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La Militancia, el debate entre la Legalidad y la Legitimidad

La Militancia, el debate entre la Legalidad y la Legitimidad

(¿Qué es la Militancia, sino llevar adelante un ideal que permita lograr el bien común? Visto desde la óptica de quien pretende precisamente la felicidad del pueblo y la grandeza de la Patria.)

Silvio Bageneta

 

Prólogo

?La política es un arte sencillo y todo de ejecución?, solía decir el General Perón. Pero esta ejecución para ser efectiva debe ir siempre acompañada de la debida reflexión. Para que, por citar otro grande la experiencia no sea ?el peine que te dan cuando te quedas pelado?.

La Militancia entre la Legalidad y la Legitimidad

La Militancia entre la Legalidad y la Legitimidad

El valor de este ensayo que ha escrito Silvio Bageneta es, fundamentalmente, ser una reflexión desarrollada desde la práctica. Es decir, no es la diatriba de un opinólogo que crítica lo hecho y en sus conclusiones pone un contundente ?animémonos y vayan? sino de alguien que participó activamente de las experiencias de lucha de nuestro Pueblo. Y que acertó y también se equivoco junto con ese Pueblo en permanente búsqueda de sus caminos de liberación.
En el eterno combate contra el liberalismo, el individualismo y el egoísmo, incluso el que todos llevamos dentro esta palabra que nos aporta la mirada de alguien en quien no ha hecho mella la persecución, la cárcel y la marginación de la que fue objeto. Situaciones de las que volvió siempre para dar pelea por la Patria que sueña, poniendo sus manos al servicio de su corazón y su pensamiento.
El otro gran merito del compañero Silvio es un lugar no tan frecuente en la teoría política desde donde pararse para pensar. Esto es poner en discusión las formas organizativas como aspecto sustancial de la cuestión del poder.
Reflexionar sobre la cuestión democrática desde los conceptos de legalidad y legitimidad es, seguramente, un interesante camino para la superación del pensamiento único que ha anegado tantas conciencias desde los años 90. No pensar la democracia desde su mero hecho formal es abrir la puerta a una relación de poder más justa que requiere no tanto de ardides políticos y viveza criolla para aprovechar oportunidades, sino del trabajo más oscuro y permanente de construcción de poder, de fuerza política indispensable para desplegar una política de liberación. Además, las ideas de legalidad y legitimidad, le permiten al autor, pensar como salir de la trata de la teoría de la representación, sin cuestionar el hecho democrático. La crisis de representatividad no se resuelve tirando al chico con el agua sucia como dice el dicho, sino ?precisamente- otorgando legitimidad a lo legal.
El concepto mismo de legitimidad que Bageneta desarrolla en un pormenorizado recuento histórico que arranca con el primer peronismo es un antídoto contra cualquier tipo de vanguardismo de la militancia, pues pone como condición de sentido de la práctica política a la respuesta del conjunto del Pueblo a su iniciativa.
La militancia setentista no aparece, entonces, como una generación excepcional ni ?por supuesto- tampoco como uno de los demonios de la teoría de los dos demonios sino como una lucha con la legitimidad que fueron creciendo al calor de los bombardeos, proscripciones, encarcelamientos y fusilamientos?Pero tampoco, el compañero Silvio se priva de criticar decisiones de las organizaciones político-militares del peronismo, ni tampoco de señalar el hecho maldito de la triple A que operaba durante el gobierno constitucional de Isabel.
No falta tampoco la referencia al impacto de la sangrienta dictadura genocida instaurada en nuestro país el 24 de marzo de 1976. Es menester entender que la dictadura de Videla y Martínez de Hoz llegó para imponer un modelo económico, el neoliberalismo, que era la piedra fundacional del nuevo sistema de dominación globalizante. Sin la política de tierra arrasada este modelo económico pero también cultural y político no hubiese sido posible. Hicieron falta más de 30.000 compañeros desaparecidos y otros tantos sufriendo en cárceles y campos de concentración de la dictadura, además de los que fueron obligados al exilio; para desarticular a todo aquello que podía oponerse al proyecto de la dependencia una resistencia desde un proyecto liberador con arraigo en el Pueblo, es decir, con legitimidad.
Quizás el gran ausente en este texto es la resistencia ejercida contra el proceso de apogeo del liberalismo en estas tierras durante el mandato de Carlos Menem. La pelea de sectores juveniles o bien de los desocupados frente a las consecuencias nefastas del modelo de entrega de la Patria que se llevó a cabo durante los años noventa, no tiene el lugar que me parece es debido. Sólo pensar esa otra resistencia nos permite comprender el sentido de la pueblada del 20 de diciembre. Porque si seguimos la línea del peronismo renovador y el Frente Grande, terminamos del otro lado del mostrador. O sea, en nombre de un progresismo bienpensante más que abonar a la lucha de nuestro Pueblo se termino legitimando experiencias que fueron repudiadas por este por se continuidad lisa y llana del neoliberalismo. Recordemos por ejemplo que Cavallo retornó al gobierno en los tiempos de la Alianza de la mano de Chacho Álvarez.
Para cerrar su ensayo, el autor ?como no podría ser de otra manera con alguien con compromiso político- se mete con los caminos reales y actuales del proceso político abierto aun con final incierto. De marcar correctamente el carácter de la contradicción principal dependerá el acierto o el error en nuestras políticas y también el grado de legitimidad que estas tengan. Es en estos tiempos donde paradójicamente se invierten los términos y casi por obra de una jugada de la historia tenemos la legalidad sin haber construido la legitimidad suficiente. La construcción de organización popular ?único factor legitimante que nosotros entendemos- va a depender fundamentalmente de dos cuestiones. Por un lado de la construcción de un proyecto nacional productivo y solidario que incluya a todos los argentinos que viven de su trabajo. Y por el otro de la construcción de una sólida fuerza política que permita impulsar el proceso político abierto en 2003 por la iniciativa de Néstor Kirchner hacia la profundización de sus objetivos, a la conquista de la justicia social, la independencia economía y la soberanía política.

Marcelo Koenig

Buenos Aires, octubre de 2008.

