Un libro cubano que desató el escándalo en Miami

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Por Arturo Loza, prensa CTA Buenos Aires. El prestigioso periodista cubano Luis Baez llegó a nuestro país para presentar “Los Disidentes”, un libro testimonial que en Cuba agotó 50.000 ejemplares a las pocas horas de salir a la venta, y que en Miami desató un gran escándalo por las irrefutables pruebas que ofrece sobre la directa intervención de Washington en el financiamiento y organización de grupos “opositores” dentro de la isla.

“Los Disidentes”, realización de Baez junto a la joven periodista Miriam Elizalde, es una obra sin antecedentes: recoge ochenta horas de entrevistas a doce agentes de la Seguridad del Estado de Cuba que durante varios años estuvieron infiltrados entre la “disidencia interna”, e incluye un centenar de documentos, reseñas de las organizaciones y personajes contrarios al gobierno revolucionario, todo lo cual prueba como esos grupos son organizados, financiados y propagandizados por el gobierno de los Estados Unidos, y particularmente por su Sección de Intereses de Norteamerica (SINA) cuya sede está en La Habana.

La contundencia de documentos y revelaciones ha hecho que ni Washington, ni las organizaciones contrarrevolucionarias de exiliados, hayan podido refutar ni una sola de las revelaciones. Es más, funcionarios norteamericanos han quedado en desairada situación al revelarse en uno de los testimonios que fue un agente cubano infiltrado –el agente Ernesto– el autor del informe que Washington presentó como suyo en Ginebra, año 2002, para fundamentar la violación de derechos humanos en la isla.
“Nadie está preso en Cuba por sus ideas –señaló Luis Baez al presentar su libro en Buenos Aires–, están condenados por servir de agentes a una potencia extranjera”. Y preguntó luego: “¿Qué ocurriría en Estados Unidos si cualquier misión diplomática se dedicara a emplear a ciudadanos de ese país en labores de desestabilización del gobierno legalmente constituido?”.

Luis Baez es un veterano y muy conocido periodista cubano, fue en su juventud corresponsal de guerra en Playa Girón y escribió más de una docena de libros sin cuya lectura –al decir de Felipe Pérez Roque, que hizo el prólogo de “Los Disidentes”– sería imposible hacer la historia de la Revolución Cubana.
El libro presentado estará a la venta en la próxima Feria del Libro en Buenos Aires.

Los Disidentes es exactamente un libro apegado al periodismo de urgencia. La idea surgió poco después que el ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Felipe Pérez Roque, diera cuenta en conferencia de prensa qué razones que tuvo nuestro Gobierno para juzgar como mercenarios a quienes durante años colaboraron con los servicios norteamericanos y los grupos terroristas afincados, básicamente, en Miami.

En ese encuentro, el Canciller dio a conocer que varios de nuestros infiltrados habían testificado en los juicios, y que las pruebas que disponía Cuba eran irrebatibles.

Una semana después estábamos frente a los nueve agentes y dos colaboradores que se habían presentado ante los tribunales, luego de haber convivido durante años en las filas de la "oposición", "disidencia interna" o "independientes", como suelen ser llamados en todo el mundo, sin un asomo de duda.

No les vamos a contar el libro a nuestros lectores. El entramado de las historias y las voces de estos hombres y mujeres confirman quiénes son en verdad los se dedican al juego de la "oposición" en la Isla: rehenes del grupo mafioso de Miami e impúdicos asalariados de la Sección de Intereses de Estados Unidos, cuyos funcionarios, aún cuando les abrían sus casas y sus despensas -tal vez por eso mismo-, los tratan con feroz desprecio. ¿Qué es sino un insulto promover rebatiñas por los regalos en las dependencias oficiales de la SINA? ¿Y otorgar visas a cambio de avales de comportamiento contrarrevolucionario?

