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Qué quiere el Sr. Presidente de los argentinos?

Qué quiere el Sr. Presidente de los argentinos?

Análisis político de Juan Serra para Agenda Uno mauricio-macri-presidente-2135291w620

Mauricio Macri, el Sr. Presidente de los argentinos, quiere una argentina moderna. Moderna y civilizada, que es lo mismo que decir moderna-civilizada. También quiere que se parezca a lo moderno-civilizado de los Estados Unidos y de los países europeos.

Mauricio Macri nació en una casa moderna, se educó en colegios privados modernos, tuvo amigos y compañeros de buen pasar y modernos, es dueño de exitosas empresas modernas, vive en una ciudad moderna y conoce, disfruta y admira muchas otras ciudades modernas: su experiencia de vida es la de una familia moderna-civilizada.

Mauricio Macri es un mortal como cualquier otro de la especie sapiens sapiens, que va configurando su forma de ver al mundo, su “sentido común”, de acuerdo a su forma de vida, a su entorno social, a cómo fue educado. Sus conocimientos, la manera de interpretar cómo funciona este mundo y sus deseos de cómo debería funcionar, son una construcción que hace su mente en función de su experiencia.

Mauricio Macri no descubre el mundo. Él lo construye y lo interpreta a través de todas las conexiones que hicieron sus neuronas durante su trayectoria de vida: ve al mundo con los conocimientos que fue adquiriendo en su casa moderna, con sus amigos modernos, sus negocios modernos, en su ciudad moderna.
En su diario vivir, su cerebro va activando conexiones que construyen ciclos de pensar, hacer y sentir, y de esa manera va construyendo lo que entiende por verdad, objetividad, realidad y justificación.

Como todo conocimiento, los conocimientos de Mauricio Macri no son neutrales ni son los únicos, ya que es sabido que diferentes prácticas sociales dan origen (producen y reproducen) a diferentes conocimientos. Pero él fue educado bajo el paradigma euro-céntrico-moderno-civilizado que considera que esos conocimientos euro-centrados, “sus conocimientos”, son universales-científicos-racionales y los únicos válidos: a los otros saberes, producidos en otros contextos, los desvaloriza o los invisibiliza.

Mauricio Macri considera que los saberes de los amaicheños, de los villeros, de los artesanos, de los orientales, de los Aymara, de los Mapuches, de los Bantúes, de los jujeños de la puna o de los santiagueños de las salinas, son saberes incompletos, inferiores, atrasados, incultos, en un estadio pre-moderno. Y que solo los hombres modernos como él saben cómo pasar de un estadío a otro, como pasar del atraso a la modernidad: para él, ese paso solo sería una cuestión de tiempo, en un planeta donde todas las culturas y grupos sociales van caminando en línea recta hacia la modernidad-civilizada encarnada por la “Europa iluminada”.

Para Mauricio Macri es muy sencillo apagar la calefacción durante los días de frío porque siempre contó con un buen abrigo; cree que todos los ciudadanos pueden ser emprendedores y empresarios exitosos porque él y su entorno lo son; cree que no es difícil conseguir trabajo porque a él nunca le faltó; no está muy convencido que en Argentina hubo una dictadura genocida que sembró el terror porque él no la sufrió; jamás se le ocurriría pensar que la desigualdad ocasiona pobreza, porque vivió entre iguales muy ricos y eso lo haría sentirse mal, más bien adhiere a la idea de que la pobreza es generada por la pereza o la falta de educación, es decir, que la pobreza es culpa de los pobres; en su imaginario prevalece el mito de que Argentina fue un país extraordinario, moderno-civilizado cuando más se identificó con Europa, y que fue decadente y no-normal cuando fue invadido por los cabecitas negras del interior; en su mundo la lógica del mercado, de los negocios, es más importante que la dignidad, la seguridad y la supervivencia del ser humano, porque con esa lógica le va bien en la vida; nunca buscará aliados en los países limítrofes o en los países latinoamericanos porque no son sus pares, no se identifica con ellos porque no se condicen con su modelo moderno-civilizado: no le gusta el Mercosur, buscará aliados cruzando el atlántico donde los ciudadanos tienen clase y glamour, pinta y plata; no cree que los santiagueños, los jujeños, los formoseños o los patagónicos sean diferentes: cree que son inferiores y feos; cuando mira a la Argentina no ve al país real sino que ve el país que termina en la General Paz; está seguro que si los argentinos se proponen pueden ser tan felices cómo él lo es. El “si se puede” que repite como consigna de vida lo ha convencido de que si él pudo, por qué no van a poder los otros.