Introducción: Las necesidades de la Etapa y de la Coyuntura exigen que la militancia tenga otra razón de ser que la otorgada por los intereses económicos dominantes y su brazo armado las Fuerzas Armadas que fueron el instrumento para imponer la política económica y filosófica general: EL LIBERALISMO. Consistente en Partidos Políticos ?ordenaditos?, con elecciones internas, ?democráticos? en su funcionamiento. Es decir partidos políticos que ?no hagan ola? al proyecto de continuidad del status quo económico, político y social dejado por el proceso de Reorganización Nacional.
Por ende quedó legalizada un tipo de militancia aferrada a prácticas que no podían conducir a otro lugar que no fuera la politiquería. La práctica vacía de contenido. La lucha por un puesto en el partido para luego ser concejal, diputado, senador, intendente, etc.
El grado de penetración ideológica que el liberalismo ha tenido en los militantes del Movimiento Nacional (los partidos y Fuerzas, las agrupaciones de todo el espectro político que podemos denominar de izquierda, progresistas, revolucionarios, nacionales y populares) es muy grande.
Recuperar el espíritu militante, recuperar la relación genuina de la militancia con el pueblo de donde surgió y que debe representar: este es el gran desafío de la Etapa.
Pretendemos apuntar a ese 80% de la población que objetivamente conciernen al Movimiento Nacional, por pertenencia económica, cultural, social y que no podemos permitirnos regalárselo a los sectores minoritarios que con máscaras falsas y con cantos de sirena llegan a los sectores nacionales y populares.
La militancia actual (mayoritariamente) está imbuida más de aspiraciones que tienen que ver con el ?puesto? y con las ?ventajas? del poder que con las razones que justifican la existencia de la militancia (vista esta desde la óptica de los que buscan el bien común).
Para lograr este ?puesto? y estas ?ventajas? utilizan las más variadas formas de inescrupulosidad. Pasan a ser ?Operadores políticos?, por exigencias derivadas de cronogramas electorales de ?maniobras inteligentes?, de ?roscas y contrarroscas?. Todo conducente a alejarse gradualmente del pueblo.
Siendo siempre un militante legal pero que carece de legitimidad ante los ojos y la valoración del pueblo. Ya que la razón de ser del militante es estar junto al pueblo, oír sus necesidades, acompañarlo en la resolución de sus problemas, avanzar en la organización para conseguir tal fin. En definitiva, el militante legítimo debe resolver estos problemas, que implican (ni más ni menos) resolver el problema de la representatividad política. Es decir lo genuino de la política, lo genuino de la democracia, más allá de las formas: las elecciones municipales, provinciales y nacionales, la existencia de concejales, diputados y senadores provinciales y los diputados y senadores nacionales. La elección de los diferentes cargos ejecutivos (intendentes, gobernadores y presidente).
Estamos hablando a esta altura de que la militancia legal y la legalidad de la democracia van juntas, de la mano, pero no alcanzan si no se logra que ellas, militancia y democracia, sean también LEGÍTIMAS.
Es decir, sirvan a los intereses nacionales y populares, conduzcan al bien común. En un marco de fortaleza de la Nación.(Por aquello de que sin Nación no hay posibilidad del bien común).
Trataremos en estos puntos de volcar algunas ideas con la esperanza que otros también lo hagan y seguramente lograremos enriquecer y aportar en este camino hacia la búsqueda de una sociedad donde impere más el bien común y la grandeza de la Patria.

1. La militancia a partir de 1943- Perón y la Secretaría de Trabajo
Podríamos hablar de la militancia parándonos en los albores de la Patria. Así ocuparían seguramente un lugar preponderante Joaquín Campana y Tomás de Grigera allá por 1812 en los suburbios del Buenos Aires de entonces. O citar otros ejemplos históricos. Preferimos retrotraernos a los momentos en que la militancia que llega hasta nuestros días empezó a gestarse, es decir, el nacimiento del Peronismo.
La Revolución de junio de 1943, vino a incorporar a los sectores nacionales y populares otra vez a la historia, a ser protagonistas de la misma.
Los métodos, contenidos políticos, ideología profesada, estructura organizativa tenía más que ver con otras experiencias históricas, de otras latitudes, de otras economías, de otros desarrollos de las mismas (en general de Europa y otros lares) que lejos estaban del nuestro. De nuestra historia, de nuestra idiosincrasia, cultura y condiciones objetivas y subjetivas alcanzadas.
Juan Domingo Perón desde la Secretaría de Trabajo empezó a generar las condiciones de esa nueva forma de legalidad y legitimidad de los trabajadores y el pueblo.
1.1. La comunión de la Legalidad y la Legitimidad desde 1945
Fue específicamente desde los días previos al acontecimiento histórico por excelencia del Siglo XX en Argentina y Latinoamérica, es decir, el 17 de Octubre de 1945, que los trabajadores empezaron a mostrar precisamente la contundencia de la comprensión de los cambios que se venían produciendo.
Uno de los hechos más destacados es que las conducciones de las centrales obreras de ideologías socialistas y comunistas, fijaron el Paro general para el 18 de Octubre de 1945. Los trabajadores, los delegados, los dirigentes reales de los trabajadores se movilizaron el día previo.
Se estaba produciendo el surgimiento de una nueva legalidad gremial, sindical y política, fruto de una participación militante legítima. Y por ende se producía una nueva instancia legal democrática que consecuentemente trajo una legitimidad democrática para el pueblo argentino (que ya no sólo se dedicó a votar para elegir a sus candidatos, sino que obtuvo progresivamente sus postergados derechos sociales, económicos, etc.).
Para corolario, trajo consigo, también la concreción del fortalecimiento de la Nación y no sólo en términos territoriales y geográficos, sino integrales. El Estado Nacional se vio rotundamente fortalecido.
1.1.1. La consolidación del Movimiento Nacional
Ese movimiento nacional que se viene construyendo desde los albores de nuestra Patria y que se ve expresada en las luchas contra los españoles, los ingleses, con los caudillos federales del oeste, norte, la mesopotamia, centro y la provincia de Buenos Aires enfrentando al Liberalismo (tengamos en cuenta que era el pensamiento y la política económica y militar de vanguardia en el Mundo) en la Vuelta de Obligado, renació y se fortaleció grandemente a partir de 1945.
En ese marco la necesidad de generar una nueva legalidad para el Movimiento Nacional, movió al General Perón a impulsar la creación de la Constitución de 1949. Marco legal imprescindible para que se consolidaran las conquistas alcanzadas legítimamente.
Los liberales argentinos, los de la generación del ´80, los que se expresan desde antes de esa fecha consecuentemente a través del diario La Nación, saben sobradamente que es imprescindible contar con la legalidad. Por eso se aferraron con uñas y dientes a la Constitución de 1855 como paradigma de lo impoluto, intocable, ya que les daba marco legal a sus mezquinos intereses e inconfesables negociados unidos a los intereses británicos fundamentalmente en ese entonces.
Pero el Movimiento Nacional fue conciente de la importancia de la Constitución de 1949 y fue (como dijimos) el Marco legal del proyecto popular conducido por Juan Perón.
1.1.2. El empresariado Nacional
El empresariado Nacional participó activamente desde 1945 a 1955. No sólo en opciones Gremiales empresarias, que se alternativizaran a las existentes de los grupos minoritarios del privilegio (mayoritariamente ligadas a los intereses extranjeros), sino que participó ocupando puestos de relevancia en el gobierno del Gral. Perón.
Se transformaron económicamente, socialmente, culturalmente y fueron también militantes empresariales que conjugaban su legalidad con la legitimidad que brinda el estar participando de un proyecto de país de inclusión e integración nacional (actitud que se ha observado muy poco luego de 1955 en el empresariado nacional, dado el carácter absolutamente deshumanizante que de por sí tiene el capital ya que exclusivamente da sentido a sí mismo en tanto de ganancias. Y éstas carecen de la menor sensibilidad social.)
El empresariado Nacional que dio lugar a la propuesta Peronista de : El Capital y el trabajo, arbitrados por el Estado.
1.1.3. Las necesidades de los trabajadores Atendidas
Los trabajadores a partir del primer gobierno de Juan D. Perón y Evita, dieron un salto notorio y elocuente en su condición humana, social, económica, gremial y política.
Existían condiciones económicas, sociales e internacionales que permitían el fortalecimiento de los trabajadores como clase. Sabemos que la segunda Guerra Mundial había tolerado que se reemplazaran las importaciones por la industria Nacional.
Los trabajadores argentinos alcanzaron legalmente con un reclamo justo y legítimo de años no sólo un salario digno, horas de trabajo semanales apropiadas, descanso, vacaciones, complejos hoteleros en los centros turísticos del país (por primera vez en la historia Argentina), pudieron hacer que sus hijos estudien y ellos mismos se especialicen, etc. Todo eso y la sindicalización con leyes que dieron un sustento legal a sus derechos.
La movilización de los trabajadores en los actos peronistas hizo ver a un pueblo participativo y Feliz.

