MARTÍN BAGENETA: “Las redes sociales no son ingenuas”

31 de mayo de 2021

Por Laura Méndez – De la Redacción de EL TIEMPO (Azul, Prov. Bs. As.)


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Martín Bageneta

Lo expresó el sociólogo con relación a estas herramientas de comunicación cuyas visitas se van incrementando, cada vez más, en pandemia. Habló sobre qué es la tecnología en términos sociológicos y antropológicos, pero qué esconde el mal uso de las mismas. Intereses económicos y control de la información.

Martín Bageneta es sociólogo, investigador del Conicet, estudiante del doctorado en Ciencias Sociales, profesor y licenciado en Sociología. Se refirió a diferentes aspectos de las redes sociales

Internet, el inicio. Hace ya muchos años, fue un antes y un después en los diferentes avances en la civilización. Internet abrió paso a una nueva manera de comunicarnos, de conocernos. Al principio lo hacíamos por correo electrónico o páginas webs o foros, pero después la interacción de los usuarios fue tan grande que obligadamente el mundo necesitó de las redes sociales.

Las ganas de “alimentarnos” de culturas ganó fuerzas y las fronteras fueron eliminadas de la faz de la tierra. Forzadamente vamos a remontarnos a cuándo nació Internet y a la primera red social pero vamos a hacer hincapié en las más conocidas, las más visitadas, las que fueron evolucionando. Entre ellas aparece SixDegrees, por 1997 y cerró en 2001. Después le tocó el turno a Friendster, MySpace y LinkedIn (2002/2003). Los usuarios digitales se volcaron a LinkedIn, cuyo impacto fue inmediato en el mundo empresarial.

La aparición de la red social por excelencia: Facebook (2004). Y de ahí en adelante las que vamos a enumerar y “analizar” con la ayuda del sociólogo, investigador del Conicet, estudiante del doctorado en Ciencias Sociales, profesor y licenciado en Sociología, Martín Bageneta. Retomemos las redes: las visitas continuaron incrementándose. Hubo quienes se volcaron por la música, más precisamente el aspecto audiovisual con Youtube. Posteriormente los mensajes en 140 caracteres en el año 2006: Twitter.

Tres años después WhatsApp. La que hoy en día podemos considerar como la App de mensajería instantánea más famosa. Hoy en día, supera los 2.000 millones de usuarios, encontrándose por encima de aplicaciones como Facebook Messenger o Telegram. Las fotos, los fanáticos del ojo de la lente tuvieron su posicionamiento a través de Instagram en el 2010.

Y todo continuó evolucionando, aparecieron los hashtags, las Stories (un formato que se define por hacer público contenido que desaparece a las 24 horas, en el que Snapchat fue pionero, y, tiempo más tarde, llegó a Instagram y a Facebook). A partir de entonces, que cada año fueron surgiendo nuevas redes sociales con diferentes funcionalidades o destinadas a distintos grupos.

TikTok, la última en llegar (2016). Por su lado, Tik Tok, que surgió a finales de 2016, -conociéndose también como Douyin en China- es una red social con un gran tirón entre los adolescentes a día de hoy. Incluso hasta existen los influencer sobre todo en Instagram y el tik tok el término es la “viralización”.

Claro que existen muchísimas más, pero vamos, como se mencionó anteriormente, a las que más se utilizan durante este Aislamiento Prevenido Social y Obligatorio y sobre todo qué hay detrás. Resulta que en pandemia, desde marzo del año pasado las redes sociales ya pasaron a ser parte de nuestras vidas -o ya lo venían siendo- y no un entretenimiento más. Pero… ¿existe peligro en esta interacción?. ¿Hay otras alternativas de acceder a la información?.

“Facebook no vino a inventar relaciones”

Bageneta es sociólogo, egresado de la UBA. Él quiso aclarar que no se especializa en redes sociales.

En principio contextualizó las redes sociales marcando que “la tecnología son consideradas como lo último, esta idea de que lo tecnológico es lo moderno, lo más reciente y ahí entramos en la discrepancia sobre qué es el tecnología. Una primera definición vinculada a lo social y antropológico es ¿qué es tecnología? es todo vínculo con el entorno, mediación con el ambiente; por lo tanto una tecnología puede ser una forma de organizarnos novedosa hasta un utensilio de cocina o el modo en que ponemos el dedo en la manguera para ver qué tan lejos llega el chorro de agua. Todo eso, es tecnología”.

