Es la
primera entrevista periodística que un alto funcionario del
gobierno de Tabaré Vázquez concede a un medio argentino sobre
este tema. Además, Mujica representa un emblema de la
memoria histórica que dio sustento al Frente Amplio para
llegar a ocupar la primera magistratura en Uruguay. Por eso,
no se trata de una voz de un funcionario, sino acaso
la de un hombre que tiene sobre su conciencia la importancia
de la coherencia de vida.
El encuentro se realizó el miércoles pasado en su
despacho ministerial en Montevideo y el diálogo duró casi dos
horas. Si bien sostiene que aplicando la tecnología y
los controles que se ejercen en Finlandia no habría nada que
temer, asegura que al primer indicio de contaminación el
gobierno tiene el compromiso público de dar marcha atrás con
la iniciativa. Decisión que fue discutida en el
propio gabinete del presidente Tabaré Vázquez. Más allá de
esta postura, Mujica agrega que no está dispuesto a
desangrarse por las papeleras ni a sacrificar la relación de
los pueblos por el emprendimiento. Cuestionó también
el modelo de forestación, por ser de monocultivo y atentar con
la diversidad de la propia naturaleza; aunque asume ahora los
costos de la política de los hechos consumados. Con
respecto a la Asamblea Ciudadana Ambiental de Gualeguaychú,
sostuvo que comparte el cuestionamiento sobre la advertencia
de protección al medioambiente y que eso lo obliga como
gobierno a hacer las cosas sin margen del más mínimo error.
"Si las empresas contaminan, debemos como gobierno dar marcha
atrás", sostendrá en varias oportunidades y reconoció
que el veredicto de la Comisión Binacional si bien no será
vinculante para los Estados, será un buen convidado de piedra
que habrá que poner a consideración. Y advertirá que ser un
juntador de votos, al político no le da título de sabio y que
por eso hay decisiones que deben tomarse conjuntamente con los
científicos. No obstante estas definiciones, quedará claro que
su gobierno le dará una oportunidad a las papeleras para que
demuestren que no contaminarán el medioambiente como sostienen
las empresas en sus países de origen.
-¿Qué lectura tiene sobre la controversia por la
instalación de las dos plantas de celulosas en Fray Bentos?
-Es un lío bárbaro. Estoy esperando que pase el tiempo
electoral en Argentina para dimensionar el tema. Nosotros,
heredamos una ley de promoción de la forestación, que habría
que llamarla del monocultivo del eucalipto para producir pulpa
de celulosas. Porque la causa original está en su
majestad la computadora, que rompió el equilibrio del consumo
de papel en el mundo y como en esta parte del mundo la tierra
está barata, ingeniosamente el mundo rico decidió financiar y
presionar para que se crearan nuevas cuencas productoras de
celulosas. El Banco Mundial se puso generoso y se ofrecieron
varios lugares. Y como siempre, los latinoamericanos faltos de
plata, ni lentos ni perezosos -porque los gobiernos son de
corto plazo-, en Uruguay descubrieron que los árboles
tenían una posibilidad de corte más acelerada que en otras
partes por la conformación del suelo y que la tierra estaba
barata y bastante despoblada. Así empieza el Uruguay
forestal, que en realidad está mal denominarlo forestal.
-¿Por qué sostiene que Uruguay no es forestal?
-Porque nunca ví que la naturaleza haga el mamarracho de hacer
un bosque con una sola especie. Eso es un invento del hombre,
para la ecuación de la rentabilidad. La Naturaleza hace las
cosas mucho más complicadas. Crea sotobosques con diversidad
de especies y todas esas particularidades que tiene el monte
nativo. La Naturaleza cree en la diversidad y en los
equilibrios permanentes y el hombre rompe con eso.
-¿Cómo se entiende que un gobierno "progresista" como el suyo,
hoy se encuentra ejecutando un anuncio del neoliberalismo?
