Rosario Quispe

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Es una mujer coya y líder natural de la Puna jujeña. Fundó la Asociación Warmi Sayajsunqo (que en quechua significa "Mujer Perseverante") para defender a las comunidades de la zona. En 1997 ganó el premio de la Cumbre Mundial de Mujeres con sede en Ginebra. Recibió apoyo de la fundación Suiza Avina para organizar un sistema de créditos basados en la confianza.
Rosario Quispe vive en Abrapampa (capital de la Puna) un pueblo a 4.000 metros de altura y 11.000 habitantes, en medio de la majestuosa y árida Puna jujeña.
Nunca ha sido una tarea sencilla encontrar una militante feminista y líder comunitaria a la vez, en el universo coya. Pero he aquí una, que es exitosa, y que no baja los brazos: el trabajo de la asociación que preside Rosario logró lo que ninguno había podido o querido hacer en la Puna: atraidos por la producción de la tierra y la vuelta a los orígenes, volvieron aquellos que habían emigrado hacia Buenos Aires.

Rosario Quispe habla suave y en voz baja, como pidiendo disculpa. Aunque por momentos parece una profesora, con séptimo grado aprobado, que terminó investigando la muerte por cáncer de una tía y supo que era un caso más. La Warmi Sayajsunqo realizó una encuesta sobre 1.800 mujeres. El resultado fué inesperado: 30% tenía lesiones precancerosas; 480 tuvieron que ser sometidas a criocirugías y un puñado de ellas (entre 25 y 28 años) tenía desarrollada la enfermedad. "Son los desechos de estas minas -dice Rosario- que quedan a cielo abierto. Convivimos todos los días con ellas. Mina Pirquita, El Aguilar, todos siguen abiertos. Y nosotros tomamos agua de pozo, caminamos, comemos de ovejas que caminan allí"

 

"En nuestra tierra hay gente que no llegó a completar la educación básica, pero sabe manejar la cadena de créditos"

 

"Queremos ser libres, no queremos tener dueño, ni jefe"

 

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