Volver a Diario Mar de Ajo - El Diarito, Prensa Alternativa - Prensa Popular

“UN DÍA ÉRAMOS UNA SOCIEDAD ANÓNIMA Y AL DÍA SIGUIENTE FUIMOS COOPERATIVA”

La histórica fábrica de acero inoxidable de Lanús continúa en movimiento gracias a la resistencia y lucha de sus trabajadores. Cuando la empresa quebró, nueve compañeros no quisieron bajar los brazos, continuaron el camino del cooperativismo y hoy la mantienen abierta con todos sus productos de acero inoxidable. Esta es la historia de la cooperativa de Trabajo Copacinox.

La histórica fábrica de acero inoxidable de Lanús continúa en movimiento gracias a la resistencia y lucha de sus trabajadores.

La histórica fábrica de acero inoxidable de Lanús continúa en movimiento gracias a la resistencia y lucha de sus trabajadores.

La Cooperativa de trabajo Copacinox Ltda. produce pavas, ollas, fuentes y otros productos de acero para gastronomía. Se constituyó en agosto del 2003 con sólo nueve trabajadores, luego de la quiebra del establecimiento. Para ese entonces, el dueño de la fábrica les adeudaba más de tres años de sueldos y diez de cargas sociales, además de impuestos y pagos a proveedores.

 

Daniel Brenlla, presidente de la cooperativa contó que en ningún momento dejaron de trabajar, “un día éramos una Sociedad Anónima y al día siguiente fuimos cooperativa”.

 

 “Como él faltó a la palabra, nosotros le paramos la fábrica”

 

Los trabajadores vivieron alrededor de tres años de incertidumbre laboral. El antiguo dueño no les pagaba la totalidad del sueldo, “nos daba vales por semana y cuando llegaba fin de mes no completaba el sueldo. Mes a mes se iba haciendo una bola de deudas” relata Ángela Di Mundo, socia y encargada administrativa de la cooperativa.

Si bien dudaban de la difícil tarea de sacar a la fábrica adelante pagando las deudas, los trabajadores cuentan que confiaban y se basaban en las promesas del dueño. En una ocasión les prometió que cuando volvieran de las vacaciones les pagaría la totalidad del sueldo adeudado. “Y cuando volvimos no pasó nada, nos dio más vales. Y como él faltó a la palabra, nosotros le paramos la fábrica” cuenta Ángela.

 

La suspensión de la producción en la fábrica duró alrededor de una semana. Entonces el dueño los denunció y los trabajadores debieron ir a una citación del Ministerio de Trabajo. “En el Ministerio no sabían lo que estaba pasando y cuando se enteraron cómo era la situación real le dijeron al dueño que le daban dos alternativas: o nos pagaba la totalidad de la deuda o nos daba la fábrica” dice Daniel.

 

El dueño pidió dos meses para acomodarse y analizar la situación, pero los trabajadores se opusieron y sólo le dieron 4 días. Al finalizar esa espera, tuvieron la llave en la mano, se convirtieron en dueños de la fábrica.

 

“No pago, total no pasa nada”

 

Las deudas no sólo eran de sueldos atrasados, sino de impuestos, a proveedores, cargas sociales, etc. “Presentaba las declaraciones pero no pagaba. Nosotros teníamos los recibos con todos los descuentos, pero no pagaba” dice indignado Daniel.

 

Además cuenta que el ex patrón tenía otra actividad paralela. “Tenía un campo donde invertía. Era más productivo para él el campo que la fábrica. Entonces lo que sacaba de acá, lo llevaba para allá”. Daniel dice que la lógica del ex patrón era “no pago, total no pasa nada”. Era así que se manejaba con sus empleados, no creía que ellos fueran capaces de encontrar las fuerzas y la voluntad de formarse en cooperativa y convertirse en los dueños de la fábrica.

 

“Vendé tu auto”

 

Daniel cuenta indignado una conversación que había tenido con el ex dueño en medio del caos financiero de la fábrica. “Yo estaba de vacaciones y me mandó a llamar para hacer una reunión, para decirnos que no iba más la fábrica. Yo le dije: `¿Para eso me llamaste? Llamame para pagarme todo lo que me debés´. Era un sinverguenza. Y en una de esas le dije que si no tenía plata, que venda algo de todo lo que tenía y que pague. Y me respondió: `vendé vos tu auto´. Es tu deuda le grité, vos me debés a mi por todo lo que yo trabajo para vos”.

 

Recuperando la fábrica

 

Entre todas las deudas, se perdieron clientes, proveedores y el nombre de la fábrica quedó manchada. Los socios de la cooperativa cuentan que al principio les fue muy difícil, ya que sin dinero no podían invertir en materiales para la producción. “Las primeras láminas de chapa la tuvimos que pagar en efectivo. Ocho chapas, no me olvido más” cuenta el presidente de la cooperativa.

