(Intentando Seguir los pasos de Arturo Jauretche)

Otros ladrillos en la pared (acerca de la intelligenzia)

 Por Claudio Diaz

 

-La sociedad oligárquica no ha dejado en su estela histórica más que parálisis, manías imitativas, poesías traducidas y argentinos descontentos de su país.

(Jorge Abelardo Ramos)

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El directorio cultural y mediático que pretende controlar el pensamiento de un país distribuye prestigio entre ciertos habitantes del mundillo intelectual. Lo hace por afinidad ideológica para que los postulados que sostiene ganen consenso entre sectores sociales a los que necesita dominar.

 

Todo comienza cuando aquella estructura decide conceder el crédito y dictamina que tal o cual personaje es moral, ideológica y políticamente un dechado de virtudes; exquisito, insuperable y notable analista del mundo y de la vida.

 

El pergamino que recibe el prestigiado tiene carácter vitalicio dura para toda la vida y

no hace falta revalidarlo, sobre todo porque los que vienen detrás del adelantado que inició el reparto de medallas, repiten operación sin averiguar o detenerse a pensar si los antecedentes que merecieron la distinción tienen sustento.

 

Por ejemplo, han leído de algún colega la categorización de -el más grande historiador que se le adosa a,  por ejemplo, Tulio Halperín Donghi, de modo que cuando tienen que presentarlo trasladan mecánicamente el elogio aunque quizá no hayan leído ni un solo párrafo de su producción ensayística.

 

Seguramente, el reconocimiento que se le otorga a esas figuras muchas veces está justificado . Pero la cuestión toma otro cariz cuando la sabiduría integral del personaje endiosado es usada para imponer discursos políticos totalmente intencionados. Y ya se sabe cómo los sectores medios consumidores de cultura se apropian de esos referentes y atienden todas sus afirmaciones a partir del cartelito que le colgaron justamente los medios del sistema dominante: -agudo analista político, -inteligente observador de nuestra realidad. ¿Pero cómo son realmente, qué condiciones los hacen sobresalir?

 

Lo primero que salta a la vista en este tipo de -referentes es que están pasados de intelectualismo y se consideran a sí mismos como eruditos con ideas revolucionarias.

 

Creen que, como productores de pensamiento, tienen todo que enseñar y nada que aprender. Hay abundantes ejemplos del contraste entre lo que estos prestigiosos del campo progresista afirman y la realidad. Todo debe haber empezado cuando el pintoresco Juan B. Justo dijo que para desarrollar la Argentina hacían falta -el librecambio y la supresión de la Aduana. Realmente es difícil explicarse cómo hacen para mantenerse socialmente asépticos; para tener una más que buena posición económica y representar a los pobres; pertenecer a la clase media y darle recomendaciones a la clase baja; referir sin trabajar a los que trabajan, sin pelear a los que pelean y sin ser obreros a los obreros.

 

Por eso a la izquierda liberal de este país le resulta más sencillo (en realidad lo es) producir intelectuales en lugar de líderes. Los líderes surgen de las zonas marginales a las que no concurren ellos. Y los consagra el pueblo. En cambio, los intelectuales son fatti in casa por los libros.

 

El líder busca y cita hombres; el intelectual busca y cita libros. Pero las ideas carecen

de valor mientras no demuestren su capacidad de convertir en actos, y su intención de subordinarse a esos actos y pender de ellos.

 

Escribió Salvador Ferla:

 

-Si Jesús no se hubiese rodeado de pobres, el Evangelio no tendría encanto ni valor doctrinario. Hizo una doctrina para pobres y se rodeó de pobres. Y ese -acto-, que califica la autenticidad de la doctrina, es tan importante como la doctrina misma. (1)

 

Los intelectuales prestigiosos le reprochan al peronismo prácticamente todo, desde su cuerpo de ideas hasta su estética.

 

Pero la presencia de la clase obrera y de los pobres en el peronismo vale tanto o más que toda la literatura de izquierda y sus teorías revolucionarias.

 

Artigas, el primer calumniado de la historia argentina, no sabía de ideologías y doctrinas como sí podía saber Mariano Moreno. Pero mientras el abogado vivía solitario y leyendo, el caudillo convivía al aire libre con su pueblo. Y mientras aquel distribuía sus ideas, éste, gaucho y patriarca, repartía tierras entre sus soldados.

 

Lo mismo puede decirse de Rosas; comparado con los políticos de su época, quizá no tenía una esmerada formación intelectual, pero con la ayuda de su robusto sentido común había descubierto el profundo valor de la soberanía y llegado a comprender que si a las grandes potencias se les afloja una vez, querrán cada vez más; que la primera humillación se convierte en una cadena interminable de humillaciones.

 

Esa comprensión le daba una superioridad ideológica sobre hombres preparados y prestigiosos como Alberdi, quien llegaría a entender la película de nuestra historia colonial casi al final de su vida.

 

Los supuestos expertos que nos dan clases de política a veces pasan por alto o ignoran lo elemental, y de sus consideraciones surge un grave desconocimiento de las características del país, sus orígenes y sus condiciones de desarrollo histórico.

 

Analizan la marcha de lo que pasa en el país de manera desconectada a su formación, como si pudiera explicarse la vida de una persona a partir de sus 25 ańos de edad y no desde el cordón umbilical, con sus primeros pasos y sus primeros tropiezos, con su desarrollo primario que determina gran parte de su desarrollo posterior.