1.1.4. Las necesidades de los marginados. Los ?cabecitas negras?
Tuvieron también su legalidad un sector muy postergado de la sociedad argentina: Los Marginados. Los despectivamente llamados por la reacción como ?cabecitas negras?.
No sólo tuvieron legalidad a través de la compañera Evita, sino de las propias estructuras del Estado. Que no obstante el esfuerzo de 10 años de gobierno no pudo desterrar la Marginalidad en términos absolutos.
No fue, ni será tarea fácil desterrar la marginalidad. Porque el límite entre la ayuda y la dádiva es muy pequeño. Así como es angosta la tentación de dedicar el esfuerzo a la ayuda en lugar de buscar revertir el problema, ya que lleva evidentemente años resolverlo.
No sólo incluyendo fuentes laborales, capacitación laboral, comprensión, métodos de educación popular y tiempo (con paciencia incluida).
Es una tarea de años, legítima y que debe tener un marco legal.

1.1.5. Los intelectuales y su acople al proyecto Nacional. FORJA
El aporte realizado por la intelectualidad nacional y popular a este proyecto es incuestionable. Fue esencialmente dado por FORJA.
Personajes incuestionables en sus contribuciones, en su proyección histórica como Arturo Jauretche, Homero Manzi, Discépolo, Raúl Scalabrini Ortiz, etc. Que no sólo se dedicaron a dar fundamento político al proceso vivido por el peronismo, sino que ayudaron a proyectar al Movimiento Nacional en el tiempo y darle mayor fortaleza ideológica con sus aportes.
No queremos soslayar las visiones críticas de Arturo Jauretche, por ejemplo.
Tampoco dejaremos de nombrar a John Williams Cooke quien aportó durante el gobierno de Juan Perón y también durante la Resistencia. Una visionaria (aunque no podemos decirle intelectual, con los parámetros que se considera a tales) a Evita Perón, quién en cada discurso, charla o escrito, (además de hacerlo con sus actos de solidaridad y justicia) tuvo una claridad intelectual altísima, respecto a los problemas del Movimiento Nacional, de los hombres que lo conformaron y de los detractores y enemigos.
No dejamos afuera en materia de concepción política y doctrinaria al mismísimo general Perón, obviamente.
Tampoco podemos olvidarnos de los brillantes aportes, con vigencia en la actualidad en su concepción de fondo de J.J. Hernández Arregui. Ni de Rodolfo Puiggrós. Ambos aportaron una visión nacional y popular desde la óptica materialista dialéctica y materialista histórica.

2. Los diferentes intentos de domesticación de los métodos legítimos de la militancia
Un compañero y amigo que se enteró del tema que en este momento estoy esbozando me dijo: pero todos terminan deslegitimizandosé. Y tiene razón. La misma Evita en reiterados discursos, charlas y escritos ha criticado a la burocracia política y sindical. Los que se olvidan de sus orígenes humildes o de simples trabajadores.
Por otro lado la misma estructura sindical o política lleva a perder el objetivo de legitimidad de los militantes.
Un muchacho de un barrio de cualquier lugar de nuestro basto territorio que llega a dirigente sindical o político empieza a acceder a estamentos de poder donde el dinero y las costumbres de los poderosos pululan. Hay dirigentes en la historia sindical Argentina que transaron por debajo de la mesa con políticos, empresarios extranjeros y nacionales, con militares, etc.
Esto lo vieron Perón y Evita y fundamentalmente se ocupó de criticar visionariamente, con esa urgencia que adoptaba como prediciendo su escaso tiempo de vida por delante. Un ejemplo fue el dirigente de la CGT Espejo.
Acá comienzan en la historia contemporánea Argentina la deslegitimidad de la militancia fundamentalmente gremial, pero que por supuesto también fue política.

3. La Militancia Política de la Resistencia del Peronismo
El golpe de septiembre de 1955, fue terminantemente duro contra los dirigentes sindicales y políticos del Movimiento Peronista. Hay mucha bibliografía al respecto e innumerables testimonios aún vivientes, películas, etc.. Hubo un ensañamiento muy tremendo contra todo lo que tuviera que ver con el peronismo: hombres, símbolos, sedes, cantos, organización, marco legal constitucional (Constitución de 1949), sindicatos, etc..
El peronismo fue ilegal absolutamente. Como tal no podía desaparecer en su esencia, porque hubieran tenido que matar 10.000.000 de personas (así como Hitler pretendió eliminar a los judíos). Entonces si bien perdió total legalidad su legitimidad no pudo ser ni exterminada, ni reemplazada, ni borrada como con una goma. Las conquistas y los derechos de los trabajadores y el pueblo obtenidos durante la primera década peronismo no sólo quedó expresado en las actuales obras que se pueden apreciar, sino que se grabó a fuego en la mente, los sentimientos y los genes de los beneficiados de entonces. No podía borrarse entonces por mas ilegalidad que existiera.
El peronismo entonces, como expresión legítima del pueblo argentino siguió. Utilizó los métodos más empíricos e impulsivos. Los más aislados. Los violentos, los sabotajes en las fábricas, las volanteadas, las pintadas en paredes, las bombas domésticas (caños), la transmisión boca a boca y en secreto. Muchos murieron en esta resistencia por desorganización, empirismo, desconocimiento de cómo fabricar o usar una bomba doméstica o un arma.
Todo se daba en años en que se seguía con el incumplimiento y la clausura de todos los derechos obtenidos por los trabajadores.
Complementamos acotando, que los gobiernos, militares o civiles, todos contaron sino con la proscripción total del peronismo, la parcial o condicionada. Y hasta en 1964 en el gobierno del Dr. Arturo Illia se prohibió expresamente que el avión que traía al General Perón avanzara a Argentina desde Brasil. En definitiva, Perón y el peronismo ilegal.
Toda la resistencia, todos los métodos cobraban legitimidad ante la perdida de sus derechos a partir de un Golpe Militar que bombardeó la Plaza de Mayo, que desconoció el voto popular triunfante y por las armas destituyó al General Juan Perón y su gobierno.

3.1. La Militancia Sindical
La militancia sindical tuvo claramente dos posturas. La de las bases de las fábricas y lugares de trabajo y la de los dirigentes sindicales de sus gremios (que salvo excepciones) con el pretexto de ?tener diálogo? se fueron atornillando a sus puestos de conducciones nacionales del gremio y pactando con los gobiernos de turno. Sean este el de Aramburu y Rojas, antes el de Lonardi, el de Frondizi y Guido, el de Illía, Onganía, Levington o Lanusse.
Dentro de las excepciones de dirigencia sindical, indudablemente debemos ubicar a Raimundo Ongaro, que además de dirigente Gráfico, fue secretario General de la CGT de los Argentinos. Que notoriamente alternativizaba con los dirigentes amarillos y traidores.
Mientras tanto las comisiones internas de las fábricas iban buscando formas de resistencia que les permitieran recuperar o al menos mantener las conquistas. Con métodos legales e ilegales de sabotaje o violentos, que eran los que le permitían sostenerse diferenciarse y retroceder lo menos posible.
Una de las represiones más fuertes contra el movimiento peronista y sindical, lo hizo el Presidente Arturo Frondizi con su Plan CONINTES. Precisamente Frondizi y Frigerio que llegaron al gobierno gracias a los votos peronistas y no cumpliendo las promesas y pactos acordados con el General Perón. Recomendamos leer sobre el tema..

