Pensar desde lo nuestro

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Para empezar a pensar desde lo nuestro, para continuar la mirada del revisionismo histórico, para encontrar las respuestas particulares de nuestro país acordes a nuestra historia, nuestra idiosincrasia, cultura, economía, desarrollo. Sin impostar ni importar prácticas que tienen que ver más con otras latitudes, historias...

 

Van unos párrafos de Arturo Jauretche, de su libro "Política Nacional y Revisionismo Histórico", para abundar y pensar desde lo nuestro.

 

..." No hace mucho tiempo Soler Cañas comentó en la revista Mayoría un libro mío de 1934. Es un poema gauchesco titulado El Paso de los Libres, y señala el comentarista la contradicción entre las definiciones nacionales y del hecho imperialista, que el personaje protagónico hace, con un recuerdo elogioso de Caseros , que se le escapa. Esto puede ser perfectamente explicado si se recuerda cómo fuimos formados intelectualmente los hombres de nuestra generación, y cómo el encuentro con la verdad ha sido paulatino, fraccionario, carente de una visión panorámica integral pues en cada paso que avanzábamos lo que se descubría estaba en contradicción con lo que se nos había enseñado como verdad inconclusa y muchas veces subsistente en nosotros. No hemos tenido ni literatura, ni maestros de esa verdad, y los que había estaban ocultos bajo la abrumadora carga de literatura y enseñanza destinadas a ponernos anteojeras.

 

En una palabra tuvimos que fabricarnos nuestras propias armas, y construir con atisbos, intuiciones y datos aislados lo que para las nuevas generaciones ya es una verdad arquitectural. Ahora, por ejemplo, después de la labor de José María Rosa sobre la guerra del Paraguay, es relativamente fácil ubicarse, respecto de ésta. Yo en cambio para orientarme tuve que valerme de atisbos como el que referiré anecdóticamente.

 

He nacido en un pueblo del oeste de la provincia de Buenos Aires, en Lincoln, y este pueblo se fundó reservando suertes de chacras para los soldados de aquella guerra. De tal manera que en mi infancia conocí algunos viejitos veteranos con quienes conversábamos al salir de la escuela bajo las galerías de paraísos que sombreaban la plaza, y me impresionó bastante el contraste entre las referencias históricas que la escuela me daba sobre la guerra del Paraguay, y el relato anecdótico de aquellos humildes actores, algunos allá mutilados, cosa que no le pasaba a los historiadores. Para la enseñanza oficial la guerra había sido con el Paraguay y el Brasil nuestro aliado, pero en vivo relato, en la conversación evocativa de los actores, todos los enconos, todos los choques que recordaban se remitían a una permanente hostilidad hacia el presunto aliado. Alguna vez se contaron expediciones nocturnas y conjuntas de paraguayos y argentinos, "carchando" los caídos del ejército brasileño, mejor pagados, y en cuyos bolsillos solían encontrarse alguna onza de oro. Muchos años más tarde he recogido en Río Grande do Sud la repercusión en el otro lado de hechos como estos y que debieron originar este juicio crítico: "O argentino moito valente mais molto gatuno". (Con gatuno quieren decir ladrón).

 

A esos veteranos que me dieron su versión de la popularidad de la guerra con el Paraguay, y de cómo sentía y pensaba el pueblo argentino auténtico, tengo que agradecerles el aporte de la duda que introdujeron en mí. En realidad los hombres sencillos y humildes, por no estar enfautados y ensoberbecidos con una media cultura mal digerida, tienen el sentido crítico más realista.

 

Pero toda la enseñanza es así. Ese pueblo mismo donde nací era cuarenta años antes territorio de ranqueles, que allí mataron a mi bisabuelo, y todavía sobrevivía un hijo suyo, "El Cautivo" que lo había sido durante once años. Nunca la escuela habló de esos ranqueles cuando ya éramos eruditos en Sioux, Apaches, Comanches Iroqueses, y así. Y nunca se nos habló de la laguna del Chacho, donde íbamos a bañarnos y a pescar en las siestas robadas y en las rabonas, como tampoco de la de Gómez o Mar Chiquita más allá, cerca de Junín, que nunca supimos se llamó Federación y su pago "El Potroso", como nunca se nos dijo que nuestro pueblo nominado Lincoln en homenaje al Presidente norteamericano, se llamaba antes "Chañar", ni tampoco conocimos el chañar, esta vez con minúscula, cuyas pequeñas isletas ya no existían en la zona. Y sin embargo en esas lagunas nace el Salado de Buenos Aires, que sólo oímos nombrar en la escuela cuando ya sabíamos bastante de el Yang-Tse-Kiang o del Mississippi. Es cierto también que ni el zorro, ni el ñandú, ni la mulita o el peludo, entraba en nuestra zoología escolar, como tampoco las nuevas razas vacunas, por lo menos el Héreford y el Shorthorn que empezaban a poblar los campos del oeste mientras se alejaban las ovejas dejando sólo el rastro de la majada de consumo. Pero conocía la descripción exacta del ornitorrinco que es una especie de relicta de Australia. También nos enseñaban lo que significa relicta.

