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REVOLUCIÓN DEL LOS ORILLEROS
5
DE ABRIL DE 1812
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La noche del sábado
5 de abril de 1812, inesperada y sorpresivamente sobreviene el levantamiento
de las orillas que dará fugaz tintura de pueblo a la Revolución. A las once
de la noche del sábado 5 de abril se sabe que grupos de quinteros y
arrabaleros, casi todos con su caballo, se juntaron en diversos lugares de
la periferia de la cuidad (Miserere, Palermo Mataderos, San Telmo). En
silencio iban rumbo a la plaza de la Victoria cuyo ámbito llenan a
medianoche ante el desconcierto de los jóvenes de la Sociedad Patriótica
–que ven materializado al “pueblo” que invocaban–, y el temor de los vecinos
principales contra la chusma de las orillas (...).
Era una reacción espontánea del pueblo bajo y medio –donde se mantenía el
verdadero patriotismo, sin artificios de retórica – contra las gentes de
posibles y los jóvenes alumbrados de la Sociedad Patriótica que pretendían
dar a la Revolución un giro extranacional. El propósito era sustituir la
Junta por el gobierno “único” de Saavedra, que mantenía aún su prestigio en
la masa popular; el vehículo fueron los alcaldes de la periferia, sobre todo
Tomás de Grigera, alcalde de las quintas, y su intérprete el Dr. Joaquín
Campana, abogado de prestigio en las orillas. (...)
A las doce de la noche, la plaza de la Victoria estaba llena de gentes que
rodeaban el edificio del Cabildo en un imponente silencio. Los regidores
buscaron la protección de la Fortaleza donde quisieron averiguar, con los
miembros de la Junta, el origen y los propósitos de la nocturna apariencia
del pueblo. Como se sabe que está Grigera, aparentemente al frente de la
pueblada, se lo llama; Vieytes le pregunta en tono conminatorio quién había
ofrendado la concentración intempestiva y Grigera contesta reposadamente:….
“El pueblo tiene que pedir cosas interesantes a la Patria”.
Sigue un altercado entre los “morenistas” con el imperturbable alcalde que
no quería decir cuáles eran “esas cosas interesantes”, y solamente habría de
explicarlas al cabildo.
Llegan noticias de aglomerarse más gente en la plaza y estar algunos
regimientos plegados al pueblo, entre ellos los pocos Húsares que había en
la ciudad con su Jefe Martín Rodríguez. Como los “morenistas” acorralaban a
Grigera, entraron algunos individuos(...) que se limitaron a pedir que los
regidores fuesen al ayuntamiento a oír el “petitorio del pueblo” y que “al
alcalde Grigera se le dejase preguntar”.
A las tres de la mañana los regidores, previas garantías de seguridad, se
atreven a cruzar la plaza “llena de gentes de a caballo, sin notarse la
menor voz ni susurro alguno”. Aquella actitud y a esa hora, debió
estremecerlos.
Una vez que en la sala de sus sesiones, el Dr. Campana les entregó el
memorial de diecisiete peticiones para elevar a la junta, sin más amenaza
que “el pueblo no se moverá del lugar que ocupa entretanto no queden
satisfechos los votos de la manera que se pretende” (...).
Se pedía la expulsión de todos los europeos de cualquier clase y condición
que sean “que no acreditasen de modo fehaciente su lealtad al gobierno”.
Advenidos los orilleros a la Junta, el tono de las relaciones con los
ingleses cambiará radicalmente. (...) Campana se niega a la mediación
británica “que quiere darnos por favor mucho menos de lo que se nos debe por
justicia”.
El 21 de junio la Junta da otro golpe a los ingleses en lo que más les
dolía, sus intereses mercantiles: a instancias del consulado prohibió la
remisión de géneros ingleses al interior, derogando la disposición de Moreno
que lo permitía; también que los extranjeros vendieran sus géneros al
menudeo en la capital. No se contentó allí; y como los introductores
ingleses, favorecidos por Larrea, demoraban el pago de los impuestos hasta
vender sus mercancías, la Junta ordenó –por pluma de Campana– el 25 de junio
que las deudas de los introductores con la aduana tendrían un interés de del
6% “sin prejuicio de los apremios y ejecuciones que el administrador de la
Aduana estimara convenientes”.A sus enemigos natos (los jóvenes del café de
Marcos y la gente “decente”) los “orilleros” agregaron a Strangford y los
comerciantes ingleses.
No podrían resistir mucho tiempo esa coalición de tantos “intereses” .
Campana seria depuesto y desterrado en Septiembre por una revolución, y
elegida una junta entre la que figura Sarratea como “garantía de los
comerciantes ingleses”. La elección no se hizo en la plaza (como lo había
dispuesto Campana” sino en la sala del cabildo, entre la gente “decente” y
sin permitir la entrada ni votación de la “gente de medio pelo”.
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