 

La fotografía del país aparece, de esta manera, con muchos puntos no revelados.

 

Vamos a detenemos en los casos de Mario Bunge y Tulio Halperín Donghi, por citar a apenas dos de los intelectuales prestigiosos que aparecen repetidamente en los suplementos de cultura de los diarios o incluso en la pantalla televisiva.

 

No caeremos en la mediocridad de desmerecer los conocimientos que poseen sobre la especialidad a la que dedicaron su vida: el primero, la ciencia y la sociología; el segundo, la historia universal.

 

Pero sí queremos ejercer el derecho a disentir con sus opiniones sobre política argentina. Tanto Bunge como Halperín Donghi se han marchado de nuestro país hace 40 años (aquél a Canadá, éste a los Estados Unidos) y, aunque periódicamente regresan, parece que tan larga ausencia los lleva a cometer increíbles análisis sobre la realidad nacional, con reiteración de diagnósticos que la propia historia se encargó de descartar.

 

A favor de Bunge, que dejó la Argentina en 1963, podemos decir que es un intelectual absolutamente sincero, un caso fuera de lo común que sólo puede darse en un país como el nuestro a raíz de la intoxicación ideológica a la que fuimos sometidos desde el siglo XIX.

 

Se define a sí mismo como socialista liberal, concepto que no debe mover a risa porque, insistimos, parte de sus propios labios. Fue presentado alguna vez por el periodista Jorge Halperín como -un hombre acostumbrado a meter el dedo en la llaga, cuya principal tarea es la de provocar la polémica.

 

La verdad es que lo definió muy bien, más allá de que después le adjudicó ese toquecito de prestigio del que veníamos hablando: lúcido pensador. ¿Será porque dice monumentales disparates sobre el peronismo?

 

Pasemos a examinarlo.

 

En uno de sus esporádicos viajes a Buenos Aires, en 1985, Bunge pidió audiencia con el entonces presidente Raúl Alfonsín para plantearle el diseño y sometimiento a referéndum de un denominado Plan de Reconstrucción Nacional...

 

-...haciendo eje en la necesidad de suprimir tres elementos que a mi juicio son los que condujeron al desolado estado de destrucción de la Argentina: los militares, el peronismo y los psicoanalistas. (2)

 

¿No es extravagante su teoría?

 

Sin embargo, posterguemos por unos instantes nuestra opinión para dar lugar a otras de sus reflexiones, que nos permitirán conocer más a fondo los motivos de la extrañísima concepción que tiene acerca del drama argentino:

 

-La magnitud del desastre (...) no empezó en 1976 ni en 1973 ni en 1943. El gran comienzo de la decadencia argentina empezó el 6 de septiembre de 1930. Ahí es cuando el país empezó a perder esa línea liberal, progresista, cientificista, laica... (3)

 

-Yo soy un hombre de izquierda. Mi padre, Augusto, se anotó en el Partido Socialista cuando recién se fundó. Lo llevó José Ingenieros, que era compañero de medicina de él. Papá se afilió en 1898 y daba conferencias en sindicatos y tabernas contra el alcoholismo y sobre el feminismo. Participó en el derrocamiento de Yrigoyen pero después se arrepintió. (4)

 

-El castellano es una lengua atrasada y la prueba está en que incorpora neologismos, anglicismos y germanismos (oo.). Es una lengua inferior porque detrás de ella hay una cultura inferior. (5)

 

Ahora ya podemos tener una noción más completa respecto del pensamiento del profesor. Con su desvelo por la grapa que se cargaban los trabajadores acodados en el estaño de los bares, su padre Augusto, que fue diputado y está considerado como uno de los primeros higienistas del país, le marcó esa preocupación sin duda sincera y humana, pero absolutamente fuera de tiempo o, para estar a tono con el léxico contemporáneo, políticamente incorrecta.

 

En el 1900 el problema no era que los obreros, además de gastarse la miseria del jornal en el boliche, se desentendieran de la lucha por culpa de los vahos etílicos; tampoco el eje pasaba -aunque suponga una postura muy progresista- por la liberación femenina, esa idea extemporánea que plantea el -sometimiento de la mujer en el mundo laboral como si el hombre no fuese explotado por alguien de su mismo género.

 

Lo que no alcanzaba a percibir Bunge padre es que las infamantes reglas laborales (entre 14 y 16 horas de trabajo por salarios de hambre y con la única posibilidad de descanso el domingo por la tarde), no le dejaban al obrero otro recreo que distenderse en esas poquísimas horas de libertad quedándose a dormir en el conventillo o yéndose a tomar un trago. Pretendía que fueran máquina, que, después de largas horas de uso siguieran enchufadas para escucharlo a él, postulando las necesidad de someterse a la Ley Seca mientras al mismo tiempo empujaba a sus mujeres para resistir la explotación machista.