 

Años más adelante he oído a gente con cultura agraria preguntarse por qué el valor de los campos se ha desplazado de los bajo de los bajos del sur, que fueron trebolares cruzados por arroyos hacia los campos del oeste, pues nadie les enseño la influencia de la técnica sobre el medio, para hacernos comprender que la fisonomía rural de la provincia de Buenos Aires fue cambiada por el progreso técnico, que permitió dar vuelta a los pajonales con el arado de dos rejas y sustituyó la incómoda aguada del jagüel, por el molino de viento y creó la posibilidad de la zona de las invernadas con alfalfa.

 

Así el hombre del medio rural, como el historiador, han tenido que ir descubriendo sus verdades entre la maraña confusa de las generalidades sin contenido local cuando no deliberadamente falseadas.

 

¿Quién no ha oído a nuestros técnicos en civilización, criticar la falta de montes frutales y de huer4tas en las viejas estancias? ¿Y quién no ha oído atribuir esto a la desidia del criollo, a la incapacidad del poblador criollo? He tenido que encontrar en un escritor inglés, la sensata y lógica explicación del fenómeno.

 

Dice, aproximadamente lo siguiente: He notado que en las viejas estancias - escribe a principios del siglo XIX- las del siglo XVI y XVII, hay rastros de haber existido huertas y montes frutales, cosa que no ocurre con las posteriores. Supongo que el primitivo poblador procedente de Andalucía o de Extremadura intentó reproducir en el nuevo medio la finca típica de su país de procedencia; pero después fue aprendiendo, que en un país de campos abiertos, de leguas y leguas, con haciendas orejanas, era necesario estar todo el día a caballo y no había tiempo para dedicarse a la agricultura doméstica. No era cuestión de que por salvar un zapallo o una docena de duraznos, perdieran 500 ó 1.000 vacunos. En una palabra, el medio determinó la condiciones de vida y de trabajo y no la cultura ni la herencia hispánica o la religión católica, como dicen nuestros macaneadores de la "intelligentzia".

 

He recordado esta mentalidad hace poco tiempo, viajando de Berlín hacia Renania, al comprobar que al llegar a Padeborn, comienzo de la zona católica, se multiplican las chimeneas que se van incrementando a medida que uno se acerca al Rhin en la misma relación que se hacen más numerosas las típicas torres de las iglesias de la contrarreforma. Razonando como nuestros viajeros de la "intelligentzia" - aquí y allá- hubiera tenido que anotar en mi carnet: "Es evidente que a un mayor desarrollo del catolicismo corresponde un mayor desarrollo industrial y que en consecuencia el catolicismo es el ambiente más propicio para el desarrollo técnico".

 

¡Flor de macana! Este olvido del carbón, del hierro, del río, de la técnica, del acceso a los puertos de exportación de la política económica, etc. ¿Pero que otra cosa que un floriegio de macanas es toda esa literatura con que han llenado las cabezas de generaciones y generaciones de argentinos?

 

Estas larga disgresión viene a cuenta para explicar las infinitas dificultades que han obstaculizado la labor de los revisionistas, porque para ellas también se ha hecho la siembra del disparate, destinado a impedir toda base nacional, real, concreta, de nuestro pensamiento, condenado por el plan colonizador a divagar por la insustancialidad o por la estratósfera. Piense Ud. en cada una de las "verdades reveladas" que le han encajado, analícelas con sentido común y verá usted cuál es la finalidad perseguida y por qué a mayor erudición suele corresponder mayor confusión. Agregue que por andar confundido pagan, y por ver claro castigan, y comprenderá el resto. Y lo difícil que ha sido la empresa de los revisionistas.

 

Arturo Jauretche “ Política Nacional y Revisionismo Histórico “ (Fragmento)

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