-Creo que las pilas están muy cargadas, pero no he
visto ninguna manifestación popular que sostenga que se
renuncia al uso del papel. No he visto levantar en el planeta
la consigna "Arriba los dedos, abajo el papel". Todos
vamos a seguir usando papel y en algún lado hay que
producirlo. Entonces compro papel, pero que se haga en otro
lado, donde los que se embroman sean otros, me parece que no
es defendible como argumento. Si considero que la
producción de pasta de papel es tan negativa que no se tiene
que solventar, no debemos consumir papel.
-Pero, de lo que se trata es que se produzca sin
afectar al medio ambiente.
-Tecnológicamente eso es posible, porque en Finlandia
el problema está resuelto. Las inversiones para corregir son
caras, y ese es el problema.
-¿Quiere decir que el gobierno seguirá adelante con
estos emprendimientos, pero está preparado para cerrarlos en
caso de contaminación?
-Si, por supuesto que sí. El gobierno las tiene que eliminar
si generan el menor problema al medioambiente. Esto está
hablado al máximo nivel de gabinete. Lo que deberíamos
exigirnos entre todos, es crear un tribunal técnico del
Mercosur. En la cuenca de los grandes ríos tenemos
que crear un organismo que sea eminentemente técnico y que
tenga la preocupación de que se cuiden todas las aguas. Hay
una parte de las manifestaciones de Argentina que me cae muy
bien y es la parte que nos obliga a no perder el tiempo en el
tema de los controles. No nos podemos permitir hacer
macanas. Algún día los finlandeses y los gallegos se
van a ir, y los pueblos y el río seguirán en el mismo lugar.
En todas partes de la tierra hemos trabajado mal con la
Naturaleza y es hora de cambiar.
-El pasado siempre dice cosas que interesan al futuro.
Teniendo en cuenta los antecedentes de estas empresas, tampoco
hay demasiadas garantías de que vayan a cumplir con el
precepto de no contaminar.
-Los finlandeses son prolijos. En el pasado papelero de España
hay cosas lamentables y las sabemos. Si estas
tecnologías no cuidan el medioambiente se tendrán que ir.
Esto es como en la industria del cemento. Hay que gastar en
los filtros para no dañar el aire, sino se invierten en
filtros, se ahorrarán mucha plata, pero no se podrá vivir en
el pueblo. Ya nos pasó. Por eso, el Estado tiene que
tener una actitud francamente policial y de controles
sistemáticos. Con la presión regional y la
importancia del agua, y la opinión pública tanto de Argentina
como de Uruguay -que también está preocupada por esto-, no hay
margen para el más mínimo error.
-Si hay un argentino más parecido al uruguayo, ese es
el entrerriano. Pero es evidente que existe un conflicto
social de suma gravedad.
-No vamos a ir a la guerra y menos con argentinos,
pero existe ese nivel de conflictividad, es evidente. El
asunto se nos escapó a todos y terminamos todos embromados.
Tenemos un Mercosur abollado que es un asco y lo estamos
debilitando cada vez más. Más allá del papel, terminamos
embromados por los estúpidos orgullos nacionales, que para lo
único que sirven es para que nos alejemos más de la necesidad
de la supranacionalidad latinoamericana, que es una deuda que
tenemos por delante. Y ese es el único camino que avizoro para
equilibrar en algo la enorme distancia que nos sacó el mundo
central. Siento que Brasil y Argentina tienen una
responsabilidad muy grande en el destino futuro de América
Latina y esa responsabilidad va más allá de ellos. Tendremos
una América Latina distinta si logramos que la Amazonia se
junte con la Pampa, caso contrario no tendremos nada. Y el
papel del Uruguay, que siempre fue un Estado tapón, tiene que
ser el de un Estado puente.
El conflicto social
-Más allá de su creencia de especulación
electoral, el conflicto es social y tiene demasiado tiempo...
-Es cierto, la ciudadanía tiene pantalones largos. La única
garantía de que se cumplan las cosas, es en definitiva que
haya conciencia en la gente. Porque los gobiernos pasan,
sabemos que las empresas en sus países pueden hacer las cosas
bien, pero en el área del subdesarrollo hacen cosas que en el
mundo central no la harían. Entonces, que allá hagan
las cosas bien, no es una garantía de que la van a hacer bien
aquí. La única garantía es que apliquen la tecnología
adecuada, más allá de las inversiones y los costos. Y los
finlandeses son capitalistas serios, porque planifican a largo
plazo. No son inocentes, quieren ganar, pero saben que tienen
que ganar haciendo las cosas bien.
