Los Zaffora, el secuestro y La Cacha (relatos de la noche más oscura)

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Agosto de 2023

Esta es una historia de reconstrucción. De como con ciertas hilachas se puede reconstruir
parte de un tejido de vida y darle forma y en parte a saber que pasó.
Son hilos sueltos, a veces solo una palabra, un detalle de un relato, la asociación con otros
detalles y de pronto se arma la historia. Puede tener errores, pues hay partes que son llenadas
con otros relatos y a veces confunden, pero siendo algo rigurosos y analíticos sobre personas y
comportamientos se puede ir separando la paja del trigo. Ayuda mucho ubicar las fechas y los
hechos relacionados a esos momentos.

Muchas veces se comienza con un dato que suma a un hecho y que cierra una historia, pero
esa cuestión abrió otra historia que llena otro vacío y hay veces que ese arar en el mar parece
que no da frutos y sin embargo se producen encuentros de personas que muchas veces a
grandes distancias o en encuentros que no deberían dar cabida a relatos íntimos hacen que se
encuentren aquellos que tienen mucho en común. Esta historia tiene mucho de esto y también
de haber despertado en sus participantes más interés y haber terminado participando en
juicios como testigos de lo que les paso.
Relatare la historia en un formato cronológico, es mi manera de no confundir aquello que supe
y recuerdo del momento pasado a través de mis sentidos, de aquello que supe a posterior y
que permite, con el testimonio de otros, cerrar esta historia.
El 21 de septiembre de 1977 estaba la patota en casa esperándome y de ahí me llevan a El
Embudo o Sheraton (subcomisaria de Villa Insuperable) donde solo me tienen bajo tortura por
varias horas. Esa misma noche me regresan a La Plata, hasta mi casa y de ahí me llevan para La
Cacha (en los terrenos del predio de la cárcel de Olmos ex planta transmisora de Radio
Provincia).
En La Cacha me aíslan en una cuevita que había en la planta baja y así estoy por un mes. A la
semana en oportunidad de llevarme al baño, ingresa alguien y yo previendo algún golpe me
preparo rigidizando el cuerpo y de pronto alguien acaricia mi espalda. Era Elena quien estaba
conmigo. A ella la fueron a buscar al otro día y se la llevaron para La Cacha y la pusieron con el
resto de la población que estaban en la planta alta.
Unos días después, un domingo de la guardia buena, la trajeron hasta la cuevita y así me pudo
contar las cosas que pasaron desde que me llevaran a mi hasta que la secuestraran a ella. En
ese periodo de tiempo se fugó un famoso preso que estaba con la patota inicial desde la casa,
entendí porque me fueron a buscar a Villa Insuperable los de La Plata y me trajeran, que paso
con mi padre viudo de ochenta y dos años y por último que hizo para dejar a nuestra hija de
seis meses con la vecina para que mi suegra la fuera a buscar. Solo relato esta síntesis para
poder entender las circunstancias de esos momentos. La fuga es otra historia quizás más larga
que esta y quedara para otro momento.


Después del periodo de interrogatorios bajo tortura y de un mes de aislamiento me pasaron
con el resto de la población en la planta alta. Me costaba hablar, pues después de tanto
tiempo sin conversar con nadie, mi garganta se había como entumecido.
En la planta alta no había mucha gente, seriamos unos quince, resultaba que en los días de
inicio del cautiverio hubo varios traslados. Algún día intentare desarrollar mi hipótesis de
porque se dieron esos traslados así como que fue lo que cambio la suerte de los 8 de la
comisaria quinta y delos dos que estaban en La Cacha.


Así estuvimos en la planta alta. Había un elástico al lado del otro en el suelo con un miserable
colchón y una frazada. Todos estábamos esposados al elástico y con la capucha colocada. Solo
había un cierto afloje en estas medidas en la guardia del “Potro”. Otro cantar era cuando venía
la patota que traían a alguien para interrogar.
Para finales de octubre de 1977 traen hasta La Cacha a un matrimonio, él venía muy torturado
y era “Simón”, inclusive parece que había tenido un paro cardiaco. En la fila de las camas
estaba el “Cabezón” Jorge Pérez Catan, yo, Elena y después este matrimonio y seguía. En
frente estaba el “Fugitivo” Mazzocchi, “Matías” un compañero, creo de Humanidades que
habían traído de la ESMA, el “Chaira” Eduardo Luis Caballero y su mujer “Susana” Marta Alicia
Di Paolo ambos de Mar del Plata y otros más.
En la guardia del “Potro” nos permitía sacarnos la capucha y ese día a Elena y “Susana” las
llevaba hasta la cocina y les hacía preparar mate cocido dulce y con leche y a la noche nos
soltaba para que pudiéramos movernos un poco.
En esa ocasión hable con “Simón” y me cuenta que los secuestran de una casa del gran BsAs
donde tenían un kiosco y una receptoría de ropa para la tintorería, servicio que se había
puesto de moda en esa época. Que los habían llevado para Azul u Olavarría, yo no recuerdo
bien `pero era por esa zona y que lo habían castigado mucho. Hablaban mucho de sus hijos
una mujer y un varón y que no podía saber cómo llegaron hasta ellos pues nadie sabía la
ubicación de la casa.
En La Cacha también estaba “Marina” Graciela Quesada y el “Inge” García Cano. Ella tenía una
cama enfrente de las dos cuevitas que había en planta baja y él estaba afuera, parece que
había una casa rodante y se decía que habían formado pareja y que salían a ver a su familia,
como realmente sucedía. https://www.abuelas.org.ar/caso/garcia-cano-quesada-171
A “Marina” se la veía poco pues ella podía recorrer el predio tanto adentro como afuera del
edificio. Su relación con la población era mínimo y solo recuerdo que sacaba a secar la poca
ropa que podíamos lavar en el baño y luego pasaba para entregarla. Al “Inge” no se lo veía,
siempre estaba afuera del edificio, pero si sabíamos de su presencia.
La suerte de ambos está relacionada con los 8 de la comisaria quinta y todos corrieron las
mismas circunstancias de destino final. Cuando nosotros salimos de La Cacha aún estaban en
ese lugar. La cito a “Marina” pues también es parte de esta historia.
A los pocos días nos llevaron a Elena y a mí a Puesto Vasco donde comienza otra historia que
no viene al caso. Lo que sí que ni a “Simón” ni a su mujer volvimos a ver.

Marina y Julia
Ya estábamos instalados en Madryn, habían pasado las elecciones de 1983, la ida con De
Nevares a Bs. As. a la CONADEP, el terminar la carrera y haber podido recibirme re cursando las
8 materias que tuve que rendir, el juicio a las Juntas, seria 1986 o cerca de ese año cuando me
entero que un jefe en ALUAR tenía familiares desaparecidos. Me acerco a él y me cuenta que
son los hermanos, un varón y una mujer, y sus respectivas parejas de su mujer.
Me acerco hasta la casa que era en la misma cuadra de donde vivía y a pocos metros de casa.
Además era mi bioquímica a la cual le había reparado en varias oportunidades equipos del
laboratorio todo con muy buena onda.
En ese encuentro me cuenta quienes eran los desaparecidos y que el cuerpo de su hermano
varón lo habían podido recuperar. Su padre era un medico obstetra muy conocido y profesor
de la Facultad de Medicina. Su hermano cae en una emboscada junto a Bettini esa familia que
fuera diezmada y que secuestraron hasta la abuela, el padre y el cuñado del que fuera
embajador en España en la época de Nestor y Cristina.
Me dice que a la mujer de su hermano la habían secuestrado y que los dos sobrinos habían
sido criados por los abuelos, sus padres.
En ese momento tuve una intuición, había algunos datos que me cerraban con que podía ser
“Marina” a quien había visto en La Cacha. Trae una foto y efectivamente era ella. De ese modo
pude ponerle nombre y apellido a “Marina” que es Graciela Quesada. También saber que
había dos hijos de ella un varón y una mujer. La hija de Graciela Quesada es Julia. También me
entero que en una oportunidad “Marina” pudo visitar a sus hijos en casa del suegro, medico
obstetra, y que aseguraba que ella estaba embarazada. A mí no me constaba fehacientemente
pero fueron muy pocas las veces que la pude ver en La Cacha en condiciones de tabicado y no
parecía tener un embarazo. Posiblemente haya diferencias del momento que yo la vi y cuando
estuvo en la casa del médico y por último poco vale mi posibilidad de detectar un embarazo
ante la opinión de un medico obstetra y profesor universitario.
Julia y su hermano eran muy queridos por mi vecina la tía y pasaban los veranos en Madryn
con sus primos y tíos.
Pasaron un par de años y en una ocasión de visita por Madryn me encontré con Julia.
Que encuentro difícil de responder cuando la pregunta fue que no entendía que su madre
hubiera continuado con la militancia en vez de dedicarse a criarlos. Como poderle explicarle a
una joven muy joven, que su madre había luchado como una leona para que ellos estuvieran
junto a ella y que las condiciones de la época no daban para elegir que hacer. Recuerdo que
me vino a la mente la situación del ganado en el matadero donde una vez que estas en el redil
no tenes elección posible. No supe explicar lo inexplicable de lo que fueron esas situaciones de
durísima represión y muerte.
Pasaron varios años, con el tiempo Julia fue madre, le empezó a interesar la historia de sus
padres y fue testigo en el juicio La Cacha. Aún recuerdo que en un intercambio de mails me
anime a sugerirle como presentarse ante el tribunal y la importancia de que diera su
testimonio. La seguidilla de emails consta al pie.
i
Hoy es gran amiga con la cual comparto muchas vivencias. La cito a Julia porque es parte de
estas historias y ya más adelante contare lo que sucedió junto a Sabina la hija mujer de
“Simón”.
Julia es desde hace varios años una muy importante directiva de una fundación
https://www.forbessummit.com.ar/ponente/365/maria-julia-bearzi

Las hermanas Díaz

Los Díaz son varios hermanos de una profunda familia peronista de la zona sur del Gran Bs As.
El más conocido es Víctor Hugo sobre el cual, posiblemente, algún director se inspire y haga
una película.
Resulta que sería el año 2000 o 2001 cuando revisando los testimonios que se estaban
vertiendo en el Juicio por la Verdad en La Plata1
encuentro el testimonio de Elvira Díaz que
junto con su hermana fueron secuestradas y llevadas a La Cacha el 4 de noviembre de 1977.
Esa fecha es casi coincidente con el traslado que nos hicieron a Elena y a mí para Puesto Vasco
donde comenzó una nueva etapa para nosotros. Pasamos a depender del GT2 y a recorrer
distintos lugares, pues este grupo no tenía un lugar propio, Así fue nuestro recorrido por
Puesto Vasco, Pozo de Quilmes, Puesto Vasco nuevamente, Pozo de Quilmes nuevamente, El
Banco y Olimpo. Secuestro que duro 12 meses en Elena y 16 meses para mí siempre en
Centros Clandestinos. Pero esa es otra historia.
Lo cierto es que nosotros no las llegamos a ver a las hermanas Díaz en La Cacha, ya sea porque
coincidió con nuestra partida o porque los primeros días las tuvieron aisladas. Yo tampoco
pude precisar el día que nos trasladaron, si sé que fue en los primeros días de noviembre.
En ese testimonio Elvira hace mención a un matrimonio que estaban en la cama al lado de la
de ellas, cuando las sumaron a la población y con el cual establecieron contacto. Ese
matrimonio ellas lo nombran como “Simón” y María del Carmen. Acá hago una distinción que
no es menor. Siempre he usado encomillado para nombrar a aquellos que conocí por apodos y
en este caso María del Carmen aparece sin comillas.


