EL FIN DE LA “DEMOCRACIA” LIBERAL Y LA LUMPENIZACIÓN DE LA POLÍTICA

Por Tato Treinta –

Tercera y quizás… sólo quizás, última entrega

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El inicio el siglo XXI, encontró a la Argentina en una profunda crisis económica, pero aparejada a ella, una más profunda crisis política y que no era más que una crisis de “representatividad”. La década de 1990 nos había dejado un importante número de “políticos” y sindicalistas devenidos en “exitosos” empresarios, todas y todos enriquecidos a partir del saqueo del Estado Nacional. Las Gobernaciones como no pocas Intendencias, profundizaron también la inercia de transformarse en “feudos” familiares. La “periodicidad en las funciones”, según reza la Constitución Nacional, parecía que no se aplicaba a Diputados, Senadores o Concejales ya que las y los mismos se perpetuaban por años y aún por décadas, en sus cargos. Es que en este contexto, la política en cuanto herramienta para un fin, se transformó en un fin en sí mismo y esto no distinguía, de derecha a izquierda, “color” político alguno. Ante el avance del modelo “economicista” neo-liberal y prácticas culturales que la posmodernidad imponía, aquel paradigma de Democracia Popular participativa, que la dictadura genocida cívico-militar de la década de 1980, había querido desterrar a sangre y fuego, tuvo su efecto. Pese a todo, la militancia popular barrial continuó resistiendo, pero no ya a través de “estructuras partidarias”, había nacido desde las barriadas populares, una nueva forma de organización y que se conoció como las y los “Piqueteros”. Ese sentimiento de democracia popular y participativa continuaba… como podía, en ese “subsuelo de la Patria sublevada”.

Paralelamente, con su “clase política” degradada, el “sistema liberal” permanecía casi intacto. Se habían quedado con la “República”, pero habían perdido la Democracia y la representatividad.

El grito de aquel 2001 de “que se vayan todos”, si bien genuino, no era un grito “revolucionario”, era la prueba evidente que en ese grito de hartazgo “ciudadano”, sintetizaba lo que el mismo “sistema” quería… que se “fuera” la Política.

En ese “corso a contramano”, llegó un viento del Sur, una “Anomalía” para los tiempos que corrían y en cinco años, las bancadas de Diputados y Concejalías, es decir los “representantes del Pueblo” se fueron de a poco poblando de juventud, que no iban a dejar en las puertas del Congreso sus principios. De igual manera los barrios se fueron nutriendo como hormigueros después de la lluvia, también de jóvenes, que con todas sus limitaciones, fueron intentando re-crear la idea de una Democracia Popular y participativa, aun con las trabas y condicionamientos que aquella “clase política prebendaria” les imponía. La democracia liberal formal, para quién quisiera verlo, comenzaba a agrietarse en forma ostensible, ante lo cual el “sistema” se reorganizó, ya no a través de partidos políticos “tradicionales”. Aquellos improvisados, especuladores, prestidigitadores y advenedizos se transformaron en “políticos”, pero que, según decían venían de “afuera de la política” negándola sin prurito alguno. Apoyados vehementemente por dos o tres medios masivos de comunicación, torpedearon desde el inicio aquella “experiencia” nacida en 2003, según ellas y ellos “en defensa de la república”. Más allá de errores y aciertos, y en tanto “Anomalía”, el tiempo no alcanzó para “dar vuelta la taba” y un indicio que hoy puede verse claramente, o por lo menos así lo ve quien escribe, el “sistema” como esa serpiente que se muerde la cola, al hacerse con el poder y rompiendo todas y cada una de las reglas y códigos sociales de convivencia, dejaba a las claras que el mismo, al no responder a las necesidades populares, estaba… y está en “terapia intensiva”.

El ejemplo a nivel internacional, de esta “democracia”… EE.UU., más no pocas “experiencias” en la “culta” Europa, el avance de las denominadas “minorías intensas” fascistas o directamente “nazis”, esa “lumpenización” de la política, tanto en esa vieja Europa, como en Latinoamérica, certifica, que “algo podrido huele en esta democracia”. Ya hacia 1980 el filósofo francés Jean Baudrillard, hablaba de una democracia del “como si”: El representado hacía como si estuviera eligiendo a su representante y el representante hacia como si los representara, pero nadie se “lo creía” verdaderamente. Si bien la extrapolación lineal y forzada con la realidad Latinoamericana, con sus “particularidades”, no sería correcta, la “globalización” permitió que el “como si” podía de alguna manera aplicarse a estas tierras. Los sueños de una Revolución Social Mundial, sino imposible parece por lo menos bastante improbable y lejana. Muy poco se puede esperar desde un “arriba” altamente “contaminado”. El “crecimiento” en la acción de cientos de miles de jóvenes… y no tan jóvenes, en su cotidiano devenir en las barriadas populares, rescatan en ese “día a día” aquellos anhelos de una Patria Justa, Libre y Soberana. No hay ni habrá Democracia real, en tanto y en cuanto no haya participación popular activa. Y no habrá participación popular activa, sobre todo de las y los jóvenes, si no hay dirigencias que en principio las respeten, las convoquen, las escuchen y les den los canales y recursos necesarios para actuar. Caso contrario esas “dirigencias” no serán más que una nueva “máscara” que usará el “sistema” para reciclarse.

Los tiempos históricos fueron siempre lentos, pero en momentos de crisis, sobre todo si son globales, los mismos se aceleran y si de cambios profundos hablamos, son solo los Pueblos organizados los que los producen. ¿Por qué?… porque “el fuego pa’calentar debe ir siempre por abajo”.

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