-Uruguay es un país que protegió al
agua...
-Es uno de los pocos países en donde usted
abre la canilla y toma agua. Pero también hemos sido campeones
mundiales en el fútbol y miremos cómo estamos jugamos ahora.
De historia no vivimos.
-Es cierto. Pero "el oro azul" como se denomina al
agua, será motivo -según sostienen
los entendidos- de futuras guerras mundiales. El
Acuífero Guaraní no es sólo el agua que está debajo, sino
también las aguas superficiales.
-En estas cosas necesitamos autoridades
supranacionales. Y lo necesitamos en varios frentes. Lo
necesitamos en la aftosa, no sirve de mucho combatirla en un
sólo país, si el vecino no hace nada. Estamos en una necesidad
geopolítica, donde las fronteras políticas han quedado chicas
frente a las fronteras ambientales o ecológicas. He vuelto a
leer a Platón. Y le digo esto porque las decisiones
científicas tienen que encuadrar a las decisiones políticas. Y
pienso que a veces los políticos podemos parecer bárbaros en
el marco de estas decisiones. Estados Unidos no firmó el
acuerdo de Kyoto, es poderoso, invade a cualquiera y hace lo
que quiere. Pero, lo que le está ocurriendo al mundo, me lleva
a pensar que para algunas cosas hay que convocar a los sabios
para que gobiernen. Los científicos más destacados del
planeta vienen advirtiendo sobre el cambio climático y el
gobierno más poderoso de la tierra no los escucha y ahora la
humanidad en su conjunto paga esas consecuencias. El
tener voto a uno no le da patente de sabiduría. Uno puede
tener muchos votos, pero puede ser una bestia en las
decisiones de gobierno. Entonces hay determinados temas en
donde tienen que tallar otro nivel de gente y hay que
consultarlas antes de tomar decisiones. Soy un buen juntador
de votos en Uruguay, pero no tengo autoridad científica para
decir cómo hay que cuidar a la Naturaleza. Por eso, tengo que
servir a quienes tienen ese conocimiento.
-Existen algunos intentos. La Comisión Binacional se
orquestó para eso. ¿Qué pasa si recomienda que no es
conveniente la instalación de las plantas?
-El veredicto de la Comisión tiene una vinculación
ética. Y si sostiene que no es conveniente, sería un elemento
que hay que colocarlo arriba de la mesa y se transformaría en
un muy buen invitado de piedra. En lo particular, no me voy a
desangrar por unas papeleras. Serán inversiones importantes,
pero no me voy a desangrar por ellas. Le quiero
asegurar que no soy afecto a un país productor especializado
en la pulpa de papel. No es mi modelo de país. Quisiera
trabajar en un país que concilie el árbol, la vaca y la oveja.
En todo caso, un país que genere madera, pero para trabajar.
-Son conscientes que aunque las chimeneas de las
papeleras larguen humo, las manifestaciones seguirán. ¿O acaso
están apostando a la política del cansancio?
-No, de ninguna manera estamos apostando a la política del
cansancio. A la corta o a la larga, Uruguay tendrá que
darle participación e información en los controles a la
Argentina. La única manera que podemos encaminar esto
es haciendo las cosas bien. Y que Argentina participe en los
controles con técnicos no comprables. Es muy grande lo que hay
en juego. Nosotros no podemos seguir alimentando este
problema, antes prefiero quedarme sin papeleras. En
definitiva, la causa que impulsa el movimiento ecologista es
noble y la comparto. Comparto que no se pudra el
medioambiente. Y si estas industrias embroman al medioambiente,
tenemos el compromiso público de poner marcha atrás.
Eso costará mucho, sin duda, pero habrá que hacerlo. Lo que el
hombre hace, el hombre lo deshace.