 

¿Qué podría esperarse de Bunge hijo con esa herencia filosófica? Respuesta: esa ensalada Light, sin sal ni aceite, que llevaría a considerar que la decadencia argentina no es producto de la imposición de programas antinacionales y antipopulares a cargo de potencias y clases dominantes, sino el resultado de haber dejado en el camino el cientificismo liberal y protestante, una opción que difícilmente haga masa en la Argentina por el ascendiente hispánico y católico que nos hermana a toda Latinoamericana, encima hablando la inferior lengua castellana, como define. Bunge podría confraternizar con Hitler, que también pregonaba la superioridad de una cultura sobre otras

 

Si hablamos de ensalada ideológica estamos haciendo referencia a distintos tipos de -verdura. Que es lo que vendía hace unos ańos el epistemólogo (según el diccionario: persona que  analiza los fundamentos y métodos del conocimiento científico) bajo el anuncio de un descubrimiento fabuloso, tan increible que nos tienta a pronunciar aquella célebre frase... ¡Paren las rotativas...! Es que su revelación (para la misma fecha, le aconsejaba a Alfonsín acabar con los militares, los psicólogos y los peronistas) sacudía sin duda al mundo entero, incluso, no puede entenderse que el abanico antiperonista de la Argentina, las fundaciones financiadas por las capitales democráticas u organizaciones mundialistas como la ONU y el Tribunal Internacional de La Haya, no hayan tomado nota de la gravedad de su denuncia.

 

Según Bunge, en nuestro país el secuestro y la desaparición de militantes políticos y sociales no comenzó con la dictadura de Videla y Martínez de Hoz, sino durante el segundo gobierno de Perón: -Perón solamente necesitó al final de su mandato recurrir a la violencia. Al principio no, porque tenía el apoyo de la mayoría del pueblo (...). Las desapariciones empezaron recién el '52; ahí fue cuando los argentinos inventaron esa definición jurídica aberrante, que es la de la desaparición, pero fue en pequeña escala. Desaparecieron unos 100 dirigentes sindicales y políticos; y las grandes matanzas empezaron cuando regresó Perón, en 1973. (6)

 

¿No es el guión perfecto, uno más de tantos que podrían escribirse, para producir una película que compita por el Oscar de la Academia de Hollywood?

 

Si el peronismo hizo desaparecer del mapa a un centenar de argentinos y además produjo las grandes matanzas, es perfectamente lógico que Bunge lo vea como...

-una combinación de fascismo con clericalismo y con muchos elementos originales. No se puede negar que el peronismo es una invención argentina.

 

Una invención tan pero tan original, que los politólogos del mundo entero se han devanado los sesos tratando de entenderlo, y sin embargo no lo han logrado...

 

Un gran sociólogo argentino me dijo cuando se iba del país, textualmente, lo siguiente: -Me voy porque a pesar de haber estudiado durante muchos años el fenómeno del peronismo, sigo sin entenderlo (...). (7)

 

En fin, burros hay en todas partes. Lo grave es que a Bunge y su amigo exiliado, nuestro sistema educativo les haya entregado el título de sociólogos a pesar de no haber interpretado que este movimiento político es resultante de un proceso histórico nacional. Linda clase de universitarios que no pueden interpretar el alma de sus propios países y se van a devanar los sesos en el extranjero para ver si encuentran alguna traducción libre historia argentina.

 

Para abril de 1998 estaba de vuelta en el país. Y una revista preguntaba qué cosas, a su juicio, habían cambiado en la Argentina desde su partida a principios de los' 60. Respondía: -Ha habido muchos cambios, algunos para mejor y otros para peor. Los principales cambios positivos son el retorno de la democracia política, el debilitamiento de las fuerzas armadas, la desintegración del peronismo y la emergencia de nuevas fuerzas políticas. Los principales cambios negativos son la adopción de una política socioeconómica regresiva y el deterioro de la cultura, en especial la educación. (8)

 

La desintegración del peronismo, que, lamentablemente, para él, no se operó, como aseguraba muy suelto de cuerpo, venía bien. ¿Y de la desintegración del país, nada para decir? La entrega del patrimonio nacional, el retorno al coloniaje más brutal aparecen disfrazados de un tenue calificativo de política socioeconómica regresiva. El saqueo científicamente calculado, con el mayor eficientismo que tanto ama, no cuenta en su consideración. ¿Y el liberalismo? ¡Pero qué tontos! Si el mismo Bunge ya nos adelantó en el comienzo que es liberal... Pavote izquierdista para quien existe únicamente la fuerza del mal peronista, sin imperialismo ni oligarquías que hagan daño.

 

-Es increíble que este país, que en las primeras décadas del siglo XX estaba entre los primeros del mundo, y se presentaba junto a Australia y Canadá como las mayores potencias a futuro, haya caído en el peor de los pozos. Pero ya se sabe, acá dejaron hacer a las fuerzas armadas lo que quisieran, y encima después apareció el peronismo con toda su política demagógica. En Australia y Canadá fue todo tan distinto.  (9)

 

Otra vez el sonsonete de siempre: Australia y Canadá como paralelos de la Argentina liberal y democrática que se frustró por culpa de los peronistas. Bastaría con recordarle a Bunge que Australia no tuvo luchas emancipadoras como sí debió afrontar nuestro país para librarse del yugo colonial. Australia es una nación de probeta elaborada en el laboratorio de los ingleses, una casa construida llave en mano para que cientos de miles de hijos del Conmmonwealth (la comunidad integrada por los habitantes de todas las posesiones británicas) tuvieran un hogar común para vivir, aunque al costo, que Bunge no dice, de mandar al subsuelo a los habitantes aborígenes que estaban desde mucho antes en la isla: sus derechos civiles les fueron reconocidos recién en 1962, y los censaron, les dieron habilitación oficial como hombres y mujeres, nueve ańos más tarde.

