Recordando a Quique Juarez

Enrique José Juárez

12/12/44 10/12/76

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Es muy difícil saber como debo  describirlo, como contarles, ¿Desde que lugar?, ¿Desde cual de sus facetas? Una vez Cortazar, recomendó arrancar por el principio,

 y le haré caso.   

 Hijo de una pareja de laburantes que llegaron desde Rosario para instalarse en Vte. López, su padre fue yrigoyenista de joven y peronista desde aquellos octubres históricos, su madre fervientemente evitista.

El formo parte de la infancia que disfruto eso de ser “los únicos privilegiados”, se podía jugar con el presidente en la quinta de Olivos a la salida del colegio. Las anécdotas de viejos vecinos y amigos de ese colegio, algunos  aun viven en Florida, confirman que siempre fue un compañerazo.

Trabajo desde su juventud y como trabajador su mirada colectiva lo llevo a ser delegado de Luz y Fuerza, luego esa militancia sindical, sumada a la resistencia barrial de tizas y carbón pintando en paredones PV, (Si, si  PV: Perón Vuelve), la profundización del proceso de lucha popular (o el paso del carbón a los caños), lo fueron llevando a la convicción de la necesidad de organizarse mas cualitativamente. Así integro tempranamente aquellos pequeños grupos que se irían fusionando y conformando la organización Montoneros, e impulsado por su capacidad y su representatividad, llego a convertirse en conducción nacional de la Juventud Trabajadora Peronista.

Esa militancia era la expresión de su imperiosa necesidad de vivir en una patria justa libre  y soberana, en una gran patria americana, donde se dignificara al trabajador y su trabajo, donde la decencia fuera lo normal, donde la indolencia fuera un mal recuerdo.

Esta necesidad que suena tan actual y que poco a poco, empezamos a reKuperar, cuando hoy volvemos a tener confianza en quien levanta la memoria de esa generación y se identifica con esos ideales públicamente desde lugares impensados hace algunos años, como por ejemplo el Salón Blanco de la Casa Rosada, esa necesidad es la que nos impone hoy la obligación de acompañar con organización popular las iniciativas presidenciales.

Como apasionado del cine, su capacidad de concretar sus sueños lo convirtió en un  director, que participó en los grupos que impulsaban otro cine, filmado en clandestinidad, con contenidos revolucionarios, que apostaba a la liberación.

Fue también un maravilloso padre de tres hijos y un apasionado de la vida.

Recuerdo cuando una tarde de los 70’ mi vieja me llevo a un acto en Atlanta, adonde fuimos con los compañeros de la JP de San Telmo, yo estaba justo en la tribuna frente al escenario, en este se encontraban  todos los “bronces”, desde las viejas glorias de la resistencia a la conducción de la  “juventud maravillosa”, en un momento uno de mis “tíos” me levanta a caballito y veo, que el que toma el micrófono y comienza su discurso era mi papá, mi orgullo fue tan grande que cuando terminó el acto y me encontré con él en las escaleras del escenario, no pude avanzar mas de dos escalones y desde ahí saludé a los que se iban retirando.

En Rosario en el oscuro Octubre del 76´, lo  acompañaba en una recorrida por casas de compañeros para llevarles provisiones, yo tenía una caja de zapatos en mi falda, y desde ella salían fajos de billetes marrones, que él iba dejando en cada lugar, cuando yo veo que en la caja ya no quedaba  nada, le pregunte, con inocencia de nueve años, ¿porqué no llevaba una caja así para casa?, él se puso serio y me pregunto si yo, que tenía TV, libros, pelota, juguetes, necesitaba algo más, le respondí que no. ¿Entonces para que queres la guita? me dijo, y estos compañeros la necesitaban para vivir y sobrevivir. Si había recursos estos eran para quien más los precisara.            

No es extraño que los compañeros “intervenidos” de la Columna Norte de Montoneros, festejaran su designación como conducción de la misma, hacia fines del 76´, luego de que en Rosario ametrallaran a su compañera, la mamá de mi hermano más chico, mientras que mí vieja seguía en Devoto desde Julio a disposición del PEN. Un día veintidós años después Galimba me afirmaba que: “Quique repartió lo poco que había y que cuido a todos con una dedicación  admirable, sino muchos no hubiéramos sobrevivido”, pero fueron pocas semanas, un viernes el 10 de Diciembre de 1976 fue a una cita y nunca volvió.

Poco tiempo después un compañero, a quien yo había visto algunas veces en una de esas casas a las que nunca supe llegar ya que iba con los ojos cerrados, me encontró jugando frente a la casa de mis abuelos en Florida y arreglamos una reunión, unos días más tarde, en su coche nos dio algunas cosas de mi papá y nos confirmó que nada de lo que el sabia había caído en manos del enemigo, y que estaba seguro que había combatido hasta el final. Esto lo confirme años después con datos de la CONADEP y luego con relatos de detenidos que vieron su cuerpo ingresando a la ESMA y recordaban que, hasta los marinos manifestaban admiración y respeto por la forma en que los había enfrentado.

Ellos se llevaron solo su cuerpo, su espíritu, su fortaleza imbatible, su incontenible generosidad ya estaban integrando las páginas de gloria de nuestro su pueblo para siempre.

 

Javier Juárez

Febrero de 2006

       

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