Cuando leí el testimonio note que se referían a “Simón” y su mujer como aquel matrimonio
que yo también había conocido y del cual no me podía acordar el nombre de ellos. Había
detalles que indicaban que hablaban de la misma pareja. Donde los habían secuestrado, que
tenían una tintorería, que hablaban de dos hijos y otros detalles. Es interesante leer su
testimonio que figura al pie de esta nota.ii
En ese testimonio, sobre el final, el tribunal y los abogados intentan identificar a “Simón” y
hablan hasta de tres casos posibles, pero ninguno cerraba.

En ese momento tuve una inspiración, ese olfato de que había una hilacha perdida y era que
sospechaba que María del Carmen no era un apodo, era un nombre verdadero. No conocía
ningún apodo compuesto de dos nombres. Sabiendo aproximadamente el mes del secuestro
que era fines de septiembre o principio de octubre, busque en una página web que hay una
lista, bastante incompleta, por fecha de desaparición y las pautas eran un matrimonio en esa
fechas con el nombre de ella como María del Carmen.

Así fue que aparece esta información.
http://www.desaparecidos.org/arg/victimas/z/zaffora/index.html

Roberto tenía 31 años, María del Carmen 34. Fueron secuestrados de su
domicilio en San Martín, Buenos Aires. No hay testimonio de su paso por un
C.C.D.
¿Conociste a Roberto
Zaffora y/o a María del
Carmen Barros?
Si conociste Roberto Zaffora a y/o
a María del Carmen Barros y
querés compartir tus memorias o
cualquier información sobre ellos
– o si sabes que les pasó luego de
su desaparición -, por
favor escribinos.
Desaparecidos de Azul
Yo para reconocer por las caras soy un desastre, pero Elena es una experta. Como estaban de
perfil me resultaba más difícil reconocerlos, pero algo familiar veía en ellos. Hice una copia de
las fotos y sin darle otro dato le pregunte a Elena si los reconocía y así fue como lo
confirmamos “Simón” era Roberto Zaffora y su mujer María del Carmen Barros. Oriundos de
Azul.
Los Hijos de “Simón”
Sabiendo que Zaffora era de Azul y que tenían dos hijos empecé a ver la forma de
comunicarme con ellos.
Logre hacer un contacto con gente de la APDH de Azul y contarles que necesitaba hablar con
ellos y coordinamos de encontrarnos en oportunidad de un viaje. Resulto que para fines del
2004 se realizó en La Plata un encuentro y en el camino de regreso paramos en Azul donde nos
esperaban los compañeros de la APDH.
Les conté lo que sabía de los Zaffora y como había podido reconstruir esta historia. Me dicen si
me quiero comunicar con la hija y hacen una llamada telefónica pues no vivía en Azul.
Así fue como me contacte con Sabina la hija mayor de los Zaffora. Grande fue su sorpresa de
que alguien le contara algo sobre sus padres. No tenía la menor idea que los hubieran llevado
para La Plata. Arregle con ella que en la primera oportunidad que estuviera por Bs As nos
encontraríamos.
Así fue como en el 2005, después de haber ido a la Biblioteca Nacional donde se presentaba el
primer libro de las presas políticas donde me encontré con Mirta Clara también conocí a
Baschetti con el cual compartí cierta información que me agradeció mucho. Salimos de la
biblioteca y junto a mi hija mayor Verónica, aquella que tenía 6 meses cuando nos
secuestraran, fuimos a lo de Sabina.
Sabina había sido recientemente madre, estaba con su marido y más tarde llego su hermano
Nicolás. Ella fue muy dulce y se emocionó mucho al saber las pocas cosas que yo le podía
contar. Le mencione a Elvira y su testimonio y así fue como tiempo después se encontraron
con los Díaz. Elvira volvió a testimoniar y ahora le puso nombre y apellido a “Simón” y su mujer
y no solo eso, sino que menciono que en La Cacha lo visitaba Astiz y mantenía largas
conversaciones con “Simón”. Esa historia cierra en que ambos eran nativos de Azul y de la
misma edad y muy posiblemente se conocieran desde chicos y jóvenes.
Otro que los conocía por ser de Azul es el Pampa porque Vivian muy cerca, tanto a “Simón”
como a sus padres y también la conocía a Sabina.

El hermano de Sabina, Nicolás, llego un poco más tarde y se sumó a la charla. Cuando me
contaba su infancia, sus años en el liceo militar y luego como cura en claustro en un convento
me parecía que con sus jóvenes años ya había pasado lo que muy pocos pueden tener como
experiencia en toda su vida. En ese momento era como que reorganizaba su vida con su “rica”
experiencia pero me dio toda la sensación que sería un futuro promisorio.
Sabina trabajaba en NATURA esa empresa de productos naturales y le iba muy bien.
En el juicio de lesa humanidad La Cacha Sabina testifico por sus padres.
Hoy Sabina es gerenta latinoamericana de NATURA https://accionempresas.cl/autor/sabinazaffora/ y Nicolás es el sastre top no solo de Argentina sino de varios países
https://www.nzaffora.com les recomiendo este reportaje donde cuenta su historia

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Sabina y Julia
Las casualidades no existen, sino más bien las causalidades
En la mayor parte de los casos, no ocurren las cosas
por casualidad, sino porque algo hemos hecho para que ocurran, y éstas,
entonces, ocurren por “causa” de nuestro esfuerzo, nuestro aprendizaje y
nuestra búsqueda, o por todo lo contrario.
Pasaron más de 8 años del encuentro con los hijos Zaffora y un día me llega esta noticia.
Por razones estrictas de trabajo se encuentran Sabina Zaffora como gerente de NATURA y Julia
Bearzi como Directora Ejecutiva de Fundación Endeavor.
Supongo que hablarían de inversiones, emprendimientos comerciales y otras cuestiones de
ese orden. En realidad nunca supe cuál fue el verdadero motivo de ese encuentro y si había
alguien más participando.
Lo cierto es que estas dos mujeres adultas y madres que nunca antes se habían tratado se
ponen a conversar de sus vidas y de que eran hijas de desaparecidos y que lo que sabían de sus
padres era de alguien de Puerto Madryn.
Me corrieron grandes lágrimas de emoción al saber de esta pequeña historia que cosas como
esta pudieran suceder. Ese trabajo de juntar hilachas daba sus frutos. Este es el email que
recibí
Sabina Zaffora
Para: patojuanca
Enviado: miércoles, 26 de septiembre de 2012 18:30
Asunto: Hija de Simon- Maria del Carmen – GRACIASHola Juan Carlos, como estas? No sé si me recordas pero estuvimos charlando hace 7
años cuando nació mi hijo Joaquín. Soy la hija de Simón y Maria del Carmen que
conociste en la cacha.
Nos re encontramos con Julia, o nos conocimos de grande, porque en algún lado de mi
corazón siento que nos conocíamos desde chicas. El encuentro fue ese encuentro de
almas, hermoso, donde pudimos confirmar que las redes del amor que unieron a tantas
personas maravillosas (donde estuviste vos, tu mujer y nuestros padres) trascienden los
años, el rencor, el horror y la muerte.
Fue de una gran emoción nuestra charla, donde seguimos atando cabos y re contrayendo
nuestra historia….una historia que es de muchos.
En esa charla, apareces todo el tiempo……por eso le pedí tu mail para escribirte. Solo
decirte GRACIAS desde mi corazón, por buscarme, por contarme….. por sumar a mi
vida más vida….más amor. Porque me resisto a creer que esto fue simplemente una
guerra, la simpleza existe pero no en esta línea….si solo viendo a un hombre 3 o 4 días
en un lugar lleno de muerte y miedo…..y 30 años después buscas a su hija para contarle
que lo viste…..eso solo lo mueve el amor. Amor hacia el ideal de construir algo mejor,
amor hacia la vida, amor hacia al otro (ese otro que no conoces, pero te conmueve),
amor hacia la mundo más justo e inclusivo, amor hacia el amor.
Gracias Juan Carlos. Estoy sensible, y desde acá te escribo, y feliz de estar sensible de
poder encontrar un sentido a tanto dolor.
Saber que existe tipos como vos revaloriza a mis padres que tanto me hubiera gustado
disfrutar, pero que conozco atrás de ustedes….
Un gran orgullo.
Un Gran abrazo.
Sabina.

El Masnou
Para los que no conocen El Masnou es una bella localidad cerca de Barcelona donde vive mi
amiga Susana.
El hijo mayor de Susana, Sebastián, es hijo del “Inge”.

