Entrevista con el ministro de Ganadería del Uruguay José Mujica

"Si las papeleras contaminan, el gobierno tiene el compromiso público de dar marcha atrás"

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El ministro de Ganadería, Pesca y Agricultura del gobierno uruguayo, José "Pepe" Mujica, concedió una entrevista a EL ARGENTINO para analizar la controversia por las plantas de celulosas


Es la primera entrevista periodística que un alto funcionario del gobierno de Tabaré Vázquez concede a un medio argentino sobre este tema. Además, Mujica representa un emblema de la memoria histórica que dio sustento al Frente Amplio para llegar a ocupar la primera magistratura en Uruguay. Por eso, no se trata de una voz de un funcionario, sino acaso la de un hombre que tiene sobre su conciencia la importancia de la coherencia de vida.


El encuentro se realizó el miércoles pasado en su despacho ministerial en Montevideo y el diálogo duró casi dos horas. Si bien sostiene que aplicando la tecnología y los controles que se ejercen en Finlandia no habría nada que temer, asegura que al primer indicio de contaminación el gobierno tiene el compromiso público de dar marcha atrás con la iniciativa. Decisión que fue discutida en el propio gabinete del presidente Tabaré Vázquez. Más allá de esta postura, Mujica agrega que no está dispuesto a desangrarse por las papeleras ni a sacrificar la relación de los pueblos por el emprendimiento. Cuestionó también el modelo de forestación, por ser de monocultivo y atentar con la diversidad de la propia naturaleza; aunque asume ahora los costos de la política de los hechos consumados. Con respecto a la Asamblea Ciudadana Ambiental de Gualeguaychú, sostuvo que comparte el cuestionamiento sobre la advertencia de protección al medioambiente y que eso lo obliga como gobierno a hacer las cosas sin margen del más mínimo error. "Si las empresas contaminan, debemos como gobierno dar marcha atrás", sostendrá en varias oportunidades y reconoció que el veredicto de la Comisión Binacional si bien no será vinculante para los Estados, será un buen convidado de piedra que habrá que poner a consideración. Y advertirá que ser un juntador de votos, al político no le da título de sabio y que por eso hay decisiones que deben tomarse conjuntamente con los científicos. No obstante estas definiciones, quedará claro que su gobierno le dará una oportunidad a las papeleras para que demuestren que no contaminarán el medioambiente como sostienen las empresas en sus países de origen.


-¿Qué lectura tiene sobre la controversia por la instalación de las dos plantas de celulosas en Fray Bentos?


-Es un lío bárbaro. Estoy esperando que pase el tiempo electoral en Argentina para dimensionar el tema. Nosotros, heredamos una ley de promoción de la forestación, que habría que llamarla del monocultivo del eucalipto para producir pulpa de celulosas. Porque la causa original está en su majestad la computadora, que rompió el equilibrio del consumo de papel en el mundo y como en esta parte del mundo la tierra está barata, ingeniosamente el mundo rico decidió financiar y presionar para que se crearan nuevas cuencas productoras de celulosas. El Banco Mundial se puso generoso y se ofrecieron varios lugares. Y como siempre, los latinoamericanos faltos de plata, ni lentos ni perezosos -porque los gobiernos son de corto plazo-, en Uruguay descubrieron que los árboles tenían una posibilidad de corte más acelerada que en otras partes por la conformación del suelo y que la tierra estaba barata y bastante despoblada. Así empieza el Uruguay forestal, que en realidad está mal denominarlo forestal.


-¿Por qué sostiene que Uruguay no es forestal?


-Porque nunca ví que la naturaleza haga el mamarracho de hacer un bosque con una sola especie. Eso es un invento del hombre, para la ecuación de la rentabilidad. La Naturaleza hace las cosas mucho más complicadas. Crea sotobosques con diversidad de especies y todas esas particularidades que tiene el monte nativo. La Naturaleza cree en la diversidad y en los equilibrios permanentes y el hombre rompe con eso.


