Roberto Perdía: “Esta pandemia es una expresión del mundo actual y la profundidad de sus debilidades”

Fuente: Agencia Paco Urondo – 27.05.2021 Por Juan Borges | Fotografía Radio Gráfica
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El ex dirigente montonero habló en exclusiva con AGENCIA PACO URONDO y reflexionó sobre la situación crítica que atraviesa el mundo, en el marco de la crisis sanitaria. Los 70, el peronismo y los horizontes políticos del mañana. 

Roberto Perdía, el ex dirigente montonero y militante revolucionario, dialogó con AGENCIA PACO URONDO. El dirigente habló sobre su nuevo libro “Prisioneros de esta Democracia”, publicado por editorial La Comarca. Además, ofreció multiples lecturas sobre su experiencia política y el panorama actual de la pandemia.

APU: ¿Cómo nació el título de su nuevo libro “Prisioneros de esta democracia”?

Roberto Perdía:  Mientras le buscaba un título al libro que había terminado, veo sobre la mesa otro que estaba leyendo. Su título era “Prisioneros de la Geografía”, del periodista británico Tim Marshall. Allí el autor explica que, si bien es cierto que la geografía no determina el desarrollo de las relaciones y los acontecimientos, no puede dudarse de su incidencia en los vínculos entre personas, pueblos y naciones a lo largo de la historia.

La existencia de Cuba a pocos kilómetros del centro del poder mundial capitalista, parecía desafiar las tesis de ese británico, desde que la Revolución Cubana se proclamó socialista en las propias narices de aquel poder imperialista. Pero la tesis de la fuerza de la vecindad geográfica recuperaba impulso a poco de penetrar en la realidad cotidiana con variadas semejanzas culturales, a pesar de los constantes roces y dificultades en sus vínculos.

Recordé un absurdo gag donde se exhibía un nuevo mapa donde acomodaba los países y sus vecindades de acuerdo a sus coincidencias político ideológicas, de ese modo se evitarían los riesgos de una nueva guerra. Ese absurdo pone en evidencia que la geografía es una cosa, mientras que lo que produce la humanidad, más allá de sus vinculaciones, es otra.

Por eso llama la atención que se pretenda eternizar, fijar para siempre, a fenómenos humanos que son producto de avances y retrocesos que se registran a lo largo del tiempo.

Sin embargo, fue intentado y se puso todo el aparato cultural del sistema al servicio de esa idea. Un joven treintañero elaboró en 1992, siendo empleado del Departamento de Estado norteamericano, el punto más alto de ese intento. Hablo de Francis Fukuyama. Según su concepción, la democracia liberal había logrado poner fin a las disputas ideológicas que caracterizaban a la historia y establecer un sistema que regirá desde allí en adelante.

Así es como entramos en la multiplicidad de realidades que definen los aspectos principales de ese tipo de democracias que la alianza de los países centrales e industrializados de occidente (Estados Unidos, Europa y Japón) trataron de imponer al mundo. Lo hicieron bajo la idea de que era “el único sistema político con algún tipo de dinamismo”.

Ésa era, para dicha concepción, la forma superior de organización institucional y ella debía ser impuesta al resto del mundo. Estados Unidos fundamentó algunos de sus crímenes más horrendos para darle vigencia a la democracia.

Para nuestros pueblos, esa democracia era el plato dentro del cual debíamos actuar.

APU: En su libro plantea modelos organizativos como las comunas o la conformación de un Estado Plurinacional vigentes en otros países. ¿Lo ve factible en nuestro país teniendo en cuenta nuestra tradición y prácticas políticas?

RP: Me parece que debo empezar diciendo que, lo que no veo factible -en nuestro país- es la continuidad del actual modelo organizativo, que es herencia y continuidad de lo señalado en el tema anterior. Por supuesto que todo lo dicho y las propuestas formuladas están planteadas teniendo en cuenta nuestra tradición y prácticas políticas.

Pero antes de pasar a explicarlo conviene recordar las palabras que le escuché a un anónimo patriota de Nuestra América diciendo: “200 años de esta República, no nos pueden hacer olvidar que aquí hubo miles de años de vida anterior”.