El “Inge” hizo pareja en La Cacha con “Marina” y según el suegro de ella estaba embarazada en
noviembre de 1977.
En una visita de Estela Carlotto a Puerto Madryn apareció una persona con una carpeta de
abuelas de las primeras con fotos papel pegadas y armada con una hoja de cada uno de los
casos que se conocían hasta ese momento.
Esta persona se la entrega a Estela y la había encontrado en un juzgado de Junín y la estaban
por tirar. Él la guardo y se la entregaba a Estela. Ella la hojeo y dijo que ya tenían varias y
mirándome me la entrego haciéndome depositario de esa invalorable carpeta.
Empecé a buscar por los casos que conozco y cuando llego al de Graciela Quesada me
encuentro con la denuncia que hace su madre sobre la desaparición de su hija y su embarazo.

En esa denuncia da su domicilio en El Masnou en Barcelona y digo o sorpresa en el mismo
lugar que vive Susana. La madre de Marina, de Ana su hermana y Soledad su sobrina. Carlota

Ayub de Quesada fue una importante Abuela de Plaza de Mayo que falleciera hace dos años a
sus 96 años
https://www.ellitoral.com/nacionales/murio-abuela-plaza-mayo-carlota-ayubquesada_0_GlzNwL0UUq.html
Pasaron muchos años y no sabía cómo contárselo a la amiga. Era algo así como que en esa
misma localidad vivía la madre de la mujer con la cual había hecho pareja con el que fuera el
compañero de Susana. Era bastante intricado y sin mucho sentido hasta que me di cuenta de
una cuestión que si era importante. El hijo de Susana Sebastián podía tener un medio hermana
o hermano con Julia, el compartiendo padre y ella a su madre y entonces si me pareció
importante contarlo.
Eso ha generado distintos encuentros entre medios hermanos y entre ambas familias en
Masnou. Parte también de este tejido.
El 24 de marzo de 2021 se inauguró un memorial en esa localidad del Masnou que recuerda a
los 30.000 desaparecidos para tener al menos un lugar donde depositar una flor por ellos.

Un fuerte abrazo
Juan
PD: Seguramente a este material hay compañeros que pueden agregar sus vivencias por
conocer a quienes están citados en este escrito. Se esperan sus aportes

De: María Julia Bearzi
Fecha: jueves, 3 de mayo de 2012, 9:52
Hola Juan Carlos, perdón que no te llamé es que esa hora en casa se me complica bastante,
tengo dos niños dando vueltas que no me permiten hablar por teléfono.
Al final mi declaración la pasaron para el dia 21, asi que tengo más tiempo para ir más
preparada, pero también para hacer más larga la angustiosa espera.
Alguna vez me comentaste que tenías tu declaración en un juicio en Italia, la tenes para
mandarla por esta vía?
Algo más que creas que me pueda ayudar a armar mi declaración?
Algún consejo?
Te dejo mi celu por las dudas, mañana en horario laboral, sería un buen día para hablar si se te
ocurre algo…
Te mando un beso grande
Julia
3 May 2012 13:14:18 -0700
From: patojuanca
Julia
Me imagino la angustia que significa la espera y posiblemente lo bien que te hara poder dar tu
declaracion.
Seguramente vos habras dado alguno de esos finales dificiles donde te preparas por mucho
tiempo y cuando estas por entrar parece que no te acordas de nada y una ves que empezas te
empiezan a fluir los recuerdos como una cadencia y posiblemente te saldran cosas que no lo
tenias pensado. Son los recuerdos y la memoria que no se pueden atar. Dejalos que los
recuerdos solos van a venir y te daras cuenta que lo estas haciendo por tus padres, por
quienes se hicieron cargo de Uds dos, por tus hijos y por vos.
Creo que el juez es Rozansky que es una excelente persona y recorda que el que hace las
preguntas son los jueces, o se que los abogados ya sea el fiscal, la defensa o las querellas le
tienen que pedir al tribunal que te transfiera la pregunta.
Habla mas con el corazon que con la razon. El cuore nunca te falla es autentico y provocativo,
llega a los jueces y mueve su sensibilidad.
Logra que te acompañen aquellos que te aprecian y te vas a encontrar sostenida, comprendida
y tambien un poquito mas querida.
Desde aca te estare acompañando.
Posiblemente la cosa comienze, despues de dar tus datos personales, de jurar decir la verdad y
las generales de la ley sobre si te ata algun grado de amistad o enemistad con los enjuiciados.
A esa pregunta que nunca entendi muy bien, pues si sos una victima parece de mas, la
respuesta elegante es que solo buscas que se haga justicia.
Luego en general te preguntan algo asi como para darte pie para que cuentes lo que te paso y
es cuando te dejan que te explayes con libertad, a lo sumo alguna pregunta aclaratoria por el
juez que preside.

Ese es tu momento para contar lo que paso, lo que sentiste, lo que significo en tu vida, lo que
hubieras deseado no perder por tu derecho de niña, en fin todo lo que sientas. Tenes todo el
tiempo del mundo para explayarte, para tomarte tu tiempo, para pedir por un vaso de agua o
un descanso.
Al final vienen las repreguntas de los abogados que en general son concretas y por un si o un
no, pero muchas veces sirven tambien como pie para decir algo que hayas olvidado.
Estoy seguro que va a ir muy bien, que sabras utilizar esta oportunidad que hemos podido
lograr con el esfuerzo de muchos.
Me decis de tu celular pero no veo el numero.
Mandamelo y si puedo mañana si se me hace un momento de tranquilidad en la oficina me
pongo en contacto.
Igualmente en casa no molesta tu llamado a la hora que sea, en general a partir de las 18 hs ya
estoy en casa.
Un abrazo
Juan Carlos
María Julia Bearzi
vie, 4 de may de 2012 a las 3:52 p. m.
Que lindo mail Juan Carlos mil gracias! realmente me ayuda mucho en este momento.
te dejo mi tel que omiti en el ultimo correo
beso grande
María Julia Bearzi
mié, 23 de may de 2012 a las 11:40 a. m.
Hola Juan Carlos, gracias por tu mensaje, luego de la declaración viajé a Comodoro Rivadavia a
un evento que organizaba por mi laburo y no puede atenderte
Por suerte ya estoy de regreso en BA, y por suerte declaré y si fue muy muy conmovedor y
dificil, pero no miré para atrás y no miré para el costado saqué fuerzas no se de dónde
arranqué a hablar y pude, creo que la fuerza me las mandaron mis viejos desde arriba, mis
hijos desde acá y la justicia, sensación rara vez experimentada.
Sabes que justo me preguntaron lo que vos me aclaraste por teléfono el otro día?, si la habían
visto en la Cacha y si hasta ppio o cuando de noviembre y entonces te mencioné.
avisame en julio cuando estes por acá y nos juntamos..
beso grande y gracias
22 May 2012 11:22:22 -0700
From: patojuanca
Julia
Lei lo que salio en el diario sobre tu testimonio y el de tu abuela.
Sospecho que por lo que el diario dice te debe haber resultado conmovedor el haber sido
escuchada por un tribunal.
Haber podido decir lo que sentis y ante los jueces enfrente de los acusados.

Hay que ser muy valiente para hacerlo.
Mis felicitaciones y deseo que te sirva para superar lo que tanto daño nos ha hecho.
Un fuerte abrazo.
Juan Carlos
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Díaz, Elvira Rosa
Fecha del testimonio:
1999-03-17
Referencia:
Juicio por la Verdad de La Plata
En la ciudad de La Plata , Capital de la Provincia de Buenos Aires, a los diecisiete días del mes
de marzo de mil novecientos noventa y nueve, hallándose reunida la Cámara Federal de
Apelaciones del circuito, encontrándose presentes el Señor Presidente, Dr Antonio Pacilio, y
los Señores Jueces doctores Carlos Alberto Nogueira, Leopoldo Héctor Schiffrin y Julio Víctor
Reboredo, con la asistencia del Secretario Actuante, y dejándose expresa constancia que
también se encuentran presentes el Sr Fiscal General ante la Cámara, Dr Julio Amancio Piaggio,
el Sr Defensor Oficial, Dr Ricardo Alberto Gonzalez, en representación de la Asamblea
Permanente por los Derechos Humanos La Plata, los Dres Marta Vedio y Jaime Gluzmman,
comparece una persona previamente citada a quien en este acto se la impone por secretaría
de las penas con las que la ley castiga el falso testimonio de acuerdo al art. 275 del Código
Penal (conforme art. 295 C.P.M.P), quien seguidamente presta legal juramento de producirse
con veracidad en todo lo que supiere y le fuere preguntado. Interrogado por sus circunstancias
personales manifiesta llamarse Elvira Rosa Díaz, ser de nacionalidad Argentina, de 50. años de
edad, de estado civil soltera., con profesión u ocupación comerciante, quien se domicilia en
Brasil, estado de San Pablo en la calle José de Santa María número 57 de Campinas
acreditando su identidad mediante Documento Nacional de Identidad. 5.876.111 , haber
nacido el día 30 de agosto de 1948., en Capital Federal , Provincia de Buenos Aires, resulta ser
hija de la señora y de Juan María Díaz – Acto seguido se le entera de las generales de la ley, las
que explicadas manifiesta que está comprendida. – A continuación se le entera del contenido
de esta causa y MANIFIESTA:
Sra. DIAZ.- Todo empezó el 17 de octubre cuando yo vivía en Ezpeleta porque mi madre y mi
abuela quedaron en otra casa y mi hermano Juan Antonio alquilaba un lugar para trabajar. Yo
había comprado una casa a unas cuadras del cementerio de Ezpeleta y le habíamos dejado