Anécdotas al respecto encontrarán de sobra. A pesar de que trabajamos durante jornadas agotadoras, a veces buscando detalles aparentemente nimios, los 11 entrevistados mantuvieron no solo una extraordinaria disposición al diálogo, que fuimos grabando y transcribiendo prácticamente de manera simultánea, sino que nos facilitaron buena parte de la documentación que presenta este libro.

Con paciencia, nos ayudaron a identificar, entre la selva de fotografías y papeles, a los personajes que desfilan por estas páginas. La mayoría de las imágenes de las fiestas y reuniones de los "disidentes" fueron tomadas por ellos y tienen un valor documental inapreciable.

Muchos se conocían en el ambiente de la “disidencia”. Algunos tenían buenas relaciones, otros eran rivales en grupos que peleaban continuamente entre sí. Ninguno sabía que en realidad estaban en el mismo bando, y descubrirlo fue tal vez el momento más emotivo de un proceso en el que hubo todo tipo de sentimientos: desde quienes hubieran preferido seguir en las sombras, porque estaban en el mejor momento de su trabajo como agentes –es el caso de Orrio, Aleida y Odilia-, hasta el que añoraba el reposado descanso entre los suyos –Baguer.

Lo común para todos fue la relación con sus oficiales, entrañable, profunda. Los oficiales del MININT –la sombra de la sombra-  fueron quienes armaron la extraordinaria telaraña que finalmente ha permitido conocer la verdad, sin que el enemigo haya sospechado cuan vulnerables eran -y son- al amparo del águila.  

Tiene una memoria prodigiosa, entrenada en media vida dedicada a los azares conspirativos. Recuerda puntualmente fechas, documentos, la indumentaria, los nombres completos de las personas que conoció en los llamados “grupos opositores” cubanos y de los funcionarios norteamericanos que la distinguían entre los habituales de la residencia oficial de la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana.

Hay cientos de páginas en Internet dedicadas a la disidente Aleida Godínez Soler, a sus despachos noticiosos, a sus declaraciones desde La Habana, a su larga y activa trayectoria contrarrevolucionaria. En la página www.terrorismcentral.com, delDepartamento de Estado norteamericano,  aparecen notas como estas:  “La primera Conferencia Nacional de la Confederación de Trabajadores Independientes –dice- fue efectuada en la casa de la activa opositora y periodista independiente  Aleida Godínez...  En el documento que ellos elaboraron, la Declaración de septiembre, criticaron las violaciones de los derechos de los trabajadores a cargo de la CTC, una organización comunista, miembro de la pro soviética  Federación Sindical Mundial”.

Sin embargo, son escuetos los antecedentes reales de que disponemos para entrevistar a esta mujer poco después de los juicios contra los “disidentes”, sus ex compañeros. Solo sabemos que es la agente Vilma de los Órganos de la Seguridad del Estado y que es hija de obreros. Su madre fue fichada durante la dictadura de Batista por el Buró Represivo de Actividades Anticomunistas, y cuando se lo comentamos, sonríe con tristeza. Mucho hizo sufrir la hija “contrarrevolucionaria” a la madre perseguida por el siniestro BRAC.

AGENTE VILMA

¿Cómo empezó todo?

-Por casualidad. Determinadas circunstancias favorecieron que me vinculara a un contrarrevolucionario en el año 1991, el primer activista de los Derechos Humanos que hubo en la provincia de Ciego de Ávila, la ciudad donde nací. Él me habló de la existencia del Comité Cubano Pro Derechos Humanos, que dirigía y dirige en la actualidad Gustavo Arcos Bergnes. 

¿Cómo se llama ese señor que la vinculó al grupo de Arcos Bergnes?

Mario Fernández.

¿Quién es?

Un jubilado. Un hombre ya mayor que me “convenció” para que integrara las filas del Comité, cosa que hice en enero de 1992.

¿Qué había hecho él antes?

Realmente siempre tuvo un historial contrarrevolucionario. Era una persona que no comulgaba con los principios de la Revolución  y había estado bastante tiempo sin trabajar.

