El mundo anda
desnorteado, vocablo derivado de la brújula, cuya aguja apunta
hacia el Norte. El modelo imperante es el capitalismo
neoliberal, mercadocéntrico. Y para justificarlo el lenguaje
hace peripecias retóricas, asocia democracia con “mercado
libre”, crecimiento del PIB con desarrollo, especulación
financiera con inversión.
Habitus tabagium, bucalis degenerium (el uso de la pipa deja la
boca torcida) decían los romanos mucho antes de que Marco Polo
les enseñe a preparar un rico ravióli. Es eso, de tanto repetir
mentiras ellas acaban con aires de verdad. Como estas bien
contadas mentiras: los italianos inventaron la pasta, Hollywood
es la mayor productora mundial de películas, el mercado es
libre.
Pregúntese si el mercado es libre a quien abre una panadería,
una gasolinera o una fábrica de fósforos. El hecho es que
vivimos bajo la dictadura del lucro exorbitante, a tal punto que
el Presidente celebraba el haber erradicado la deuda de Brasil
con el FMI, por un valor de US$ 15 mil millones de dólares.
Mejor si hubiera pasado por encima de la deuda y destinado el
dinero para pagar la deuda social. El valor corresponde a un
poco más que el presupuesto anual del Ministerio de la Salud.
Los datos de la ONU revelan que la coyuntura mundial se agrava:
de 6,3 mil millones de habitantes, 4 mil millones viven bajo la
línea de la pobreza, con un ingreso mensual inferior a US$ 60.
¿Donde está la salida?, pregunta el Foro Social Mundial, reunido
en Caracas. Lux ex Oriente, decían los antiguos. Esta vez, la
luz viene de América del Sur. Se invierte la punta de la brújula
de la esperanza: el Sur es el norte.
Después de décadas de dictaduras en el Cono Sur, la población se
muestra saturada con el embuste de las políticas neoliberales.
Rechaza el ALCA, condena la invasión de Irak y vota por cambios.
Es lo que explica la elección de Chávez en Venezuela, Lula en
Brasil, Lucio Gutiérrez en el Ecuador, Kirchner en Argentina y,
ahora, Tabaré Vázquez en Uruguay, Michelle Bachelet en Chile y
Evo Morales en Bolivia.
En la práctica, la teoría es otra. Una vez elegidos, algunos
gobernantes ruegan para que olvidemos lo que escribieron,
hablaron, prometieron. Fue el caso de Gutiérrez, que asumió en
2003 y fue depuesto del poder dos años después, por el pueblo
ecuatoriano. Y, en Brasil, Lula aún nos debe una política
económica menos sumisa al gran capital y la reforma agraria.
Pero, las placas tectónicas de la política se mueven en el suelo
de América del Sur.
¿Ahora que hay de nuevo? Primero, un rechazo a la élite
conservadora. El electorado se cansó de los viejos caciques, de
las familias tradicionales instaladas como verdaderas dinastías
en el poder. Y, ahora, cree en quien le es imagen y semejanza,
nació pobre (Chávez, Lula y Evo), padeció bajo dictaduras
militares (Lula, Tabaré y Bachelet), expresa las demandas de los
sectores excluidos de la población.
Aunque de boca hacia afuera, los nuevos gobernantes se sienten
obligados a priorizar las políticas sociales, a reconocer la
autonomía de los movimientos populares, a defender la soberanía
de Cuba y a mantener la debida distancia frente a las
injerencias de la Casa Blanca. Aún es pronto para evaluar cuánto
hay de demagogia en esa renovación política de la parte Sur del
continente. El hecho es que ella hace emerger un nuevo sujeto
político: los movimientos populares.
Otrora tutelados por partidos o instituciones como la Iglesia y
las ONGs, los movimientos populares (indígenas, mujeres, negros,
sin-tierra, barrios de la periferia, sindicatos, etc.) son el
fiel de la balanza en la nueva coyuntura. Mejor gobernar con
ellos que contra ellos. Ya no hay como criminalizarlos o ignorar
sus demandas, como hizo Fernando Henrique Cardoso (FHC) en ocho
años de mandato. Eso no significa que tendrán sus
reivindicaciones atendidas. Los dueños del poder ponen trabas a
los gobiernos. Pero ya son un avance políticas compensatorias
que, como la “Bolsa Familia”, distribuyen renta a millones de
personas, aunque se sepa que la remuneración del capital, a
través del garrote fiscal, es muy superior a los recursos
destinados a los más pobres.
Este año el elector brasileño es, de nuevo, convocado a las
urnas. Se espera que vote en sintonía con el proceso de
renovación política de América del Sur, que en breve podrá
extenderse por otros países, como Perú, Nicaragua y México, que
tendrán elecciones presidenciales en le 2006. Tal vez no se
pueda escoger el ideal, pero sí el posible.
Entre muchos criterios, el Evangelio acentúa los derechos de los
más pobres. Sin vida para todos, asegurada por reformas de la
estructura agraria, de la educación y ofertas de empleo, el Sur
no tendrá norte. Tendrá muerte.
Regresar a
Prensa Alternativa Diario Mar de Ajó (el diarito) Prensa Popular