NADA QUE AGRADECER Y SI MUCHO QUE RECORDAR

por Tato Treinta –

“El Peronismo será revolucionario… o no será nada”. Eva Perón

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Como siempre he expresado, la Historia es interpretación, con lo cual y dependiendo de la honestidad intelectual de quien la “interpreta”, es decir “desde donde” realiza la misma, puede servir para iluminar como para opacar o diluir determinados procesos o personajes. Con lo cual la Historia también puede ser tranquilamente una herramienta para el ocultamiento.

La muerte del expresidente Carlos Saúl Menem, dio pie para una variada pirotecnia discursiva e interpretativa, que finaliza en un supuesto “empate técnico” de su gestión. Se alaba y denosta por igual su política económica, su “modernización” del Estado, las “privatizaciones” y así sucesivamente. La última dictadura cívico-militar genocida, tenía básicamente tres objetivos: Destruir el aparato productivo nacional, para insertar a nuestro país en la “globalización” neo-liberal. Para ello era necesario “exterminar” todo tipo de resistencia popular y finalmente y correlativamente, había que fragmentar e integrar al Peronismo al “circo” demo-liberal, limando al máximo su perfil “movimientista” y revolucionario. A sangre y fuego logró los dos primeros (para ello recomiendo re-leer la “Carta a la Junta” de Rodolfo Walsh) y parcialmente el último. Pero el “huevo de la serpiente” quedó incubando durante la “primavera alfonsinista”, para eclosionar con toda fuerza en lo que se dio en llamar el período “menemista”. Si bien el Peronismo venía bastante golpeado desde la muerte del General, fue Carlos Saúl Menem quien le da el “tiro de gracia” al Peronismo como “Hecho maldito del país burgués”. Luego de una campaña electoral de 1989 que poseía un altísimo “octanaje” popular, apelando a su imagen de “caudillo”, émulo de su coterráneo Facundo Quiroga y con la promesa de “Revolución productiva y salariazo” y con una percepción clara, para nada “teórica”, de que la sociedad había ingresado al paradigma de la posmodernidad, sin prurito alguno, se “abraza”, con antiguos (y nuevos) enemigos históricos del pueblo peronista: Isaac F. Rojas, Álvaro Alsogaray (e hija) y toda una miríada de empresarios prebendarios y saqueadores del Estado, entre ellos Francisco Macri (y su hijo Mauricio). Negocia con lo que quedaba de la exánime y patética cúpula de Montoneros, la sangre derramada de miles de militantes peronistas, en la supuesta búsqueda de la “unidad nacional” y la “pacificación”, a través de las leyes de indulto, equiparando aquella militancia revolucionaria, con los cuadros militares genocidas, consolidando así la “teoría de los dos demonios”. Fue Carlos Saúl Menem, el que pone en práctica todas y cada una de la “recetas” neo-liberales que el Consenso de Washington” exigía, poniendo fin al “empate social” (como planteaba la socióloga Marsitella Svampa), que el Peronismo representaba en el histórico “fifty/fifty”, habiendo sido el único proyecto político a nivel mundial, que en el marco del Estado de Bienestar Capitalista, había logrado una re-distribución de esos niveles. Fue el que instala la perversa “teoría del derrame”. Fue el principal responsable de la degradación y “farandulización” de la política, llenando los “cargos públicos” de advenedizos, tecnócratas y tránsfugas que se adjudican la política como propiedad privada. Coloniza el Poder Judicial y nace el paradigmático “pizza con champagne”.Me resulta difícil, en lo personal, encontrar rasgos “positivos” en ese proceso, pero “hilando fino”, todo lo enunciado no fue lo peor. La tragedia histórica es que fue Carlos Saúl Menem, el que vació de contenido al Peronismo. A partir de Él y sus “secuaces”, el Peronismo podía ser cualquier cosa: Un “partido” conservador, uno “social-demócrata”, o uno neo-liberal, pero jamás un Movimiento Revolucionario.Los tiempos habían cambiado, el mundo había cambiado como así sus sociedades y en ese nuevo contexto, el “legado” del período “menemista” llega hasta nuestros días. No fue otra cosa el “experimento oligárquico” de Mauricio Macri, que retoma el mismo, desde luego sin la capacidad intelectual, política y de liderazgo de este último, comparada con la de Menem.Cabría sin dudas poder preguntarse ¿Y qué otra cosa se podría haber hecho en aquel momento, sino lo que hizo este “personaje”? En 2003 y sobre los “rescoldos” de aquel Peronismo histórico, se pudo estructurar quizás “tibiamente” pero no por ello no menos trascendentalmente, que “algo” distinto se podría haber hecho. Finalizando, fue Carlos Saúl Menem quien, como “caballo de Troya”, había logrado lo que la dictadura cívico-militar genocida, no había podido: integrar al Peronismo a la democracia neo-liberal, e intentar destruir sus raíces revolucionarias, por más modestas que estas fueran.Como bien dice el ancestral proverbio popular: “aquellos polvos trajeron estos lodos”, no cabe la menor duda. Ante esto, nada bueno le debemos los Peronistas a este expresidente, todo lo contrario, ya que aunque el tiempo pase, así como las “modas” y los slogans de ocasión… “El Peronismo será revolucionario… o no será nada”.

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