La Casa Blanca colocó en una situación incómoda al presidente Mauricio Macri al sumarlo a la guerra comercial y dialéctica que Estados Unidos sostiene con China. Luego de la reunión que Macri y Donald Trump mantuvieron en la Casa Rosada, la vocera del presidente estadounidense informó que habían conversado sobre la necesidad de “enfrentar la actividad económica depredadora china”. Consultado posteriormente, el canciller Jorge Faurie tragó saliva y trató de bajarle el tono a la declaración, pero no la desmintió. Mañana, Macri se reunirá con el presidente de China, Xi Jinping, quien se encuentra en el país haciendo una visita de Estado y se quedará luego de que termine el G-20. Macri espera poder dar buenas noticias sobre inversiones y ampliación del swap de monedas. Su amigo Trump lo complicó.

Todo lo que tenga que ver con el presidente norteamericano está sujeto a contratiempos y gestos destemplados. La reunión estaba pautada muy temprano, a las 6.55, para que ambos pudieran cumplir con todos los compromisos de la agenda. Pero Trump llegó media hora tarde porque se entretuvo en Twitter escribiendo a propósito de la declaración de su ex abogado, quien admitió ante el Parlamento que había mentido sobre el Rusiagate.

Una vez en la Casa Rosada, Trump se prodigó en gestos amistosos con Macri, de quien dice conservar grandes recuerdos de sus épocas de empresarios pese a que aquel intento de hacer negocios juntos no terminó bien. “Era un hombre joven y muy buen mozo. Nos conocíamos muy bien. En realidad, hice negocios con su familia, con su padre, excelente y muy buen amigo mío”, sostuvo Trump, quien adelantó que en la reunión que tendrían a continuación conversarían sobre temas que beneficiarían a ambos países. “Comercio, compras de material militar. Nos queda mucho por hablar”, improvisó.

Macri utilizó ese paso por el Salón Blanco ante la prensa para agradecerle el decisivo respaldo para que el FMI le renueve la ayuda en medio de la debacle económica de su gestión. “Es un gran momento para agradecer el enorme apoyo que hemos recibido por parte de los Estados Unidos, de tu gobierno, especialmente en este último año donde estamos atravesando momentos difíciles”, señaló. Trump se fastidió con la traducción que recibía por el audífono. “Te entendí más en castellano que con el traductor”, dijo, dejando el aparato en el piso.

Después del encuentro en el despacho presidencial, del que participaron cinco funcionarios por lado, el canciller Faurie y el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, hicieron un repaso edulcorado del temario conversado. “Argentina tiene el respaldo de Estados Unidos en las reformas que está haciendo, en las medidas económicas que lleva adelante y en la visión compartida de los valores de la democracia”, sostuvo Faurie. Sin mayores detalles, enumeró el yacimiento de Vaca Muerta, nuevas exportaciones a Estados Unidos y la infaltable lucha contra el narcotráfico como puntos tocados durante el encuentro. Hicieron una gambeta respecto a lo que dijo Trump sobre compra de armamento. “No estamos en condiciones”, observaron. También destacaron las coincidencias sobre Venezuela. “Ambos consideran que no es un país democrático”, dijeron.

Los ministros ni mencionaron a China. Fue Sarah Huckabee Sanders, vocera de Trump, quien sacó el tema a relucir en el comunicado oficial de la Casa Blanca. “Hoy, antes del inicio de la Cumbre del G20, el Presidente Trump y el Presidente Macri se reunieron durante el desayuno. Los dos líderes reiteraron su compromiso compartido de enfrentar los desafíos regionales como Venezuela y la actividad económica depredadora china”, informó. La expresión “depredadora”, muy del estilo Trump, descolocó a la comitiva argentina. Al mismo tiempo que se registraba un insólito temblor de 3.8 puntos en la escala Richter en el sur de Buenos Aires, el Gobierno sentía que se le movía el piso. Avisado, un periodista consultó a Faurie. “No creo que haya sido así. El adjetivo depredador corre por cuenta de su comunicado”, atinó a responder. Ya sin el adjetivo, Sanders ratificó en su cuenta de Twitter que la cuestión China fue uno de los ítems de la bilateral.

Trump cenará hoy con Xi Jinping en lo que presentó como la última posibilidad para encontrarle una solución a la guerra de aranceles que emprendieron las dos potencias y que estancó el comercio mundial. El jefe de la Casa Blanca avisó que los negociadores trabajaban duro para llegar a un acuerdo pero que si no lo alcanzaban tampoco era tan malo porque a él le “gusta” la actual situación. En la previa de ese encuentro decisivo, Trump buscó poner presión y utilizó la reunión con Macri para mandar un mensaje a la comitiva china, sin importarle la incómoda situación en la que dejaba a su amigo. Porque si bien Argentina mantiene un importante déficit comercial con China, hoy el gigante asiático representa una de las contadas posibilidad de inversión extranjera en el país.

El Gobierno espera con ansiedad el encuentro que Macri y Xi Jinping que mantendrán mañana en el que se anunciarían –según anticiparon en la embajada china– un plan de acción para los próximos cinco años que incluirá cuarenta nuevos acuerdos sobre diferentes áreas. Uno de los más importantes, la ampliación del swap (intercambio) de monedas, que le permitirá al Banco Central sumar reservas por el equivalente a 8.500 millones de dólares. “Podemos definir a China como el primer inversor, el primer banquero y el primer mercado para la Argentina”, se entusiasmó ante el anuncio el embajador en Pekín, Diego Guelar.

La infidencia de Trump, hay que pensar, no pondrá en riesgo el anuncio, aunque tampoco contribuirá al clima del encuentro con Xi Jinping. Indiferente al problema que le había generado a la Casa Rosada, Trump llegó una hora tarde a la cumbre en Costa Salguero. Macri salió a recibirlo, posaron y el norteamericano siguió su camino. El presidente argentino le quiso avisar que se quedara porque ya era el momento de la “foto de familia”, pero Trump no atendió su llamado y lo dejó pagando. Otra vez.