otra casa a dos hermanas. El 17 de octubre a las tres de la tarde yo no estaba porque teníamos
una fábrica de juguetes y teníamos empleados y estaba en Berazategui haciendo trámites de
comercio. Encontré a mi madre desesperada avisándome que vaya para casa porque su hijo
estaba muy herido. Cuando llegué vi que realmente Hugo estaba mal y me pide que busque a
un médico porque se sentía mal. Salgo con el auto y primero voy a un médico que quedaba
cerca de mi casa y le pido que por favor venga a ver a Hugo porque se esta muriendo y él va. El
dice que no puede hacer nada, que tendría que llevarlo a un hospital y esas cosas. Sabíamos
que no podíamos hacer eso en ningún momento. Hugo lo echa, y se va. Buscamos a otro
médico, que era el que atendía a mi padre, fallecido ahora, de Villa España, que trabajaba en
un hospital de Quilmes. Viene y dice que Hugo no iba a vivir mucho, que precisaba de terapia
intensiva, que había que sacarlo, llevarlo a un hospital y avisar a la Policía. Ahí otra vez le dice
que no podemos hacer ese tipo de cosas. Desesperada, voy a la casa de mi tío Rogelio Diaz,
que vive en Villa España, a quien le cuento lo que me pasó, y me dice que íbamos a ir a un
centro de salud de Villa España. Encontramos a un médico -sería practicante-, a quien le
cuento lo que pasaba. Me escucha y me dice que me va a ayudar. Vamos. Salimos. Yo estaba
con mi hermana María Rosa. Estaba lleno de camiones del Ejército, con armas. Cuando quiero
cruzar con el auto, un camión me para. Bajamos mi tío, mi hermana, el médico y yo.Pedí al
medico que no dijera a donde ibamos el me dice que me quede tranquila, que no iba a decir
que Hugo estaba en casa. Me preguntan a dónde llevaba a ese médico. Les digo que mi abuela,
de edad, estaba mal, enferma, en la casa de Quilmes, y que lo llevábamos para que la viera.
Pensé que no me creían. Nos dejan subir al auto. Por el espejo del auto veo que me siguen.
Para poder llegar a mi casa y avisarle a mi abuela lo que estaba pasando, no iba a mi casa
porque Hugo estaba ahí. Comencé a desviar, con bastante velocidad en el auto. Ellos me
siguieron bien de cerca. Cuando llego a mi casa alcanzo a bajarme del auto, con las puertas
abiertas, y le digo a mi abuela que se acueste en la cama y diga que estaba enferma. Cuando
termino de decir eso, ellos se bajaron. En el techo y el fondo de la casa había gente, todos con
armas. Entraron. Mi abuela estaba en la cama. Mi tío y el médico entraron. Preguntaron lo que
tenía, y ella dice que estaba con dolor de estómago y le dolía la cabeza. Comenzaron a buscar,
tiraron todo. Encontraron unas fotos de Evita y Perón, guardadas en mi casa, porque mi mamá
siempre fue peronista. Empezaron a quemar diciendo que “esto no sirve”. Conversaban entre
ellos y nos dijeron que teníamos que ir a la comisaría a prestar declaración. Nos llevaron a la
comisaría, y entramos más o menos a las 5 de la tarde. Empezaron a escribir un montón de
cosas; preguntaban cosas, y les decía que no sabíamos nada. Quedamos toda la noche.
Liberaron al médico, y quedamos mi tío, mi hermana y yo. Nos soltaron a las 5 del 18. Ahí me
voy para casa. A Hugo se lo habían llevado a una pensión. Cuando llegamos ahí, dijimos que
teníamos que comenzar a salir de ahí, porque seguramente ellos iban a venir. Comenzamos a
ver qué sería conveniente hacer, y decidimos que no teníamos condiciones de salir, y
quedamos cada uno en un lugar. Pasamos unos cuatro o cinco días. Siempre dormíamos en
casas diferentes. Esa noche me había ido con mi hermano a dormir en la casa de mi abuela. Era
la una y media de la mañana desde que comenzó a pasar eso. Nosotros ya dormíamos con
ropa, dormíamos vestidos y a la una de la mañana se sintieron golpes de unos autos que
llegaban. Golpearon la puerta -en realidad la tiraron abajo, directamente- entraron y nos
empujaron a la pared con las manos para arriba y nos pusieron una capucha a los tres. De allí,
yo fui en un baúl de un auto, seguramente. Pichi y Mari fueron en otro. Habremos hecho cinco

o diez minutos de auto, paramos en un lugar, me bajaron y me preguntaban: “sabés dónde
está Hugo”. Yo decía “no sé dónde está Hugo, no sé. Se lo llevaron”. Cuando bajamos yo no
veía nada porque estaba con la capucha puesta y me pusieron en una mesa que tenía una
plancha de aluminio. Me amarraron los pies y las manos, me bajaron los pantalones y me
empezaron a dar choques eléctricos en las uñas de los pies y esas cosas, preguntando por él.
Yo siempre dije que no sabía dónde estaba Hugo. Yo realmente no sabía dónde estaba.
Después lo mismo hicieron con Mary y a Pichi lo golpearon bastante. Eso fue a la una. A las seis
de la mañana nos trajeron en un auto y nos dejaron en una calle cualquiera y nos soltaron a mí
y a Mary.. No sabemos qué pasó con Pichi. Después nos enteramos que también lo soltaron y
fue para la casa de una tía que tenemos en Boulogne. Después comenzaron las persecuciones.
Ellos pasaban con camiones por casa, por todos los lugares. A todo eso, ya estábamos viviendo
en tres lugares, en el taller de mi hermana y en una casa que teníamos alquilada en Quilmes.
Después de esas semanas que pasaron después de que nos soltaron, nosotros ya no
dormíamos más allí. Ibamos a dormir a la Capital en un hotel diferente cada día y a la mañana
íbamos a trabajar porque teníamos gente trabajando en la fábrica. Un día llegamos, abrimos la
puerta y nos recibió un señor vestido de civil, un señor gordo, morocho, que dijo que
entráramos y cuando entramos la vi a mi hermana, a mi mamá y a mi abuela. Ellos daban
vuelta todo. Buscaban cosas. Rompían cosas. A mi mamá le dicen: “mirá cómo rompo las
fotos”. Rompían las cosas, los discos. Los que estaban allí eran tres o cuatro. Dos autos. Los
entraron en el garage y cerraron para que pareciera que no pasaba nada. Decían que se nos
iba a llevar porque querían saber dónde estaba Hugo, que Hugo se había escapado y que
alguien lo sacó o alguien lo tiene, porque él está herido. Nos habremos quedado hasta el
mediodía, hasta que después ellos resolvieron y nos llevaron. Nos pusieron esposas y capucha
y nos pusieron en el auto -no en el baúl, sino adelante- y uno de ellos, el señor gordo,
morocho, dijo: “sáquenles las esposas, no precisan ponérselas”. Y nos acostó encima de las
piernas de ellos, nos puso la mano en la cabeza y allí fuimos bastante tiempo andando. Pienso
que debían ser entre 20 o 25 minutos y media hora. Cuando después parecía ser una barrera,
porque hubo un tipo de saludo militar y nos dio paso. Cuando llegamos bajamos del auto y
estábamos encapuchados, y nos dijeron “hay una escalera” y nos ayudaron a subir. Subimos y
empezaron las sesiones de tortura. Nos pusieron en una cama en el piso. Era un lugar que
sabíamos que era La Cacha. Había varios cuartos divididos por una pared, una cosa media
sucia, con una trama -no era una cama- en el piso con un colchón desgastado, y estábamos
amarrados a la trama de la cama. Nos pusieron a mí en un cuarto y a Mari, mi hermana, al
lado. Ese día estuvimos así hasta la noche y al otro día a la mañana nos sacaron y nos llevaron,
pero no pudimos ver mucho porque siempre estábamos con la capucha puesta. Se ve que me
llevaron a mí primero y me preguntaban “dónde está Hugo, porque si ustedes no dicen dónde
está no van a salir nunca más de acá”. Y nos pasaban la picana en la punta de las uñas, en las
piernas, en el cuello, pero no me sacaban la ropa. Cuando tanto preguntaban y dijimos que no
sabíamos, porque realmente no sabíamos, la llevaron a Mari que volvió bastante golpeada,
porque le dije que se sacara la capucha y estaba bastante amoratada. Se ve que a ella la
golpearon. Seguía todos los días lo mismo, nos llevaban y nos daban picana, nos decían cosas
como que no íbamos a salir más de ahí, que íbamos a ser boleta y esas cosas. Pasó un tiempo y
ese lugar era como una casa abandonada. Había personas que hacían turnos, y los más
conocidos eran un señor blanco y gordo, bien fuerte, al que le decían “Garrote”, y otro

moreno, “El Potro”. Ellos eran los que nos daban la comida, el desayuno y esas cosas. En ese
lugar había mucha gente. Ellos parece que tenían la parte de abajo, y cuando pedíamos de ir al
baño había una pieza llena de chicas, mujeres, y la parte de arriba estaba dividida. Cuando
salíamos todos los días para que ellos nos hicieran preguntas, había otra parte donde había un
montón de gente también en el piso, todos amarrados. Después de una semana u ocho días,
más o menos, pasamos a ese otro lugar y escuchábamos que en nuestro lugar seguía entrando
gente. Cuando nos llevaron fue el día 4 de noviembre. Estábamos ahí y las personas que
estábamos nunca podíamos sacarnos la capucha, pero a veces la corríamos para ver quiénes
estaban, y cuando ellos no estaban podíamos conversar. Había mucha gente de La Plata. Había
un matrimonio que fue con los que más conversábamos. A él le llamaban de Simón y a ella
María del Carmen, pero no sé si eran los nombres verdaderos. Había otro chico que no
sabíamos el nombre y una señora de unos 80 años que le decían “la abuela” y la torturaban
bastante. Parece ser que el hijo de ella era médico de La Plata. A toda hora llegaba gente.
Llegaban los autos de los que bajaba gente. Entonces, “el Potro” y “Garrote” nos decían que
cuando escucháramos ruidos de autos nos pusiéramos la capucha y que nos quedásemos
quietos. Allí se escuchaba gente que gritaba o lloraba y ellos que les pegaban y esas cosas. Un
día ese señor, “Garrote” nos dijo: hoy va a ser un día tranquilo, esperamos que no venga nadie,
entonces, vamos a preparar una comida, ¿quién va a cocinar? Sólo que si vamos a la cocina y
ustedes escuchan ruidos de autos se ponen la capucha y corren a las camas donde estaban. En
un momento dado él salió a buscar no sé qué cosa para la comida y yo tome una silla y me
asomé por una ventana pequeña y pudo ver a la mitad de unos árboles eucaliptus por lo que
parece que no estábamos a nivel del piso sino que estábamos arriba. Pasaban los días y ellos
nos decían a nosotros que dijésemos dónde estaba Hugo porque sino no íbamos a salir más de
allí. Y nosotros no sabíamos realmente dónde estaba Hugo. A veces venían a conversar con
nosotros y nos decían así: Si a ustedes los sacan antes de las 12 de la noche pueden creer que
los van a soltar, pero si a ustedes los sacan de las 12 de la noche en adelante, ustedes son
“boleta”. Y realmente todas las noches sacaban gente con las manos atadas a la espalda y se
los llevaban después de las 12 de la noche. A esta chica, María del Carmen, y a Simón los
sacaron a esa hora y después nosotros les preguntamos al “Potro” y a “Garrote” y nos dijeron
que los habían matado. Nos dijeron que todos los que salían a esa hora eran “boleta”, como
ellos decían. Y ellos venían a conversar con nosotros y nos decían: pensamos que ustedes no
tienen nada que ver, preparense porque van a salir, sólo que si los suelten no se queden en el
país. Bueno, realmente pasó que nos soltaron después de un mes y unos días. El 5 de
diciembre ellos vinieron a la mañana y me decían: ustedes no digan nada pero a ustedes los
van a soltar hoy. Entonces, nos dijeron que si habíamos traido algunas cosas cuando entramos
– yo tenía una pulsera, unos anillos, un collar de plata, algo de dinero y mis documentos – no
los reclamemos y nos vayamos. Ahí yo le pregunté, porque sin los documentos no podíamos
irnos. No. eso se lo van a entregar, me dijeron. Bueno, eran las cino de la tarde más o menos y
viene uno y patea la cama y nos dice: bueno, levántense que ustedes se van. Entonces, nos
sacaron en un auto encapuchados, como estábamos todo el tiempo, y empezamos a andar.
Anduvimos y al poco tiempo el auto paró y yo pensé que tal vez nos iban a matar. Pararon el
auto, nos sacaron y nos dijeron que nos pusiéramos de rodillas, siempre con la capucha
puesta. En ese momento nos dijeron: “ustedes se van a ir pero sepan que si no lo encontramos
a Hugo, los vamos a buscar de nuevo y no van a salir nunca más”. Luego nos dijeron que

