, había pasado antes y de hecho, la última dinastía, la Qing (1644 – 1911) era manchú, de uno de esos pueblos de la estepa, que a caballo y arco y flecha conquista China. Esto había pasado antes y no había quebrado el marco con el que los chinos veían el mundo, porque si bien las fuerzas militares de esos pueblos podían derrotar a las fuerzas imperiales chinas, China siempre lograba sobreponerse debido a su gran confianza en su patrimonio cultural y a lo que ellos veían como su inmensa superioridad civilizatoria. Los mongoles te pueden conquistar, pero en dos o tres generaciones van a ser chinos, y van a hablar y escribir en chino. Y para gobernar el país, van a tener que apoyarse en el sistema administrativo chino y en las leyes chinas.

“LA UNIVERSIDAD DE PEKÍN ES PRODUCTO DE ESE ENCUENTRO MÁS BIEN TRAUMÁTICO PERO DINAMIZADOR DE CHINA CON LA MODERNIDAD”

Entonces, bueno, un mal día lo puede tener cualquiera, y sí, te pueden conquistar, pero la fuerza de la cultura china va a terminar por sobreponerse, por lo que ellos veían como su evidente superioridad. Y esto se quiebra de una manera muy fundamental después de las “Guerras del Opio” (1839-1842 y 1856-1860), porque lo que queda en evidencia frente a sectores cada vez más generales de la población es que los europeos están ganando no porque sean bárbaros, sino porque disponen de una superioridad técnico-científica y militar abrumadora. Y en la medida en que China y el pueblo chino van despertando a estos avances tecnológicos occidentales y empiezan a tener mayores dudas, a vivir una odisea interior y a ver el relativo atraso del sistema imperial chino, se genera una crisis identitaria muy fundamental. A partir de ahí la pregunta central que, de una manera u otra, va a dominar a todos los gobiernos y todos los sistemas de gobierno (desde más o menos 1890) es una gran búsqueda de un camino hacia la modernidad. La pregunta de todos los intelectuales chinos desde ese momento hasta el día de hoy es: ¿cómo modernizamos China? En esto hay distintas respuestas, desde los que quisieron reformar el imperio hasta las primeras experiencias republicanas, los gobiernos nacionalistas del Kuomintang en los 20’s y los 30’s, y toda la experiencia del socialismo chino, que fundamentalmente es otro experimento hacia la modernidad industrial en sus distintas facetas: Mao (Zedong), Deng Xiaoping o Xi Jinping. En buena medida, la China actual sigue lidiando con ese desafío: de qué manera se puede aplicar y conseguir esa modernidad… esa sería la línea central del curso.

Sobre las relaciones diplomáticas entre China y Argentina, y sabiendo que estás por lanzar un libro dedicado a esto: ¿cómo podrías definirlas y cómo ves este vínculo hacia el futuro?

El aniversario de los 50 años nos da un cierto parámetro para analizarlo, y me parece muy curioso señalar una cosa: tomemos en cuenta que durante febrero de 1972 era el gobierno de facto de Alejandro Lanusse. Ahora, son muy curiosas dos tendencias paralelas: por un lado, el nivel de volatilidad diplomática de Argentina en este medio siglo. Pensemos que pasó de ser un gobierno de facto pro-estadounidense a la vuelta de (Juan Domingo) Perón, a la tercera posición, a la última dictadura, que después termina declarándole la guerra a un país de la NATO, (Raúl) Alfonsín y una cierta vuelta a los no alineados, al neoliberalismo y a las relaciones carnales de (Carlos) Menem, al gobierno de la Alianza del 2001, el kirchnerismo, el “No” al ALCA, el Mercosur, la UNASUR, la integración regional, el macrismo y ahora el gobierno de Alberto Fernández.

LA PREGUNTA DE TODOS LOS INTELECTUALES CHINOS DESDE ESE MOMENTO HASTA EL DÍA DE HOY ES: ¿CÓMO MODERNIZAMOS CHINA?

Es un período de gran volatilidad diplomática, de muchos distintos gobiernos, de muchas ideologías políticas y de muchos sistemas de gobierno también. Ahora, durante todo ese proceso, por otro lado, las relaciones diplomáticas entre China y Argentina solo se han fortalecido. Mi explicación de esto es que hay algunos factores estructurales que hacen que China y Argentina tengan que buscar socios no tradicionales. Ni China ni Argentina terminan de estar tan cómodos con el orden internacional surgido a partir de 1945, lo cual ha hecho que ambos países busquen sobreponerse a las limitaciones que esto implicaba y creo que encontraron el uno en el otro a un socio bastante confiable, firme.

Son países muy compatibles desde lo económico, con valores diplomáticos similares, como los cinco principios de coexistencia pacífica como la no intervención, el respeto a la soberanía, la resolución pacífica de los conflictos, el apoyo al derecho internacional, el apoyo al sistema multilateral, además del apoyo a los países no alineados, el rechazo al hegemonismo, ya sea en su versión bipolar o unipolar; son puntos en común que ambos países tienen.

Tenemos además cooperación en una serie de áreas científicas, en energía nuclear, exploración aeroespacial, las campañas antárticas. Y por último, tenemos un pilar muy fundamental de nuestra relación que es el apoyo recíproco por nuestro reclamo sobre las islas Malvinas y por la política de unificación pacífica de China. En temas Malvinas y Taiwán, Buenos Aires y Beijing siempre se han apoyado y siempre se van a continuar apoyando. Y creo que realmente a China, con el correr de las décadas, le ha quedado más claro que Argentina es su socio natural dentro de América Latina.

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