 

Lo extraordinario es que Bunge, siendo un pensador de izquierda, desconozca el papel de las potencias dominantes, eso que algunos intelectuales tienen miedo de pronunciar por temor a una sanción disciplinaria: imperialismo. En nuestro país, las Fuerzas Armadas de las que se queja, con algo de razón, no hicieron lo que hicieron porque sí. Fueron impuestas por la sociedad liberal oligárquica-imperialista. Bunge tendría que reconocer al menos ese aspecto, porque de lo contrario parece que aquéllas hubieran sido llamadas por el pueblo para producir la muerte y el saqueo de la Argentina.

 

Ahora nos toca examinar a otro eminencia del pensamiento:

 

Tulio Halperín Donghi,

 

Según las academias del prestigio Tulio Halperín Donghi es -el historiador más notable de los últimos 50 años.

 

Hizo su tesis en la Ecole Practique des Hautes Etudes de París, y Argentina en el callejón y La larga agonía de la Argentina peronista son sus más de 20 libros que la mayoría de la intelectualidad como obras de cabecera para entender la historia Argentina del siglo XX.

 

También puede ser visto como agudo e irónico, de acuerdo a la definición de la periodista y escritora María Seoane en una entrevista que nos sirve para conocer las posiciones de quien es docente emérito de la Universidad de Berkeley y comulga las ideas del marxismo de esta manera:

 

-La Argentina es un país que se descubre cada vez más sin un lugar definido en el mundo. Es exactamente lo contrario de lo que sucedía a fines del siglo pasado, cuando parecía que el mundo era enormemente acogedor para lo que Argentina podía ofrecerle, que eran las exportaciones agropecuarias sobre la base de las cuales creó una sociedad bastante próspera, más igualitaria que la que tenemos ahora. (10)

 

¡Qué tal...! Un marxista enamorado del modelo agropecuario exportador que apenas reparte el pan entre su gente y no permite, de ninguna manera, que se instalen industrias para desarrollar una clase trabajadora.

 

Pero más allá de ese detalle, ¿pensarían igual los peones del campo, las masas explotadas hasta la servidumbre por las empresas inglesas, los andrajosos obreros de la Patagonia rebelde, el pobrerío urbano hacinado en la orillas del puerto por la oleada de inmigrantes que llegaban a Retiro?

 

El materialismo dialéctico no parece haberle dado argumentos valederos a Don Tulio. Encima, que aquel lugar en que el mundo fuera bajo la categoría de colonia inglesa no le decía nada, Y todavía hay algo más en la siguiente añoranza:

 

-Cuando uno piensa que los gobiernos oligárquicos crearon buena parte de los hospitales y las escuelas que todavía tenemos que usar, y no creían estar haciendo una obra de asistencia social sino cumplir los deberes básicos de todo gobierno, se ve lo que hemos perdido y sus consecuencias. (11)

 

El, por lo pronto, perdió memoria y objetividad. Se acuerda de los edificios que levantó la oligarquía pero no de las 8.125 escuelas y los 18 grandes hospitales, de alta complejidad, además de centenares de salas de salud más pequeñas, que crecieron bajo los dos primeros gobiernos peronistas. En cuanto a ganancias y pérdidas, el pueblo bien sabe cómo le fue cuando al país lo condujeron las camarillas oligárquicas que tanto venera.

 

En Argentina, la democracia de masas, sentencia con rigidez de juez que cuando se produce la revolución de junio de 1943, -el avance de la corriente autoritaria corresponde al influjo de Perón...

 

De la corriente pro-imperial (británica y yanki al mismo tiempo), ni una palabra. Pero está bien, porque esa sí es democrática. A continuación dirá que Perón crece en su popularidad gracias a que brinda...-ventajas concretas, y apoyadas en las premisas anticapitalistas de la propaganda fascista.

 

Si las premisas políticas y sociales del coronel constituían una crítica al capitalismo, también podía interpretarse que el cuestionamiento tenía tinte comunista. Pero no... Halperín necesita que el juicio de Perón al imperialismo destilaba un tufillo fascista, pues así le servía para justificar su inclusión en esa línea política.

 

Sin duda, a él le gusta estar más cerca de los verdugos del Ąemaque de las víctimas que van quedando en el camino. Si el modelo de 1880 le resultó más progresista que los que llevan adelante Yrigoyen y Perón; no debe extrañar que también marque claramente sus diferencias entre los contendientes del abominable 16 de junio de 1955: -El 16 de junio, cinco días después de la desafiante procesión de Corpus, estallaba un alzamiento apoyado sobre todo por la marina de Guerra. Luego de horas de combate en torno al edificio del Ministerio de Marina y de un bombardeo y ametrallamiento aéreo del centro de la capital por los revolucionarios, el gobierno pudo sofocar el reducido núcleo insurgente; esa noche, tras una concentración convocada por la CGT, cuando aún duraban las acciones aéreas, las iglesias del centro de Buenos Aires fueron incendiadas; no resulta difícil comprender que, luego de ver caer a su lado a las víctimas del fuego rebelde, algunos de los manifestantes hayan visto en esos incendios una justa venganza. Aún así, la espontánea cólera de una muchedumbre, por otra parte raleada por la prudencia, no basta para explicar la uniforme eficacia que la operación mostró en todas partes. Al día siguiente otras muchedumbres comenzaban a recorrer, heridas en sus sentimientos piadosos, los templos cuyos muros calcinados dejaban ver -eliminados por el fuego-los agregados de épocas más recientes y prósperas, los ladrillos pacientemente amontonados por los albañiles del setecientos. Si la situación hubiera dejado lugar, como en épocas menos tensas, los observadores distantes, éstos hubiesen podido repetir, como sesenta y cinco años antes, que el régimen no habría de sobrevivir a su victoria sobre la rebelión: en todo caso, la quema de las iglesias, ese acto de puro delirio, amedrentó sobre todo al gobierno que (en la hipótesis más caritativa) no había hecho nada por evitado (...). (12)

 

Repasando... 1°) El acto terrorista de bombardear blancos civiles es -ametrallamiento aéreo llevado a cabo por ¡revolucionarios! 2°) Los cientos de muertos peronistas son -víctimas del fuego rebelde. 3°) El incendio de iglesias, que aun con el cuestionamiento que pueda hacérsele arrojó solamente dańos materiales (destrucción de templos y altares), es -puro delirio que afecta los -sentimientos piadosos de las -muchedumbres.

