Agustín Bueno es un enfermero de los suelos: En 30 de Agosto lleva adelante un planteo de ganadería regenerativa para restaurar campos seriamente degradados

En un campo lindero a la localidad bonaerense de 30 de Agosto (Treinta de Agosto es una localidad del partido de Trenque Lauquenprovincia de Buenos AiresArgentina.) que alquila a sus padres, el joven agrónomo Agustín Bueno, junto a sus dos hermanas, está pudiendo llevar a la práctica el sistema productivo en el que cree profundamente.

Agustín estudió sobre agroecología con visible ahínco primero (pero poco) al cursar la materia en la carrera de agronomía de la Universidad Nacional del Sur (Bahía Blanca). Luego marchó a cursar una maestría en la Universidad de Sevilla. En el campo que ahora le toca administrar aplica lo aprendido con ganadería bovina.

Agustín siente orgullo de lo que está haciendo y le da una trascendencia mayor al simple hecho de producir un alimento y de ganar algo de dinero por hacerlo. Para hacer esta nota, nos paramos primero sobre un campo que él define en “terapia intensiva” o “en vías de recuperación”. En tono grave, afirma que sus modos de producir allí salvarán no sólo ese campo, sino que “van a ser una de las posibles soluciones al modelo hegemónico de producción actual que está destruyendo la fertilidad de nuestro suelo”.

Así de trascendente es la conversación. “En este campo la rotación era soja sobre soja. Era agrícola, alquilado, como pasa en toda la región. La rotación típica sería soja, maíz, soja, barbecho químico y volvía a soja… Pero en ese ínterin lo agarramos con mis dos hermanas, con las que tenemos una empresa y producimos carne 100% a pasto”, nos explica el contexto.

El campo familiar está pegado a otro lote que los hermanos ya vienen manejando con ganadería regenerativa hace algunos años. Le proponemos hacer esta entrevista en dos partes, una sobre el suelo del campo de soja sobre soja (que él denomina “enfermo”) y otro en el lote con rotaciones adecuadas para ver las diferencias. Agustín acepta encantado.

-¿Cómo sabés que este pedazo de campo está enfermo?- preguntamos.

-A este suelo yo lo tengo mapeado y está compactado a los cinco centímetros. La raíz no puede penetrar. Por lo tanto estaríamos trabajando como en una maceta.

-¿En condiciones normales este suelo debería ser mucho más permeable?

-Mucho, mucho. Con mucha más profundidad, mucho más permeable. Esa compactación no debería estar. Y si bien la rotación soja-maíz se hace con siembra directa, no genera la cobertura del suelo. La naturaleza es pudorosa: no le gusta tener el suelo desnudo porque es susceptible a la erosión hídrica, al golpe del agua que tiene una potencia increíble; a la erosión eólica por el viento, a los rayos ultravioleta. Y a la microbiología no le gustan esas fluctuaciones de las condiciones climáticas: le gusta estar todo el año protegida.

-¡Qué buena imagen la de la naturaleza pudorosa a la que le gusta estar siempre vestida!

-Es verdad. En invierno necesita un poncho y en verano una sombra y eso hace que las condiciones del suelo, físicas, químicas y biológicas, no se vayan deteriorando.

Agustín apela a estudios del INTA para mostrar las consecuencias de la agricultura continua sobre los suelos de la región del oeste arenoso bonaerense: recuerda que los niveles de materia orgánica han caído cerca del 50%. “La materia orgánica es la base estructural de un suelo, la columna vertebral. O sea que este campo está en terapia intensiva, con la columna vertebral hecho pedazos”, define.

(Mirá la entrevista completa con Agustín Bueno:)

-Entonces este es un campo que ustedes alquilan a tu familia y que antes tu familia alquilaba otra gente que hacía agricultura. ¿Cómo te pusiste a “curarlo”?

-Nosotros hacemos pastoreo racional y producimos carne bovina 100% a pasto, para obtener un animal de 19 a 22 meses de edad con 460 kilos de peso vivo final. Para llegar a ese objetivo, distribuimos agua para hacer un buen manejo del pastoreo y sobre una pastura, en este caso implantada. Pero si fuese pastizal natural, también podría ser posible.

-¿Y cómo arrancó el tratamiento? 

-Lo primero es hacer una infraestructura para poder manejar bien el pastoreo y el objetivo final es introducir una pastura en este lugar. Como la pastura es una semillita muy chiquita que necesita las mejores condiciones y aparte va a ser perenne, entonces yo necesito darle un suelo muy rico. Lo que hacemos es intentar revertir la situación de compactación. En este caso específico estamos parados sobre un verdeo de avena con lotus. Y tenemos una herramienta que se llama vaca, que es muy buena para restaurar las propiedades ecosistémicas, porque con cada pastoreo ella va dejando un montón de bosta, que brinda fertilidad.

-¿Entonces en principio las concentras a todas las vacas juntas en un mismo lugar?