3.2. La Militancia de la Juventud
Lamentablemente los representantes más conspicuos de la militancia de la Juventud en los años de la Resistencia Peronista los debemos nombrar y evocar en el recuerdo porque fueron muertos: Carlos Caride, Gustavo Rearte, Dardo Cabo, Cacho El Kadre y tantos que se animaron a pintar los PV de Perón Vuelve. Que por supuesto fueron también absolutamente ilegales y perfectamente legítimos. Hasta la Constitución que reinstauraron los antiperonistas permitían una legalidad no reconocida, al declamar que se podía el pueblo levantar en armas ante gobiernos que desconozcan la voluntad popular.
Con esta Juventud Peronista fue que se comenzó a trabajar con las necesidades del pueblo, junto al pueblo y fueron logrando las primeros niveles de organización popular en torno a las casas peronistas que funcionaban como Unidad Básica clandestina.
Esta Juventud, a partir de la conocimiento contemporáneo de Cuba, China, Argelia, Vietnam, los pueblos Africanos, etc. Y de la propia experiencia del Movimiento Peronista (destitución del Gobierno del General Juan Perón por la fuerza, bombardeos a Plaza de Mayo, con más de 300 muertes, persecución y fusilamiento, cárcel y muerte, destierros, etc.) es que se vio la posibilidad de la conformación de un ejército peronista capaz de resistir organizadamente. De ahí las diferentes experiencias que surgieron a partir de Uturuncos.

3.3. La Militancia del Movimiento de los sacerdotes del Tercer Mundo
Quizás porque la Iglesia Católica fue el sustento ideológico y político del Golpe del 55, porque fueron los que convocaron a la movilización de Corpus Cristhi, o porque a partir de la Encíclica Rerum novarum hay una postura importante de la Iglesia Católica, o porque se dio un Movimiento progresista de la Iglesia en varios países de Latinoamérica, la cuestión es que Los Sacerdotes del Tercer Mundo jugaron un importante rol en la recuperación de la organización popular en Argentina. Aportaron recreativamente desde una óptica Cristiana y Católica al proceso de fortalecimiento de la Legitimidad de los derechos integrales del pueblo.
Esto lo realizaron en buena parte del país.
Trabajaron con jóvenes y catequistas de diferentes edades y sexos. En barrios y fábricas o alrededor de ellas. Impulsando a partir del Evangelio de Jesucristo, prácticas sociales que tenían que ver con materializar los conculcados y postergados derechos legítimos del pueblo. Se lograron en torno a estos derechos, niveles de organización popular que superaba con creces la dádiva o la beneficencia.
Surgieron así concepciones de militancia social y política. Asimismo a la identidad política de esa militancia: el peronismo.
Acercándose de esta manera sectores medios que habían estado en los festejos de la caída de Perón en Septiembre de 1955.

4. El gobierno del 73
Claramente el Movimiento Peronista recuperó Legalidad a partir del 11 de Marzo de 1973. También afloraron las contradicciones entre la militancia que no defeccionó ante los gobiernos de turno antiperonistas y los dirigentes (sindicales o políticos) que claramente negociaron.
La primera vuelta de Perón el 17 de Noviembre de 1972, la JP se ocupó de movilizar al pueblo, desde las fábricas y desde los barrios. Asimismo se sumaron los estudiantes a este primer regreso a Ezeiza. Sumándose así a la espontánea y sentida movilización popular. Lo mismo hicieron los cuerpos de delegados de las fábricas, despegadas de los sindicalistas y en tanto Rucci (que no aportó colectivo, ni dinero alguno) participó con su paraguas para proteger al General Perón cuando bajaba del avión.
Dos militancias y dos formas de demostrar su condición de peronistas.

4.1. La militancia con un gobierno popular
Los 18 años transcurridos con dictaduras militares, con gobiernos traidores a los acuerdos preelectorales, la represión también de ellos, hizo que recién en 1973 buena parte de la militancia más activa y ligada a un proyecto comprometido con el pueblo, tenga en la superestructura un gobierno a quién no se debiera combatir. Es más, el gobierno debiera consustanciarse con dicha militancia y ante todo satisfacer las necesidades populares. Ser fiel intérprete de las mismas.
El criterio más rico que se logró en materia de mantener estrechamente ligado el concepto de legalidad y legitimidad fue alcanzado por la Juventud Peronista de Las Regionales, que a su vez estaba estrechamente consustanciada con la OPM Montoneros. Era uno de sus frentes de masas. Es decir frentes en donde se intentaba como objetivo principal, lograr la representatividad de sus militantes, a través de la formulación de políticas correctas. Políticas de masas que interpreten las necesidades más acuciantes del frente en cuestión (que podía ser sindical, territorial, universitario, agrario, etc.) y se obtenga a partir de esas propuestas políticas, la representatividad política. No necesariamente de los militantes que venían de ?afuera? del frente específico (de la fábrica, el barrio, la facultad, el colegio, el sector agropecuario?.) sino que a través de la práctica se constatara que el mencionado (o los ?) compañero (s), eran merecedores de esa ?distinción?. La de ser ungidos como los más representativos.
Este nivel de síntesis no fue fruto de la casualidad, de la improvisación, ni de la presencia de él o la compañera representativa. No. Sino de la correcta implementación por parte de esos compañeros que resultaron representativos, de una concepción de la OPM Montoneros, que logró una síntesis histórica. La misma que logró en esa síntesis histórica conjugar de la mejor forma la práctica con la teoría.
La mejor síntesis histórica, la que contempló más cantidad de aspectos.
Hasta ese momento, se pecaba o de militarista, o de vanguardista, o de teórico en exceso, o de práctico que avanzaba a ciegas.
De la experiencia incluso de otras generaciones, del peronismo y de la resistencia. De la Izquierda que se nacionalizó, que asumió al peronismo como una realidad inobjetable imprescindible para el proceso revolucionario argentino.. De los sectores católicos esencialmente expresados en los sacerdotes del Tercer Mundo. En los sindicalistas antiburocráticos que habían visto como continuamente fueron traicionados una y otra vez (por Espejo, Alonso, Vandor, Coria, Cavallieri, Rucci y todos los que se aferraron a sus beneficios personales, sus coches, Standard de vida, sus alhajas, sus chicas, sus comidas, sus casas?. Y que nada tenían, ni tienen que ver con los modos de vida y poder adquisitivo de los trabajadores) y que llevaron una práctica que cada día los alejaba más de las cúpulas sindicales en la defensa de los intereses y en la mismísima defensa de los intereses de los trabajadores.
Se superó la discusión estéril de la Universidad o del Colegio Secundario. La participación era muy alta. La comunión en busca de la representatividad existía en todos los niveles de la sociedad.
Las movilizaciones populares que acompañaron al Rodrigazo fueron un ejemplo contundente.
Aunque también fueron contemporáneos con el comienzo del aislamiento político de la Juventud Peronista y de la OPM Montoneros. Tanto por accionar armado, político y jurídico de los sectores reaccionarios del gobierno nacional (quienes eran en tiempos del Rodrigado y de ahí en más, absolutamente hegemónicos en el gobierno de Isabel Perón), como por las políticas de la OPM Montoneros y sus frentes que tendían a la ideologización y militarización de la política.
La legalidad y la legitimidad se habían tornado una contradicción trascendente. Se toma una decisión que tuvo costos en vida y costos políticos muy de carácter estratégico: El pase de todas las agrupaciones a la clandestinidad. Ser parte de una agrupación Legal era incompatible con la seguridad de los militantes. Las 3A eran una realidad inocultable. La Ley 20.840 de Asociación Ilícita (entre otras cosas) tenía plena y absoluta vigencia. Por lo tanto el peligro de muerte o el peligro de ser detenido estaba latente, en todo el territorio argentino en caso de poner por delante la legalidad la política, de las agrupaciones, de los militantes.
Por lo tanto se fue resignando gradualmente la política Legal. El último intento serio por sostener una política Legal, fue El Partido Auténtico. Y el ejemplo electoral : Misiones en 1975.
Pero este pase a la clandestinidad tendrá consecuencias que en lo político alejarán a los militantes del pueblo, (no obstante los peligros evidentes) y volcándolos en el mayor de los internismos y militarismo.
Después vendrá el terror más absoluto.
Estábamos así dando por finalizado a un proceso político de acumulación de fuerzas para el Movimiento Peronista, para el Movimiento Popular y la Nación, totalmente inédito.
Inédito por su continuidad histórica, por su velocidad en que se construyó, por haber incorporado a sectores sociales a la militancia que no provenían solamente del pueblo trabajador, sino de la clase media y hasta alta, por el grado de compromiso y entrega alcanzado, por haber abarcado a la totalidad del territorio argentino, por tener una conciencia de lo latinoamericano, por incorporar a otras generaciones desde la juventud (recuérdese que adhirieron al proyecto de la Juventud Peronista los gobernadores de: Buenos Aires, Oscar Bidegain, de Córdoba Obregón Cano, de Mendoza Martínez Vaca, de Santa Cruz, Cépernic, de Salta, Ragone. Decenas de intendentes, diputados nacionales, concejales, ministros y secretarios de Estado, etc. Sindicalistas, o ex dirigentes como Andrés Framini quien sabemos no pudo asumir su cargo de gobernador de la Provincia de Buenos Aires), en muchísimos casos que habían participado del primer gobierno peronista o militado para ese proyecto nacional. Fue necesaria tanta brutalidad represiva para apagar semejante fuerza política, semejante intento.