 

Corolario: en el análisis marxista de quien es considerado como una eminencia del pensamiento histórico no caben las otras -muchedumbres, las del pueblo. Y tampoco hay referencia alguna a determinar el grado de delirio que demuestra la clase dominante en la planificación y ejecución del ataque más cruento de la historia argentina del siglo XX.

 

¿ Tan difícil de entender es el peronismo para los ilustrados catedráticos argentinos?

 

A fines de 2002, el suplemento cultural de Clarín parecía querer tomar el toro por las astas al echar un vistazo a la última producción ensayística sobre el movimiento. El informe, llevado a cabo por la socióloga Lila Caimari y titulado ¿Qué sabe usted de peronismo?, abría expectativa porque daba la sensación de asentarse sobre pilares analíticos bastante originales o, al menos, no convencionales en los términos que habitualmente es dable esperar desde la intelectualidad tradicional.

 

Pero la investigadora del Conicet, docente de la Universidad de San Andrés y autora del libro Perón y la Iglesia Católica, tras amagar con un paso de criterio propio termina, también, -metiendo la pata con toda una contribución a las remanidas interpretaciones que se hacen en al peronismo, sobre todo aquellas que demostrarían su  carácter no revolucionario.

 

En la línea de Juan Carlos Portantiero, Carlos Altamirano o Ricardo Sidicaro, sociólogos doctorados en Francia, Caimari le pone unas fichas al argumento de que el peronismo del' 45 no modificó, en el fondo, las relaciones sociales sino que apenas distribuyó algunas mejoras.

 

Incluso se recuesta en la interpretación que aquellos hacen respecto de que el Estado benefactor e intervencionista que pone funcionamiento Perón se origina, en realidad en los gomas conservadores de los años '30. Llenando su mochila esos conceptos, termina saliendo a la carga con esta particular visión del producto peronista: -Acceso inédito a la salud y educación públicas. Gracias al crédito barato, la primera vivienda propia para muchos. Los mecanismos de acceso al confort determinaron las chances de unos y otros: al parecer fueron los empleados y pequeños y medianos comerciantes, no los obreros, los mejor posicionados para maximizar esos beneficios. Aún así, los datos sobre la mejora en la calidad de vida de las mayorías son abrumadoras. -¿Significa esto que el peronismo modificó el modelo dominante de sociedad? No. El Estado impulsor del cambio social no propuso un cambio cultural. Las escenas familiares de los manuales escolares -los mismas que dejaran esa marca imborrable en la memoria antiperonista - eran en realidad muy tradicionales: en el chalecito, el padre vestido de saco y corbata lee el diario en su cómodo sillón, la madre borda a su lado, cada uno de los dos hijos juega los juegos propios de su sexo,. el estilo de vida prometido no era otro que el de las clases medias. (13)

 

Un estilo muy conservador, como puede verse. ¿Cuál será el de ella? ¿Cuál debería ser el de una sociedad revolucionaria ?

 

Al establecerse en el poder para repartir la riqueza de manera equitativa (que eso, simple y sencillamente, constituye una de las razones de ser del peronismo; algo muy obvio pero que se pierde en los devaneos intelectuales de la mayoría de los estudiosos), el proyecto de Perón no se proponía cambiar la -cultura de vida de los argentinos sino sus condiciones, desde las oportunidades que tuvieran hasta los resultados que obtuvieran en ese nuevo camino de realización individual y a la vez colectiva.

 

¿Cuál tendría que haber sido, entonces, el nuevo modo de conducta para proyectar en 1950 un futuro de familias revolucionarias? A ver... Que el padre, en lugar de leer tranquilamente el diario, porque el trabajo que tenía le permitía sostener dignamente a los suyos y además gozar de tiempo libre para hacer lo que quisiera, estuviera preparando la revolución para liberar a la Luna del sistema solar... Que la madre dejara de pensar en hacer un pulóver para sus hijos y, en cambio, organizara una conferencia internacional de mujeres feministas o se anticipara a los tiempos pensando en la cirugía estética que se haría en 1980... Los pibes, nada de jugar a la pelota o con las muñecas. ¡A aprender a armar bombas molotov!

 

En la Cuba de Castro, modelo irrepetible de revolución socialista exitosa, y por lo tanto muy ponderada por estos intelectuales, ¿cuál habría sido antes de 1959 el deseo de sus habitantes hambreados, si no la de tener un trabajo digno y poder estar en sus casas alimentados, vestidos, sanos y con tiempo para el ocio?