-En este caso hay 150 vacas en media hectárea por día. Por lo tanto, serían 300 vacas por hectárea en un día, las cuales a 25 kilos de bosta por día dejan una cantidad importante de fertilizante, que va nutriendo el suelo degradado. Por un lado, tenés el verdeo que fotosintetiza y está fijando carbono en el suelo. Por otro lado, esa planta está adaptada al pastoreo. La vaca viene, la come, después rebrota. En este caso es una avena, después rebrota otra vez, sintetizando y mandando exudado hacia las raíces y hacia el suelo.

-¿Y en cuánto tiempo lo sacas de terapia intensiva con este tratamiento?

-Depende de las condiciones de la clase de suelo que tengamos. Estos son suelos que según los mapas del INTA tienen que tener una rotación agrícola ganadera porque son muy susceptibles a condiciones de erosión. Primero hay que sacarlo a “terapia intermedia” y ponerle una pastura (verdeo). Luego creemos que en cuatro o cinco años estaríamos implantando una pastura perenne y que van a estar las condiciones que van a permitir después tener un manejo ganadero más intensivo. La pastura perenne va a producir follaje todo el año y a muy bajo costo.

En el segundo lote del campo donde nos detenemos, el campo “sanado” y Agustín ya puede mostrarnos una pastura de varios años, de cuando arrancaron. El joven agrónomo dice que cada día que pasa la ve mejor: más verde y con más volumen.

“La pastura perenne tiene raíces mucho más profundas que un verdeo y que un cultivo anual. Entonces está fijando carbono a través de la fotosíntesis y la vida en profundidad. Nosotros estamos, a la vez que producimos, intentando restaurar para luego regenerar, para introducir carbono en profundidades y sacarlo de la atmósfera, donde ese mismo carbono está causando un importante problema de calentamiento global”, afirma Agustín, quien se siente claramente tratando de intervenir ya no sólo sobre un campo, sino sobre un proceso de alcance global.

La empresa de los hermanos Bueno maneja un total de 200 hectáreas. Allí el objetivo a corto plazo es tener 170 madres e invernar todos los terneros. Le preguntamos si en ese esquema productivo, además de restaurar las condiciones edáficas, puede ser eficiente para ganar algo de dinero.

“Es muy buena pregunta, porque estamos hablando de la vaca como una herramienta para restaurar, pero a la vez estamos siendo económicamente rentables, porque si no no podríamos estar haciendo esto. Claramente estamos haciendo algo que es económicamente rentable”, nos responde.

En definitiva apuntan a producir novillos 100% engordados a pasto, mientras conservan las hembras para incrementar su lote de madres. “Nos darían unos 150 novillos que al año y eso nos daría un margen bruto capaz de mantener las familias”, nos dice. En el predio además tienen un empleado fijo, al que le han hecho una linda casita.

-¿Y pueden competir con la rentabilidad de una soja en la zona?

-La ganadería es a largo plazo y nosotros estamos hablando que comenzamos hace cuatro o cinco años. Gente que sabe mucho más que nosotros dice que sí, que se puede competir, y lo creemos también. También es cierto que nuestro planteo es de muy bajo consumo y entonces los gastos son bajos. La tecnología que utilizamos acá no es de insumos, sino de procesos.

Agustín integra un grupo de productores ganaderos de 30 de Agosto bajo el paraguas de Cambio Rural, que justamente han bautizado como “suelo vivo”. Acaba de ser padre y siente una responsabilidad grande por el futuro. “El suelo no es nuestro, es de las futuras generaciones”, establece.

Vamos al segundo tramo de la entrevista, ya sobre el suelo “sanado”, unos cientos de metros más allá.

La noche anterior, con Agustín habíamos compartido una rica cerveza, elaborada por él mismo y un primo en la primera fábrica artesanal que tiene 30 de Agosto. Se llama “Amanecer”. Allí habíamos iniciado una pequeña charla para entender porqué este agrónomo cree en lo que cree.

“Está comprobado que el modelo hegemónico de producción, que se llama agronegocio, no sirve para los pequeños productores porque es muy dependiente de insumos de síntesis. Y esos insumos son dinero”, instala.

-¿O sea que el pequeño productor intensifica y se endeuda para producir?

-Claramente eso pasó. El Indec dice que desapareció el 40% de las explotaciones. Entonces tampoco hay gente en el medio rural. Como se podrá ver, todas estas regiones son regiones de tapera, no hay alambres, ni aguadas, ni molinos. Si ya no hay gente en el campo, ¿a la tapera para que la querés habitable? Si hago agricultura, ¿para qué quiero el alambre siete hilos? Eso dice algo del modelo que barre con toda la estructura y la cultura.

-¿Entonces encarás la discusión de la agroecología no sólo en términos ambientales, sino también sociales?

-Sociales y políticos y éticos. ¿A qué costo vamos a producir para que se generen dólares para que el país siga exportando la fertilidad del suelo, comprometiendo la salud pública de toda la población y del futuro de las futuras generaciones? Está muy comprobado que muchos de estos agroquímicos que el modelo propone van a dejar secuelas en las futuras generaciones; en las células mías que después van a ser un hijo.

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