¿Dónde vivía?

En Ciego de Ávila.  En la calle Independencia, entre 10 y 11, en el reparto Vista Alegre. 

¿Y por qué se acerca a usted? 

Yo trabajaba en la Empresa de Materiales de la Construcción de Ciego de Ávila, y la calle Independencia era mi camino para el trabajo. Todos los días tenía que pasar por allí y nos saludábamos, intercambiábamos algunas palabras y un buen día me habló directamente del asunto... 

¿Cómo fue eso?

Era un individuo de características muy singulares. No se medía para hablar, todo lo decía en voz alta sin ningún tipo de preocupaciones. Me hablaba de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y de cómo se violaban en Cuba, así sin ningún pudor. Viendo por donde venía el hombre, fui a ver a un oficial del MININT y le comenté lo que estaba pasando...

¿Usted fue así, sin más, a ver a un oficial cualquiera?

No.  Ya había colaborado desde mucho antes. Mi primer contacto con la Seguridad del Estado data del 21 de octubre de 1979, siendo estudiante. Me gradué de Economía en 1988 y por la fecha en que me encuentro con este hombre, estaba haciendo los trámites para   empezar la Facultad de Derecho en la enseñanza dirigida. 

Le dieron luz verde...

Sí. Acepté entonces conversar con él, para ver qué quería, cuáles eran sus intereses. Y así, de este modo, comencé de cero penetrando a este hombre.  Cuando vimos que aquello podía marchar en serio, dejé de trabajar en mi empresa y a comportarme como una contrarrevolucionaria.

¿Qué hacía  en la empresa?

Fui especialista en la Organización del Trabajo y los Salarios, hasta diciembre de 1991, cuando Mario Fernández me vincula a los cabecillas del denominado Comité Cubano Pro Derechos Humanos. A través de él conocí a un hombre que reside desde marzo del 94 en Miami y desde allí ha continuado trabajando para esta organización.

¿Cuál es su nombre?

Felipe Alexis Morejón. 

¿Y qué cargo ocupaba él?

El delegado del Comité Cubano Pro-Derechos Humanos en Ciego de Ávila. A través de Felipe conocí al contrarrevolucionario nombrado Rodolfo Santos, fotógrafo de profesión, quien trabajaba de manera independiente. La Seguridad había elaborado un plan para que, a partir de conocer a esta gente, viajara a La Habana y tratara de establecer contacto con varios contrarrevolucionarios, entre ellos Vilma Fernández Batista  y Pablo Reyes Martínez, de la Unión Cívica Cubana, una organización que desapareció después con el tiempo cuando ambos salieron del país.  Ese viaje finalmente se da y ella  favoreció mi primer contacto directo con Radio Martí. Cuando regresé a Ciego de Ávila, ya tenía patente de contrarrevolucionaria y mi primer “trofeo de guerra...”

¿Cómo fue ese contacto con Radio Martí?

La cosa más fatua, más tonta del mundo. Vilma dijo: “aquí tengo un activista que te quiere dar informaciones”, y de inmediato ya Radio Martí te está llamando, encantada con lo que le “reportes”, sin verificar lo más mínimo, qué hay de verdad o de mentira en lo que estás diciendo al aire.

¿Recuerda con quién habló usted  en esa emisora?

¡Cómo no me voy a acordar! Hablé con Juana Isa. Regresé a Ciego de Ávila  convertida en la vocera del Comité Cubano Pro-Derechos Humanos en Ciego de Ávila. Estuve así un buen tiempo. Cuando se produjeron los cortes telefónicos con Estados Unidos a principio de los 90, entonces hizo contacto conmigo un cubano que reside en Canadá, Antonio Tang Báez. Él propiciaba las conexiones con Radio Martí, con la Voz del CID que dirige Hubert Matos y con la Cubanísima. Este hombre llamaba desde Montreal, hacía un by pass y nos ponía al habla con Tomás Madrigal, de la emisora Cuba Independiente y Democrática. Otras veces con la propia Juana Isa. 