cuando nos sacaran la capucha contáramos hasta 30 y nos podíamos ir pero que no nos
diéramos vuelta a mirar. Nos sacaron la capucha y comenzamos a contar. El auto se fue y nos
levantamos. Estábamos en un campo, no había casas alrededor, había eucaliptos. Vimos que
pasaban colectivos, posiblemente era el Camino General Belgrano o la ruta 2. Caminamos
bastante, llegamos a la ruta y como se habían quedado con la plata que teníamos, caminamos
y encontramos una casa bien pobre en la orilla de la ruta, le pedímos a una señora que nos
diera plata para el colectivo. La señora juntó algunas monedas y nos tomamos un colectivo.
Llegamos a casa y nos encontramos con que faltaban cosas, robaron tocadiscos, ropa, telas
con las que nosotros trabajábamos. Siempre robaban, tiraban todo, buscaban, robaban,
humillaban, hacían de todo. Ahí resolvimos que no nos podíamos quedar y comenzamos a
salir, íbamos al centro a ahí andábamos. No dormíamos en un lugar seguro, a veces dormíamos
en hotel, cambiábamos de hotel todas las noches. Mi hermana trabajaba porque si no no
hubiéramos estado en condiciones de hacer esto. Mis dos hermanas María Rosa y Eva se
quedaron y trabajaban para solventar esto y mi madre estaba mal de salud. Así anduvimos
hasta que decidimos irnos a vivir a Boulogne, alquilábamos una casa.
Dr. PACILIO.- En el curso de su declaración, usted mencionó que fue detenida tres veces. Una
de esas veces en la Cacha. Puede especificar en las anteriores oportunidades ¿dónde estuvo
detenida?
Sra. DIAZ.- La primera vez fue en la Comisaría de Berazategui a la que fui sin capucha.
Dr. PACILIO.-Cuánto tiempo?
Sra. DIAZ.- Desde las 6 o 7 de la tarde hasta el día siguiente a las 5.
Dr. PACILIO.- En la segunda oportunidad ¿dónde estuvo?
Sra. DIAZ.- No sé, fue cuando entraron a casa, nos encapucharon. Lo único que vi fue el
aluminio de una mesa donde me dieron la picana. Sólo sé que el auto anduvo poco tiempo.
Dr. PACILIO.- Cuánto tiempo estuvo en la Cacha?
Sra. DIAZ.- Un mes.
Dr. PACILIO.-. Además de la persona que mencionó, ¿podría llegar a identificar, si se le
mostraran fotos, a alguna otra persona aparte de la que mencionó?
Sra. DIAZ.- Vi algunos pero no se si podría verificarlos o no. A María del Carmen Simón, si.
DR. PACILIO.- Usted dijo que estuvo un mes en La Cacha, esto sería entre noviembre y
diciembre de 1978…
SRA. DIAZ.- Nos secuestraron el 4 de noviembre y nos soltaron el 5 de diciembre.
DR. PACILIO.- Estas dos personas que mencionó, ¿ estaban en el lugar cuando usted fue
liberada?
SRA. DIAZ.- Se fueron antes. Habían conversado con mi hermana Mary. Sabían que nosotras
íbamos a salir e iban a entregar una alianza para que se la llevaran a la madre. Pero esa noche
los sacaron a ellos dos.
DR. PACILIO.- ¿Eso fue al poco tiempo?
SRA. DIAZ.- No, fue al día previo a que nosotros saliéramos. A la noche habíamos hablado de
entregar la alianza.
DR. PACILIO.- Le voy a mostrar un legajo con fotocopias de fotos y le voy a pedir que haga un
esfuerzo para ver si reconoce a alguna persona de allí.
– Se le exhibe a la testigo el legajo con fotocopias.

Dr.PACILIO.- Señora, usted recién nos mencionó su último lugar de detención.
Sra.DIAZ.- Ellos dijeron que se llamaba así.
Dr.PACILIO.- Los represores?
Sra.DIAZ.- Les decía “El Garrote” y “El Potro”.
Dr.PIAGGIO.- Quisiera preguntarle si es la primera oportunidad en que presta declaración
sobre este tipo de hechos.
Sra.DIAZ.- Sí
Dr.PACILIO.- En nombre de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos tiene la palabra la
doctora Vedio.
Dra. VEDIO.- Quiero preguntarle si en la oportunidad en que fue secuestrada y llevada a La
Cacha pudo hacer alguna identificación de alguna persona que perteneciera a alguna fuerza o
si puede darnos algún detalle en particular sobre lo que usted vivió.
SRA. DIAZ.- No, pero recuerdo a un señor gordo y morocho que venía con dos personas más.
Cuando íbamos llegando nos encapuchaban y no veía nada. Fue muy difícil.
DRA. VEDIO.- Cuando usted estuvo en La Cacha se hizo mención a Simón y a su esposa.
Recuerda si a esa mujer le decían Simona?
SRA. DIAZ.- Ella dijo que se llamaba María del Carmen, no sé si se llamaba Simona. Sé que
venía un señor alto a conversar con ellos durante muchas horas. Era un represor. Cuando me
sacaban la capucha lo veía.
DRA. VEDIO.- En La Cacha había alguna otra persona que usted haya visto para darnos algún
dato sobre su lugar de origen o características físicas ? ¿Recuerda alguna otra persona que
pueda estar desaparecida y sea motivo de esta investigación?
SRA. DIAZ.- No. Recuerdo una señora delgada, mayor a la que le decían “la abuela”. También
había un chico que tendría entre 17 y 18 años al que torturaban bastante pero no recuerdo su
cara.
DRA. VEDIA.- ¿Cuándo se fue esta señora de La Cacha?
SRA. DIAZ.- A la abuela la sacaron y no sé lo que hicieron con ella.Cuando nosotros salimos ella
también lo hizo.
SRA. VEDIO.-. ¿ En qué fecha?
SRA. DIAZ.- El 5 de diciembre salió de La Cacha.
SR. PACILIO.- Tiene la palabra el representante de la Asamblea Permanente de Derechos
Humanos doctor Gluzzman.
DR. GLUZZMAN.- Me gustaría saber si el testigo puede contestar en qué horario salió la abuela
ya que había dos.
Sra. DIAZ.- No sé.
Sr. GLUZZMAN.- Usted habló de “el potro” y de “garrote”, podría hacer una descripción
aproximada de ellos ?
SRA. DIAZ.- Daba a entender que eran gente de provincia. Ese Garrote era gordo y el otro era
más bajo y morocho, bastante morocho.
SR. GLUZZMAN.- En el segundo lugar donde usted estuvo detenida y secuestrada que no
recuerda dónde fue a 5 o 10 minutos de la comisaría de Berazategui, cuánto tiempo estuvo en
ese lugar ?
SRA. DIAZ.- Estuve 15 ó 20 minutos y fui torturada.
SR. GLUZZMAN.- ¿No era La Cacha?