-¿Cómo se entiende que un gobierno "progresista" como el suyo, hoy se encuentra ejecutando un anuncio del neoliberalismo?


-Creo que las pilas están muy cargadas, pero no he visto ninguna manifestación popular que sostenga que se renuncia al uso del papel. No he visto levantar en el planeta la consigna "Arriba los dedos, abajo el papel". Todos vamos a seguir usando papel y en algún lado hay que producirlo. Entonces compro papel, pero que se haga en otro lado, donde los que se embroman sean otros, me parece que no es defendible como argumento. Si considero que la producción de pasta de papel es tan negativa que no se tiene que solventar, no debemos consumir papel.


-Pero, de lo que se trata es que se produzca sin afectar al medio ambiente.
-Tecnológicamente eso es posible, porque en Finlandia el problema está resuelto. Las inversiones para corregir son caras, y ese es el problema.


-¿Quiere decir que el gobierno seguirá adelante con estos emprendimientos, pero está preparado para cerrarlos en caso de contaminación?


-Si, por supuesto que sí. El gobierno las tiene que eliminar si generan el menor problema al medioambiente. Esto está hablado al máximo nivel de gabinete. Lo que deberíamos exigirnos entre todos, es crear un tribunal técnico del Mercosur. En la cuenca de los grandes ríos tenemos que crear un organismo que sea eminentemente técnico y que tenga la preocupación de que se cuiden todas las aguas. Hay una parte de las manifestaciones de Argentina que me cae muy bien y es la parte que nos obliga a no perder el tiempo en el tema de los controles. No nos podemos permitir hacer macanas. Algún día los finlandeses y los gallegos se van a ir, y los pueblos y el río seguirán en el mismo lugar. En todas partes de la tierra hemos trabajado mal con la Naturaleza y es hora de cambiar.


-El pasado siempre dice cosas que interesan al futuro. Teniendo en cuenta los antecedentes de estas empresas, tampoco hay demasiadas garantías de que vayan a cumplir con el precepto de no contaminar.


-Los finlandeses son prolijos. En el pasado papelero de España hay cosas lamentables y las sabemos. Si estas tecnologías no cuidan el medioambiente se tendrán que ir. Esto es como en la industria del cemento. Hay que gastar en los filtros para no dañar el aire, sino se invierten en filtros, se ahorrarán mucha plata, pero no se podrá vivir en el pueblo. Ya nos pasó. Por eso, el Estado tiene que tener una actitud francamente policial y de controles sistemáticos. Con la presión regional y la importancia del agua, y la opinión pública tanto de Argentina como de Uruguay -que también está preocupada por esto-, no hay margen para el más mínimo error.


-Si hay un argentino más parecido al uruguayo, ese es el entrerriano. Pero es evidente que existe un conflicto social de suma gravedad.


-No vamos a ir a la guerra y menos con argentinos, pero existe ese nivel de conflictividad, es evidente. El asunto se nos escapó a todos y terminamos todos embromados. Tenemos un Mercosur abollado que es un asco y lo estamos debilitando cada vez más. Más allá del papel, terminamos embromados por los estúpidos orgullos nacionales, que para lo único que sirven es para que nos alejemos más de la necesidad de la supranacionalidad latinoamericana, que es una deuda que tenemos por delante. Y ese es el único camino que avizoro para equilibrar en algo la enorme distancia que nos sacó el mundo central. Siento que Brasil y Argentina tienen una responsabilidad muy grande en el destino futuro de América Latina y esa responsabilidad va más allá de ellos. Tendremos una América Latina distinta si logramos que la Amazonia se junte con la Pampa, caso contrario no tendremos nada. Y el papel del Uruguay, que siempre fue un Estado tapón, tiene que ser el de un Estado puente.

 

El conflicto social

-Más allá de su creencia de especulación electoral, el conflicto es social y tiene demasiado tiempo...