Antonio Tang Báez

Nació en Ciego de Ávila, cocinero de profesión y vive en Montreal, Canadá. Desertó en septiembre de 1981 en Canadá,  en ocasión de una gira turística por países del campo socialista.

 En Cuba trabajaba como jefe de Fuerza de Trabajo y Salario en el sectorial provincial de Salud Pública en su ciudad natal. El 14 de julio de 1985 aparece publicado en el diario Journal de Montreal un artículo del periodista Michel Rousseau, donde lo vinculan a las actividades de Alpha 66 contra el turismo canadiense.

 Ese mismo año había participado en el diseño de un plan de atentado contra Fidel Castro organizado por Alpha 66.Se muestra partidario de la realización de acciones violentas.  En uno de sus frecuentes viajes a Miami recibió entrenamiento militar para actividades terroristas.

 Mantiene vínculos sistemáticos con algunos miembros de grupúsculos contrarrevolucionarios. Actuó como intermediario entre Elizardo Sampedro Marín y el dirigente de la organización contrarrevolucionaria Alpha-66,  Andrés Nazario Sargén.

En febrero del 2001 Nazario Sargén le orientó a Sampedro Marín ejecutar acciones contra dirigentes de los grupúsculos catalogados por esa organización como dialogueros.

En concreto, le ordenó distribuir faxes con textos amenazadores,  que también fueron enviados  a la embajada de México en Cuba.Por estas acciones, Sampedro Marín fue detenido el  17 de febrero del 2001 y sancionado a 4 años de privación de libertad.

¿Le pedían que hablara de algún tema en específico?

En aquel tiempo priorizaban la situación de los presos políticos. Estaban muy interesados en conocer la situación social y había un discurso muy agresivo. La contrarrevolución en Miami llamaba a pintar letreros antigubernamentales,  a sabotear las instalaciones, a propiciar los cortes de luz y de agua. Eran tiempos en que los contrarrevolucionarios buscaban la manera de desgastar  a los  oficiales de la Seguridad. Ponían un letrero en una esquina, y cuando lo borraban, ponían otro para tenerlos en jaque. A través de este hombre en Canadá,  entre el 1ro de agosto de 1992 y   agosto de 1993, reporté en mi voz para Radio Martí 102 denuncias de supuestas violaciones de derechos humanos.

Gracias a la intensa presencia en esta emisora, mis vínculos comenzaron a fortalecerse profundamente con los principales dirigentes contrarrevolucionarios en La Habana. Contacté con el Movimiento Cubano-Demócrata  Cristiano, que dirige una podóloga, María Valdés Rosado;  con el Movimiento Maceísta por la Dignidad, encabezado por una mujer que se vanagloriaba de sus vínculos con la Fundación Cubano Americano, Ángela Herrera Carrillo. También, contacté con Oswaldo Payá Sardiñas, principal cabecilla del Movimiento Cristiano Liberación. En fin, con toda la llamada oposición de La Habana.

¿Llegaba usted así, sin más preámbulos, y la acogían?

Era muy curioso, porque cada vez que me parecía ante ellos, me recibían con los brazos abiertos. Era alguien fresco, con posibilidades de expandir su movimiento hacia el interior del país. Todas esas delegaciones me pidieron de algún modo apoyo, que abriera células   en la provincia de Ciego de Ávila y de Camagüey. Ya el Comité Pro Derechos Humanos existía en Ciego de Ávila, había sido la primera de las organizaciones  contrarrevolucionarias y tenía, aparentemente una membresía nacional –ya saben, con cuatro gatos-, y todos estaban ávidos de colaboración. Yo lo hice con mucho gusto, les di ese apoyo, en nombre de la Seguridad del Estado.

