Acerca de la valoración y relación con “el campo”: La Autocritica nunca viene mal

Por Pedro Peretti y Mempo Giardinelli  

 

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Después de dos turnos electorales consecutivos en los que la derecha y el neoliberalismo logran imponer sus condiciones y ahora que estamos pagando tanta mentira y tanto robo, es necesario y es urgente repensar algunos aspectos de la vinculación del campo nacional y popular con lo agropecuario. Corresponde entonces, y en primer lugar, hacer una severa autocrítica sobre nuestra falta de atención política a la ruralidad, por las razones o justificaciones que fueren. Lo prioritario debió ser siempre y es hoy más que nunca no regalarle toda la pequeña y mediana burguesía rural a la derecha. Este ha sido un error conceptual y comunicacional de las dirigencias democráticas que la Argentina popular está pagando. Por eso la tarea de esta hora es recuperar una parte, al menos, de ese sector  que siempre fue nuestro aliado histórico, e incluso acompañó electoralmente este país sin un programa agrario y una base rural donde apoyar nuestra agenda política y económica en el sector. Es vital reconstruir ese vínculo con las bases agrarias y la relación con los pequeños y medianos productores – que aún quedan y resisten- tantas veces desconcertados porque no distinguen claramente a su enemigo. A nosotros nos incumbe contribuir a modificar esa actitud. Para empezar la reconquista debemos cuidar algunos detalles formales que no por epidérmicos, dejan de ser importantes a la hora de “contar los porotos”. Es fundamental cuidar el lenguaje, no agredir innecesariamente a chacareros y productores con términos despectivos, que malquistan a todos por igual. Hay que saber diferenciar un productor de gran volumen, un terrateniente, un latifundista especulador, de uno pequeño o mediano, y para ello es imprescindible no meter a todos en la misma bolsa, porque no todo el universo agrario que se conoce como “el campo” es lo mismo. No es todo igual. Las críticas y anatemas políticos deben estar orientados a la oligarquía, al neoliberalismo, a los gerentes y Ceos de las transnacionales. No a los chacareros, que fueron – y deben volver a ser – nuestros aliados estratégicos en la gran tarea de reestructurar al campo como factor de producción, exportaciones y bienestar general. O sea que es imperativo saber diferenciar a los grandes productores y corporaciones de los pequeños y medianos trabajadores del campo. No meter a todos en la misma bolsa, porque – reiteramos- no todo el campo es lo mismo. Parece elemental, pero no lo es; al menos en este país y en este momento político. Si se tiene conciencia de lo anterior, y las acciones sectoriales se dirigen a restaurar heridas reparando confusiones, malos entendidos, prejuicios y sobre todo desinformación, se estarán dando los primeros grandes pasos hacia un cambio epocal que puede ser y será altamente beneficioso. Y es que es absurdo y nefasto por donde se mire que, en esta época, en la República Argentina no se hable de latifundio, de empresas transnacionales agroexportadoras, de puertos incontrolados por el Estado, de necesidad de volver a tener una flota mercante nacional (La empresa Líneas Marítimas argentinas – ELMA- fue fundada en 1960 y disuelta en la década de 1990 por el gobierno de Carlos Menem), de refundar una Junta Nacional de Granos (La Junta Nacional de Granos fundada en 1933 por el gobierno de Agustín P. Justo, fue reformulada en 1946 por el gobierno de Juan Domingo Perón, y disuelta en 1991 por el ministro Domingo Cavallo durante el gobierno de Menem), de aprobar una Ley de Semillas que proteja el uso propio y las semillas criollas, del tamaño de las empresas agropecuarias, de agricultura de rostro humano, del monocultivo sojero. Hablar, plantear y debatir todas esas grandes cuestiones es hacer docencia agraria. Y esa responsabilidad es nuestra;  no del imperialismo o la oligarquía. Todo esto debe ser parte esencial de la necesaria autocrítica militante que nos debemos, y que este trabajo, este libro, viene a plantear con toda responsabilidad y vocación patriótica. Porque si hoy sólo se discuten (cuando se discuten) cuestiones meramente técnicas del agro – como pueden ser la densidad y e método de siembra (directa)- ; o sólo se debaten cuestiones impositivas (retenciones, impuestos a las ganancias, etc.) y encima las propuestas apuntan siempre a la baja, es porque estamos entrampados apenas en la epidermis del debate agrario. Y ese es, hay que repetirlo, el mayor éxito de la oligarquía y las transnacionales. Es la muestra palmaria de cuan grande y profundo ha sido y sigue siendo el triunfo cultural , político y económico de neoliberalismo agrario en la Argentina. Desde el pensamiento nacional y y popular hemos sido hasta ahora incapaces de crear un sistema de conocimiento y análisis propio en relación al agro, y por fuera del neoliberalismo. Por esa incapacidad es que venimos mordiendo el anzuelo de medir con su única vara todo lo concerniente a la agricultura, que para ellos es una ecuación sencilla en la que toda consideración debe pasar por el volumen más la utilidad empresaria. Así nos fijan e imponen siempre sus prioridades y nos marcan los tiempos del debate. Por eso encontrar las respuestas adecuadas es una responsabilidad indelegable e innegable del conjunto del pensamiento nacional y popular. Porque nadie nos obliga a jugar siempre de visitante y aceptando las reglas y el árbitro que ponen la derecha y el neoliberalismo . Entonces, si no militamos otra versión del tema, si no le comunicamos al pueblo nuestra mirada, si no revalorizamos nuestros propios saberes y seguimos a la defensiva yy dejando que los medios monopólicos propalen versiones que ocultan la realidad, no tendremos derecho a seguir quejándonos de lo que bien pueden llamarse nuestras propias desventuras auto-infligidas. Y está claro, clarísimo, que sabemos y somos conscientes de la enorme disparidad de fuerzas. Son relativamente pocas y no demasiado poderosas las que tenemos para hacer llegar nuestras ideas conjunto del pueblo, o sea a la sociedad goda. Esto es real, pero nada nos impide pensar, imaginar y postular, con autonomía y creatividad nuevas y diferentes políticas públicas. Y sobre todo mejores. Nuestra obligación, en tanto demócratas del pensamiento nacional y popular, es poner en la cancha el Lado B del debate. Y hacia allí vamos. Extraído de “La Argentina Agropecuaria. Propuestas para una Agricultura Nacional y Popular del Rostro Humano” de Pedro Peretti y Mempo Giardinelli

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