5. La relación entre el terror instaurado por la dictadura y los métodos masivos de militancia ?posibles?
Las barbaridades más escalofriantes en materia de torturas, condiciones de vida en cautiverio, vejaciones, muertes? las desapariciones.
Hoy en este 2007 cuando vemos la falta de militantes. La presencia más absoluta de mediocridad y falta de propuestas políticas hegemónicas que favorezcan la construcción del poder popular real, seguimos aceptando las dimensiones de la derrota padecida y por ende el alcance integral del triunfo del Proceso de Reorganización Nacional encabezado por Videla y Martínez de Hoz (por poner sólo las cúpulas). El triunfo en términos económicos al instalar el liberalismo la avanzada que Menem se ocuparía junto con Cavallo de consolidar.

5.1. Las diferentes formas de resistencia
La legitimidad de la resistencia era absoluta y la ilegalidad de la militancia popular, de la Juventud Peronista, también. El costo de asumir la militancia resultaba extremadamente comprometido. No sólo personal, sino de amistades, familiares, conocidos y por supuesto: los compañeros de militancia.
La inserción política de la OPM Montoneros en todo el territorio y todos los sectores sociales era muy grande. Se veía en la Cárcel, en el exilio, en las muertes de militantes y en los que quedaban vivos.
Así como a partir del 16 de septiembre de 1955 la resistencia fue de todas las formas posibles, lo mismo ocurrió a partir del 24 de marzo de 1976.
Existía una diferencia, ya no estaba Perón. La conducción del General desde el exilio, de un líder reconocido por los trabajadores y la mayoría del pueblo, no condecía con la representatividad política de Isabel Perón, ni de la OPM Montoneros y sus dirigentes máximos, ni de la Juventud Peronista parcialmente, de otros dirigentes políticos del Justicialismo o de la rama sindical. No existía un representante ni una organización política o sindical, capaz de reemplazar la significación que otrora alcanzara el General Perón.
Esto no era un dato menor, más allá de que se advirtiera o no por los militantes de la Juventud Peronista, de la conducción y militantes de la OPM Montoneros, del conjunto del Movimiento Peronista o del Movimiento Popular.
Pese a todo, se realizaron formas de resistencia con cuotas muy altas de creatividad.

5.1.1. La política de Derechos Humanos
La denuncia de las tremendas barbaridades que estaban desarrollándose en Argentina por parte de las fuerzas armadas, policiales y carcelarias con los capturados, detenidos o allanados.
Se acertó con la elección de la política defensiva de Derechos Humanos, como denuncia y desgaste del gobierno militar y su socio económico: la oligarquía liberal aliada al extranjero.
Esta política de DH, fue llevada a nivel Internacional y poniendo el epicentro en Europa, aunque también en América por medio de los familiares de presos, desaparecidos, muertos y exiliados en nuestra Argentina. Los militantes de la Juventud Peronista y demás frentes de la OPM Montoneros, condujeron clara y efectivamente ese proceso de denuncias.
Cabe destacar que por ejemplo El Partido Comunista, planteaba que resultaba falso tal política de denuncia. Y Fernando Nadra, concurrió a Francia y España (entre otros) a desmentir tales denuncias. Planteo que coincidía con aquello que sostenía el gobierno militar: ?somos derechos y Humanos?.
Más allá que el radicalismo tuvo su Amaya y Solari Irigoyen y algunos otros perseguidos, queda claro que por aquél planteo de Ricardo Balbín acuñando aquello de ?la guerrilla industrial?, que resultó una categorización que sirvió ?como anillo al dedo? para los objetivos de Golpe del 24 de Marzo, por omisión o aportando las decenas de intendentes y funcionarios que la UCR, compartió con los militares parte del proceso militar.
Lo mismo podemos decir del Desarrollismo de Rogelio Frigerio y del Diario Clarín. Que se postulaban permanentemente como alternativa a la política liberal de Martínez de Hoz y al mismo tiempo apoyaban con títulos mentirosos ?ASÍ SE DERROTA A LA SUBVERSIÓN? y ponían una foto por ejemplo de los diputados Zabala Rodríguez y Betanin (ambos de la Juventud Peronista) muertos en supuestos enfrentamientos con las ?fuerzas del orden?. Cuando el realidad, habían sido secuestrados, torturados muertos (esa era la política alentada) y publicados en supuestos enfrentamientos.

Se imponía la política de Derechos Humanos. Era no ya la defensa de un proyecto Nacional y popular, sino de la vida misma.
Los familiares se organizaron y dieron lugar a hechos tales como Las Madres de Plaza de Mayo (que tienen total vigencia en la actualidad), Las Abuelas de Plaza de Mayo, las diferentes comisiones de Derechos Humanos que defendían también a los presos.
La movilización de denuncia que se hizo con la llegada en Septiembre de 1979 de la CIDH (Comisión Interamericana de Derechos Humanos). La primer máscara grande que se corre durante el mismo proceso Militar. Junto con el consecuente peregrinar todos los jueves en la Plaza de Mayo, marcaron dos hitos en la movilización popular. Que fueron ganándose legalidad internacional y muy lento grado de legitimidad a nivel local.
De todos modos la legitimidad de los familiares de desaparecidos, encarcelados, exiliados y muertos fue permanente. Como aquella legitimidad de los peronistas que en los 18 años de resistencia clamaban por una legalidad que el pueblo sabía que estaba de su lado. Por el simple hecho que en ambas situaciones, el poder en el gobierno era fruto de la proscripción, la violencia y la impunidad.

5.1.2. La inventiva de los trabajadores : ?El trabajo a desgano? Los boicot fabriles
Los trabajadores en las fábricas hicieron resistencia a partir de las Comisiones Internas. Se realizaron decenas de paros y demostraciones de protesta de los trabajadores en resguardo de sus conquistas.
Una de las formas más novedosas fue ?el trabajo a desgano?. Hacían el trabajo pero con tristeza. Con menos ímpetu. Medio ?inconcientemente? pero en muchos lugares del gran Buenos Aires, La Plata, Córdoba y en varios lugares del país se producían y por supuesto no tenían ?prensa’.
Existieron los boicot en fábricas, con bulones que rompían máquinas, con roturas de correas, con cortes de luz imprevistos, con la imaginación de los trabajadores.