Fue una época de intenso trabajo, de fundar las delegaciones del Movimiento Cubano Demócrata Cristiano, del Movimiento Maceísta, de apoyar al Comité Cubano Pro Derechos Humanos. Hubo un período, entre 1992 y 1994 en que llegué a dirigir todas esas organizaciones en esa región del centro del país.

A Otuardo Hernández su esposa le pregunta por qué no confió en ella. "No ha sido nada fácil explicarle las razones que me impedían hablarle claro", reconoce. Tampoco resultó cómodo pasar de una vida profesional activa como ingeniero civil, a un apático y conflictivo vendedor de pececitos, en un barrio de su natal Camagüey donde lo miraban con desprecio. Empezando por sus padres.                         

 

Es difícil imaginar ahora al agente Yanier en su fachada de "opositor" audaz, involucrado más de una vez en sesiones de boxeo entre "periodistas independientes" quienes por dinero y celos profesionales terminaban en la estación de policía. Es un hombre reposado, discreto, que se emociona hablándonos de la familia.

Mientras conversamos con él, varias veces Odilia Collazo (Tania), interrumpe el diálogo para mostrarnos algún documento o hacer algún comentario. Se nota un gran cariño entre él y el matrimonio de Odilia y Roberto Martínez, también agente de la Seguridad. "Descubrí algo que intuía: es muy difícil encontrar entre los contrarrevolucionarios a personas decentes. Presentía que ellos lo eran y me dolía que se hubieran perdido para la Revolución. ¿Te imaginas cómo me siento ahora?"

AGENTE YANIER

¿Cómo empezó esta historia para usted?

El 19 de junio de 1999. Tuve que intervenir en un problema laboral que después se fue convirtiendo también en un problema político. Terminé sancionado en el trabajo, me cerraron el contrato en la Dirección Municipal de la Vivienda de Camagüey, donde yo radicaba y me expulsaron del Partido Comunista de Cuba. Inmediatamente comenzaron a acercárseme algunos contrarrevolucionarios.

¿Era ya miembro de la Seguridad?

No. Comuniqué a un oficial lo que me estaba ocurriendo.

¿Qué?

Lázaro Bosq Hinojosa, miembro activo de la Fundación Cubana de los Derechos Humanos en Camagüey, me invitó a participar en reuniones y otras actividades que tenían lugar en su casa. Él era vecino mío. Eso fue en los días de la marcha de protesta frente a la Embajada de Checoslovaquia, y él quería hacer un comunicado o alguna acción contra la respuesta que estaba dando el gobierno a las provocaciones de los diplomáticos de ese país.

Lázaro llegó a expresar públicamente amenazas con una golpiza a dos oficiales del Ministerio del Interior que conocíamos, e incluso ajustar cuentas contra la esposa y el hijo de uno de ellos. Se tomó la decisión de que yo pasara a ser un agente secreto, para seguir de cerca las acciones que la contrarrevolución en Camagüey venía fraguando.

¿Cuándo se incorpora a los Órganos de la Seguridad?

El 6 de marzo de 2001.

¿Por qué marca esa fecha?

Entré como colaborador en la Fundación Cubana de Derechos Humanos de Camagüey. Ese día me entregaron una Declaración Universal de los Derechos Humanos y varios folletos. Ahí me dijeron qué era Cubanet, me mostraron una "biblioteca independiente" y me aseguraron que ellos tenían vínculos con disidentes en Ciego de Ávila y otras provincias. Como tenía un nivel cultural más alto que los demás —soy ingeniero civil— y algunos conocimientos de dirección, fui escalando posiciones. Ya en agosto era el presidente, elegido "democráticamente".

¿Cómo fue ese proceso?

Había muchos disgustos entre la Fundación en Camagüey y la dirección nacional, que radicaba en Ciego de Ávila, con Juan Carlos González Leyva como presidente. Las peleas eran por el dinero, los avales para obtener la visa hacia Estados Unidos, por el reconocimiento a acciones que ellos estaban promoviendo o realizaban. Había muchos celos y muchas contradicciones, por algunos planes un poco locos.