 

“Teníamos mercadería pero no la que se vende más, era el remanente y nosotros necesitábamos del artículo que sale. Entonces para comprar esas ocho chapas, vendimos papel y todo lo que encontramos. Juntamos monedas y después cada uno trajo plata que nos fue dando nuestra propia familia, nos ayudaban para hacer la primera inversión” recuerda Ángela.

 

Y así empezaron de a poco y con mucho esfuerzo. Al paso del tiempo, los proveedores volvieron a recobrar la confianza, y también entre los mismos socios de la cooperativa al ver el esfuerzo de todos, la colaboración y la resistencia por no bajar los brazos y sacar a la fábrica adelante.

 

El contador

 

El ex patrón también le debía plata a un contador, “y nosotros se la pagamos. A nuestro criterio, él era un laburante como nosotros y tenía que cobrar lo que le correspondía”, dijo Daniel. Además pagaron todas las deudas a las diferentes empresas de servicios, de impuestos, etcétera” dice Ángela.

 

En la actualidad la cooperativa tiene todo al día. Ángela cuenta que al principio se debatió mucho si pagan o no el impuesto inmobiliario, ya que la fábrica no les pertenece legalmente. Pero el sueño de ellos es que un día si lo sea, “queremos que sea nuestra, por eso pagamos todo”.

 

El Futuro de Copacinox

 

En sus inicios, la empresa empezó como un taller en 1963 y a partir de 1968 comenzó a fabricar para otras marcas. Al principio se dedicaba exclusivamente a la producción de pavas y con el tiempo se fueron agregando otros productos gastronómicos. En ese entonces trabajaban alrededor de 50 personas.

 

Los socios dicen que desean y luchan por seguir con la fábrica, la producción, su fuente de trabajo, demostrando que si se puede si hay colaboración y mucha paciencia. Y a la vez cuentan que en la realidad todos los socios son personas grandes. “Nosotros tendríamos posibilidades de tener más gente, pero esto no es algo que tiene un nivel parejo. Hay momentos donde tenemos muchas demandas y otros donde estamos muy planchados. Y vos a esa gente le tenés que pagar. En otro momento podíamos tener la fábrica parada y nos bancabamos un par de meses económicamente hablando. Pero hoy por hoy es imposible hacerlo. No podés tener gente que no trabaje y pagarle, o sea, períodos sin actividad y mantenerlos. Es muy difícil”.

 

La histórica fábrica de acero inoxidable de Lanús continúa en movimiento gracias a la resistencia y lucha de sus trabajadores.

La histórica fábrica de acero inoxidable de Lanús continúa en movimiento gracias a la resistencia y lucha de sus trabajadores.

En la actualidad la Cooperativa Copacinox está compuesta por seis socios, y continúan trabajando con un enorme esfuerzo día a día. Recuperaron la confianza en los proveedores y clientes. Se mantienen unidos como socios, como trabajadores y como compañeros de una larga lucha por mantener su fuente de trabajo.

Hace tres años hicimos unas piezas específicas para la Presidenta (Cristina Fernández): unas azucareras con aplicaciones de bronce. También somos proveedores de las Fuerzas Armadas. Nuestros productos están en la Fragata Libertad y en el rompehielos Almirante Irizar”, dice Angela De Mundo, la tesorera y encargada administrativa de la cooperativa Copacinox, donde se fabrican pavas, ollas, fuentes y otros productos de acero. La frase parece casi una publicidad pero es parte del proceso que llevó a la planta donde se hacen los artículos Luba desde la quiebra hasta la Casa Rosada.
La planta, que tiene una marca reconocida e instalada en todo el país, comenzó a producir pavas en un tallercito fundado en 1963. Nació como una empresa unipersonal y luego fue creciendo (o mutando) en una Sociedad Anónima con intereses en el campo. Y, más tarde, la empresa -que llegó a tener más de 40 empleados a fines de los noventa- se convirtió en una máquina de inyectar dinero en los campos bonaerenses de Lezama, donde Roberto Angel Carbonari criaba ganado y producía leche.
“Poco antes del 2000 empezaron los problemas Empezaron a pagar sin completar el sueldo. Después llegaron los vales por semana que no terminaban de completar el sueldo. Eso se fue acumulando hasta llegar a deber dos años de sueldo. Y la situación fue cada vez más tensa”, recuerda Ángela, que tiene 59 y más de la mitad de su vida trabajando para que las pavas de Luba se hicieran famosas en todo el país. Ella vivió todo el proceso muy cerca de Carbonari. Fue empleada administrativa y eso le dio una relación más directa con el dueño de la sociedad anónima familiar que controlaba la planta.
Ese vínculo no le dio, necesariamente, una posición ventajosa. “Siempre quise creer que todo se iba a solucionar. Siempre acompañe a Carbonari y a su esposa. A mí era a una de las personas que más les debía porque como soy casada me decía ‘no te doy a vos y le doy a fulanito porque vos tenés tu marido’”, le decía Carbonari y así se le fue acumulando la deuda.
LAS LLAVES. Esa degradación de las condiciones de trabajo preocupó a cada uno de los empleados. Para ese momento sumaban una veintena. Muchos llegaron a pedir un vale llorando. Y poco a poco se fueron dando una organización: crearon una cooperativa de trabajo en agosto de 2003. Era una forma de intentar atajar la situación. Para ese momento, Carbonari adeudaba varios meses de salarios y comenzaba a hacer desmanejos también con los proveedores y clientes.
El punto de quiebre llegó en febrero de 2004. Los empleados decidieron que pararían la fábrica justo antes de entregar un pedido de Edesur, para el que fabricaban –y aún fabrican- las placas de acero que se colocan en los medidores de suministro de energía eléctrica. “Nunca habíamos tomado una medid de fuerza pero antes de salir de vacaciones Carbonari nos dijo