SRA. DIAZ.- Sé que era cerca de mi casa, pero no era La Cacha.
SR. GLUZZMAN.- ¿Dónde vivía?
SRA. DIAZ.- Entre Quilmes y Berazategui.
SR. GLUZZMAN.- ¿No vio a nadie?
SRA. DIAZ.- No. Estuve todo el tiempo encapuchada y no vi a nadie.
SR. GLUZZMAN.- ¿Cuánto tiempo estuvo?
SRA. DIAZ.- Estuve 15 ó 20 minutos. Me hicieron preguntas y me aplicaron shocks eléctricos y
después me soltaron.
SR. NOGUEIRA.- Usted dijo que mientras estuvo en La Cacha se dio cuenta que había gente de
La Plata ?
SRA. DIAZ.- Sí.
SR. NOGUEIRA.- Usted se refería a Simón y a María del Carmen y también a una persona mayor
que le decían “abuela”. ¿Usted no vio a alguna persona de La Plata?
SR. GLUZZMAN.- ¿Podría darnos alguna descripción?
SRA. DIAZ.- Las camas estaba muy lejos de la nuestra, pero sé que eran muchachos de La Plata
jóvenes, pero no sé los nombres porque solo escuchaba los comentarios.
SR. GLUZZMAN.- ¿Eran todos jóvenes?
SRA. DIAZ.-Sí.
SR. GLUZZMAN.- ¿Mientras estuvo usted salieron?
SRA. DIAZ.-Nos hacían tapar y quedarnos quietos, pero solo vi a María del Carmen y a Simón
porque estaban al lado de mi cama.
Sr. PRESIDENTE.- Ha culminado su declaración
En este estado, el Tribunal convoca nuevamente a la testigo Elvira Rosa Díaz, haciéndole saber
que se encuentra bajo juramento de decir verdad. Acto seguido, se le pregunta lo siguiente:
Dr. SCHIFFRIN.- Señora Díaz: usted refería que cuando estaba en La Cacha conversó
frecuentemente con un matrimonio de apellido Simón.
Sra. DÍAZ.- Sí.
Dr. SCHIFFRIN.- En este último intervalo estuvimos buscando en la Secretaría causas con ese
apellido, habeas corpus que en su momento se hayan tramitado con ese nombre.
Encontramos dos, y uno de ellos se refiere a Carlos Francisco Simón y Patricia Huchansky,
gente de Mar del Plata que desapareció de Gonnet el 7 de febrero de 1977. Es decir, vivían en
La Plata. ¿Pueden tener estos datos que ver con los de aquella gente?
Sra. DÍAZ.- No. Lo que yo sé es que ella decía que la alianza que íbamos a llevar era para
entregarla a la madre, que vivía, no lo recuerdo muy bien, en Puerto Belgrano o Belgrano.
Dr. SCHIFFRIN.- Con respecto al varón, ¿no tiene idea de su procedencia?
Sra. DÍAZ.- No.
Dr. SCHIFFRIN.- Y cuando hablaban nunca decían de dónde venían o de dónde habían
desaparecido.
Sra. DÍAZ.- No. Lo que decían era que eran militantes no sé de qué pero que habían dejado, y
que tenían una tintorería, y que cuando se los llevaron estaban trabajando en la tintorería.
Dr. SCHIFFRIN.- ¿Una tintorería dónde?
Sra. DÍAZ.- No sé.
Dr. SCHIFFRIN.- ¿Nunca hablaron de La Plata?
Sra. DÍAZ.- No.

Dr. SCHIFFRIN.- Solamente hablaban de una tintorería, pero no de la dirección. Si era de La
Plata, tampoco.
Sra. DÍAZ.- Tampoco.Solamente sé que tenían chicos. No sé si uno o varios más.
Dr. SCHIFFRIN.- La siguiente causa es de Rodolfo Federico Simón, y el habeas corpus lo dedujo
su madre. No es la misma persona, y no hay fotos. Esto se deduce en agosto de 1977, y se
refiere a un hecho acontecido en Kramer 78 de Bernal. Allí pasó el episodio en donde se los
llevaron.
¿Usted no sabe el nombre de pila de Simón?
Sra. DÍAZ.- No. Solamente escuchaba lo que decían: María del Carmen y Simón.
Dr. SCHIFFRIN.- ¿Simón no sería el nombre en vez del apellido?
Sra. DÍAZ.- No sé. Solamente sé que era de cabello rubio, delgado. Una persona bien blanca.
Dr. SCHIFFRIN.- ¿Joven?
Sra. DÍAZ.- Sí, joven.
Dr. SCHIFFRIN.- El último se llama Vicente De Simone. El acontecimiento es más lejano, de
1976, y por eso no creo que sea el caso. Es un caso de La Plata.
El objeto de esto era preguntarle si conocía datos más concretos que pudiera acercar sobre
esta pareja, con el nombre De Simone, o Simón. ¿Usted recuerda algo más para describir al
Tribunal?
Sra. DÍAZ.- No.
Dr. PIAGGIO.- Quería saber, señor presidente, si en los expedientes a que hizo mención el
señor vocal hay fotografías de las personas desaparecidas tal como se presenta en el
expediente.
Dr. SCHIFFRIN.- No.
Dra. VEDIA.- Señor presidente: hay otro caso que se trata de una pareja que varios testigos
citan haber visto en la Cacha, en donde a él se lo apodaba Simón. Se trata de una persona que
es Arzac, cuyo nombre es Carlos o Rodolfo, y su esposa María Inés De la Crocce de Arxat. No
tenemos presente el tema de la fotografía de desapariciones. Entonces, pedimos si la Cámara
puede traer los hábeas corpus que hace a esas personas, a fin de hacerse el cotejo
correspondiente. A ellos los citan varios testigos como Simón.
Dr. PACILIO.- Anteriormente le hemos exhibido la foto. Le exhibimos dos fotografías
nuevamente, que son dos personas que acaba de mencionar la doctora. Le rogamos que mire
estas fotos, y que haga especial hincapié en las fotografías para ver si puede hacer algún
reconocimiento al respecto.
Sra. DIAZ.- No conozco, porque el cabello de él era rubio; en ese momento no estaba muy
corto, y respecto a la persona de ella no sé.
Dr. PACILIO.- Suficiente, puede retirarse la testigo. Luego la llamarán para suscribir el acta de
sus dichos. Que no tiene nada más que agregar con lo que se da por finalizado el acto, previa
íntegra lectura que el Sr Secretario da de la presente, ratificándola en un todo por ser el fiel
reflejo de sus dichos, luego del Sr Presidente, Dr. Antonio Pacilio y Jueces, Dres. Carlos A.
Nogueira, Leopoldo Schiffrin y Julio Reboredo; al igual que los demás intervinientes en el acto
y mencionados al comienzo de ésta y por ante mí, de lo que doy fe.-

Díaz, Víctor Hugo
Secuestro y Fuga.
Testimonio de Víctor Hugo Diaz. DNI 10.818.468
Mi nombre es Víctor Hugo Díaz. Vivía con mi familia, mi madre, abuela y seis hermanos en Villa España,
una localidad del partido de Berazategui en la calle Covadonga 5357; militante de JP-Montoneros.
Fui secuestrado en los primeros días de febrero de 1977; en es momento tenía 23 años y hacía cinco
meses que trabajaba con mi hermano en su taller donde fabricaba juguetes,ubicado en la calle 152 Nro
3156(ex 380 casi esquina Sevilla) a unas seis cuadras de mi casa.
El día 3 de febrero de 1977 salgo de mi casa a las siete horas y observo una camioneta policial en la
esquina de Av Mitre y Covadonga a media cuadra de casa, baja un policía y camina hasta la casa anterior
a la mía constatando la numeración, vuelve la camioneta y se alejan (nunca supe si tuvo algo que ver con
lo que luego pasaría o fue más bien casual),llego al trabajo y escucho los comentarios de varias chicas
que dicen que cuando bajaron del colectivo y venían hacia el taller se cruzaron con unos tipos en un auto
y una camioneta que tenían muy mal aspecto que preguntaron la dirección del taller, ellas sintieron mucho
miedo y respondieron que no sabían.
Recuerdo que salí a comprar el diario a eso de las ocho y no vi nada anormal. Terminada la jornada
laboral y estando ya en casa llega mi hermano Juan Antonio, me dice que el vecino de la esquina del
taller le comentó que esa mañana pararon frente a su casa unos tipos que «tenían pinta de chorros», en
una camioneta y un auto preguntando por el taller, él contestó que no sabía.
A fines de diciembre de 1976 habían entrado al taller y robado varias cosas,radio, TV.etc. por lo que mi
hermano piensa que tal vez se trate de un nuevo intento de robo, y me dice que lo acompañe esa noche
para hacer guardia. Es así que esa noche nos quedamos nosotros dos y un amigo que tambien había
militado en la unidad básica del barrio,el señor Cacho Javier, que vive actualmente en la provincia de
Salta.
La «vivienda taller» tenía muro y portón de entrada que cerrábamos con candado, un terreno de unos 20 m
de largo que al finalizar tenía un cuarto donde guardábamos material de trabajo, mi hermano se quedó en
ese lugar y se acostó mientras nosotros dos estábamos conversando en la habitación que daba a la calle,
manteniendo las luces interiores de la casa apagadas en el frente y la parte de atrás iluminada.
Serían las 23.30 del día 3 de febrero cuando escuchamos frenadas de autos en el portón de entrada,
Cachito miró por la ventana y me dijo «corré». Fuimos hasta el cuarto del fondo, tratamos de despertar a
mi hermano dormido; yo tenía la posibilidad de saltar un pequeño tejido y pasar a la casa de al lado pero
escucho la voz de mi hermano menor Juan Domingo que decía «Hugo, Coco, salgan». Esto nos confunde
y salimos al patio iluminado, es ahí que vimos que entraba mi hermano menor pero no venía solo; varias
personas armadas se nos abalanzaron y nos pusieron contra la pared y a Juan Domingo lo tiran al piso;
comienzan a pegarle y preguntarle «quien es Hugo Díaz» y nadie responde. Le pegan a mi hermano