 

Poner la lupa sobre la conducta cultural de clase del trabajador argentino en 1945-55, como medidor del perfil revolucionario del peronismo, es lo que parecía preocuparle a Caimari. Tenía otras maneras de averiguarlo, más genuinas y menos rebuscadas, pero ya se sabe cómo son los investigadores. Hasta capaces de encerrarse tras un ventanal a examinar si desde el cielo caen gotas de agua, señal empírica de que llueve. Con salir afuera y mojarse un poco se comprueba inmediatamente. Lo que pasa es que, del peronismo, casi siempre creen que es una lluvia artificial.

 

En la historia nacional de la injuria, quien dicta cátedra es Luis Alberto Romero, hijo de José Luis Romero, a quien el sistema reconoce como otro de los máximos historiadores argentinos, progresista como pocos, pese a que no tuvo reparo en aceptar la conducción de facto de la Universidad de Buenos Aires que le ofrecieron los fusiladotes de la dictadura de 1955.

 

Romero hijo es, al igual que su progenitor, también un progresista -de ideas socialistas (según confiesa a Revista Viva el nº de junio de 2004).

 

Pero su verdadero perfil es el de un cruzado de lo antinacional. Todo lo que emana de las ideas y propuestas políticas que hacen eje en la defensa de los intereses nacionales, populares y democráticos a él le representa lo anticuado, autoritario, cruel y violento.

 

Por lo tanto, el peronismo, un movimiento nacional, no puede estar ajeno a su encono.

Si hay algo que lo irrita profundamente, es el ser nacional: -En el siglo XX las malas pasiones de la sociedad argentina hirvieron en el caldero del nacionalismo. Ingredientes variados produjeron un brebaje malsano, un filtro embriagador que nuestra gente bebió muchas veces, como en abril de 1982. (14)

 

La sola idea de que una comunidad pueda ejercer el derecho de propiedad de su territorio (no viene al caso discutir si la decisión de reconquistar Malvinas en aquel momento era o no era válida), lo aterra.

 

Es -una mala pasión, como dice, que extiende a otras esferas de la política a las que no define con nombre y apellido, aunque no es difícil imaginar a cuáles refiere. Al leer el próximo párrafo quedará mucho mejor expuesto el horizonte que le agrada a Romero...

-Bartolomé Mitre escribió la historia de una nación que nació en 1810. La escuela se encargó luego de implantar en el sentido común esa elaborada invención; era normal en su tiempo y también virtuosa, pues sirvió para cimentar una comunidad política liberal y tolerante. Esa primera identidad nacional no hacía cuestión de raza, de lengua, de religión o de credo político. Por el contrario, admitía y alentaba la diversidad, y sólo exigía el respeto a la Ley, construida en común. (15)

 

Deberemos remitimos a los primeros capítulos. ¿El modelo de Mitre, Sarmiento y toda la pléyade liberal propiciaba la tolerancia y no hacía diferencias sociales, ni políticas, ni raciales? ¿Pero dónde se inserta la honestidad intelectual del historiador?

 

El propio Mitre había fundado su proyecto de país en la importación de pueblos europeos, porque denigraba al criollo.

 

Sarmiento viajaba a Estados Unidos a contratar maestras porque sostenía que acá no había quien pudiera enseñar, y además propugnaba la llegada de las teacher del Norte para expandir el protestantismo y atenuar, de esa manera, la raíz católica del pueblo argentino. ¿Habrá que recordar, además, la persecución implacable en las provincias por parte de ese Estado liberal y tolerante?

 

Ya no se trata de meros debates ideológicos, sino de datos históricos fehacientemente comprobados que 'el investigador académico oculta deliberadamente debajo de la alfombra. Por eso la impudicia de Romero lo lleva a cuestionar, en una entrevista, la aparición de gente que escribe sobre el pasado histórico condenando a lo que ellos llaman la academia. Gente como Jorge Lanata, Pacho O'Donnell, ahora Felipe Pigna.

 

Más allá de las cualidades historiográficas, que son pocas, hay que pensar por qué venden, qué resortes de la sensibilidad tocan. El otro rasgo que tienen es esta cosa de la conspiración. Esta idea de que -siempre hubo unos poderosos que trataron de engañamos y de dominamos, y que la historia sería un instrumento de esa dominación, que nos enseñaron una historia falsa. (16)

 

Lanata, Pigna y O'Donnell sensibilizan porque intentan encontrar o aportar a la verdad histórica, que es por otra parte lo que demanda un pueblo harto de leer o escuchar las mismas sandeces de nuestra historia oficial, ésa de los próceres blancos y demócratas.

 

Los intelectuales como Romero, en cambio, se niegan a reconocer sus faltas cuando las ideas que propugnan se chocan con la realidad de ese pasado al que, dicen, le han dedicado su vida. En este sector también salta una suerte de corporativismo. Son académicos de los claustros y no les gusta nada tener que sumar a otros intelectuales que vienen a descorrer el telón de la obra establecida, sin tantos academicismos pero profundizando en lo que creen es la verdad histórica, y no los jueguitos de entretenimiento a los que nos tienen acostumbrados los cronistas de la historia oficial.

 

Cualquiera que intente remontar el pasado estudiando, investigando y dedicando tiempo a averiguar, y en consecuencia aportar su visión política o ideológica, está en condiciones de hacerlo.

 

Halperín Donghi también salta como un resorte cuando ve que a su lado aparecen otros estudiosos que le salen a competir en su campo y terminan llegando al público con mucha más efectividad que las elucubraciones que realiza para gente de culto...

