Paulo Freire: El estudio no se mide por el número de páginas leídas en una noche, ni por la cantidad de libros leídos en un semestre. Estudiar no es un acto de consumir ideas, sino de crearlas y recrearlas

Fuente: Aporte: Cielo Mora Quintero

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PEDAGOGÍA LIBERADORA

 

 
Freire en el texto “Pedagogía de la Esperanza”, cuenta que debatiendo con un grupo de campesinos en un momento “ el silencio cayó sobre ellos y los envolvió a todos ”, dado que aparentemente los campesinos no sabían sobre cómo seguir la discusión. Transcribimos el diálogo.

Freire. Muy bien, yo sé, ustedes no saben. Pero ¿por qué yo sé y ustedes no saben?

Campesino. Usted sabe porque es doctor. Nosotros no.

– Exacto. Yo soy doctor. Ustedes no. Pero ¿Por qué yo soy doctor y ustedes no?

– Porque usted fue a la escuela, ha leído, estudiado, y nosotros no.

– ¿Y por qué fui a la escuela? – Porque su padre pudo mandarlo a la escuela, y el nuestro no.

– ¿Y por qué los padres de ustedes no pudieron mandarlos a la escuela? – Porque eran campesinos como nosotros.

– ¿Y qué es ser campesinos?

– Es no tener educación ni propiedades, trabajar de sol a sol sin tener derechos no esperanza de un     día mejor.

– ¿y por qué al campesino le falta todo eso?

– Porque así lo quiere Dios.

– ¿Y quién es Dios?

– Dios es el padre de todos nosotros.

– ¿Y quién es padre aquí en esta reunión? Casi todos levantando la mano, dijeron que lo eran.

Mirando a todo el grupo en silencio, me fijé – dice Freire – en uno de ellos, y le pregunté.

– ¿Cuántos hijos tienes?

– Tres.

– ¿Serías capaz de sacrificar a dos de ellos, sometiéndolos a sufrimientos, para que el tercero estudiara y se diera buena vida en Recife? ¿Serías capaz de amar así?

– ¡No!

– Y si tú, hombre de carne y hueso, no eres capaz de cometer tamaña injusticia, ¿Cómo es posible entender que la haga Dios? ¿Será de veras Dios quien hace esas cosas?

Dice Freire que se hizo un silencio diferente, completamente diferente del anterior, un silencio en que empezaba a compartirse algo. Y a continuación un campesino dijo:

-No. No es Dios quien hace todo eso. ¡Es el patrón!

En la anterior anécdota se refleja el pensamiento de la pedagogía liberadora de Freire, la importancia de la alfabetización y nos convoca a pensar acerca de lo que los maestros deben saber, y de lo que deben hacer, en el proceso de la enseñanza y el aprendizaje, sobre todo cuando el énfasis está puesto en educar para lograr la igualdad, la transformación y la inclusión de todos los individuos en la sociedad.

Freire no va a justificar el analfabetismo o la no asistencia a las escuelas por la irresponsabilidad de los padres o por el resultado de sus bajos ingresos, porque para él la educación y las posibilidades que ella brinda de mejoramiento de la humanidad son fundamentales en su concepción sobre la liberación de los individuos y su inclusión en las sociedades.

Nos ofrece un marco conceptual relacionado con la práctica de los profesionales de la educación, quienes para este autor estarán comprometidos tanto con la enseñanza como con el aprendizaje. Articula un total de veinte “saberes” o principios a tener en cuenta, vinculados a tres capítulos principales, los cuales a su vez son los pilares conceptuales de esta obra: No hay enseñanza sin aprendizaje; enseñar no es transferir conocimientos; y el proceso de educar es sólo una empresa humana.

El primer principio entraña una profunda concepción de Freire, mediante la cual nos conmina a pensar en la interacción entre educar y enseñar. Una no existe sin la otra, al tiempo que demandan del diálogo con y del respeto por el educando y por su concepción del mundo.

Freire señala que la educación basada en la interacción entre educar y aprender requiere seguir los siguientes pasos: observa un rigor metodológico; desarrolla la investigación; respeto por el conocimiento particular de cada estudiante; ejercita el pensamiento crítico; respeta la ética y estética; haz lo que dices y arriésgate aceptando lo nuevo, al tiempo que rechazas cualquier forma de discriminación; reflexiona críticamente acerca de las prácticas educacionales; y asume tu identidad cultural.

La educación liberadora está comprometida en formar hombres y mujeres que sean fuertes para pensar y obrar; hombres y mujeres que sean amos y no esclavos de las circunstancias; hombres y mujeres que posean amplitud de mente; hombres y mujeres que posean claridad de pensamiento y valor para defender sus convicciones.

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