mayor Coco y le ponen el caño de la escopeta en la cabeza; «decí quién es Hugo hijo de puta o te vuelo la
cabeza». Yo soy», grité en ese momento, el que buscan». Me atan las manos detrás de la espalda, me
ponen una capucha y me llevan hacia la salida; como el portón estaba cerrado me lavantan y me tiran por
arriba del muro, del otro lado había más gente armada. El que me recibe me introduce en el baúl del auto
y alcanzo a ver que tenía un fusil; me dice: «no trates de escapar porque te vacío el cargador».
Los secuestradores habían llegado rato antes a mi casa, en la calle Covadonga 5357, donde mi familia
dormía.
Golpean la puerta, gritan que son policías y ordenan encender todas las luces de la casa. Como no me
encontraron fue por esa razón que llevaron de rehen a mi hermano menor a buscarme al taller donde fui
secuestrado. Habían llegado, según vecinos, en 2 o 3 autos Peugeot y Falcon y de mis hermanos y el
amigo supe después que los dejaron maniatados al retirarse conmigo y además dejaron una custodia que
se retiró rato después de revolver toda la casa.
Mis hermanos y el compañero lograron desatarse y salir del lugar.
Ya en el baúl del auto comencé a escuchar las conversaciones de mis captores y el ruido del otro
vehículo que se mantenía casi pegado al nuestro. Hablaban todo el tiempo de otros secuestros que
habían efectuado al parecer esa misma noche; reían y se hacían bromas. En esos momentos tomé
conciencia de mi secuestro y de lo que me esperaba.
Intenté desatarme las manos y lo logré luego de varios intentos; quité la capucha de mi cabeza y traté de
forzar la cerradura del baúl con la intención de saltar al pavimento si lo lograba; no hubo caso,no pude
abrirlo.
Cuando el auto se detuvo y antes de ser sacado del auto me coloqué la capucha en la cara, pero sin
asegurarla, de modo que cuando me bajaron se cayó y así distinguí a un soldado vestido de verde al
costado de la puerta de entrada y cerca de un árbol no muy grande. Supe que estaba en un cuartel del
ejército, aunque no sabía cual.
Una vez adentro me pusieron contra una pared, se acercó una persona y me preguntó «vos sos Hugo
Díaz». Cuando me di vuelta para contestarle ese hombre me metió los dedos en los ojos y ordenó que no
lo mirara. (Este individuo fue quien me interrogó y torturó. De unos 34 años, rubio, con bigotes y de
cabello ralo, sin ser pelado, ojos azules y estaba con uniforme color petróleo como el de la policía. Sería
de 1,70 m de estatura y más bien robusto. Me vendaron los ojos y preguntaron qué nivel tenía yo en la
organización y los nombres de mis compañeros; sobre todo el de mi responsable. Contesté que no sabía
de qué me hablaban y que desconocía por qué me habían ido a buscar.
¿Así que no vas a hablar? -me dice-T e doy tres minutos; cuando vuelvo quiero que me respondas todo lo
que te pregunté. Volvió y preguntó, yo volví a responder de la misma manera; furioso entonces gritó:
«tírenlo a la plancha». Me sacaron toda la ropa excepto el slip y me ataron a una cama de hierro, por los
tobillos y las muñecas, mediante unas sogas de cuero. Me pusieron un cable a uno de los dedos de la
mano, encendieron la»picana eléctrica» y con el otro cable comienzan a pasarme por todo el cuerpo.
¡Jamás sentí tanto dolor!
Había varias personas en el lugar como espectadores y para ahogar mis gritos me aplastaban la cara con

una frazada y le daban máximo volumen a una radio. Los que miraban detrás mío hacían comentarios por
lo bajo mientras el torturador reiteraba preguntas sobre mi nivel en la organización y el responsable. Mis
respuestas, cuando paraba un poco el tormento, eran las mismas: «que seguramente se habían
equivocado, que yo no tenía nada que ver, que trabajaba con mis hermanos fabricando muñecos».
En un momento me dijo:
-Tus hermanos van a tener que hacer el molde de un muñeco bien grande para meterte a vos cuando te
matemos, vos sos boleta pibe, vos perdiste, tu vida depende de mi, de mi voluntad. Puedo matarte hoy,
mañana, pasado, cuando se me antoje.
La picana me pasaba por todo el cuerpo, pero donde más me daba era en los genitales y la boca; por
momentos se descontrolaba y gritaba: -«Cantá, cantá, cantá hijo de puta cantá» -y me pasaba un barrido
de picana por todo el cuerpo. Paraba un momento y me decía que había varios que de entrada no
cantaban pero al segundo o tercer día lo hacían porque eso no se podía resistir.
Durante la tortura entraba y salía gente constantemente;había mucho movimiento de represores. Uno
entró y preguntó:
-¿Qué nivel tiene, es un teniente?
– No sabemos, el hijo de puta no cantó.
– Qué boludo, los jefes están en el exterior y estos pelotudos se dejan matar al pedo; eso de aguantarte la
tortura son boludeces que te dicen ellos que están afuera, te lavan la cabeza y vos? vas a dejar que te
maten?
Cuando el torturador se tomaba un respiro se acercaba el «bueno» y me decía por lo bajo como para que
ni lo escucharan que él me quería ayudar, que dijera todo lo que sabía.
– El gordo te va a matar porque quiere ascender, decile todo lo que sabés y no te jode más.
-¿Vos me querés ayudar? Si me querés ayudar aflojame un poco la cuerda de los brazos que me duele
mucho -le digo
-No, yo no puedo hacer eso -hizo como que me aflojaba la soga y me dijo: -si el gordo me ve me mata;
decime a mi lo que sabés.
El gordo regresaba y me seguía picaneando, en un momento se cortó una de las sogas de los pies que
me ataban a la cama y eso me dió un descanso de unos minutos hasta que trajeron otra y volvieron a
atarme. La venda de los ojos se subió y vi a la persona que daba las órdenes cuando me secuestraron
Era de unos 27 años y vestía remera roja. Vi también frente a mi, arriba en la pared un tablero con
muchísimas fotos de DNI ,una al lado de otra
La tortura siguió, en un momento el torturador me dijo que si quería hablar cerrara un puño;lo hice.
– Bueno, decime todo lo que sabés y paramos; hacé como tus compañeros, ellos ya dijeron todo lo que
sabían y ya están descansando. -Y como yo no dije nada me picaneó, insistiendo en que no me hiciera el
boludo, porque ya me había marcado Daniel. (Este muchacho era un militante de un barrio cercano al
mío, Villa Giambruno, que quedaba en Ranelagh, partido de Berazategui, al que conocía desde tiempo
atrás, el año 1974, más o menos. Nos veíamos en reuniones, plenarios de unidades básicas y esas
cosas. La última vez que nos vimos fue en la estación de Berazategui, en diciembre de 1976. Por

familiares de él , su nombre era Héctor Daniel Klosowski, supe que fue secuestrado en Ranelagh el 2 de
febrero de 1977).
En el momento aquel que el torturador mencionó a Daniel pensé que lo traerían para ponernpos frente a
frente, pero no ocurrió eso. Como comencé a no responder nada de lo que me preguntaban siguieron con
golpes en la cara y a veces paraban de picanearme. Aparecía uno que debió ser médico a controlarme
las pulsaciones en el cuello.
-Síganle dando, éste está mejor que nosotros -dijo varias veces cuando me revisaba en un alto del
picaneo, hasta que hizo suspender un momento – Paren, es un pequeño desmayo -Y a esa altura el gordo
anunció que se tenía que ir porque había cumplido su turno. Yo no estaba completamente inconsciente y
le escuché decir; -Me voy pero vos te quedás aquí y el que viene es peor que yo .-Y como despedida me
picaneó con todo. Aparentemente furioso porque no hablé nada, se retiró y alcancé a entender lo que
hablaban en voz baja dos personas que presenciaban la tortura desde la cabecera de la cama donde yo
estaba amarrado.
-¿Será cierto lo del desmayo o estará simulando el hijo de puta?
-¡Probá, probá.encendé el aparato! -contestó el otro y enseguida me pasaron la picana por la cara y los
brazos. Yo me mantuve sin responder ni dar señales de estar conciente.
-¡Se murió el hijo de puta! Que se joda el boludo -Después se retiraron, escuché voces de varias
personas que ingresaban a la sala y la voz inconfundible de mi torturador preguntó:
-¡Es el colaborador?
-Si señor, soy el colaborador, respondió una voz desconocida para mi en ese momento. Y comenzó un
relato en el que esa voz contó que no militaba más porque «no tenía los huevos para hacer lo que hacían
ellos y que además su mujer no quería saber nada con la política, pero que era amigo de Tito, un militante
de Berazategui. Dijo que se conocían desde chicos y que Tito iba a su casa y llevaba la revista Evita
Montonera, que varias veces había prometido acompañarlos a salir a hacer pintadas, pero que nunca iba
con la excusa de que se quedaba dormido.
Entonces, dijo, Tito le había pedido que si bien él no era un militante activo que necesitaba que colaborara
para que en su casa se pusieran «embutes», para guardar cosas, revistas, armas cortas, etc., todo aquello
que no se pudiera tener a la vista, a lo que accedió. -Y esas son las cosas que ustades encontraron -dijo
la voz al torturador- hacía tiempo que habían enterrado esos tachos plásticos en el fondo de mi casa.
Y después la voz nombró a compañeros de la JP del año 73 que se reunían en un local frente a la
estación Berazategui, los cuales ya no estaban más en la zona y otros habían dejado de militar.
Esa charla con el torturador duró unos veinte minutos y al final llegó la pregunta: ¡Ah! Y a Hugo Díaz lo
conoce?
Si, si lo conozco, no sé de qué lugar de Berazategui es, pero cuando hacíamos reniones en Villa
Giambruno él bajaba del colectivo verde con Tito -dijo la voz y se retiró. Y aunque no pude verlo por la
venda, reconocí su voz. Supe de quien se trataba pero no su nombre; lo había visto pocas veces en los
plenarios de Unidades Básicas, creo que era Villa Giambruno y le decían Miguel (en el año 75 estaba
haciendo la colimba).