-Es cierto, la ciudadanía tiene pantalones largos. La única garantía de que se cumplan las cosas, es en definitiva que haya conciencia en la gente. Porque los gobiernos pasan, sabemos que las empresas en sus países pueden hacer las cosas bien, pero en el área del subdesarrollo hacen cosas que en el mundo central no la harían. Entonces, que allá hagan las cosas bien, no es una garantía de que la van a hacer bien aquí. La única garantía es que apliquen la tecnología adecuada, más allá de las inversiones y los costos. Y los finlandeses son capitalistas serios, porque planifican a largo plazo. No son inocentes, quieren ganar, pero saben que tienen que ganar haciendo las cosas bien.

-Uruguay es un país que protegió al agua...

-Es uno de los pocos países en donde usted abre la canilla y toma agua. Pero también hemos sido campeones mundiales en el fútbol y miremos cómo estamos jugamos ahora. De historia no vivimos.


-Es cierto. Pero "el oro azul" como se denomina al agua, será motivo -según sostienen los entendidos- de futuras guerras mundiales. El Acuífero Guaraní no es sólo el agua que está debajo, sino también las aguas superficiales.


-En estas cosas necesitamos autoridades supranacionales. Y lo necesitamos en varios frentes. Lo necesitamos en la aftosa, no sirve de mucho combatirla en un sólo país, si el vecino no hace nada. Estamos en una necesidad geopolítica, donde las fronteras políticas han quedado chicas frente a las fronteras ambientales o ecológicas. He vuelto a leer a Platón. Y le digo esto porque las decisiones científicas tienen que encuadrar a las decisiones políticas. Y pienso que a veces los políticos podemos parecer bárbaros en el marco de estas decisiones. Estados Unidos no firmó el acuerdo de Kyoto, es poderoso, invade a cualquiera y hace lo que quiere. Pero, lo que le está ocurriendo al mundo, me lleva a pensar que para algunas cosas hay que convocar a los sabios para que gobiernen. Los científicos más destacados del planeta vienen advirtiendo sobre el cambio climático y el gobierno más poderoso de la tierra no los escucha y ahora la humanidad en su conjunto paga esas consecuencias. El tener voto a uno no le da patente de sabiduría. Uno puede tener muchos votos, pero puede ser una bestia en las decisiones de gobierno. Entonces hay determinados temas en donde tienen que tallar otro nivel de gente y hay que consultarlas antes de tomar decisiones. Soy un buen juntador de votos en Uruguay, pero no tengo autoridad científica para decir cómo hay que cuidar a la Naturaleza. Por eso, tengo que servir a quienes tienen ese conocimiento.


-Existen algunos intentos. La Comisión Binacional se orquestó para eso. ¿Qué pasa si recomienda que no es conveniente la instalación de las plantas?


-El veredicto de la Comisión tiene una vinculación ética. Y si sostiene que no es conveniente, sería un elemento que hay que colocarlo arriba de la mesa y se transformaría en un muy buen invitado de piedra. En lo particular, no me voy a desangrar por unas papeleras. Serán inversiones importantes, pero no me voy a desangrar por ellas. Le quiero asegurar que no soy afecto a un país productor especializado en la pulpa de papel. No es mi modelo de país. Quisiera trabajar en un país que concilie el árbol, la vaca y la oveja. En todo caso, un país que genere madera, pero para trabajar.


-Son conscientes que aunque las chimeneas de las papeleras larguen humo, las manifestaciones seguirán. ¿O acaso están apostando a la política del cansancio?


-No, de ninguna manera estamos apostando a la política del cansancio. A la corta o a la larga, Uruguay tendrá que darle participación e información en los controles a la Argentina. La única manera que podemos encaminar esto es haciendo las cosas bien. Y que Argentina participe en los controles con técnicos no comprables. Es muy grande lo que hay en juego. Nosotros no podemos seguir alimentando este problema, antes prefiero quedarme sin papeleras. En definitiva, la causa que impulsa el movimiento ecologista es noble y la comparto. Comparto que no se pudra el medioambiente. Y si estas industrias embroman al medioambiente, tenemos el compromiso público de poner marcha atrás. Eso costará mucho, sin duda, pero habrá que hacerlo. Lo que el hombre hace, el hombre lo deshace.