El ciclo iniciado en 1973 en Argentina: La militancia con un gobierno popular

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  Los 18 años transcurridos con dictaduras militares, con gobiernos traidores a los acuerdos preelectorales, la represión también de ellos hizo que recién en 1973 buena parte de la militancia más activa y ligada a un proyecto comprometido con el pueblo, tenga en la superestructura un gobierno a quién no se debiera combatir. Es más, el gobierno debería consustanciarse con dicha militancia y ante todo satisfacer las necesidades y reivindicaciones populares. Ser fiel intérprete de las mismas.

El criterio más rico que se logró en materia de mantener estrechamente ligados los conceptos de legalidad y legitimidad fue alcanzado por la Juventud Peronista de Las Regionales, que a su vez estaba estrechamente consustanciada con la OPM. Era uno de, sus frentes de masas. Es decir, frentes en donde se intentaba como objetivo principal, lograr la representatividad de sus militantes, a través de la formulación de políticas correctas. Políticas de masas que interpreten las necesidades más acuciantes del frente en cuestión (que podía ser sindical, territorial, universitario, estudiantil -secundario, terciario, etc.-, agrario, etc.) y se obtenga a partir de esas propuestas políticas, la representatividad política.

No necesariamente de los militantes que venían de “afuera” del frente específico (de la fábrica, el barrio, la facultad, el colegio, el sector agropecuario, los profesionales, las villas, ….) sino que a través de la práctica se constatara que el mencionado (o los/las …) compañero/a (s), eran merecedores de esa “distinción”:  La de ser ungidos como los más representativos, por impulsar las mejores propuestas políticas para esa determinada Comunidad. Y esa representatividad era considerada como determinante (provenga o no de la OPM). Este nivel de síntesis no fue fruto de la casualidad, de la improvisación, ni de la presencia de él o la compañera representativa. No. Sino de la correcta implementación por parte de esos compañeros que resultaron representativos, de una concepción de la OPM , que logró una síntesis histórica. La misma que logró en esa síntesis histórica conjugar de la mejor forma la práctica (propuesta política)  con la teoría (que logicamente comprende la capacitación, la formación).

Precisamente por ésta razón es que se produce el Golpe Militar del 24 de Marzo de 1976 y la secuela de destrucción del Aparato Productivo, la Ley de Entidades Financieras, la desaparición de los 30.000 compañeras y compañeros, la pérdida de fuentes de trabajo fabriles, rurales, comerciales y por ende de la capacidad de negociación del pueblo y de los trabajadores, la deuda externa de u$s 45.000 millones de dólares, la imposición del Estatuto de los Partidos Políticos, etc. El golpe fue dirigido esencialmente hacia la mejor síntesis histórica del Movimiento Nacional y Popular en Argentina, la que contempló más cantidad de aspectos y los sintetizó.

Lo que quedó expresado en los miles y miles de compañeros que se sumaron a esta práctica en TODO el territorio de Argentina. Hasta ese momento, se pecaba  o de militarista, o de vanguardista, o de teórico en exceso, o de práctico que avanzaba a ciegas. De la experiencia incluso de otras generaciones, del peronismo y de la resistencia, antes, del Yrigoyenismo y sus Tres revoluciones, 1890-1893-1905 (ver Tres Revoluciones de Roberto Etchepareborda) . De la Izquierda que se nacionalizó, que asumió al peronismo como una realidad inobjetable imprescindible para el proceso revolucionario argentino. De los sectores católicos esencialmente expresados en los sacerdotes del Tercer Mundo (hoy curas de Opción por los pobres). En los sindicalistas antiburocráticos que habían visto como continuamente fueron traicionados una y otra vez (por Espejo, Alonso, Vandor, Coria, Cavallieri, Rucci y todos los que se aferraron a sus beneficios personales, sus coches, su Standard de vida, sus alhajas, “sus chicas”, sus comidas, sus casas, sus lujos,  sus viajes…. Y que nada tenían, ni tienen que ver con los modos de vida y poder adquisitivo de los trabajadores) y que llevaron una práctica que cada día los alejaba más de la defensa de los intereses y en la mismísima defensa de los intereses de los trabajadores.