Volviendo a la pregunta formulada, en torno a las ideas de las comunas y el Estado plurinacional, considero que ellas sí forman parte de un acumulado histórico que fue derrotado y que espera su oportunidad para reconstruir identidad.

APU: ¿Qué puente podría establecer entre las organizaciones revolucionarias de los 70 y las perspectivas emancipatorias de las nuevas militancias del siglo XXI?

RP: El principio central que vincula aquella gesta (de los 70) con esta propuesta es la voluntad de alentar el protagonismo del propio pueblo, organizado y movilizado, para promover, impulsar y defender las transformaciones planteadas.

No quedan dudas que la consigna: “Solo el pueblo salvará al pueblo”, popularizada por Raimundo Ongaro y la CGT de los Argentinos, que mantiene su vigencia en estos tiempos, es el símbolo de esa vinculación entre una y otra práctica, aunque haya transcurrido medio siglo entre estos diferentes hechos.

En los 70, muy poco poder en el Estado y mucho pueblo en las calles, fue una de las manifestaciones centrales de aquel período.

Hoy, sin poder en el Estado, pero tratando de evitar la pérdida de más derechos, se mantiene una cierta capacidad de movilización. Ella privilegia mayoritariamente dar respuesta a las incumplidas necesidades básicas de la población (comida, trabajo o sucedáneos del mismo).

APU: ¿Qué otros elementos de la década del 70 siguen vigentes?  

RP: Vale la pena reflexionar sobre otra cuestión, mucho más polémica, que vinculan -aunque sea contradictoriamente- estos diferentes momentos. Los 70 y más allá de los errores cometidos, colocaron a la juventud -protagonista de aquel momento- en un lugar significativo. Tal circunstancia es destacable por varias razones.

El haber cuestionado, con escasos recursos, las raíces del poder instalado es un dato que no puede soslayarse. La integración de las más diversas formas de luchas, incluida la resistencia armada y los costos humanos que ello implica, le dio un potencial particular que se grabó en la memoria colectiva. El reconocimiento al liderazgo de Perón, pero manteniendo la capacidad de crítica y rebeldía ante el mismo es otro motivo de comparación. La construcción de una fuerza, relativamente importante, desde abajo hacia arriba e iniciada fuera del Estado y contra el Estado, es otro detalle que marcó toda aquella existencia.

Como contrapartida, en buena parte de las barriadas y algunos sectores medios, particularmente durante el gobierno kirchnerista (Néstor y Cristina) aquella historia -aunque un tanto edulcorada- comenzó a ser recuperada. En ese marco. Lo repito, en ese marco, buena parte de las organizaciones sociales y políticas de los últimos años vienen reconociendo aspectos de aquella experiencia.

APU: ¿Qué es el peronismo hoy para usted y como entronca esa doctrina nacional y policlasista con una propuesta plurinacional y socialista como la que expresa en su libro?

RP: El peronismo nace como un movimiento policlasista, con la novedad que reconoce a los trabajadores como su columna vertebral. El peronismo revolucionario, con John William Cooke a la cabeza sostenía que el socialismo, en la Argentina, era edificable desde el peronismo. Lo fundamentaba en el hecho de que allí estaba la inmensa mayoría de los trabajadores, la fuerza principal para la construcción del socialismo.

El propio Perón, desde fines de los 60 e inicios de los 70, recogió esas banderas. Ellas están expresamente enunciadas en su “Actualización política y doctrinaria para la toma del poder”, de la que dejó constancia el Grupo Cine Liberación dirigido por el “Pino” Solanas.

Con esas ideas como antecedente, nuestro pensamiento -en los 70- le dio consistencia al concepto de que los trabajadores no solo eran la “columna vertebral” sino que debían constituirse en la “cabeza” de aquel movimiento.

Ésa fue la batalla que perdimos al interior del peronismo. Aquél “gigante invertebrado” profundizó su rol de componedor entre intereses contrapuestos y progresivamente fue derivando hacia su actual formación institucional.

