Que el peronismo pueda ser muchas cosas no implica que pueda ser cualquier cosa
Fuente: «Peronismo para consumidores» (extracto), por Juan Escobar

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Modernidad Justicialista
Hay modernidades y modernidades. Quizás suceda con el tema de la
modernidad lo que decía Perón respecto del desarrollo: “No es cualquier
desarrollo el que necesitamos”. Que a su vez puede ser aplicable a muchas
cosas. A casi todas. No es cualquier desarrollo ni cualquier modernidad, pero
tampoco cualquier democracia la que necesitamos. Ni cualquier Partido, ni
cualquier militancia, ni cualquier ciudadanía para construir esa democracia.
Porque el peronismo no es cualquier cosa; ni a los peronistas todo puede
darnos lo mismo. No cualquier fin, pero tampoco cualquier medio para lograrlo.
Porque el debate que nos debemos no puede agotarse en el qué sino que también
debe avanzar –para empezar– sobre el cómo. Para superar la mera dicotomía de
esto sí, esto no. Esa lógica binaria que no hace más que romper los puentes e
invariablemente deriva en la negación del otro.
La discusión que nos debemos también sería una discusión sobre las formas,
posiblemente el mayor déficit, –a estas alturas de la historia casi atávico–, del
peronismo. Incluir en ese debate también los medios que contribuyan a generar
sus condiciones de viabilidad, para no quedarnos en la mera intención, en el
ilusorio –cuando no engañoso– voluntarismo de la declaración de principios.
Ganemos primero y si ganamos vemos qué hacemos.
No. No alcanza con quedarse en el qué. Porque en la medida que avancemos
sobre el cómo, iremos teniendo Proyecto –que si no es explícito, posiblemente
no sea tan Proyecto– que sería justamente lo que estamos necesitando. Nosotros
los peronistas, claro. Pero fundamentalmente el país. Un Proyecto explícito, que
surja primero de un debate donde participe el conjunto del peronismo, de los
acuerdos posibles que emerjan de los denominadores comunes que nos definan
como conjunto partidario. También explícitamente de cara a la realidad, a los
problemas que presenta y los desafíos que nos plantea.
Esa expresión de la diversidad peronista bien podría ser la base para la
construcción del imprescindible frente nacional con quienes la compartan en lo
esencial. Para proponer juntos al conjunto de la sociedad un Modelo actual. Que
responda a las necesidades y los deseos actuales y concretos de la gran mayoría
de los argentinos.
Todo esto puede parecernos obvio. Pero sin embargo esa obviedad constituye
el más categórico mentís a cierto cualunquismo dominante en estas épocas de
posverdad dominadas por las técnicas de la persuasión publicitaria, donde no
importa lo que sea, sólo importa lo que creas. Para que compres lo que te están
vendiendo. Valga la aclaración de que cuando decimos cualunquismo, no nos
referimos a la corriente política emergente en Italia tras la caída del fascismo,
aunque tenga mucho –quizá demasiado– que ver con el presente argentino.
Nos referimos, antes bien, al hecho de que hoy parece ser que todo es
cualquier cosa y da lo mismo. Relativismo extremo, instrumental, a la carta. Al
gusto del consumidor. Al menos hasta que desate el paquete y vea que se
ensartó. Porque si algo define al cualunquismo –o cualquierismo si se prefiere–
es que no ofrece garantías de ningún tipo.
Pero este cualunquismo se viene aplicando desde hace ya bastante tiempo en
lo que refiere a la caracterización del peronismo. Algo que ya sucedía en vida de
Perón y que se desbocó luego de su muerte hasta llegar a nuestros días.
Producto de una incomprensión no siempre involuntaria y que casi siempre
expresa una aviesa voluntad de llevar agua para el propio molino, de usar la
estampita que sirva a los fines de la autolegitimación.
La lectura cualquierista en relación al peronismo se fue consolidando en la
medida que se difundió la idea de que el peronismo es una suerte de
pragmatismo extremo, una ideología del poder donde cualquier cosa es válida
en la medida que nos acerque al poder o nos permita la permanencia en el
poder. Una visión que alude al carácter complejo, poliédrico, polisémico del
peronismo y sus ineludiblemente múltiples manifestaciones. Pero es una
caracterización que se basa en una trampa para desprevenidos. Porque si la
polisemia del peronismo es inevitable, esto no quiere decir que esa
multiplicidad de significados –que se derivan de una multiplicidad de
interpretaciones– pueda hacerse extensible a cualquier significado. ¿Acaso esta
polisemia no es aplicable a ideologías mucho más cerradas en sus campos
significantes como el liberalismo o el marxismo? ¿Eso nos habilita para afirmar
que son o pueden ser cualquier cosa? Posiblemente no sea el mejor ejemplo,
habida cuenta de que en sus nombres se han cometido las acciones más diversas
y contradictorias. Pero también es cierto que esto no suele usarse como excusa
para que cualquiera se arrogue displicente la potestad significante con la misma
liviandad que se utiliza en relación al peronismo.
Para decirlo en menos palabras: que el peronismo pueda ser muchas cosas no
implica que pueda ser cualquier cosa. Que es precisamente lo que vino a decir
una de las últimas versiones de la perspectiva cualquierista del peronismo que
nos vino por izquierdas. Con aire académico y prestigio europeo, fue el difunto
Ernesto Laclau quien pontificó: el peronismo es un significante vacío. Una
herramienta que sirve lo mismo para un barrido que para un fregado.
Dependiendo sólo de los intereses circunstanciales del líder de turno. Mirá vos.
Alguien con maldad podría recordar a Jiddu Krishnamurti cuando decía: “No
ves al mundo como es, ves al mundo como sos”. Pero no, que nosotros
respetamos a los muertos. Y la referencia no es tanto por Laclau sino por sus
repetidores.
Como si esto fuera poco, a Laclau se le dio por incluir al peronismo dentro
de la categoría general de los populismos, contribuyendo a consolidar una
noción que no ha servido mucho más que para atacar tanto al peronismo como a
toda otra tendencia o movimiento o partido nacional y popular en cualquier
parte del mundo.
Habiendo pasado la moda de cierta izquierda exquisita que usaba el concepto
de populismo para menospreciar esos –digámoslo genéricamente–, movimientos
nacionales por anti–revolucionarios de acuerdo a los manuales de uso, Laclau
toma la valiente decisión de reivindicar al populismo cuando la moda instalada
por las derechas sin escrúpulos es la de demonizarlo por antidemocrático. Flaco
favor. Muchas gracias de nada. Con amigos así, los enemigos para qué. Pero a
no ilusionarse los que miran al peronismo desde la orilla, siempre dispuestos al
abordaje para aportar dogmatismos ajenos y ya perimidos. No necesitamos
macartismos de izquierda ni macartismos de derecha. Ningún macartismo, que
en el peronismo tiene que haber de todo en cuanto a ideologías se refiere .
Tampoco ningún purismo con pretensiones hegemónicas. No tanto porque todo
purismo es faccioso, de una parte o facción. Sino porque todo purismo es en
realidad desubicado cuando se le plantea al mestizo. El tema, una vez más, no es
tanto el qué sino el cómo. ¿Qué? ¿Cómo? Ya volveremos sobre el asunto. Como
todos saben eso de volver es algo casi inherente al peronismo.
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