5.1.3. El 27 de Abril de 1979
Hasta que el 27 de Abril de 1979 se produce el primer paro a la Dictadura Militar. En esa práctica se forjaron también los dirigentes como Saúl Ubaldini.
Un ?perejil? que resultó con más vuelo propio que el mismo Lorenzo Miguel quien lo apadrinaba en el liderazgo de la CGT de la calle Brasil .
Ya se practicaba la movilización a San Cayetano, para cada 8 de Agosto, para cada mes el día 8. Eran niveles de organización y sobre todo participación. La militancia empezaba a salir.

5.1.4. La resistencia armada, emulando la primera resistencia peronista
En los años transcurridos desde marzo de 1976, con toda la más despiadada represión hubo una actividad de resistencia armada realizada fundamentalmente por la OPM M que ha sido ocultada y negada por factores concurrentes, pero que a no dudarlo cumplió un importante rol. Si lo desempeñaron los caños de la resistencia ¿por qué no durante el Proceso Militar de Videla, Viola, Galtieri y Martinez de Hoz ??? ¿Si fue válida (a los ojos del peronismo sindical y político histórico) la Resistencia de 1955 al marzo de 1973, por qué no debía ser válida esta otra al Proceso de Reorganización Nacional de Videla-Martínez de Hoz?
Decíamos que por factores concurrentes: ¿Cuáles?
En principio por la propaganda permanente del Proceso Militar que machacó y machacó hasta el cansancio con la subversión.
El terror que sembraron en el pueblo y la desaparición, cárcel y muerte de los militantes populares. Las sirenas, los allanamientos constantes, los controles a coches, camiones y colectivos, las detenciones en cualquier lado y a cualquier hora, la muerte ?casual? no sólo de jóvenes (qué ?algo habrán hecho?), sino del Obispo de La Rioja Angelelli. Todo lo cual obviamente repercutió en el pueblo.
Otro factor de importancia fueron las diferencias políticas existentes entre distintas líneas de la OPM M, que tomaron estado público. Y que llegaron a agudizarse de tal manera que no sólo hubo divisiones y separaciones, sino que llegaron a convertirse esas diferencias en antagónicas. Imperdonablemente convertidas en antagónicas.
La elección de la práctica militar en lugar de la preservación de los cuadros.
Perder de vista el carácter de Popular y Prolongado del enfrentamiento, lo que llevó a poner énfasis en el aparato.
La presencia en el extranjero de buena parte de los militantes alejados de la práctica política de masas en Argentina (situación obligada por otro lado) hizo que se generara una experiencia que muy poco tenía que ver con los criterios de presencia en el pueblo que hicieron que la política que sustentaba la OPM M, continuara teniendo validez histórica. La práctica de masas como criterio de verdad no estaba en el extranjero.
Los que estaban en Argentina, presos, clandestinos o ?inactivos?, vivían en condiciones muy precarias (dependiendo donde les tocara estar).
Todos estos elementos y algunos otros que se derivan de ellos, hicieron y hacen que se pierda objetividad al analizar la incidencia del accionar militar de la OPM M. en el transcurso de la resistencia popular al Proceso Militar.
No se trata de justificar errores. No se trata de disculpar a unos y culpar a otros. No. Simplemente se trata de poner las cosas en su lugar.
Como no se trató de justificar los errores de las decenas de muertes de la primera resistencia peronista, ni los fusilados de los fracasados levantamientos.
Las contradicciones en el seno del gobierno Militar de Videla, Massera, Agosti, Viola, Galtieri?.. los antagonismos entre fuerzas económicas, proyectos, dentro del mismo Proceso de Reorganización Nacional (teniendo este en términos absolutos) no fueron fruto del pensamiento mágico, sino del TODAS las formas de resistencia. Incluida la militar ejercida básicamente por las OPM M.
Se trata entonces de valorar objetivamente cada hecho parte de la resistencia y la intencionalidad política de los que ?se iban del poder? (con una derrota parcial). Que no era otra que descalificar de la mayor y mejor manera posible a la fuerza política que ellos habían ?destruido? con un costo interno muy alto, con métodos que no conocen parangón en la historia Argentina y que aún siguen pagando y seguramente seguirán.
No se iban a retirar los militares dando elecciones y arrojando flores de colores. No . Y así lo hicieron.
Crearon una política que acompañara su retirada. Crearon el demonio de la subversión. Pensamiento del ?demonio subversivo? que existía en el pueblo Argentino, antes, durante y tras el gobierno de la dictadura militar.
Después el Estatuto de Los Partidos Políticos. Suficiente como para preparar el aterrizaje de cualquier otra fuerza ?domesticada? que no saque de ?cuajo? la política Liberal instalada por Martínez de Hoz.
Los ?violentos? no podían estar. Y ellos aceptaron ser parte de los dos demonios. Y amplios sectores de los defensores de los Derechos Humanos suscribieron a esta teoría de malos en los dos polos.
¿Cómo va a aceptarse entonces el rol de las organizaciones armadas, en especial de la OPM M? Nunca. Más allá de Galimberti, Quieto, Firmenich o la Contraofensiva.
Faltan los periodistas que se formaron específicamente en este proceso de ?democratización?: los Lanata, todos muy antiperonistas y anti OPM M. Todos muy librepensadores (Magdalena Ruiz Guiñazú) todos muy defensores de la libertad de Prensa.
Liberales.
Todos. Con un discurso político funcional a los objetivos centrales del proceso Militar y la Retirada, no sólo política y militar, sino económica. Dejaron bien atados los planteos económicos liberales, de la libertad de mercado.

La primera resistencia peronista es valorada y resaltada por todos los sectores, porque era anárquica, individual y sin pertenencia a ningún grupo en particular (en buena parte de los 18 años). O si pertenecía a un determinado grupo, cosa que en muchos casos ocurrió, al ser una práctica clandestina e inconexa no tenía la legalidad de la difusión, no terminaba de transformarse el caño a tal represor en un hecho ?capitalizable? políticamente en términos inmediatos. Por lo tanto, salvo excepciones ningún sector del Movimiento Peronista en particular ?capitalizaba? el accionar militar de la primera Resistencia. Hasta que se secuestró Aramburu, un enemigo clarísimo del peronismo entonces: ?no fueron los Montoneros, ni Firmenich, sino Onganía?.
En cambio en esta Resistencia armada al Proceso Militar asesino y brutal, un grupo político en particular: OPM M, era el que capitalizaba y había que menguar DE TODAS MANERAS posibles que esto ocurra. Ya que llegaba correspondencia del extranjero, se recibían llamadas telefónicas a diarios, radios y entidades representativas donde se informaba del accionar (no obstante estar prohibido la difusión del ?accionar subversivo?).
La legitimidad de la violencia estaba en 1955 y en 1976 validada hasta por la Constitución Nacional, claro que obviamente no era legal (Como las violencias sustentadas por los gobiernos de facto tuvieron su propia ?legalidad?). Su propia validación de la constitución con el funcionamiento de la ?Justicia?.

5.2. El 31 de Marzo de 1982
El 31 de Marzo de 1982, como continuidad de todas las distintas formas de resistencia del Movimiento Popular, con sus particularidades ocurre la guinda de la torta. Una movilización masiva hacia Plaza de Mayo que tuvo una represión muy grande. Que si bien estuvo hegemonizada por los sectores de la CGT Brasil (Ubaldini y el liberado Lorenzo Miguel tuvieron su importante cuota de participación), cabe destacar que participaron sectores de izquierda, del radicalismo, de la Juventud Peronista, trabajadores sin encuadramiento político, etc.
La represión masiva fue muy violenta, con gases, palos agua y ferocidad de parte de la policía y los servicios combinados.
No obstante lo cualitativo de la situación quedó claramente demostrado.
Este día se vieron plasmados no sólo los distintos métodos de resistencia fabril y laboral, sino que fue la continuidad del Rodrigazo de 1975, del 27 de abril de 1979, cada visita a la Iglesia de San Cayetano, sino cada acción de resistencia del pueblo desde 1976 en adelante.
Esto la dictadura en ese entonces encabezada por Galtieri, no lo podía permitir: y reprimió sin miramientos. Pero la militancia fue conciente de que se abría otra instancia, otra forma de resistencia y reclamo: el masivo y en la calle.