APU: ¿Qué enseñanzas dejó la experiencia de Montoneros en las organizaciones actuales de carácter popular?

RP: Sobre esta cuestión hay mucho por hablar y diferentes opiniones sobre esta relación.  De todo lo que se podría decir voy a concentrarme en un aspecto que me parece fundamental. Se trata de los vínculos de las organizaciones populares con el Estado. En estos tiempos, observando las prácticas de distintas organizaciones que tienen algún punto de identificación con aquella experiencia, surge este interrogante.

Me parece importante analizar esta cuestión porque en el libro “Prisioneros de esta Democracia” se desarrollan varios aspectos de esta cuestión.

En estos sectores es muy común escuchar que no ven de qué modo se puede crecer o acumular poder sin contar con el sustento del aparato estatal. Bajo esta premisa el apoyo del mismo o la participación dentro de él aparecen como una necesidad.

Considero valioso contemplar esta tendencia, no exclusiva pero sí mayoritaria en los tiempos actuales, desde la óptica de dos consideraciones centrales. Una, referida a la diferencia con la experiencia montonera de los 70; dos, considerar las perspectivas de ese vínculo y las tendencias que la misma encierra.

Montoneros nace como una organización -en los 70- que desarrolla y da continuidad a los más altos niveles de resistencia que los trabajadores y el pueblo habían iniciado en 1955, desde el mismo momento del golpe gorila de aquel año. Es decir que nacen en medio de la lucha contra administraciones que habían usurpado, ilegítima e ilegalmente, el gobierno.

Luego del triunfo de la resistencia y de las elecciones que le dieron legalidad institucional a esa victoria, en la que habíamos desarrollado un alto protagonismo, Montoneros apoyó al gobierno de Cámpora, pero sin participar en los niveles decisorios del mismo. En el gabinete de ese gobierno no hubo un solo montonero, militante orgánico de esa fuerza. De un modo semejante, ningún montonero, que fuera integrante de algún organismo de conducción fue candidato en esas elecciones. En esas elecciones se nos reconoció (sin haberse cumplido totalmente) que propongamos los nombres de adherentes a la Tendencia revolucionaria para cubrir el 25% de las bancas de legisladores nacionales del peronismo. Ellos ocuparían el espacio correspondiente a la “Cuarta Rama” o Rama de la Juventud.   

Si bien éramos parte del peronismo en su conjunto, el modelo de construcción de la organización que habíamos fundado, nació y creció desde abajo y se desarrolló con autonomía respecto del Estado.

APU: ¿Cómo analiza la situación actual internacional?

RP: Estamos transitando una fenomenal crisis mundial. Ésta abarca las distintas facetas de la vida humana, por eso es conocida como crisis civilizatoria. La actual pandemia que tiene como protagonista a un coronavirus es una manifestación de la misma. Esto es así tanto si consideramos como causa de esta pandemia al traspaso de la enfermedad de animales a personas o si ella ha sido causada por algún “escape” voluntario o no del virus.

Cualquiera sea la causa, esta pandemia es una expresión del mundo actual y la profundidad de sus debilidades. A lo cual hay que agregar la irresponsabilidad que anima a gran parte de la dirigencia mundial preocupada por acumular dinero y poder.

La primera edición del libro “Prisioneros de esta Democracia” fue escrita dos años antes de la aparición de este fenómeno. No obstante, lo cual se advertía sobre la inviabilidad de la lógica capitalista y su responsabilidad en lo que está aconteciendo. Siglos atrás la “peste negra” o “peste bubónica” fue el inicio del fin del feudalismo, como modelo de organización económica y social. De esa crisis fue emergiendo el capitalismo que llega hasta nuestros días.

Estamos asistiendo a un progresivo desplazamiento del poder mundial. Vemos como el –históricamente- corto tiempo de predominio del imperialismo norteamericano está siendo reemplazado por la milenaria tradición imperial China. Ello agrava las tensiones existentes, al punto tal que podemos decir que estamos ingresando en una nueva “Guerra Fría”.




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