Se superó la discusión estéril de la Universidad o del Colegio Secundario. La participación era muy alta. La comunión en busca de la representatividad existía en todos los niveles de la sociedad. Las movilizaciones populares que acompañaron al Rodrigazo fueron un ejemplo contundente. Aunque también fueron contemporáneos con el comienzo del aislamiento político de la Juventud Peronista y de la OPM. Tanto por accionar armado, político y jurídico de los sectores reaccionarios del gobierno nacional (quienes eran en tiempos del Rodrigazo y de ahí en más, absolutamente hegemónicos en el gobierno de Isabel Perón), como por las políticas de la OPM y sus frentes que tendían a la ideologización y militarización de la política. Aparatismo, que terminó conformando la trilogía, junto a ideologismo y militarismo. La legalidad y la legitimidad se habían tornado una contradicción trascendente. En ese marco se adopta una decisión que tuvo costos en vida y costos políticos muy de carácter estratégico: El pase de todas las agrupaciones a la clandestinidad.

Ser parte de una agrupación Legal era incompatible con la seguridad de los militantes. Un ejemplo contundente, fue el lanzamiento en la localidad de Ayacucho, de la JTP a una semana de haber pasado a la clandestinidad. El compañero Ruben Bauer, era su conductor y aglutinaba a gremios tales como la Construcción, Empleados Municipales, Empleados de Comercio, entre otros. Ya desaparecido junto a su compañera en la dictadura. Las 3A  eran una realidad inocultable. La Ley 20.840 de Asociación Ilícita (entre otras cosas) tenía plena y absoluta vigencia. Por lo tanto el peligro de muerte o el peligro de ser detenido estaban latentes y sobre manera en todo el territorio argentino en caso de poner por delante la propuesta política de masas, de las agrupaciones, de los militantes haciendo caso omiso al paso a la clandestinidad, la legalidad perdida. Por lo tanto se fue resignando gradualmente la política Legal (la Legalidad Política).

El último intento serio por sostener una política Legal, fue  El Partido Auténtico.  Y el ejemplo electoral: Misiones en 1975. Pero este pase a la clandestinidad tendrá consecuencias que en lo político alejarán a los militantes del pueblo, (no obstante los peligros evidentes) y volcándolos en el mayor de los internismos, aparatismos, ideologismos y militarismos. Después vendrá el terror más absoluto. Estábamos así dando por finalizado a un proceso político de acumulación de fuerzas para el Movimiento Peronista, para el Movimiento Popular y la Nación, totalmente inédito. Inédito por su continuidad histórica, por su velocidad en que se construyó, por haber incorporado a sectores sociales a la militancia que no provenían solamente del pueblo trabajador, sino de la clase media y hasta alta, por el grado de compromiso y entrega alcanzado, por haber abarcado a la totalidad del territorio argentino, por tener una conciencia de lo latinoamericano, por incorporar a otras generaciones desde la juventud (recuérdese que adhirieron al proyecto de la Juventud Peronista los gobernadores de: Buenos Aires, Oscar Bidegain, de Córdoba Obregón Cano, de Mendoza Martínez Vaca, de Santa Cruz, Cépernic, de Salta, Ragone. Decenas de intendentes, diputados nacionales, legisladores de las diferentes provincias, concejales, ministros y secretarios de Estado, etc. Sindicalistas, o ex dirigentes como Armando Cabo (quien fuera secretario de Evita), Andrés Framini quien sabemos no pudo asumir su cargo de gobernador de la Provincia de Buenos Aires), en muchísimos casos que habían participado del primer gobierno peronista o militado para ese proyecto nacional.

Fue necesaria tanta brutalidad represiva para apagar semejante fuerza política, semejante intento. Pero semejante experiencia, quedó incorporado a los genes del Movimiento Peronista, hegemónico del Movimiento Popular.

 

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