¿Qué implica que los medios de comunicación de la Ciudad de Buenos Aires sean tomados como si fueran nacionales?

Por Juan Pascual – Abr 22, 2021

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El rol del Estado a la hora de poner a todo el país bajo la sombra de los porteños: un análisis detallado del reparto de la pauta oficial, la menos federal de las líneas del presupuesto.

Primera marcha del macrismo, el 18 de diciembre de 2019

Mientras todo el país ve por el noticiero las idas y vueltas epidemiológicas, educativas y judiciales de la Ciudad de Buenos Aires, en nuestra ciudad, Santa Fe, el director del principal hospital propone la apertura de tiendas de campaña en el campito del Liceo Militar que tiene enfrente. Necesita lugar para atender a los enfermos de coronavirus, como en una peli de guerra.

La miserable imagen que la dirigencia proyecta con el escándalo de la Ciudad de Buenos Aires también oculta que crisis sanitarias de igual dimensión están sucediendo, o están a punto de suceder, en buena parte de las ciudades más grandes del país. Al ritmo de los hechos, los agrupamientos de madres y padres organizados por Juntos por el Cambio a fines de 2020 se clonan a partir del modelo central, lo mismo sucedió con los runners y las aperturas de bares en plena primer ola, el año pasado.

Y con toda la razón: durante 2020, el dueño de un bar de Candioti sufría en su cierre de cuarentena al ver cómo al mismo tiempo el vicejefe porteño se tomaba un cafecito para las cámaras.

¿Ah, no sabés qué es Candioti? Mirá vos, che. Yo sí sé qué es plaza Serrano. Abrite un paquete de masitas de agua, salvaje unitario, y seguí esta larga y apasionante historia.

Las cajas

Si los medios nacionales existieran, el tema central de la pandemia hubiera sido, sin excepción, cómo la falta de controles en el Área Metropolitana de Buenos Aires terminó irradiando la pandemia por todo el país en 2020 y 2021. Del virus hasta se sabe cómo avanza hacia el interior y por qué rutas. Pero en Argentina no hay medios nacionales. Ninguno, ni siquiera la TV Pública. Sí hay medios de comunicación de la Ciudad de Buenos Aires, financiados principalmente por pauta publicitaria del Estado nacional, que proyectan en todo el país una realidad municipal como si fuera un debate de todos.

El ruinoso manejo de la pandemia en la Ciudad de Buenos Aires gobernada por Horacio Rodríguez Larreta no llegó a ser noticia continua a nivel nacional hasta estos días por la misma razón por la que ves todos los días en tu pantalla el estado del subte o circunstancias como un robo en Villa Soldati o un corte de luz en Caballito. En la Ciudad de Buenos Aires se concentra el grueso de los medios de comunicación del país, que fungen como medios nacionales cuando en realidad son tan locales como El Once TV, Mendoza Post o Pausa. La única diferencia es que poseen base material para apropiarse simbólicamente de todo el país y producir esa charada, que todo provinciano padece y rumia hasta la indignación cuando lee titulares como “Perdió Boca 2 a 0”.

A nuestras noticias nacionales las producen medios muy locales, cuya concentración en Buenos Aires es proporcional a la caja de dinero que reciben desde el inicio de los tiempos. Y hoy la mayor caja, en tiempos de publicidad privada en redes sociales, es la de la pauta oficial, en sus diferentes niveles.

La billetera más gorda es la del Ejecutivo nacional y, también, es la de menor reparto federal. Luego vienen billeteras más chicas, las de las provincias y los municipios. La desproporción entre el dinero gastado por la Nación en medios de la Ciudad de Buenos Aires –en comparación las otras provincias– se apalanca, además, con la caja que provee la Ciudad de Buenos Aires. Mientras que todos los medios de comunicación del país pugnan por alcanzar fondos de las provincias y de los municipios, en la Ciudad de Buenos Aires pueden alcanzar doblemente fondos de nivel provincial, por la provincia de Buenos Aires en sí y, también, por la Ciudad. En el resto del país, los medios llegan a fondos provinciales y de municipios, que están un escalón más abajo.

En consecuencia, los medios locales de la Ciudad de Buenos Aires tienen un potencial de alcance nacional al que los medios del país ni siquiera pueden aspirar. No se trata ya de la infraestructura heredada, producto de décadas de asimetrías, sino del flujo de ingresos mismo, que reproduce y agiganta la brecha.

Suele utilizarse como justificación que los medios de la Ciudad de Buenos Aires reciben más pauta porque son, en verdad, medios nacionales. Lo serán por su infraestructura, no por sus contenidos.

