Vivir en las Calles       Informe de Casa Alianza (Honduras) Centroamérica

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Se estima que 100 millones de niños y niñas viven y trabajan en las calles de las ciudades del mundo en desarrollo. De ésos, 40 millones están en América Latina.

La mayoría de los niños y niñas en las calles (el 75%) tienen algunos vínculos familiares, pero pasan la mayor parte de sus vidas en las calles mendigando, vendiendo baratijas, lustrando zapatos o lavando autos para complementar los ingresos de sus familias. Es raro que alguno o alguna de ellos haya pasado del cuarto grado en la escuela.

El 25% restante vive en las calles, frecuentemente en grupos que forman con otros niños y niñas. Son conocidos como "niños y niñas de la calle". Duermen en edificios abandonados, debajo de puentes, en portales, en parques públicos, en alcantarillas, en mercados...

Con frecuencia recurren a pequeños hurtos y a la prostitución para sobrevivir. La mayoría son adictos a inhalantes, tales como el pegamento de zapatero o los solventes industriales, que les ofrecen un escape de la realidad y se lleva lejos su hambre - a cambio de dar hospedaje a problemas físicos y psicológicos que incluyen alucinaciones, parálisis y/o falta de coordinación motora, edemas pulmonares, fallos en los riñones y daños cerebrales irreversibles.

Muchos son víctimas de abusos, llegando a ser asesinados en ocasiones, muchas veces por la propia policía y otras autoridades que supuestamente deberían protegerlos, otras por civiles.

El abuso físico, emocional y sexual por parte de sus padres (con frecuencia padrastros) son las razones más comunes de por qué un niño o niña abandona su familia. Psicólogos y trabajadores sociales se refieren a este problema como "desintegración familiar" - la ruptura del núcleo familiar.

En Guatemala, cerca del 70 % de la población vive en extrema pobreza, lo que significa que no pueden satisfacer de manera periódica sus necesidades básicas de comida y refugio. En Honduras, el 80 % vive en extrema pobreza. En Ciudad de México, la ciudad más poblada del mundo, se estima que 3 de cada 10 niños luchan por sobrevivir en las calles.

A lo largo de América Latina, millones de niños y niñas han nacido en barrios y colonias marginales que crecieron rápidamente en la periferia de las grandes ciudades en los últimos 30 años, como resultado de la rápida urbanización y de la ausencia de políticas de reformas agrícolas.

En Guatemala, el 2 % de la población posee el 80 % de la economía agrícola: la tierra cultivable.

Víctimas de la guerra civil y de sus secuelas y otras dinámicas sociales violentas, los niños y niñas que tomaron las calles son vistos por algunos psicólogos sociales como adaptaciones funcionales a lo que serían situaciones insostenibles en su hogar.

El fenómeno social de los niños y niñas de la calle está aumentando en la misma proporción que lo hace la población del tercer mundo. De hecho, la mayor generación de niños que haya nacido jamás lo hará en esta década. Se espera que 4 de cada diez habitantes de las ciudades tenga menos de 18 años para el año 2000. Y se prevé que este número se incremente en 6 de cada diez para el 2025.

Un estudio hecho con 143 niños y niñas de la calle guatemaltecos en 1991, dirigido por el Centro de Orientación, Diagnóstico y Tratamiento de Enfermedades de Transmisión Sexual y Casa Alianza, informó que:

 

La incidencia de la infección de VIH entre los niños y niñas de la calle está creciendo. La Crónica de Houston informó que de entre los 121 niños y niñas de la calle mexicanos a los que se les hizo la prueba del VIH en 1988, cerca del 7% eran seropositivos. La Agencia de SIDA del gobierno mexicano declaró que esos casos eran sólo "la punta del iceberg" entre los dos millones de niños que se estima que están deambulando o viviendo en las calles de la Ciudad de México. El programa del gobierno para hacer la prueba del VIH a niños y niñas de la calle fue parado, ya que podría ofrecer muy pocos servicios una vez que todos los casos de seropositivos detectados se hubieran desarrollado.

Muchos dirigentes de Organizaciones Internacionales No Gubernamentales de Desarrollo y Bienestar Para la Infancia ven el problema de los niños y niñas de la calle como un síntoma del gran desequilibrio en la distribución de recursos a nivel global. El último director ejecutivo de UNICEF, James Grant, expuso: "Se pueden dibujar líneas de causalidad conectando a los niños y niñas de la calle con el sistema económico internacional que ha acelerado el empobrecimiento y retrasado el desarrollo en gran parte del Tercer Mundo".

UNICEF informó que entre 1960 y 1989, los países con el 20 % de la población más rica del mundo incrementaron su parte del Producto Nacional Bruto de 76.2 a 82.7 %. Los países con el Producto Nacional Bruto más pobre vieron caer su parte del 2.3 al 1.4%.

Aunque Casa Alianza reconoce que la pobreza y el desequilibrio económico mundial generan y contribuyen al sufrimiento de los niños y niñas de la calle, la organización ha escogido orientar sus recursos en ofrecer a estos niños y niñas la opción de mejorar sus vidas a través de proporcionarles un refugio donde acuden voluntariamente, servicios de rehabilitación, formación vocacional y ayuda legal. Casa Alianza también ha trabajado con Amnistía Internacional, la OMCT y otras organizaciones de derechos humanos, y con individuos de todo el mundo que apoyan la causa de los niños y niñas de la calle

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