LOS CAMPOS ABANDONADOS EN PATAGONIA El análisis Patrimonial en la cuestión agraria

Fuente: Por Víctor Tomaselli – por REDACCIÓN CHUBUT 09/11/2021 

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Es sabido que cuando hablamos de funcionalidad o pertinencia de modelos agrarios hablamos en términos de un mundo «duro» en cuanto a números. En ese sentido una firma agraria «capitalista», por llamarla de algún modo, debe ser exitosa dentro de un modelo exhibiendo un resultado económico que se llama Patrimonio Neto.  

Siguiendo ese esquema de pensamiento vamos a llegar a determinar que hoy día, para ser exitosa una explotación ganadera ovina «tiene que tener no menos 3.500 cabezas de ganado ovino». Si ponemos esa vara ya dejamos afuera al 90% de los productores ovinos. Por ejemplo. Si siguiéramos el mismo pensamiento en la ganadería vacuna, diríamos que no es viable un establecimiento con menos de 500 vacas madre. De ahí en más, la debacle, en sentido de descenso productivo permanente, porque de explotaciones inviables devienen campos cerrados, de campos cerrados vienen campos abandonados, y la declinación es a todas luces inevitable. Entonces nos planteamos qué hacer, las propuestas surgen de todo tipo, sin duda, Pero la gran mayoría surge del lado de un reclamo indeterminado «hagan algo», que es impersonal y de algún modo vago, impreciso. Es como un imperativo social pero diluido, porque no establece los marcos lógicos de acción. Creo que hay dos maneras, por lo menos, de modificar la situación. Una, tratando de determinar quiénes son los que tienen que hacer algo y que entonces se vuelva un mandato práctico, es decir con incidencia real en la sociedad. El aporte a esta parte es: los que tenemos que hacer algo somos nosotros, el conjunto de los actores sociales, en sentido de dar forma a propuestas, dar mandato explícito a los gobernantes de cuál es el rumbo que queremos seguir. Si no crecemos como sociedad en participación, el rumbo va a ser siempre el mismo. Porque se cumple siempre la realidad de aquello que describiera Einstein, y a esta altura casi todo el mundo conoce: «no esperemos un resultado diferente si hacemos siempre lo mismo». De tal modo que participar es la primera fase de la ecuación, por llamarla de alguna manera. El segundo paso, y acá está el animarnos a pensar, tiene que ver en cómo encaramos el problema. Cómo sacamos esa barrera de las 3.500 ovejas o 500 vacas para ser exitosos en la cuestión agraria. Y tiene que ver con el enfoque. En eso nos tenemos que centrar. Vemos al campo, así en abstracto, como un patrimonio de renta en una actividad o como un recurso natural multipropósito. Si insistimos en verlo dentro de los parámetros «praticultores», olvidémonos casi de subsistir, porque seguiremos considerando la Patagonia como un desierto y, contra las tierras de Venado Tuerto, por ejemplo, que cotizaban en la Bolsa de Londres, no tenemos nada que hacer. Somos inviables. Olvidémonos porque esta declinación seguirá. Sin embargo, si cambiamos la mirada y consideramos la tierra y, por lo tanto el agro, desde otra perspectiva quizá tengamos alguna posibilidad de jugar el partido. Por eso desde hace un tiempo tratamos de instalar la idea de la multifuncionalidad agraria, conocer el recurso y pensar que ese conjunto cosas animadas e inanimadas constituyen una plataforma de relaciones que pueden permitir la sustentación del humano. Y en esto tenemos que ampliar la mirada: todos nosotros pensamos en general de tres categorías cuando vemos la vida en la tierra, y pensamos en lo que llamamos reinos: reino vegetal, reino animal y reino mineral. Y la mayoría no pasamos de ahí. Pero hay muchas más cosas en la Tierra (considerando como planeta). Por empezar la vida, además de los vegetales y los animales, cuenta con el mundo de los hongos Fungi, que incluye los hongos que vemos y los hongos que son microscópicos, porque abarca levaduras y mohos. El mundo de los/las protoctista, que incluye las algas, y los protozoos con una diversidad enorme y riquísima. El mundo llamado Morena, que incluye a todos los organismos unicelulares microscópicos. Ojo, que no estamos hablando de los debates de los últimos 30 años que suman dos «reinos más». Es decir de este conjunto, debemos ser capaces de ver las interacciones entre ellos y de nosotros con ellos, porque somos los grandes interventores de esas relaciones. Pero a su vez entender que todo ese conjunto de interacciones entre lo vivo y lo no vivo, se dan en unas coordenadas específicas, con unos parámetros climáticos determinados en medio de un suelo que tiene siempre la triple función de ser soporte, sustrato y sostén. Sabemos, por ejemplo que hay muchas especies medicinales en Patagonia. En este manto vegetal que la mayoría ve sólo como matas, que son xerófilas, achaparradas, de colores un tanto desleídos. Ese universo incluye más de 1.500 especies vegetales. La gran mayoría son de alto valor. Por citar un ejemplo; el tomillo silvestre o criollo, el nombre científico es Acantolipia seriphioides, todo el mundo disfruta de su aroma. Ese humilde tomillo tiene un contenido de Linalool, que es un terpeno de aroma muy agradable, mayor que la Lavanda. Es conocido el valor de este compuesto como ansiolítico, calmante del stress, y ayuda a la concentración mental. Por dar ejemplo de lo que podemos llamar u valor oculto. Esto no se está explotando. Diferente es el caso de la Adesmia boronioides, la conocida Paramela, que a la vista y paciencia de todo el mundo, una empresa de Brasil muy conocida (no voy a decir el nombre, pero todo el mundo se da cuenta que es Natura que no lo diga) ya lleva colectadas 300 toneladas y las han convertido en aceite esencial en las instalaciones de un organismo público argentino.
Adesmia boronioides