Choque en Libertador

Todas las mañanas de nuestras vidas todos los argentinos nos levantamos conociendo cómo fluye el tránsito en la General Paz y cuál es el “estado del subte”. Después, nos detallan el clima del día para todo el país y el de toda la semana para el Obelisco. Esas mínimas informaciones son claves para definir que los medios de la Ciudad de Buenos Aires son medios locales con alcance nacional, porque se trata del nivel más básico de la información, el del servicio. Y también son claves de una forma más subterránea y sórdida: te ubican al toque respecto de cuál es el territorio que sí tiene relevancia nacional.

Después, está lo que se expone como noticia. Tardes o mañanas enteras siguiendo hechos puntuales de la Ciudad de Buenos Aires, como un corte de luz en Caballito, alguna inundación por lluvia, un robo en Palermo, una pérdida de gas en Liniers, el frío de los estudiantes en las escuelas sin calefactor. Hechos que suceden también todos los días en todas las ciudades del país.

A veces, se expone como noticia algo que sucede en los ranchos. Tiene que ser de una magnitud devastadora o bien debe satisfacer algún interés político puntual de tirios o troyanos. Entonces, vemos a los movileros cruzar la frontera y actuar como Lucio Victorio Mansilla aventurándose entre los ranqueles. No pegan nunca una, regularmente desconocen en qué lugar están y hasta en sus caras dejan ver el malestar que les produce el viaje. Cuando no, llaman por teléfono a algún periodista local y lo hacen trabajar gratis a cambio de la zanahoria de salir para todo el país. Desde caducas epistemologías, observan siempre un telúrico atraso cultural que suelen compadecer desde su iluminada urbanidad a través de vagas ideas como la de autenticidad o conceptos más atávicos, folklóricos. Allá se come pescado, allá andan en alpargatas, allá no saben votar.

Lo que no se expone como noticia también es otro nivel. Todo el humedal del Paraná estuvo en llamas durante meses en 2020. El hecho fue un tema eventual en los medios de la Ciudad de Buenos Aires. Ni siquiera hay que ser ambientalista para preocuparse por la cuestión, decenas de ciudades pasaron semanas y semanas en el humo, mientras veían en sus pantallas alguna cobertura de vez en cuando. El exacto reverso de la indignación por los tres o cuatro días de humo en 2008, cuando al ruralismo se le ocurrió incendiar las islas del delta del Paraná. En 2013 hubo un paro policial en casi todo el país, en la Ciudad de Buenos Aires la portada de Clarín fue la de la presidenta bailando y la cobertura general fue escasa e incidental. Se le dio satisfacción al morbo, porque había mucho para darle de comer, pero de reflexión política sobre el tema, poco y nada. Entonces, dos años después los analistas progresistas quedaron pintados ante el 70% de voto macrista en Córdoba, ciudad donde universitarios en camisa desaforados del terror salieron como horda a apalear pobres en ciclomotor durante las noches de calles liberadas. Hubo que esperar hasta 2020 para que los escribas porteños finalmente descubrieran que las capas bajas de la policía son un nuevo sujeto social desde hace rato, que tienen dirección política, que forman parte de la larga marcha de ascenso de la derecha y que pueden poner en crisis a la democracia en cualquier momento, porque se perciben por fuera –por excluidos y por tener otro horizonte– del orden actual.

Por último, la concentración de medios produce un vínculo de una sola dirección con las cuestiones simbólicas de la Ciudad de Buenos Aires. No tenemos la más mínima idea de qué pasa al lado. Los medios de provincias desconocen casi todo de las otras provincias, excepto que se publiquen bajo la letra paternal del centro.

De la Rúa, Macri, Larreta y la Ñ

Como en las noticias sobre los hechos circunstanciales de la Ciudad de Buenos Aires y sus alrededores, hay un nivel de construcción simbólica, más profundo y viscoso, que tampoco pueden evitar los medios de esa ciudad. Acá en las dependencias, uno cree que pueblo es sólo el lugar en el que se vive, pero los fenómenos de endogamia y elitismo se dan en todas partes.

Puede ser que el dueño de esa editorial boutique haya ido a El Colegio con el editor del suplemento cultural y con la investigadora de El Germani y la novel artista que llegó al Malba. A fuerza de traducciones y publicaciones periodísticas celebratorias, el resultado de esas amistades adolescentes es el cambio de la mayor parte de los programas de alguna cátedra de Ciencias Sociales a lo largo y ancho del país. Así, autores marxistas filo cristianos de Italia terminan en la boca de un JTP rosarino explicándole cuál es la potencia inmanente de la autogestión a los curiosos y humanistas hijos con departamento propio, renta y herencia de los cooperativistas agrarios argentinos.