5.3. Las Movilizaciones con Malvinas
Las movilizaciones en torno a Malvinas, fue el claro ejemplo del ?aprendiz de Brujo?. Desató un sentimiento de Patria en el pueblo que para la Dictadura militar no estaba prevista.
Un razonamiento similar hizo el diario La Nación ? el representante más rotundamente consecuente de la historia Argentina en defender sus intereses privilegiados- : ?No hay que dejarse arrullar por las masas? (refiriéndose las movilizaciones en torno a la recuperación de las Islas Malvinas).
En el mismo diario La Nación y por la misma fecha, otra consecuente defensora del pensamiento liberal en Argentina, del elitismo reaccionario, Silvina Bullrich se lamentaba en un artículo de primera página en los primeros días de Abril de 1982, el hecho de estar enfrentándose con Gran Bretaña, ?nuestros hermanos mayores?.
Don Arturo Jauretche afirmaba que cuando uno tiene dudas, ¿ qué hacer?, debe comprar La Nación y ver qué opina sobre el tema en cuestión y luego adoptar exactamente la postura opuesta. Ahí estará seguramente la actitud más acertada que favorezca los intereses populares y nacionales.
Las movilizaciones del pueblo argentino mayoritariamente, el apoyo bélico de los pueblos hermanos de Latinoamérica (fundamentalmente Perú y Cuba, aunque sabemos que hubo otras actitudes solidarias) aferraron a la dictadura conducida por Galtieri a Malvinas y a la profundización de la Guerra. Estas son las fuerzas que se desataron y que los condujeron al fracaso. El no tener en cuenta que en materia de defensa de la soberanía, el asumir una postura anticolonialista, no es juego. Por el contrario es algo absolutamente serio y no hay ?solidaridad anticolonialista? con el Colonialismo por excelencia en el Mundo: Inglaterra y Estados Unidos. Ratificando además en los hechos concretos (como se valoran las cosas y los gestos políticos) que el antiimperialismo y el anticolonialismo es cosa seria.
Por algo la dictadura de Galtieri, recibió el apoyo para la recuperación del pueblo, la OPM M, Perú y Cuba por ejemplo y el desplante total y hasta el hundimiento del Crucero General Belgrano de Estados Unidos y de Inglaterra.
Resulta impensable que una dictadura cuya columna vertebral era su política económica liberal, ligada al extranjero esencialmente, pueda enfrentar a las 2 potencias mundiales, colonialistas e imperialistas por excelencia. Resultaba un contrasentido que sólo pudo el pueblo con su movilización y adhesión a la reivindicación histórica, evitó que Galtieri realice (al mejor estilo Pentreli) un ‘toco y me voy’ con Malvinas. Lo ‘pegó’ a Malvinas la movilización, el balcón, las fuerzas militares desplegadas, la soberbia armada de los militares….
Todas las formas de movilización se reflotaron a partir del 2 de Abril de 1982. No sólo se movilizó el pueblo argentino a la Plaza de Mayo, en varias ocasiones, sino que utilizó una variedad. El pueblo empezó a salir del caparazón. Caparazón que ya habían roto en la movilización previa a la recuperación de Malvinas.
La militancia fue lenta pero inexorablemente adaptándose a las nuevas formas de legalidad.
Encontró una pizca de legalidad y la aprovechó. El pueblo conciente o inconcientemente actuó de hecho cumpliendo idéntica actitud. Era ?legal? pedir por Malvinas donando alimentos, ropa, frazadas, joyas, ofreciéndose como voluntario, los mismos presos políticos en la Cárcel de Rawson enviando cartas al Ministerio del Interior postulándose para donar sangre en caso de necesidad, ante la mirada atónita de los carceleros.
Los programas de TV, radio juntando elementos para enviar a ?los soldaditos de Malvinas?. Con la más descarada estafa y despojo.
Todas manifestaciones (no obstante los grados de ingenuidad) de reconquista de legalidad a través de estas movilizaciones, como las que se hicieron en la Plaza de Mayo y en tantas otras del territorio nacional.

5.4. Las Movilizaciones de las postrimerías de Malvinas
Hasta que ?el triunfo indudable? ante los ingleses quedó desenmascarado como una mentira. Entonces luego de pasar por el mayor desengaño, la peor desazón, manifestar la bronca no era ya sólo eso, sino que forzó y conquistó la legitimidad y la legalidad en esas movilizaciones fundamentalmente a la Plaza de Mayo, pidiendo que se vayan los militares valientes ante el pueblo y cobardes ante el enemigo.
Cayó la careta del triunfo.
Se supo en la medida que regresaban los prisioneros a territorio argentino desde los barcos ingleses, que habían pasado hambre, frío, maltrato, engaños? Que no llegaron a sus manos toda esa montaña de donaciones populares.
Esta derrota de Malvinas de los ?aprendices de brujo?, era otro hito en la larga marcha del pueblo argentino. Algunos periodistas, abogados y opinólogos, dijeron que el inmediato camino abierto a la democracia había sido por un error militar de Malvinas. Simplificaron la visión. Como si no estuviera todo relacionado. Como si no hubieran existido diversas formas de resistencia del pueblo previo a Malvinas. Como si el abandono del poder de una dictadura militar fuera una decisión emanada de fuerzas celestiales y no de correlaciones internas y externas a su propia fuerza. Correlaciones de fuerzas que se modificaron.
En un acto el 24 de Marzo de 2007 en Las Toninas, en el Partido de la Costa, un ex combatiente de apellido Alvarez, defendió enfervorizadamente a los marinos de la base Naval de Mar del Plata que habían terminado invictos la guerra de Malvinas, ya que tenían a cargo la pista de Puerto Argentino y ésta nunca cayó. Como si dicha pista estuviera fuera del teatro de operaciones y como si no hubieran tenido que deponer las armas igual que todos los soldados argentinos.
Es decir existe una tendencia obcecada de parte de las fuerzas armadas, que si no se autocritican a fondo la derrota, es muy probable que vuelvan a tropezar con la misma piedra.

