¿Se puede “Vivir con lo nuestro” en este siglo XXI?

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Aldo Ferrer (Buenos Aires15 de abril de 1927ibídem8 de marzo de 2016) ‘Vivir con lo nuestro’ se publicó en noviembre de 1983. La cuestión central del libro, cómo decidimos los argentinos nuestro destino e inserción en el mundo, y la idea de que sólo la movilización de los recursos propios permitirá resolver la crisis, poner en marcha la economía y recuperar la viabilidad internacional, resultan de una actualidad indiscutible. Ante un escenario mucho más complejo, por la magnitud del desorden en que está sumergida la economía argentina y el deterioro alarmante de su situación social, y por las condiciones que el proceso de globalización acelerado impone a todos los países, y sobre todo a los emergentes, los viejos dilemas del desarrollo argentino vuelven a replantearse, esta vez, en carne viva y en una situación límite. VIVIR CON LO NUESTRO: NOSOTROS Y LA GLOBALIZACION “El cónsul inglés en el Plata, Woodbine Parish y diez posibilidades contra una que sea manufactura , describía en 1837 a un recio gaucho de las pampas: “Tómense todas las piezas de su ropa, examínese todo lo que lo rodea y exceptuando lo que sea de cuero, ¿Qué cosa habrá que no sea inglesa? Si su mujer tiene una pollera, hay diez posibilidades contra una que sea manufactura de . La caldera u olla en que cocina, la taza de loza ordinaria en la que come, su cuchillo, sus espuelas, el freno, el poncho que lo cubre, todos son efectos llevados de Inglaterra” (Dice Eduardo Galeano: “Argentina recibía de Inglaterra hasta las piedras de las veredas”. Por la misma época, James Watson Webb, embajador de los Estados Unidos en Río de Janeiro, relataba: “En todas las haciendas del Brasil, los amos y sus esclavos se visten con manufacturas del trabajo libre, y nueve décimos de ellas son inglesas. Inglaterra suministra el capital necesario para las mejoras internas de Brasil y fabrica  todos los utensilios  de so corriente, desde la azada para arriba, y casi todos los artículos de lujo o de uso práctico, desde el alfiler hasta el vestido más caro. La cerámica inglesa, los artículos ingleses de vidrio, hierro y madera son tan corrientes como los paños de lana y ls tejidos de algodón. Gran Bretaña suministra a Brasil sus barcos de vapor y de vela, le hace el empedrado y le arregla las calles ilumina con gas las ciudades, le construye las vías férreas, le explota las minas, es su banquero, le levanta las líneas telegráficas, le transporta el correo, le construye los muebles, motores, vagones…” “Juan Manuel de Rosas dictó  en 1835 una ley de aduanas de signo acentuadamente proteccionista. La ley prohibía la importación de manufacturas de hierro y hojalata, aperos de caballo, ponchos, ceñidores, fajas de lana o algodón, jergones, productos de granja, ruedas de carruajes, velas de sebo y peines, y gravaba con fuertes derechos la introducción de coches, zapatos, cordones, ropas, monturas, frutas secas y bebidas alcohólicas. No se cobraba impuesto a la carne transportada en barcos de bandera argentina, y se impulsaba la talabartería nacional y el cultivo del tabaco. Los efectos se hicieron notas sin demora. Hasta la batalla de Caseros, que derribó a Rosas en152,navegaban por los ríos las goletas y los barcos construidos en los astilleros de Corrientes y Santa Fé, había en Buenos Aires más de cien fábricas prósperas y todos ls viajeros coincidían en señalar la excelencia de los tejidos y zapatos elaborados en Córdoba y Tucumán, los cigarrillos y las artesanía de Salta, los vinos y aguardientes de Mendoza y San Juan.  La ebanistería tucumana exportaba a Chile, Bolivia y Perú.” Jorge Abelardo Ramos Los datos históricos fueron extraídos de “Las venas abiertas de América Latina” de Eduardo Galeano.

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