Los medios de comunicación son la base del iceberg de la toda la industria cultural.

Nacionales en su infraestructura y locales en sus contenidos, los medios de Buenos Aires no pueden evitar proyectar a todo el país sus temas y figurones. Intelectuales, artistas, personajes, frívolos y frívolas de la gran ciudad se vuelven automáticas referencias en la Patagonia y la Puna. ¿Por qué prácticamente todas las ficciones de alcance nacional y horario central tienen los problemas, las alegrías, los lugares, la música y los cuerpos de les porteñes?

En esa proyección continua, van incluidos los políticos. No importa cuál sea el signo del intendente de Buenos Aires, frente a su presencia los periodistas de Buenos Aires actúan como cualquier medio provinciano ante uno de sus aportantes principales.

¿Les van a rematar lo que les queda de la Costanera? Qué bajón. No saben cuánta tierra pública urbana de todo el país pasó y pasa por procesos similares. La diferencia es que, cuando logramos detener ese tipo de avances no tenemos un eco nacional para que se use la palabra “histórico”. Y cuando somos derrotados, tampoco queda impresa la injusticia en los textos de la nación.

¿Por qué todo el país conoce el término subtrenmetrocleta? ¿En qué nos resultan relevantes sus cositas municipales? La segunda billetera en importancia de los medios que se presentan como nacionales es una billetera de temas municipales con el tamaño de una billetera provincial, por obra y gracia de un engendro constitucional que le dio rango de cuasi provincia, con diputados y senadores propios, a lo que no es más que una localidad de la provincia de Buenos Aires.

De ese modo, siempre el intendente y los concejales de esa ciudad van a ser referencias nacionales de algo, gracias a su aporte en pauta pero, sobre todo, gracias al aporte de la pauta nacional, que es la que genera y generó la asimetría estructural con el resto del país. Los temas municipales pueden llegar a estar en disputa, nunca la proyección nacional. Al intendente se le pueden discutir las veredas, al Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y sus legisladores no se le discute que su distrito desde el inicio de la pandemia, con datos evidentes y públicos, fue el foco de coronavirus que más irradió e irradia a todo el país, con una tasa de mortalidad superior a la de los lugares más estallados del mundo, y que todas y cada una de sus políticas fueron un desastre, desde la flexibilización continua en 2020 hasta la presencialidad escolar en 2021, coincidentes ambas con las subas de casos.

No es una valoración, es una descripción. Cualquier medio porteño se juega buena parte de su financiamiento si pone blanco sobre negro en ese tema. La condición simbólica estructural para la proyección nacional de Fernando De la Rúa o Mauricio Macri –o de diputadas provinciales como nuestra Amalia Granata– es la misma que hoy explica el blindaje de Rodríguez Larreta. Lo triste es que esa estructura y esta coyuntura se sustente con la billetera de la pauta nacional, hoy en manos de Fernández.

¿Y es para tanto?

El Estado nacional pone plata en medios que producen contenidos propios y en canales como las redes sociales o la cartelería en vía pública. Para analizar la relación entre la pauta y la proyección de la sombra simbólica de la Ciudad de Buenos Aires sobre el país, omitimos tanto las redes como la cartelería en el análisis. El total de la pauta pagada por el Estado nacional en 2020 fue de $4.704.106.866. Casi cinco mil millones de pesos. En medios que producen contenidos aparte de pasar publicidades, la inversión del Estado nacional fue de $3.964.313.519. Algunos de esos medios no son argentinos. Los nacionales recibieron $3.955.440.200.

De todos los modos posibles de observar cómo se distribuye la pauta oficial, el más ajustado a nuestro problema es el del cálculo de la pauta pagada en medios que producen contenidos de acuerdo al distrito donde se localizan esos medios. Es decir, la cantidad de pauta pagada por habitante, en cada distrito, y reproducida en los medios de esos distritos. Se parte de la suposición de que cada habitante del país debería valer lo mismo, como audiencia, para el Estado nacional y que los medios de cada distrito son los mejores productores de contenidos para los habitantes de cada distrito. Se revela, en verdad, con qué se sostiene la ficción de que los medios, temas y personas de la Ciudad de Buenos Aires representan a la nación.

En medios de comunicación que producen contenidos en la Ciudad de Buenos Aires, el Estado nacional invierte el equivalente a 953 pesos por habitante de ese distrito. Muy detrás viene Tierra del Fuego, con 170 pesos por habitante. En Santa Fe, el Estado nacional invierte 31 pesos por habitante. La audiencia más relegada por el Estado nacional es la de la provincia de Buenos Aires, donde pone 10 pesos por habitante.