-La desvalorización que promovió el revisionismo de las figuras canonizada por la llamada historia oficial estaba destinada a reemplazar esas figuras por otras?(17)

 

Se molesta demasiado el profesor. ¿Y cuál es el problema? A no ser que el análisis de la historia se convierta en un mero pasatiempo intelectual para hacer algo en la vida y de paso entretener a un círculo social, cuando en realidad debería ser el vehículo para interpretar la vida de los pueblos y así tratar de esclarecer o modificar posiciones.

 

No hay perversidad ni malas artes en la búsqueda del revisionismo. Si éste quería cambiar o contradecir a la historia oficial con el objetivo de -poner a sus hombres, en lugar de las figuras oficiales, no cometía nada perverso.

 

Es, en todo caso, una actitud política, la misma que puede tener Halperín u otros historiadores o cientistas sociales que desde sus interpretaciones históricas también apuntan a consolidar sus modelos filosóficos-políticos.

 

Pretender neutralidad de un historiador es falso. Y como Romero, Halperín Donghi sale a echarle flit a aquellos que no tienen una cátedra en Berkeley pero que hacen, legítimamente, y con rigurosidad, historia con otro espíritu, que llama neorevisionismo.

-Se está dispuesto a desenmascarar a cualquiera, a tomar de una manera totalmente acrítica toda clase de causas. ¿Y qué muestra todo esto? Que hay una demolición universal de la historia argentina . Este neorevisionismo ha captado muy bien el estado de ánimo de una sociedad que ha perdido todas las ilusiones y se guía por la máxima piensa mal y acertarás. (18)

 

Está claro que lo que le molesta a Halperín Donghi es la aparición de figuras provenientes del ámbito mediático (Lanata) o docente (Pigna) dispuestas a descubrir qué hay del otro lado de la luna, históricamente hablando.

 

Una actitud que él, como el más grande historiador argentino, según las academias del prestigio, y encima definido como marxista (lo que supone que es todo lo contrario a lo conservador), no fue capaz de tomar, dejando que la historia oficial siga como está, sin discutirle nada a los que desde Mitre en adelante la escribieron para imponer un modelo.

 

Halperín Donghi se encuentra muy cómodo en esa posición de pata progresista del sistema del que se sirve, y su rebeldía es nada más que para confrontar a los que quieren discutir en serio la otra historia.

 

Pero tenemos que volver a Romero. Le agarra fastidio cuando irrumpen en la escena nacional Yrigoyen y Perón. Más, se ofende porque ambos se identifican...

-con el pueblo y la nación de manera tan romántica (...). El pueblo era único y homogéneo, y sólo dejaba fuera a sus enemigos: la -oligarquía- o la  - antipatria-. De modo parecido operaron las fuerzas armadas (...). (19)

 

Pero, a ver... ¿Son lo mismo los caudillos populares del siglo pasado que las lacras que debían defender la Nación y terminaron destruyéndola? ¿Alguien, salvo un general llamado Perón, oyó de boca de un representante de las fuerzas armadas la palabra -oligarquía? Romero no se ruboriza de tanta historia fraguada.

 

Insiste en que...-en el fondo de nuestro sentido común hay un enano nacionalista (20)... y se alegra porque después de 1983 (ergo: Malvinas), la divina razón haya prevalecido sobre el corazón palpitante de los argentinos: -La democracia cambió muchas cosas (...), todo el discurso nacionalista quedó en cuestión. Las grandes usinas de identidades hegemónicas (las fuerzas armadas, la iglesia, los movimientos políticos nacionales) se retiraron del primer plano. (21)

 

Pero no está del todo satisfecho, y ahora se preocupa por... -una nostalgia por las antiguas seguridades del discurso nacionalista. Está presente en expresiones hoy comunes, como -'recuperar la identidad-, -defender lo nuestro,-'recrear un proyecto colectivo (...). Así, el FMI y el ALCA son los culpables de nuestras penurias económicas; así reaparecen el fundamentalismo católico y el irredentismo malvinense. (22)

 

Es un cipayismo de altísima graduación el suyo. ¡Cómo no van a tener cada vez mayor presencia esas expresiones vinculadas a la recuperación de lo nuestro si el grado de colonialismo cultural que penetró en la Argentina es por demás insolente!

 

Como decíamos en relación a Bunge, resulta aberrante el tipo de intoxicación ideológica que hizo efecto en estos intelectuales que afirman tener convicciones socialistas o progresistas y no dudan en asumir posiciones antinacionales, pasando por alto la influencia o la acción directa que ejercen los poderes imperiales.

 

Acá va otra muestra.

 

En 1999, al cumplirse un cuarto de siglo de la muerte de Perón, un suplemento político de Clarín organizó una suerte de juego-ficción consultando a una serie de intelectuales respecto de cómo imaginarían a la Argentina si el general no hubiera fallecido en 1974. Las preguntas eran: ¿Qué habría pasado de no morir? ¿El golpe militar se hubiera evitado?

 

A su turno, Romero comenzaba mostrando un rostro de objetividad, como queriendo propiciar, desde su semblanza, un empate entre las cosas buenas y malas del general, aunque en el fondo iba a prevalecer un resultado moral de clara derrota peronista. ¿Lo vemos? Así movía la pelota...

-Con este Perón imaginario seguramente la sangre no habría llegado al río. La crisis social era menos grave de lo que nos contaron los represores (...). La economía, básicamente sana, dejaba margen para la negociación con sindicatos en tensión pero -se sabe- constitutivamente negociadores. (23)

 

En el arranque, entonces, Romero quiere ser justo en su juicio. Pero peca de una falla: el análisis ya deja ver su intencionado prejuicio antiperonista al establecer que la imposición del modelo de 1976 obedecía a motivos ligados a una -crisis general antes que a la decisión extranacional de acabar con un modelo de desarrollo de capitalismo nacional para colocar a la Argentina a merced del nuevo sistema de dominación imperial.

