LA MADRE DE TODAS LAS BATALLAS SE LIBRARÁ EN EL TERRITORIO por Ernesto Jauretche

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Fuente: Extracto del libro de Ernesto Jauretche: MEMORIA DE LA ESPERANZA  Vida, Pasión y Muerte de un muchacho Peronista de Editorial Colihue

 

 

La tarea de fomento de la organización de las comunidades municipales
y regionales dará origen a formas de subsistencia de creciente
complejidad. Hoy mismo se puede constatar una existencia desigual y
despareja de esos embriones de capitalización social: cooperativas y
mutuales, fábricas recuperadas, clubes, instituciones académicas y científicas,
organizaciones sociales, asociaciones civiles y entidades religiosas
salpican de núcleos de trabajo y solidaridad las barriadas periféricas a
lo largo y ancho de la República.
En el desarrollo de ese proceso de progreso y ascenso de la calidad
de vida del pueblo y de las condiciones de trabajo de los obreros, sin
pedirle nada a nadie, ni planes, ni punteros, perfeccionando la labor
de reclutamiento, convicción y conducción, se irán perfilando nodos
organizativos, centros de convocatoria, lugares de consulta y debate…
y también liderazgos genuinos. Serán los héroes del reformateo del
mercado local, de la contención de la miseria; innovadores de formas
de alivio del malvivir, productores de más altos estándares de demanda
económica, política y social; pero no de la emancipación definitiva de
la pobreza.
Pronto van a chocar con el techo de las normas legales y la justicia
de clase, con condiciones estructurales de explotación y marginalidad
que, en las últimas instancias, serán manifestación de la hegemonía
del imperio y de la concentración de la riqueza y del poder. Y eso no
se remedia con el logro de requerimientos limitados: llega la hora de la
política; esto es, de la disputa por el poder. Y el dirigente social devendrá,
naturalmente, militante político. Será el representante del desborde del
orden imperante que construye desde abajo una nueva categoría de
energía social, comunitaria y afectiva, y formas originales de soberanía
económica. Pero aun con todo ello, mientras no salga del barrio o el
taller, no llegará a constituir sino un mero atisbo de política nacional:
ella solo se integrará por la presencia del pueblo en el Estado.

Entonces, el militante político comprueba que ya no basta con paliar el
malestar de las privaciones de la pobreza: aspira a erradicarla.
Se ha vuelto revolucionario, y no por elección, sino por imperio de la
circunstancia: le resulta intolerable la desigualdad, sufre el dolor de su
pueblo como de sí mismo, está obligado a superarse. Su gente lo sigue
y puede aspirar a servirle desde un partido político o cualquier lugar
de influencia en vistas a conquistar alguna curul y abordar tareas de
Estado. Emprende el ripioso acceso a la democracia representativa,
porque no hay aún otro camino, aunque alguna vez la historia de los
pueblos superará la forma ya caduca de lo que hoy tenemos como mejor
forma de gobierno.
Si su formación intelectual no lo asiste en el debate de la política
de poder, lleva puesta la indeleble camiseta de su conciencia de clase,
bordada con la sangre sufriente de sus bases, a la que debe servir o
claudicar de toda su existencia. La vida militante le habrá enseñado
que con la reconstrucción del Movimiento Nacional el sendero de la
revolución recién habrá comenzado.
Ese movimiento nacional y popular no es un partido ni una institución,
tampoco es menemista, renovador, federal, o kirchnerista; tiene su
raíz en la madre tierra y las comunidades populares son sus ramas: hay
que ocuparla; volver a ella. Cultivarla, amarla y compartirla.
Así las conquistas no serán solo materiales, económicas o mercantiles,
propias de la convivencia con el mundo injusto y corrompido por el
lucro, la codicia y la usura, sino que habrá un salto en calidad del orden
de lo espiritual similar al que protegió a la militancia de los orígenes
de la primera resistencia peronista: el sentido heroico de la existencia,
preconizado insistentemente por el Perón de esa época y sustentado por
los conceptos misericordiosos y comprensivos que Evita nutrió con la
entrega de su propia vida. Ese componente ético es el que garantiza una
generosa unidad política y social y el respeto a la diversidad cultural,
étnica y de género que caracteriza a los mejores conglomerados humanos.
Nuestra labor de hoy día es poner en marcha ese nuevo capítulo de
nuestra historia.
Tal vez semejante empeño requiera el concurso de varias generaciones de argentinos,
recuperando las palabras de Alfredo Zitarrosa:

No hay cosa más sin apuro
que un pueblo haciendo la historia.
No lo seduce la gloria
ni se imagina el futuro.
Marcha con paso seguro,
calculando cada paso
y lo que parece atraso
suele transformarse pronto
en cosas que para el tonto
son causa de su fracaso.

Sobre esta ecuación de tiempo histórico y espacio espiritual transita la idea del trabajo que queremos entregar a la comprensión y la indulgencia de nuestros lectores.

La Plata, provincia de Buenos Aires
Junio 2022

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