Luego se las llevaron a Brasil, donde hicieron un perfume que se vende al mundo. ¿Cuántos otros usos se han hecho? No sabemos, pero lo que sí queda claro que si consideráramos las medicinales que hay por legua cuadrada como un recurso y no como una anécdota, otra sería la cuenta que deberíamos hacer para hablar del valor de los campos, por ejemplo. Pero la multifuncionalidad no termina allí. Hay cultivos que se pueden hacer en estos suelos y con este clima y con este viento y con esta falta de agua. Hay recursos valiosos que se pueden explotar en el buen sentido, sabiamente. Si somos capaces de articular esos recursos, si somos capaces de conocer el universo de la microvida que existe en el suelo y su papel con las raíces de las plantas, eso que se llama «acción mutualista», de ayuda mutua. Si cambiamos el modo de ver el monte y los suelos, sin duda que podríamos cambiar el paradigma. Estamos tratando de hacer con las plantaciones olivícolas algo así. Aprovechamos suelos en apariencia pobres, los regamos con poca agua, los abonamos con extracto de algas que se producen del mejor modo en la misma provincia. Convocamos de ese modo a la vida microscópica que ejerce esa acción mutualista con las raíces. El resultado es apasionante, medido con pruebas químicas y organolépticas. Ese camino es posible, pero no es el único. Para que sepamos todos de qué hablamos, 5 ó 6 plantas de olivo en plena producción van a producir como mínimo el equivalente en valor a 16 kilos de lana vellón de 20 micrones y 55% de rinde al peine. Sigamos la cuenta, para agotar el tema, ya que salió: por hectárea entran 280 plantas, las dividimos por 7 y tenemos 40 unidades de equivalente a 16 kgs de lana. O sea, que una hectárea de olivos si hiciéramos el equivalente lana, nos vendría a dar 640 kilos, que a un precio de «lista» razonable serían 2.688 dólares que valor Banco Nación Argentina, son 282.242 pesos. Más allá que haya que descontar algunos gastos, sin duda, pero podemos colegir que con pocas hectáreas de este cultivo una familia vive. Y este vivir no significa sólo perdurar, sino crecer. De esta manera, el «Hagan algo» es una consigna para que estos hechos se conviertan en políticas concretas, debemos ser conscientes que para que ello suceda debemos formar un consenso, una masa crítica de opiniones que señalen el camino, que constituyan el «mandato social» que genera las acciones. Para que eso comience a suceder, es como el primer paso reconocer la riqueza que tenemos y, a su vez, la pequeñez de lo que somos en términos individuales. Aquel que se piensa rico porque tenga un par de millones de dólares en patrimonio, no entiende lo que es la riqueza en serio y la permanencia de los valores. La mejor herencia que podemos dejar a nuestros hijos. Porque un par de millones no son nada, se pueden esfumar en el aire por cualquier vaivén de la economía, los valores en serio tenemos certeza permanecen en el tiempo.

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