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El Pensamiento Nacional Situación Argentina en 1915

Es indudable que un baluarte argentino del Pensamiento Nacional es Norberto Galasso, quién escribió obras de las más diversas.  Galasso es autor de más de cincuenta ensayos, antologías, estudios históricos, políticos y diversas investigaciones. En 1973 trabajó en la Editorial Universitaria de Buenos Aires, dirigida entonces por Arturo Jauretche. Durante la última dictadura militar fueron censurados sus libros Vida de Manuel Ugarte.

NorbertoGalasso

Extraemos precisamente de su libro “Manuel Ugarte y la lucha por la Unidad Latinoamericana” escrito en 1974, un texto que habla sobre la situación en la Argentina en 1915. Podremos apreciar que ideas predominaban desde hace un siglo y cuales hoy en 2018.

“Las ideas que prevalecen en esa Argentina de 1915 – que son las de la clase dominante- se pueden rotular como liberalismo oligárquico, y expresan los intereses de la oligarquía porteña (estancieros bonaerenses y burguesía comercial de Buenos Aires) y del imperialismo inglés. Ese liberalismo oligárquico propugna la división internacional del trabajo (Argentina la granja, Inglaterra el taller) con la consiguiente libertad de importación y exportación, de entrada y salida de capitales y significa la justificación ideológica de la Argentina Agraria dependiente del Imperio. En función de esa estructura semicolonial se sostienen como mitos inatacables: a) la inconveniencia de las tarifas aduaneras protectoras porque crean “industrias artificiales”,  defendiendo así los intereses de los fabricantes extranjeros y los importadores nativos y asegurando la existencia de una desocupación permanente; b) la necesidad imprescindible de la moneda sana, o sea una política monetaria deflacionaria que impida la formación de un mercado interno propio que a su vez pueda generar el desarrollo de industrias; c) el destino exclusivamente agrario de la Argentina en razón del cual no interesa descubrir si posee recursos minerales, ni posibilidades hidroeléctricas; d) el condigno desprecio por todo tipo de enseñanza técnica y en general  por todo sistema educativo que tienda a revelar la realidad nacional; e) el predominio de una cultura extranjerizante, simple remedo de la europea, que desarraigue las mentalidades respecto del país y su pasado, quebrando su continuidad histórica; f) un complejo de inferioridad nacional publicitado a los efectos de que los argentinos no pretendan llevar a cabo las actividades que tan “eficientemente” desempeña el capital extranjero; g) un destino europeizado, de potencia blanca y civilizada, que el país debe buscar dando la espalda al resto de América latina y acercándose a Europa.

A partir de estas pautas, el imperialismo y la oligarquía introdujeron reproductores ingleses y trazaron los ferrocarriles en abanico hacia el puerto de Buenos Aires,  construyeron en su punta los frigoríficos, instalaron compañías de servicios públicos, contrataron empréstitos y proclamaron a la faz de la tierra que estaba constituido “el granero del mundo”. Se vivían los principios del siglo, el intento del roquismo había fracasado y el mitrista Quintana, abogado de compañías inglesas asumía la presidencia. El pobrerío de las provincias y los inmigrantes, tanto en el campo como en las ciudades, que quedaban marginados de esta estructura, configuraron una alianza con Yrigoyen a la cabeza, que enfrentó al régimen con la bandera del sufragio libre. Sin embargo, la ideología del radicalismo – elaborada bajo la presión oligárquica y expresión de de las clases sociales que pedían su lugar bajo el sol, pero no llevaban el propósito de romper el sistema- resultó sumamente ambigua y no postuló la ruptura de la dependencia con el Imperio ni el desarrollo de las fuerzas productivas. La ideología del radicalismo puede definirse como nacionalismo agrario, expresión de las clases medias en ascenso, que reclamaban la coparticipación de la renta agraria, pero que no planteaban el desarrollo industrial, ni la explotación intensa de los recursos nacionales ni la nacionalización de las compañías extranjeras, ni el reemplazo de la cultura cipaya por una cultura nacional. Apenas hubo vagos atisbos en estos empleo de meros paliativos (alza del salario real, leyes protectoras del trabajo intentos  de crear la marina mercante y de controlar a las empresas ferroviarias, defensa del petróleo, política exterior independiente)”

 

Estos fueron unos párrafos  del libro de Norberto Galasso. Pero el liberalismo no se detuvo allí. Se fue renovando, actualizando y convirtiéndose en lo que es en este 2018, pleno siglo XXI: Neoliberalismo. Ayer la dependencia era con Inglaterra, en 2018 con EE.UU.

Este siglo que ha pasado desde 1915, trajo modernidad, tecnología, comunicación extrema (tanto física como virtual) y con estos “adelantos” vino también la sofistificación del Liberalismo trocando a Neo Liberalismo.

El Pensamiento Nacional y los hombres que lo sustentan   deben agudizar el ingenio, la practicidad creativa para mantener vigente la Educación (en todos los niveles), la ciencia, la tecnología, la industria,  la agricultura y la ganadería ligada al agregado de valor a través de productos que deriven de ellas, como ocurre en los países que tienen  desarrollado aceites, alcoholes, fibras, viviendas, muebles, ropa, decoración, calzados y marroquinería, entre tantos otros productos.

El pensamiento nacional sabe que el déficit Fiscal (El concepto de déficit fiscal, déficit presupuestario o déficit público describe la situación en la cual los gastos realizados por el Estado superan a los ingresos); el reemplazo de la industria nacional por productos importados, la baja o quita de las barreras aduaneras, etc. Todo lo cual se implementaba (como hoy) en 1915.-

Entonces, solo se tratará de aprender para que no tropecemos con la misma piedra.

 

Mar de Ajó, 28 de Septiembre de 2018

Silvio Bageneta

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