Las palabras y los hechos
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Fuente: extraído de La Militancia, el debate entre la Legalidad y l a Legitimidad

Hay una distancia tan corta entre palabra y hecho y a su vez tan ancha, tan distinta, tan prometida una como contundente la otra.
La palabra está ligada a promesa, los hechos son la concreción a través de la política. Todo esto surge a partir de la difícil tarea de la transformación. La transformación es la concreción posible en un determinado momento histórico.
Es la idea que se expresa a través de la palabra y que sólo puede concretarse a través de los hechos, es decir de la política.
Nadie exige que todos produzcan hechos. Sería absolutista – por lo menos – pretender un semejante proceder. Pero entre la palabra y los hechos suele haber espacios cortos, distancias mínimas o abismos inconmensurables.
Los implacables críticos, creadores de los memes inexplicables, los opositores a todo lo que ellos no convaliden previamente, los opinólogos radiocontinentales, radiomitres, lanación, clarines, infobaes, TeeNes, CNNes, mirtalegranes, lanatas, son la base de sustentación. Ausentes de ideas alternativas. Preocupados porque a la foto Cristina llegó 2 minutos tarde e ignorantes y supinos, nada dicen de la trascendencia de los acuerdos con los países árabes.
Pero no sólo los opositores y medios «democráticos» obsecuentes al gran capital les cabe diferenciar profundamente las palabras y los hechos. No.
Los intelectuales deben asumirse como intelectuales. Es decir que aportan a la construcción de la alternativa de poder popular desde su intelectualidad, es decir que eso son: intelectuales. Útiles al proceso de transformación que lenta pero inexorablemente se viene produciendo en Argentina y en varios países latinoamericanos.
No pedir que los políticos sean sólo palabras porque sino serían politiqueros. El gran Eduardo Galeano en un reportaje de la revista23, se queda con las palabras luego de citar a Rosa de Luxemburgo. Se refugia en la palabra ya que dice que el poder convence para no modificar. Lo único que transforma la realidad son los hechos tangibles, posibles, concretables, concretos. Esos que permiten que miles y/o millones se sientan contemplados. Esos hechos que son pilares para generar políticas económicas estratégicas en servicios públicos básicos, en salud, educación, jubilados, la información, la justicia, etc. etc. Todo lo cual se logra con propuestas CONCRETAS y por lo tanto REPRESENTATIVAS de la realidad que se pretende transformar.
El tiempo que se tarde en hacer los cambios está también relacionado con la participación del pueblo en esos cambios. Recorramos solamente los últimos 35 años de historia universal y veremos como las palabras han sido superadas por la participación de los pueblos, por los hechos más rotundos.
¿Quién hubiera pensado en la caída del Muro de Berlín?
¿Quién en la caída del Gobierno Soviético?
¿Quién en la caída estrepitosa de Wall Street?
¿Quién que China iba a ser el acreedor número uno de Estados Unidos?
La participación de los pueblos, el sentido común se va imponiendo. Las mentiras de las palabras quedan sepultadas por los hechos.
La política no es declamación, no son sólo palabras, sino una conjunción entre palabras y hechos, donde predominan estos últimos. Quedan algunas preguntas y algunas respuestas.
¿Dónde? ¿Cuándo? En qué momento. ¿Con quién? ¿Con quienes?
Todas estas preguntas y muchas más están determinadas por La Correlación de fuerzas. Esto es como un partido de fútbol, como una partida de ajedrez, en la disputa de un sindicato, en la Asamblea del consejo de Administración de una Cooperativa, en una guerra concreta de las que abundan. Uno como el otro juego se practican para ganar. Ahora bien no se trata de mandar todo el equipo adelante sin evaluación previa, desordenadamente, ya que la derrota es una posibilidad absolutamente probable. Ni tampoco empezar a comer peones en el ajedrez sin tener una estrategia, ya que la derrota estaría garantizada. Pesa la correlación de fuerzas, y el cuando, dónde, con quien, con quienes…..
Las palabras y los hechos van de la mano. Las palabras solas son buenas intenciones. Los hechos sin rumbo son un tábano sin cabeza.
S.B.
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