Costa Atlántica: La temporada pende de un hilo, debemos manejarnos como potenciales contagiadores

por Alejandro Lopez | Faro Noticias

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Ese hilo somos nosotros, y si la temporada cae, caemos todos.

Si miramos la situación epidemiológica de hoy y la comparamos con lo que sucedía en momentos en que se decretó la cuarentena, deberíamos cerrar todas las actividades en resguardo de lo que inminentemente será una segunda ola de la pandemia, que se pronostica, teniendo en cuenta lo que sucede en Europa, será más fuerte que la primera.

En el medio pasaron cosas y apareció la vacuna. Cuestiones humanas, políticas y económicas fueron moldeando la situación en la que nos encontramos hoy, con la particularidad que quienes vivimos en el partido de La Costa, debemos balancear y equilibrar tal vez más que nadie en época estival, intereses económicos con cuestiones sanitarias en medio de una pandemia

Sin temporada, el futuro con el acecho de una segunda ola, es por demás desalentador en términos económicos de producirse un cierre de actividades en invierno. Con temporada y la afluencia de veraneantes, el peligro epidemiológico es mayor y por ende los efectos de esa segunda ola serían más desvastadores. En esa disyuntiva nos encontramos los costeros.

Así como hubo factores que fueron modelando la situación actual, humanos (cansancio del aislamiento, necesidad de contacto físico y retomar actividades, ver seres queridos), económicos (generar ingresos, prepararnos para la temporada) y políticos (intereses mezquinos, desinformación, presiones), que nos colocan en esta disyuntiva; también hay factores que pueden protegernos para que el peligro y las consecuencias de una apertura turística sean menores: la solidaridad social y el respeto a ultranza de los cuidados sanitarios son dos de ellos, casi fundamentales.

En esta linea, el autoconvencimiento es un factor que tanto en situaciones sociales como individuales, es capaz de mover montañas, está comprobado tanto en cuestiones religiosas, como en materiales. La voluntad de poder del ser humano debemos ponerla en práctica en un marco de solidaridad social que se convierta casi en una epopeya. Esto que suena novelezco, no sólo es posible, es necesario, de lo contrario el futuro es más que desalentador.

En principio, debemos tener un acuerdo tácito, que es que la gran mayoría eligió este camino de apertura turística por distintos factores que no viene al caso explicar y son largos de enumerar. Si partimos de esta base, no debemos buscar culpables ni echar culpas en el otro. Estamos en el mismo barco y debemos evitar un naufragio.

En segundo lugar, basados en esa capacidad de autoconvencimiento humana, debemos actuar todos como potenciales contagiadores. Pensar que estamos contagiados aunque no lo estemos, cuidar al otro y si el otro se cuida, es cuidarnos a nosotros mismos. ¿Quien puede decir que no estuvo en una situación de riesgo, en contacto con terceras personas? Muy pocos realmente. Entonces actuemos como que ese riesgo es real, usemos el tapabocas, mantengamos la distancia y cuidemos hasta el más mínimo detalle para evitar un contagio. 

La temporada pende de un hilo, la semana próxima será clave para saber si se producen restricciones o se limitan actividades, hoy por hoy ese hilo somos nosotros, si alguno produce un corte en un tramo, la temporada cae. Si la temporada cae, caemos todos.

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