Varias personas comienzan a retirarse de la sala y alguien me golpeó en la cara varias veces mientras me
preguntaba: -Hugo, Hugo, cómo estás? cómo te sentís? -Yo me mantuve inmóvil y sin responder.
-¡Sáquenlo de ahí! -ordenó el torturador y me desataron. Primero me tiraron en el piso y después me
acostaron en un catre de lona. Al cabo de un rato me dí cuenta de que quedaba una sola persona
conmigo, que se acercó y me tapó con una frazada. Yo estaba desnudo, con los ojos vendados con tela
adhesiva y las manos atadas contra el pecho. Pasaron unos minutos y varios cigarrillos que escuché
encender mientras mi custodio caminaba y se sentaba, alternativamente, hasta que oí ronquidos. Esperé
un rato y muy lentamente subí las manos a la cara, despegué la venda y pude verlo a unos cuatro metros
de mi catre, sentado en un sillón, con una pistola 9 mm sobre las piernas. La habitación no era muy
grande, tenía la cama metálica, dos sillones, un escritorio y sobre una manta en el piso había varias
revistas «Evita Montonera», volantes, 2 o 3 revólveres oxidados y un caño de unos 20 o 30 cm que parecía
el silenciador de una sub-ametralladora; parecían cosas del «embute». Supe que no iba a tener otra
oportunidad para la fuga,que ese era el momento aunque también creí que era imposible salir,pero decidí
la fuga. Primero traté de desatarme las manos con los dientes y lo logré con bastante trabajo; me quité las
vendas del todo y corrí la frazada.
No sabía si mis pies hinchados y lastimados me sostendrían y si yo aguantaría el dolor. Comencé a
incorporarme y el catre chillaba, pero seguí la maniobra y caminé sin notar mi dolor hacia el silenciador,
mientras el custodio roncaba. Tomé el caño y golpeé con todo en la cabeza del custodio que cayó del
sillón y la pistola rebotó con mucho ruido en el piso; la tomé, le apunté a la cara, que ya se manchaba de
la sangre bajada de la herida en la cabeza, y le pregunté:
-¿Donde estoy? ¿En qué lugar me encuentro?
Aturdido por el golpe, tirado en el piso y muy asustado por la sangre que chorreaba de la cabeza, lo único
que me decía era que no lo matara. Insistí con mi pregunta y me contestó, entre pedidos de clemencia,
que estábamos en La Tablada, en el 3 de Infantería. Mi intención no era matarlo sino fugarme; así que le
hice sacar la camisa y me la puse.
En el piso cerca de la cama de tortura estaba mi ropa; un vaquero, una camisa y unas botas de gamuza.
Dejé la camisa y me puse el resto. El herido volvió a pedirme que no lo matara cuando crucé la puerta
entreabierta y ví el Renault 12 azul estacionado; seguramente del custodio mío. Salí despacio, con el
arma en la mano listo a tirar, pero no había nadie. Corrí entonces hacia la ruta que me parecía muy lejos y
que después supe era el camino de cintura.
Eran mas o menos las seis de la mañana. En mi carrera me di cuenta de que estaba en la parte de atrás
del regimiento y que sería visto por la guardia de entrada, cosa que ocurrió, pero seguro me confundieron
con un militar porque los vi entrar de vuelta al puesto. Crucé un zanjón, me embarré y seguí corriendo
hacia el alambrado que era de un tejido de tramado chico, donde no se podía meter el pie para subir y
tenía al final dos hileras de alambre de púa que me produjeron cortes en las manos. Luego de dos
intentos salté y caí del otro lado. Recogí el arma que había tirado antes de saltar y crucé la ruta llena de
camiones y micros. Aparecí frente a un kiosco de diarios y grité mi nombre y que me había secuestrado el
ejército. Me crucé con un muchacho repartidor de lácteos en un camión de «La Serenísima» y él me dijo

que corriera, que por allí salía a la esración José Ingenieros; que si venían les iba a decir que no me
habían visto. Llegué a unos monoblocks sin dejar de gritar, ante las pocas personas que crucé, mi nombre
y que me había secuestrado el ejército.
La camisa que tenía estaba manchada de sangre; vi a dos porteros que estaban barriendo, me acerqué y
conté lo que me había pasado. Uno de los dos, de mi tamaño, me dio su camisa verde oliva y tiré la del
militar en el tacho de basura después de sacar del bolsillo una billletera. Les agradecí el favor y me dirigí
a la estación, pero no estaba para esperar el tren horario, así que en la parada del colectivo le conté lo
ocurrido a una persona que me dio unas monedas y tomé un micro que me dejó en Once. Desde allí
llamé por teléfono a una vecina, le conté de mi secuestro y fuga, recalcándole bien que avisara a mi
familia que no me habían liberado sino que me había escapado; que se fueran momentáneamente de la
casa, porque yo temía represalias de la peor categoría. La vecina trasmitió el mensaje mío, pero mi
familia no abandonó la casa y fue así quecerca del mediodía y a la vista de todo el vecindario llegaron a
mi casavarias personas en distintos vehículos y preguntaron por mi. Mi hermana María Elvira les dijo
«ustedes se lo llevaron anoche y ahora lo buscan aquí». Le contestaron que yo me había escapado y al
final se llevaron a mis dos hermanos varones, Juan Antonio y Juan Domingo. Según mi hermano mayor,
pese a la capucha, pudo ver el ingreso al lugar de detención y era una comisaría o la Brigada de
Avellaneda. Allí dentro había mucha gente a la que torturaban; se oían gritos todo el tiempo y a ellos dos
los golpearon bastante. Los liberaron al día siguiente. Al llegar a la casa, donde había quedado custodia,
tuvieron que identificarse como liberados. La vigilancia sobre mi domicilio siguió durante varios meses,
hasta que mi familia se mudó a otro barrio.
En la estación Once tomé el colectivo 98 para ir a Berazategui, pero no a mi casa,asi que pasé la noche
en casa de un amigo. Al día siguiente, en Ezpeleta me crucé por casualidad con un dirigente de la JP de
Quilmes, Ricardo Morello, organizador del Partido Peronista Auténtico. Lo puse al tanto de lo que me
había ocurrido y le entregué la billetera con documentos que le había sacado al milico. La cédula militar
estaba a nombre del que yo había reducido, era su foto. Se trataba del capitán Alberto Juan y ese
documento había sido expedido en 1973. Hace poco me enteré de que el capitán Juan, del arma de
artillería, egresado en el año 1964 como subteniente, fue destituido el 29 de diciembre de 1979. En
cuanto a Morello, fue asesinado meses después de nuestro encuentro, en la calle, y ametrallado por un
grupo de tareas.
NOTA:
De acuerdo a lo publicado por CLARIN el 7 de mayo de 1985 respecto del testimonio ante la Cámara
Federal durante el Juicio a las Juntas, el señor Alberto Felipe Maly testimonió como ex detenido de la
fábrica Peugeot. Este hombre permaneció en cautiverio entre el 16 de septiembre de 1977 y el 30 de
octubre de 1979. Luego de su liberación definitiva recibió un certificado firmado por el capitán Alberto
Juan cuyo texto fue el siguiente:
EJERCITO ARGENTINO
La Tablada,11 de setiembre de 1978
Objeto:certificar:

Por la presente se certifica que el ciudadano ALBERTO FELIPE MALY LE 5.144.602, quien fuera
detenido el día 16 de setiembre de 1977 y recuperara su libertad el día 09 de setiembre de 1978, no es
responsable de cargo alguno y su detención obedeció a un error involuntario de personal ajeno a esta
Unidad. No obstante a los efectos de salvaguardar el buen nombre y honor del mencionado MALY, se le
expide el presente certificado, quedando esta unidad a disposición de brindar las aclaraciones
correspondientes a quien asi lo desease. En la fecha «ut supra». A los efectos que estime corresponder.
ALBERTO JUAN
Cap-S2
NOTA:
Continuación del testimonio de Víctor Hugo García.
Mi hermana Elvira Díaz hizo la denuncia de mi secuestro en la Comisaría de Berazategui a la mañana
siguiente, el 4 de febrero de 1977. Desde ese momento la casa estuvo vigilada de manera permanente
desde la parada de colectivos de enfrente. Y aquí debo recordar que mis hermanos mayores Juan
Antonio y Alvira tenían dos talleres donde fabricaban juguetes, con varios empleados cada uno desde
hacía tres años.
Debido al acoso de la nueva situación, en agosto de 1977 mi madre abandonó la casa y alquiló otra en
Quilmes, donde fue a vivir con mi abuela y mis hermanos más chicos. Elvira compró una casa en Ezpeleta
en la calle Laguarda y Sarmiento y trasladó su taller. Juan Antonio hizo lo mismo y alquiló un local cerca
de ahí.
El 17 de octubre de 1977 fui herido por una patrulla policial en Florencio Varela. Un vecino me llevóen su
auto a la casa de mi hermana en Ezpeleta (serían las 15 horas). Después de varios intentos que hizo mi
familia para conseguir un médico se dirigieron a la sala de primeros auxilios de Villa España y cuando
regresan con el médico fueron detenidos por un control del ejército frente a la fábrica Ducilode
Berazategui. Los militares les dicen que «hay un montonero herido en la zona» y los interrogaron acerca
del por qué de ir a buscar un médico. Los llevaron detenidos a la comisaría de Berazategui y serían
liberados al día siguiente a la tarde.
Cuando me enteré de la detención, ya había perdido mucha sangre y no podía caminar, le pedí a mi
hermano Juan Domingo que me sacara de allí. Me sacó en brazos, me subió a un taxi que había ido a
buscar y le dijo al chofer que me había herido con una máquina del taller. Me dejó en una pensión donde
yo alquilaba una pieza a pocas cuadras de la casa y allí me puse en contacto con compañeros que me
pasaron a buscar a las 21 hs del día 18.
Cuatro días después,a medianoche, fueron secuestrados en la casa de mi madre mis hermanos Elvira,
Carmen y Juan Domingo. Las chicas fueron liberadas a la mañana y mi hermano a la noche y muy
golpeado.
Debido a los continuos allanamientos a las viviendas y las detenciones mis hermanas no dormían en su
casa; lo hacían en un hotel de Congreso en la capital y por la mañana se presentaban a trabajar y recibir
al personal.
El 4 de noviembre comenzó el raid, primero por la casa de Quilmes, donde saquean todo. Luego a la de

Ezpeleta; rompen y roban y después se dirigen al taller de Juan Antonio donde ingresan con los autos al
garage y se instalan a esperar a mis hermanas. Allí mi madre les informa que las chicas llegarían por la
mañana, cosa que ocurrió, y como dijeron no tener directivas de detención las dejaron trabajar hasta las
15 horas. En ese momentose llevaron A Elvira y Carmen. Mi madre no hizo denuncia en ese momento
porque lo de detener y liberar era ya algo cotidiano en mi familia. La denuncia la hizo mi madre el 15 en la
comisaría de Ezpeleta y el policía que le tomó la declaración la mandó a la Jefatura de La Plata donde le
dijeron que esas personas no estaban detenidas en ninguna comisaría. (no le extendieron ningún
certificado ni comprobante).
Mis dos hermanas estuvieron secuestradas en el CCD LA CACHA y allí fueron torturadas, golpeadas y
tratadas como muchas otras personas, muchas de ellas trabajadores de la fábrica Alpargatas de Florencio
Varela. Las dos estuvieron en cautiverio desde el 4 de noviembre de 1977 hasta el 5 de diciembre del
mismo año. A partir de su liberación la familia se dispersó.Abandonaron todo; talleres, casas, autos y se
fueron al interior del país a vivir en casas de familiares, hasta que en 1978 se radicaron en Brasil donde
viven actualmente.

1
Estos juicios se realizaron durante los años que regían las leyes de impunidad y no tenían condenas era
solo cubrir el derecho de víctimas a saber parte de la verdad y fueron impuestos por la CIDH.

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