Mauricio Macri la tiene clara. Son claras su piel y sus ideas. Se siente seguro, no le hace falta dudar ni le gusta que lo contradigan, y cuando lo contradicen y no puede imponer sus verdades, en vez de la duda y la reflexión asoma el enojo y el temor. Tiene buen diálogo con sus pares, pero con aquellos que no lo son busca alejarse, poner vallas, blindajes, muros.

Mauricio Macri no cree que el capitalismo esté en crisis, que tanto en el mundo como en nuestro país hay problemas que requieren de soluciones estructurales: al abordar estos problemas, como la pobreza, prefiere actuar sobre las consecuencias y no sobre las causas, convocando, paradójicamente, a los inversores causantes de la pobreza. Llama a los inversores y al capital financiero para crear fuentes de trabajo, y los inversores quieren hacer dinero sin trabajadores.
Para Mauricio Macri lo moderno es mirar hacia afuera, no hacia el interior del país. Por eso propone que Argentina sea el supermercado del mundo: nunca se le ocurriría que sea el supermercado de los argentinos.
Lo moderno-civilizado-innovador supera a lo sensible: sueña con hospitales atendidos por robots.

Mauricio Macri desconoce que los millones de nuevos actores sociales que integran la Economía Popular ó la Economía Social y Solidaria son producto de fallas estructurales de un sistema económico que ha puesto el lucro y el negocio por encima de la vida. No ve a la Economía Popular como una nueva forma de economía solidaria, sino que la ve como proto-emprendedores que les falta capacitación y empuje y que, además, han calculado mal la TIR y el VAN.

Ahora bien, lo que nos atrevemos a preguntar es: si Mauricio Macri piensa, siente y actúe de esa forma, ¿está bien?
Respondemos que no está ni mal, ni bien: él es así, así ha triunfado, sus pares lo respetan y admiran, y muchos argentinos comparten su forma de ver el mundo.

La buena pregunta sería: ¿está bien que el Sr. Presidente de los 40 millones de argentinos, para mejorar la calidad de vida de los argentinos, piense, sienta y actúe de esa forma?
Sin dudas que aquí la respuesta sería que no está bien, porque la complejidad de la estructura económico-social argentina y del mundo requiere de pensamientos más complejos, más amplios, que contemplen la diversidad social y cultural de sus habitantes, la diversidad de historias e intereses.

Pero queda la chance de pensar que el Sr. Presidente Mauricio Macri, para conducir a los argentinos, elija rodearse de un equipo de colaboradores con conocimientos y experiencias diversas, que no se sientan herederos de “la verdad”, y que sean capaces de buscar soluciones a los problemas existentes (falta de trabajo y pobreza) con ideas diferentes a las que los produjeron. Queda la chance de esperar que el Sr. Presidente comprenda cuánto ha cambiado Argentina y el mundo; que los viejos manuales están desactualizados y que animarse a construir nuevos manuales requiere animarse a pensar de maneras “otras”, donde los otros tengan participación.

Pero lo que vemos hasta hoy es que el Sr. Presidente eligió reunirse con un equipo de pares que nada nuevo le pueden aportar, ya que fueron educados con los mismos paradigmas: el Ministro de Hacienda Prat Gay tiene miedo que algún santiagueño pueda gobernar el país; el Ministro de Energía, Juanjo Aranguren, está convencido que el que no tenga dinero no puede tener acceso a los servicios básicos; la Ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, considera que el reclamo y la protesta son alteraciones del orden que deben ser penados; el Ministro de Comunicaciones, Oscar Aguad, ha descubierto recientemente la existencia de internet; el Ministro de Trabajo, Jorge Triaca, en vez de cuidar a los trabajadores busca cuidar a las empresas flexibilizando las leyes laborales. Y así podemos ver en los principales puestos de gestión del Estado Nacional funcionarios que nada diferente, diverso, complejo y sensible pueden aportarle al Sr Presidente.

Tal vez si pudiéramos reducir Argentina a la Capital Federa, el Sr. Presidente no tendría muchas dificultades.
Pero Argentina no es Capital Federal. No comprenderlo significa adentrarse en un camino con poca capacidad de maniobra para resolver las tensiones, conflictos y contradicciones de la sociedad argentina.
Al transitar por ese camino tal vez le vaya bien a Mauricio Macri, pero seguramente no le irá bien al Sr. Presidente, y menos aún a los ciudadanos argentinos.

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