 

-Perón habría puesto orden. Seguramente con mano pesada, pero por derecha. Con leyes de excepción, ad hoc, pero al fin con leyes (creo que tenía el coraje para asumir las responsabilidades, que le faltó a sus sucesores).Habría armado un Partido del Orden, pero sin excluir ni mucho menos exterminar al polo social conflictivo. Los necesitaba a ambos: al fin de cuentas siempre fue el bombero piromaníaco que se potenciaba en el conflicto, y que sin el conflicto no podía ser Perón. (24)

 

Otra vez quiere ser -ecuánime al marcar a un Perón legal, que impondría autoridad sin excesos. No es Videla, pero... insinúa Romero. Todo es una alquimia, porque da por sentado que Perón hubiera convalidado una suerte de golpe con el Partido del Orden.

 

Hasta sugiere que habría actuado por derecha (sinónimo de -reprimir) aunque firmando cada sentencia. Yen su melange ideológica imagina dos fuegos cada vez más candentes (el del polo rebelde y el de la reacción, cabría colegir) al que el propio Perón le echa más nafta para -sentirse realizado. En su juego imaginativo vale cualquier recurso. Conclusión: no habría desaparecidos pero sí mucha gente fuera de carrera...-La reestructuración capitalista, y su secuela más visible, la desocupación, es un fenómeno inevitable y universal. ¿Qué habría hecho Perón? No habría vacilado en adecuarse: habría vendido los ferrocarriles, los teléfonos e YPF. Habría reducido la injerencia de los sindicatos y estimulado la racionalización. (25)

 

Aquí ya opera directamente sin el antifaz que traía puesto.

 

Partiendo del mismo error que apuntábamos al comienzo (el golpe, que define como reestructuración capitalista, sigue siendo guacho, no tiene padre ni madre), Perón hubiera sido otro Martínez de Hoz (o cualquier tecnócrata entreguista) que desnacionalizaría económicamente al país para cumplir, sencillamente, con el engranaje inevitable y universal del sistema.

 

Pero ocurre que el general justamente fue el reverso de esa moneda: conducía para encauzar a la Argentina en el camino de su desarrollo como nación.

 

-Probablemente la mafia que ha acompañado y guiado nuestra reestructuración capitalista -las aves de rapiña de la agonía estatal- habría sido algo más sobria, modesta y acotada. Al fin, el ejército en que se formó Perón -nunca dejó de ser militar- tenía un sentido de la mesura, el reglamento y la prudencia que los represores perdieron. En suma, las cosas habrían sido parecidas pero un poco distintas: globalización pero con menos polarización, más Estado y huellas más nítidas de la Argentina tradicional, móvil e igualitaria. (26)

 

Nuevamente posa como alguien que respeta la figura del líder fallecido. Pero es un engańo. En el fondo, lo que quiere decir es que, con Perón, la entrega y la corrupción habrían sido más prolijas pero tan profundas como las que llevaron adelante los entregadores y traidores del '76 al '2000. Diferencia que adjudica a la mesura y prudencia de los militares...

 

Interesante defensa cerrada de la institución armada, la de este socialista. żDónde estuvo la mesura y prudencia de un Videla o un Viola, como antes Aramburu, Lanusse y otros generales nefastos?

 

CD/

 

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1. Salvador Feria. Cristianismo y marxismo. Pefla Lillo Editor, Buenos Aires, 197 O.

2. Declaraciones de Mario Bunge reproducidas por La Razón, 16de noviembre de 1985.

3. Entrevista a Mario Bunge en Siete Días, 21 de noviembre de 1985.

4. Entrevista a Mario Bunge en Siete Días, 21 de noviembre de 1985.

5. ldem.

6. Entrevista a Mario Bunge en Siete Días, 21 de noviembre de 1985. 7. Idem.

7. Mario Bunge, entrevistado por Trespuntos, 29 de abril de 1998.

9. Mario Bunge, entrevistado por Viva, 12 de setiembre de 2003.

lO. Tulio Halperín Donghi. Entrevista de Clarín, 19 de setiembre de 1999.

11. Idem.

12. Tulio Halperín Donghi. La democracia de masas. Editorial Paidós, Buenos Aires, 1991.

13. Lila Caimari. Panorama sobre el peronismo. Los consensos de la historia. Clarín Cultura y Nación, 14 de diciembre de 2002.

14. Luis Alberto Romero. El nuevo ser del -ser nacional-. Revista Ń, 17 de enero de 2004.

15. Luis Alberto Romero. Idem

16. Entrevista de Revista Viva a Luis Alberto Romero, 27 de junio de 2004.

17. Entrevista de Revista Ń a Tulio Halperín Donghi, 28 de mayo de 2005.

18. Entrevista a Tulio Halperín Donghi en Revista Ń, 28 de mayo de 2005.

19. Luis Alberto Romero. El nuevo ser del ser nacional. Revista Ń, 17 de enero de 2004.

20. Idem

21. Idem.

23. Luis Alberto Romero. Si Perón viviera. La Argentina de los destinos que se bifurcan. Clarín, 27 de junio de 1999.

24. Idem.

25. Idem.

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