que a la vuelta nos iba a pagar. Y cuando volvimos no nos pagó: muy flojito de vergüenza dijo que no tenía plata y decía ‘bueno pero no tengo’. Le decíamos que trajera del campo y dijo que del campo no traería nada pero él se llevaba plata de la fábrica para alimentar el campo”, dice Ángela.
Los trabajadores pararon la planta y Carbonari los denunció ante el Ministerio de Trabajo. La jugada fue un tiro en el pié: el relato y los comprobantes de los atrasos salariales fueron una justificación para la protesta. “Los abogados del ministerio le decían que era una vergüenza que nos pagara así. Y le dijeron ‘págueles o déjelos trabajar solos’. Y ahí pidió dos meses para pensarlo. Le dijimos que no, que en cuatro días tenía que definirse y cuando volvimos a reunirnos nos trajo las llaves de la empresa”, cuenta Ángela al recordar lo que ocurrió el 11 de marzo de 2004.
Al día siguiente, los nueve integrantes de la cooperativa abrieron la fábrica, su fábrica, por primera vez. Lo primero que pensó Ángela es qué iban a hacer, cómo iban a conseguir la chapa, cómo iban a convencer a los proveedores y clientes de que su gestión sería distinta de la de Carbonari.

NUEVOS PRODUCTOS. “El tema es cruzarse de vereda. Antes uno hacía lo que le decían y ahora las decisiones las tenemos que tomar nosotros. Al principio tenía temor de poder hacerlo bien. Eso me pasaba a mí pero mis compañeros estaban totalmente confiados”, dice Ángela mientras le hace señas a un cliente para que espere unos minutos más hasta que termine de contar cómo fue que se cruzaron de un lugar a otro de la línea de producción, donde fabrican más de 200 productos en distintas medidas.
El inicio fue complicado como ocurre con todas las fábricas recuperadas. Sólo tenían artículos con poca salida al mercado: fuentes ovaladas playas y salseras. La estrella de la fábrica, que es la pava de metal, no estaba en stock. Tampoco tenían materia prima y tuvieron que hacer un trabajo artesanal para reconstruir la confianza entre proveedores y clientes.
La sociedad anónima había dejado una imagen pésima, una pila de cheques rechazados y muchos clientes a los que les habían entregado fuera de plazo o una producción menor a la solicitada. “Agregamos productos nuevos: se trabaja con accesorios en madera como las manijas de las pavas y un juego de mate todo en madera, que está funcionando muy bien en los negocios de venta al público”, se enorgullece Ángela. Además, mejoraron las pavas económicas con una calidad de acero mejor y una variación mínima en su espesor.
En el proceso de recuperación de la planta, los nueve trabajadores –hoy quedaron seis porque uno falleció y dos se fueron- lograron tener las maquinarias, que fueron expropiadas. Ahora lo que sigue en juego es la marca y las matrices, que están dentro de la quiebra de la sociedad anónima que encabezaba Carbonari, que también tiene campos en Lezama.
En esa definición, cruzada por la Ley de Concursos y Quiebras, se juega parte del futuro de la planta. La marca tiene peso en las provincias. Los trabajadores de Copacinox tienen corredores en casi todo el país y llegan hasta Tierra del Fuego.
También sus productos son capaces de competir y ganar licitaciones públicas. “Trabajamos todo de 0.9 milímetros de espesor. Las de China las abollás con el dedo”, dice Ángela y completa esa suerte de publicidad que enhebra casi sin pensarlo.  «

 

Volver a Diario Mar de Ajo - El Diarito, Prensa Alternativa - Prensa Popular