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El Pensamiento Nacional – La Salud Pública y Ramón Carrillo

La trascendencia en la  historia argentina de la salud pública apareció como una función importante del Estado durante la primera presidencia de Juan D. Perón, quien crea el 26 de mayo 1946 la Secretaria de Salud Pública. Posteriormente en 1949, con la reforma constitucional, se amplia el número de ministerios y la Secretaria de Salud Pública se transforma en el Ministerio de Salud Pública, siendo el primer ministro Ramón Carrillo. Carrillo fue el primer ministro de Salud Pública que tuvo la Argentina, entre el 11 de marzo de 1949 y el 27 de julio de 1954. Nació en Santiago del Estero7 de marzo de 1906 y Falleció Belem do Pará, Brasil el 20 de Diciembre de 1956.

RamonCarrillo

 

 

 

 

 

 

 

Ramón Carrillo neurocirujanoneurobiólogo y médico sanitarista de Argentina, que alcanzó la capacidad político-administrativa de ministro. Integró la tradición científica conocida como escuela neurobiológica argentino-germana y produjo asimismo trabajos de antropología filosófica, dejando esbozada una “Teoría general del hombre”.

 

Hablar de Salud Pública en Argentina torna insoslayable referirnos conceptual y prácticamente al Dr. Ramón Carrillo.
Desde la gestión de Carrillo se comenzaron a cumplir normas sanitarias incorporadas en la sociedad argentina como las campañas masivas de vacunación (antivariólica y antidiftérica) y la obligatoriedad del certificado para la escuela y para realizar trámites. Se implementaron campañas masivas a nivel nacional contra la fiebre amarilla, las enfermedades venéreas y otros flagelos.

Veamos algunos conceptos sostenidos por el Dr. Ramón Carrillo en 1949: “Muchas veces nos hemos preguntado cuánto pierde el país por causas de enfermedad. Los cálculos hechos en Estados Unidos para Estados Unidos demuestran que allí se pierden al año diez mil millones de dólares por enfermedad. Nosotros, con la décima parte de población -y en el supuesto de que estuviéramos tan adelantados corno ellos en materia sanitaria- tendríamos alrededor de 4.000 millones de pérdidas anuales por enfermedad, suponiendo, se entiende, una proporción de uno a cuatro entre el dólar y el peso….. Daniel de Foe, el autor de Robinson Crusoe, que además de novelista fue economista, dijo que el hombre es un capital en efectivo. Y Jean Bodin, en 1576, fundador de la economía, afirmó, ya en aquel entonces, que no hay mayor fuerza ni mayor riqueza que el hombre. No puede haber una economía fuerte, una producción alta, sin un pueblo sano y fuerte. Esto lo sostuvieron siempre los viejos economistas, aunque los de ahora, especialmente en nuestro país, han olvidado totalmente los planteos iniciales de los fundadores; dominados por el tecnicismo bancario pareciera que sólo vale el balance de pagos o el valor de los cambios o de los depósitos. Porque nadie se atrevería a discutir que a medida que nuestra riqueza nacional crece, también va creciendo el precio que tiene cada argentino. Posiblemente, hace cinco años un argentino no valía tanto; ahora, con el crecimiento de nuestra renta nacional, hay que cuidar a cada argentino como si fuera de oro, porque es un elemento de producción que cada día vale más y que justifica que gastemos todo lo que sea necesario en defensa de su salud y por ende, de su capacidad de trabajo.
Interesan las enfermedades y mucho más que los enfermos aisladamente considerados, porque ellas afectan a las colectividades. No interesa tanto al médico sociólogo y al hombre de Estado el enfermo concreto, sino su enfermedad; conocer por qué existe; ir a las causas mesológicas de esa enfermedad. Cuando se produce el fenómeno de un enfermo, ese hecho individual es un índice del problema colectivo. No hay, pues, enfermos, sino enfermedades.
Los médicos debemos pensar socialmente, así iremos, poco a poco, atenuando esta tremenda mecanización en que vivimos hoy en el campo de la medicina, excesiva bioquímica, excesiva física, excesivo desmenuzamiento de la personalidad orgánica del enfermo. Debemos pensar que el enfermo es un hombre, que es también un padre de familia, un individuo que trabaja y que sufre, y que todas esas circunstancias influyen, a veces, mucho más que una determinada cantidad de glucosa en la sangre. Así humanizaremos la medicina.”

Difícil es enumerar la prolífera obra del Dr. Carrillo frente al Ministerio de Salud de Argentina. Lleva a cabo acciones que no tienen parangón hasta nuestros días. Esta revolución sanitaria, diseñada y llevada adelante por Ramón Carrillo, aumentó el número de camas existentes en el país, de 66.300 en 1946 a 132.000 en 1954, cuando se retira. Erradicó, en sólo dos años, enfermedades endémicas como el paludismo, con campañas sumamente agresivas. Hizo desaparecer prácticamente la sífilis y las enfermedades venéreas. Disminuyó el índice de mortalidad por tuberculosis de 130 por 100.000 a 36 por 100.000. Terminó con epidemias como el tifus y la brucelosis. Redujo drásticamente el índice de mortalidad infantil del 90 por mil a 56 por mil.

 

Todo esto, dando prioritaria importancia al desarrollo de la medicina preventiva, a la organización hospitalaria, a conceptos como la “centralización normativa y descentralización ejecutiva”. Esta nada tiene que ver con la descentralización que se realizó en los últimos años a nivel hospitalario en nuestro país, que solo responde a fines meramente económicos impuestos por los mercados.

 

Podemos sintetizar el pensamiento de Ramón Carrillo sobre la Salud en  “Solo sirven las conquistas científicas sobre la salud si éstas son accesibles al pueblo”

 

 

 

Mar de Ajó, 17 de Octubre de 2018

Silvio Bageneta

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