EL ÁRBOL DE DECISIONES: LA VIDA O LA MUERTE

por Lic. José María Caracuel

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Hace ya unos cuantos años, una empresa en la que trabajaba me incluyó en un plan de capacitación para el desempeño en tareas con alguna responsabilidad.

En uno de los cursos nos dieron un esquema de trabajo para la toma de decisiones, que me vino a la memoria y comparto con ustedes a propósito de hechos de actualidad.

Básicamente los elementos a poner en juego para llegar a una medida adecuada eran: posicionarse en la situación, presentar todas las opciones posibles, considerar que puede haber otras que ignoramos, estudiar detenidamente todas, entre ellas  estimar que es lo peor que puede pasar si nos equivocamos, y luego determinar cuál podría ser la mejor.

Creo que por este aprendizaje pasamos varios miles de personas que deben tomar decisiones de mayor o menor importancia, incluyendo trabajadores de variados ámbitos, funcionarios y políticos. De donde puede desprenderse que previo a tomar una acción determinada se desarrollaron estos pasos.

Respecto al tema inmediato de aglomerar a niños y niñas ¿cómo se aplicaría el método mencionado?

Primero, posicionarse en la situación; las posibilidades de contagio aumentan en enormes proporciones durante el desplazamiento  y la concentración de personas, es un hecho que no puede negarse.

Segundo, presentar todas las opciones que tengamos. Una puede ser disminuir al máximo la circulación y congregación de niños, padres, docentes, no docentes, transportistas y todas las personas relacionadas, instrumentar la instrucción de manera remota y sólo por un lapso acotado. Otra posibilidad es ignorar la posición real y manejar el desplazamiento y las reuniones controlando condiciones apropiadas de seguridad.

Puede haber otras que se desconocen por lo que deben consultarse entidades autorizadas en los temas, como por ejemplo especialistas de temas de salud, pandemia, etc. No abogados, comunicadores ni gente interesada en favorecer algún sector.

Siguiendo el esquema propuesto, con estos elementos a la vista debe pensarse que es lo peor que puede pasar. Y sin duda la respuesta es: lo peor que puede pasar es el contagio y la muerte de niños y personas alcanzadas por la decisión tomada.

Este esquema del árbol de decisiones lo conoce muy bien cualquier funcionario oficialista, de la oposición, de China, de Mónaco, de CABA o de donde quiera que sea y se está aplicando desde la Revolución Industrial de 1850 hasta la fecha.

Continuando con el diseño de la toma de decisiones, el paso siguiente es determinar la mejor acción a seguir:

  1. Habiendo analizado las condiciones objetivas de la situación
  2. Habiendo evaluado todas las posibles acciones
  3. Habiendo pedido el asesoramiento autorizado acerca de lo que puede haberse omitido
  4. Habiendo considerado las peores consecuencias posibles de una acción errónea
  5. Se concluye que la mejor decisión para… (la comunidad, la empresa, los niños, etc.) es la siguiente…

Lo dejamos acá librado a la responsabilidad de los que deben tomar la decisión, ¿Preservar la salud o defender intereses políticos? ¿Optar por incrementar las posibilidades de vida o de la muerte?

NO HAY OTRA COSA QUE ESTO.

Por último una reflexión de Ernest  Wood, desde el campo de la filosofía: “Para tomar una decisión entre dos posibilidades debe evaluarse con cuál de las dos se hace más bien”

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