¿Qué tipo de locura?

Por ejemplo, a dos miembros de la organización se les ocurrió dirigirse a la Plaza de la Revolución "José Martí", vestidos con ropas manchadas de sangre. Iban a llamar a la prensa extranjera, repartir volantes y desplegar una sábana con un cartel contrarrevolucionario. Después saldrían de ahí en un carro. Hablaban con tanta convicción que otros se creyeron la película y querían salir inmediatamente en el comando. Decían que los apoyaría la SINA y si salía todo bien, seguramente los incluían en el Programa de Refugiados. Inventaban cosas así, que luego no hacían, pero que calentaba los ánimos.

¿Cómo se logró insertar usted en ese medio?

Fue poco a poco, y estudiando mucho. Por ejemplo, si hacían un taller sobre los problemas de la industria azucarera cubana, yo me preparaba a fondo para deslumbrarlos; si era sobre política o historia, igual. Hasta estudié nociones de periodismo, para organizar mi propia disertación. No faltaba a ningún encuentro, a ninguna actividad. Eso me ganó la confianza de los cabecillas.

¿Qué hecho significativo protagonizó usted dentro de su organización?

Participar en la inauguración de la "biblioteca independiente" 20 de Mayo, en Sancti Spíritus, a la cual cada uno de nosotros tenía que donar un libro. Para organizar el viaje nos reunimos en la casa de Lázaro con Juan Carlos Leyva, el cabecilla nacional de la Fundación, que vivía en Ciego de Ávila y vino a entregarnos planillas de recogidas de firmas para el Proyecto "Varela".

Nos informó, también, que habíamos recibido varias donaciones y que, como presidente en Camagüey, tendría las puertas de la SINA abiertas y también las de otras sedes diplomáticas.

¿Se produjo el encuentro en Sancti Spíritus?

El día antes de la partida a esa ciudad viajamos a Ciego el grupo de Camagüey (10 miembros contándome a mí), y nos quedamos a dormir en casa de Juan Carlos para salir juntos hacia esa provincia. Alrededor de las cinco de la mañana Juan Carlos y Alejandro González Raga fueron detenidos cuando salieron a la calle a buscar a otro del grupo. Como no regresaban a la casa y nosotros no sabíamos qué estaba pasando, por poco se frustra la salida para Sancti Spíritus.

Tomé el mando, hice una arenga y le dije a los demás: "Nos vamos sin ellos", y nos aparecimos nueve en la casa del dueño de la supuesta "biblioteca independiente" Blas Giraldo Reyes Rodríguez, pero ya se había inaugurado en medio de un gran desastre, porque no había ido casi nadie y apenas había unos poquitos libros. Para colmo nosotros llegamos tarde. No obstante, hice un comunicado, nos pusimos a cantar el Himno Nacional con todas las ventanas y las puertas abiertas. En medio de aquello, pasó una señora de edad por la calle y le gritó a la vecina: "Qué borrachera más rara han cogido esa gente, y tan temprano."

Viajamos con apenas 100 pesos. Cuando regresamos a la casa de Juan Carlos, ya lo habían soltado. Volví con una posición todavía más sólida en el grupo.

Ángel Francisco D’ Fana Serrano

Líder de la organización contrarrevolucionaria Plantados hasta la Libertad y la Democracia en Cuba.

Por sus actividades en nuestro país fue detenido en 1962 y juzgado en la Causa No. 458/62.

Durante su estancia en la prisión se acercó al contrarrevolucionario Hubert Matos y se autotitulaba revolucionario-anticomunista. Fue preso plantado hasta 1983 en que emigra a EE.UU., donde pasó a ser miembro de la organización contrarrevolucionaria Cuba Independiente y Democrática.

En 1984 se estableció en Venezuela, como secretario organizador de la delegación de CID en Caracas.