Se puede conceder que los medios de la TV abierta sí son nacionales, algo que sabemos es completamente falso. Hasta los invitados a los concursos son de la Ciudad de Buenos Aires. En ese caso, el Estado nacional invierte 679 pesos por habitante en medios gráficos, web, de cable y radios AM y FM de la Ciudad de Buenos Aires.

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Por cantidad de medios también se revela la asimetría. Hay 2143 medios en todo el país que reciben pauta nacional, 490 son de la Ciudad de Buenos Aires. En la provincia, son 617. Ambas explican casi la mitad de los medios que reciben pauta nacional. Será que al resto del país no llegaron “las nuevas tecnologías”.

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Otro modo de mirar esa asimetría es observar cuánto recibe en promedio cada medio de cada provincia. Contando la TV abierta, se distribuyen en promedio $5.984.696 anuales en los 490 medios de la Ciudad de Buenos Aires; sin la TV abierta esa cifra baja a $4.316.148 por medio. Luego vienen los 29 medios de Tucumán, que reciben, en promedio, $1.338.408 cada uno. Algo así como cinco o cuatro veces menos, según como se compare. El promedio de pauta por medio en Santa Fe es de $905.606.

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¿Y por qué no observar qué peso tiene el mayor grupo de medios de Argentina? Clarín está radicado en la Ciudad de Buenos Aires. Sólo considerando sus cinco mayores buques –Canal 13 Artear, Clarín papel y web, TN y Radio Mitre–, el grupo Clarín es la segunda provincia del país en cantidad de dinero recibido después de la Ciudad de Buenos Aires.

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Por definición, una página web tiene alcance nacional. Sin embargo, eso sólo es posible si la web está en la Ciudad de Buenos Aires, dado que a los ranchos no debe haber llegado ni la luz. No la necesitamos, los bárbaros gozamos de vivir en lo oscuro.

El Estado nacional pone publicidad en 646 páginas web de nuestro país, 277 son la de Ciudad de Buenos Aires, 202 de la provincia. En Santa Fe, 22 páginas web reciben pauta nacional.

Más concentrados todavía son los montos que recibe la Ciudad de Buenos Aires. Esas 277 páginas web reciben más de 436 millones de pesos. Es el 78% del presupuesto destinado a web.

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Entre otras webs de la Ciudad de Buenos Aires, hay sitios de nivel estrictamente barrial que reciben pauta nacional. Uno no se quiere meter en el trabajo de los demás, pero hasta un evidente curro de Willy Kohan recibió guita (somosnosotros.net, unas 84 lucardas). Ese desequilibrio desde Santiago del Estero podría interpretarse como un simple insulto: en toda esa provincia una sola página web tiene pauta, elliberal.com.ar

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Cabecitas al noticiero

En la portada de un libro sobre los nuevos desafíos del periodismo, Periodismo instrucciones de uso, se ve el listado de autores que contribuyeron con sus ensayos. Hay académicos notables, periodistas que son muy rigurosos en su labor. Pero ninguno tiene a un medio del interior como principal trabajo. ¿De qué “profesión en crisis” estarán hablando?

¿Qué otra Argentina podríamos estar contando? ¿Cuáles son las otras caras que pueden conducir noticieros y las otras tonadas que podrían oírse en el dial?

Otras historias de argentina. Otras caras. Otros centros. La imagen de Argentina para los argentinos no es un problema menor. No somos una señora de Palermo que repica una cacerola, pero es realmente muy difícil no creer que sí lo somos o que podemos hablar por nuestra voz y no a través de la de ella. Y muchísimo más difícil es discutir con el clon de esa señora. En todo el país los medios locales son referencias directas de servicios e información local. Son efectivamente lo que más se escucha y lee. Pero el peso de los medios de la Ciudad de Buenos Aires pega en las agendas y, entonces, hablamos de sus problemas de seguridad urbana como si fueran los nuestros, de sus aumentos de transporte como si fueran los nuestros, de su forma de tratar la pandemia como si fuera la deseable para todos, más allá de que sea la peor de todas.

Hace rato que hay grupos de medios del interior que podrían saltar a otra liga de contar con el apoyo. Cadena 3 es un ejemplo y, por qué no, también Aire de Santa Fe. La pauta oficial no sólo es uno de los canales de difusión de la actividad de gobierno, también debería ser uno de los modos de fomentar la pluralidad de voces y las industrias culturales de forma federal. No tengo pruebas porque no tengo ganas de buscarlas, pero tampoco tengo dudas de que probablemente la línea de la pauta oficial sea la menos federal de todo el presupuesto. Así es como todos los argentinos que no vivimos cerca del Obelisco pagamos para seguir siendo felices con nuestra imagen diaria de subalternos de la patria.



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