De la misma manera expresó que “en términos culturales la tecnología se modifica según los pueblos y los tiempos y las formas de relacionarse con el entorno. Entendiendo que la comprensión del entorno es diferente en términos culturales según civilizaciones”.

Asimismo continuó sosteniendo con respecto “esas tecnologías que permiten establecer vínculos de comunicación implican, en este caso, relaciones desde una sociología cultural, cumplen funciones sociales que previamente estaban por ejemplo Facebook no vino a inventar relaciones sino para proporcionar otros medios para relacionarnos”.

“Sí es importante para pensar en términos sociológicos es identificar que hay funciones de estas redes sociales que no son novedosas y que están detrás de esas tecnologías: expresar una necesidad social. Al igual que Instagram, Twitter, la necesidad de compartir, debatir, intercambiar”, señaló.

De igual manera Bageneta especificó que “no hay que hacer una consideración ingenua de las redes sociales. Si algo deja de enseñanza la pandemia es que claramente estas tecnologías ocupan funciones sociales preexistentes y hacen un uso mercantilizado de los vínculos sociales. Es decir, hay una frase muy sencilla que lo expresa: ‘todo lo que es gratis es porque el producto es uno'”.

Aclaró que “en el vínculo con las redes sociales, en el vínculo con las redes sociales lo que posibilita utilizarlos ‘gratuitamente’ es que implica que hay un negocio de esos vínculos y que son explotadas por empresas y que esas empresas tienen intereses geopolíticos. Esas redes sociales que nosotros mencionamos tan simpáticamente Snapchat, twitter, Facebook, Instagram, Tinder, tienen -por detrás- intereses de corporaciones internacionales”.

Ejemplificó “se armó el dilema cuando Estados Unidos intentó prohibir Tik Tok y exigió que se instalara y tuvo que haber una negociación a nivel gubernamental para que continuara funcionando”.

El profesional enfatizó que “esta polémica deja a la vista que esto que es tan simpático y considerado como algo tan divertido y despolitizado tiene por detrás una disputa global de países por el control de la información personal”.

En el mismo contexto añadió que “sepamos que a partir de las redes sociales se construye información acerca de los perfiles de las personas y a partir de ahí se venden productos y servicios. De hecho hay documentales en las plataformas que cortan con sus intereses que lo plantean”.

Bageneta recordó subrayando que “otro acontecimiento que deja la pandemia lo que pasó con Donald Trump que Twitter le censuró la cuenta de modo que hay control. Es otro punto a considerar: las redes sociales no son ingenuas, son herramientas de las corporaciones que mercantilizan necesidades que tenemos como el intercambio”.

El uso de las redes sociales

En segundo término Bageneta opinó que sobre las alternativas de comunicarnos a través de Internet sin correr “riesgos”.

De la misma manera indicó que “el problema no está en la existencia en las redes sociales siendo que hay funciones que van a estar siempre. Sino que es necesario buscar alternativas solidarias y no mercantilizadas; es decir suplir esas redes, construir otras propuestas que no tienen que ser ajenas a Internet teniendo en cuenta que Internet tiene sus intereses. En el campo de la producción de conocimientos esta el Copyleft por ejemplo. Es un cambio tecnológico que son artículos o conocimiento social, lejos de los modelos de las patentes y el Copyright, permite el libre acceso a contenidos”. Todo ello fue fomentado desde el Estado, desde las organizaciones…”.

El sociólogo también apuntó las plataformas audiovisuales. “Netflix tiene su tendencia y vende en término de sus intereses, es lógico es una empresa. Ahora la cuestión es que tenemos la experiencia de Cine.ar que es una plataforma estatal y que cumple la misma función solo que promueve otro tipo de producciones”.

Para terminar, insistió que “vuelvo sobre lo mismo: el problema no es la tecnología, sino la apropiación y que la tecnología tiene por detrás vínculos sociales”.


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