En 1986 es nombrado miembro de la Comisión de Relaciones con la Prensa, durante el VII congreso de CID efectuado en Filadelfia. Desarrolla una intensa labor de proselitismo a través de Radio CID.

Desde esa emisora promueve acciones contra los cubanos que visitan EE.UU. e incita a la deserción de marinos mercantes, diplomáticos, militares y artistas cubanos.

En 1992 aparecía como jefe de transmisiones radiales contra Cuba de la Voz del CID y se vinculó a miembros de la organización de Ex-presos.

A mediados de 1995 pasó a ser miembro del ejecutivo de CID y se destacó por la promoción de acciones de protesta y desacato cívico dentro de Cuba, en particular aprovechando fechas conmemorativas religiosas como las del día de San Lázaro, el 17 de diciembre, utilizando supuestas células de la organización en el país.

En octubre de ese mismo año, como miembro de la dirección de CID, participó en la conformación de un nuevo programa de acciones consistente en realizar sabotajes, planes de atentado, viajar a Cuba y crear focos rebeldes y utilizar todas las vías posibles para subvertir el orden interno.

Habló usted de discrepancias...

Sí, las había entre los grupos de una provincia y la otra; dentro de ambos grupos, y con los miembros de la dirección nacional. Éramos cuatro gatos permanentemente fajados unos con los otros.

Aquello se hizo más insoportable cuando se anuncia que Juan Carlos debe viajar a La Habana a recibir un premio de 1 500 dólares por su lucha a favor de los Derechos Humanos en Cuba. El olor del dinero y la posibilidad de viajar a Estados Unidos hacían de las reuniones un campo de batalla, hasta que finalmente se divide la Fundación y aquello se va a pique.

¿Realmente había tantas peleas?

Eran tan comunes que muchas veces terminábamos botados de la casa donde nos reuníamos y algunos, dándonos piñazos. Recuerdo una tremenda bronca porque íbamos a repartir un volante que explicaba qué era la Fundación y alguien con sentido común pidió desecharlo por la cantidad de faltas de ortografía que tenía aquel texto.

¿Cuál era la principal manzana de la discordia?

Todo el mundo sabía allí que los cabecillas en La Habana tenían muchas más posibilidades de tener dinero. Ellos decían que recibían más dólares porque eran los más perseguidos, lo cual era una mentira descarada. No había tal persecución. Andábamos por todo el país y nadie se metía con nosotros, salvo si te metías a escandalizar o conspirar públicamente, porque como se sabe en Cuba, aquí la calle es de los revolucionarios.

Por eso cuando asumí la presidencia de la Fundación, traté siempre de evitar el escándalo en la calle, limando la agresividad y evitando las actividades públicas. Poco a poco se fue desintegrando la organización hasta el punto de que hubo un momento en que no llegábamos a 10 y Lázaro Bosq me pidió que fuera a Ciego de Ávila a discutir con Juan Carlos los problemas de la provincia. Como aquello iba de mal en peor, se tomó la decisión de que, además de trabajar en lo que quedaba del grupo, me incorporara en otras organizaciones.

¿Cuáles?

El Partido Pro Derechos Humanos de Cuba, que presidía Odilia Collazo. Entré como delegado de la provincia de Camagüey, encargado de recopilar las informaciones y redactar el informe acerca de las violaciones de derechos humanos en la provincia.

Como el partido llegó a tener unos 15 miembros instruidos en la misión de no hacer provocaciones en la calle, sino actividades pacíficas que muchas veces eran inventadas, porque había que demostrar qué hacían para que les diéramos el famoso aval para la visa, se convirtió en un negocio traer noticias de violaciones de los derechos humanos.

Cuando el relajo ya tomaba algunas proporciones —contábamos con el apoyo entusiasta de la SINA que daba poquitísimas visas por la vía ordinaria, y estimulaba las del Programa de Refugiados—, empezamos a proclamar que aquello no era una agencia de viajes para desalentar los grupos.

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