6. Las resistencias
Así como la primera resistencia peronista tuvo (como sabemos) 18 años de múltiples pequeños combates, de distinto tipo, carácter y en disímiles escenarios, algo similar ocurrió durante el proceso militar. Con diferencias en tiempo y espacio. En aquella primera se venía de un gobierno parcialmente exitoso. Con insuficiencia política en la propuesta social. La clase media que se había consolidado y fortalecido durante 1946 a 1955, que había aumentado su solvencia en todas sus manifestaciones, no reconoció como clase en sí, al gobierno del General Perón. Si en cambio los trabajadores y los humildes.
La sociedad argentina se fraccionó. Quedando así Perón con aquellos y la oligarquía, la reacción (aún hoy con muchísimo poder económico y con los principales medios de difusión) con la clase media (como clase) de la mano de la Iglesia Católica que le dio coacción. Les dio cuerpo. Transformó los sectores medios en poder contra el gobierno de Perón.
El general Perón seguramente tenía la mayoría del pueblo, pero no todo. La clase media fue ?la idiota útil? de aquél proceso de Septiembre de 1955.
En esta resistencia, 1976-1983, también. Esta vez no con la homogeneidad como clase que tuvo en 1955, tenía un corte transversal aunque mayoritariamente apoyó el golpe de Videla ? Martínez de Hoz. La Juventud tuvo muchos componentes de clase media. El grado de antagonismo llegó a tal punto dentro del Movimiento Peronista (Juventud Peronista de la OPM M y Vandorismo, y burocracia sindical en general y partidocracia del PJ) y con las fuerzas policiales y militares a partir de establecer el enfrentamiento militar más agudo a partir de las 3A, del pase ?a la clandestinidad? de todos los frentes políticos de masas (JP, JTP, UES, JUP, etc.).
Toda esta violencia, que generó una gran inestabilidad y caos social, inseguridad, ahuyentó a la clase media y por ende fue cooptada por el Proceso Militar.
Otra vez se perdió a los sectores medios.
La otra diferencia importante de la primera resistencia con la de 1976 a 1983 fue la no existencia del General Perón.
En la primera resistencia, para el pueblo Perón existía (más allá de los dirigentes ? Vandor, Alonso, Matera, William Coocke, etc.). Perón podía estar en la cañonera Paraguaya, en Carácas o en Madrid, pero estaba. Podía tener nula presencia en los medios periodísticos, o peor aún su presencia, su nombre, su recuerdo en ellos era para calumniarlo o denostarlo, pero estaba. Esto era así para el pueblo. Es decir era Perón el que por distintos indicios señaló al pueblo que debía votarse a Frondizi, a la fórmula Framini-Anglada o no votar a Illia (que ganó con el peronismo proscrito y con ese escaso 23% del padrón electoral). Fue Perón el que supo esperar, decidió enviar a Coocke, a Paladino, a Isabel, a Cámpora representándolo en diferentes circunstancias. Fue Perón quién creó los distintos frentes: La Hora de los Pueblos, el Frecilina, el Frejuli, etc. Sirviendo para otras tantas situaciones donde se agrupaba a sectores populares para enfrentar a (en general) gobiernos militares. Todo hasta llegar al triunfo del 11 de Marzo de 1973. Podemos concluir sin temor a equivocarnos, que pese a que Perón le dio representatividad a diferentes delegados personales (los ?ungió? con el poder de Perón), que permitió que Frondizi ganara una elección, que dirigentes sindicales se creyeran superiores a él (el famoso lema creado por Vandor y el vandorismo: ?para salvar a Perón hay que estar contra Perón?) ninguna de estas variantes alcanzó a reemplazar su liderazgo. Por lo tanto Perón fue el Líder del pueblo durante esos 18 años de ausencia del gobierno. Fue su conductor.
Pese a lo cual no pudo lograr acumular el suficiente poder, unificado y direccionado como para regresar antes de junio de 1973.
En cambio entre 1976 y 1983, no existía Perón y tampoco algún hombre o mujer ni organización política, sindical, juvenil, etc., que sea capaz de ser considerado líder del pueblo argentino y que por lo tanto expresara el sentimiento y los anhelos conculcados.
Esta no es una diferencia menor. Todo lo contrario. Otrora los jóvenes tuvimos la legitimidad de resistir que nos daba Perón. A partir de ello aportábamos junto al pueblo en los barrios, las fábricas, las universidades, las escuelas, generando políticas reivindicativas de las necesidades populares y propuestas políticas que implicaran el regreso de Perón que lo coronamos con una consigna: Luche y Vuelve. Nosotros crecimos bajo el paraguas de Perón y aportamos nuestra creatividad y contemplamos no sólo las necesidades populares, sino que fuimos la mejor expresión de los cambios que fueron ocurriendo en Argentina en términos económicos, sociales, educativos, culturales, políticos. Fruto de la relación que teníamos con el pueblo en los distintos frentes de masas.
En esta segunda resistencia debíamos basarnos en valores peronistas y populares, que tanto los burócratas vandoristas y de la partidocracia del PJ, los partidos ?amigos? de la dictadura como la dictadura militar misma denostaban con los mismos calificativos: ?zurdos?, ?infiltrados?, ?marxistas?, ?terroristas?, etc. Debíamos nosotros crear el marco de contención de TODO el campo Nacional y popular. No éramos parte de una política generada por un Líder. El líder no estaba más y ni la JP, ni la OPM M, ni ninguno de sus miembros, ni ninguna persona del campo popular y nacional tenía tal nivel de representatividad. Y mucho menos era la conducción, en el marco de ese concepto que implica el ‘ida y vuelta’ entre el conductor y las masas.
En este marco se hizo la segunda resistencia, si comparamos las dos resistencias peronistas.

7. El condicionamiento político dejado por la Dictadura a los partidos políticos
La dictadura militar se retiraba, lo decidió inexorablemente a partir de la derrota de Malvinas. Pero si bien las contradicciones internas dentro de sus propias fuerzas (políticas, económicas y militares), no les permitía seguir gobernando, eso no implicaba que no tuvieran homogeneidad respecto a la ?subversión?, a mantener los cambios producidos en la política económica liberal implantada, en dar elecciones pero imponiendo la mayor cantidad de condiciones políticas posibles, a retirarse fijando pautas, condicionamientos. Sobre todo porque el Movimiento Popular y Nacional, acababa de sufrir una de las derrotas más grandes de la historia Argentina y padecer las atrocidades mayores.
Y precisamente en este aspecto se preocupó de acelerar los pasos para establecer un Estatuto de los Partidos Políticos que le permitiera seguir excluyendo a los subversivos y que no se reorganizaran a partir del proceso democrático.
Así establecieron mecanismos que llevaron a las elecciones internas dentro de los partidos. En tiempo y forma, con condicionamientos que tendían a profundizar las diferencias dentro del Movimiento Peronista. Muy astutamente conociendo de las diferencias dentro del PJ, con la diversidad de líneas existentes, las diferencias ideológicas; las aspiraciones y confrontaciones dentro del sindicalismo, con la fuerte presencia del vandorismo a través de Lorenzo Miguel y las demás líneas del gremialismo, ya garantizaban contradicciones. Había que encasillar en un Partido, al Movimiento Peronista, con reglas fijadas por la dictadura. Y antes de retirarse.
Por lo tanto ésta, se encontraba en retroceso franco en ciertas políticas, no en todas. Además venía de un claro triunfo militar ante la resistencia ‘subversiva’.

7.1. La Partidocracia: surgimiento de la Legalidad por encima de la Legitimidad de las propuestas políticas de masas.
El Partido Justicialista era ?la legalidad? por donde canalizar las propuestas de masas. Ese partido y todos los que quisieran presentarse a elecciones debían pasar por un proceso de elecciones internas.
Aquí está el meollo de la degradación de la política en Argentina.
Esta ?legalidad? establecida por la dictadura, acompañando a la política económica liberal que se mantenía incólume, eran la clave para la continuidad del modelo liberal impuesto a sangre y fuego.
Con las elecciones internas, y la domesticación del peronismo, relegado a la condición de partido político ?civilizado?, permitió que se generara también un prototipo de militante acorde a la nueva situación.
Apareció la obsesión por la legalidad y por el puesto político en alguna de las instancias del Estado (nacional, provincial o municipal y del área ejecutiva o legislativa). De la mano de esta postura y como consecuencia directa de ello, el alejamiento de las necesidades populares y de la organización popular como fuente de todo poder político.
Algunos militantes bien intencionados en su inmensa mayoría fueron defeccionando progresivamente ante las prerrogativas que brinda el poder. Salvo excepciones muy destacadas y destacables de compañeros militantes, la inmensa mayoría fue perdiendo los principios, la lógica, la ideología de la militancia de la JP y transformándose en la nueva clase de políticos que se autodenominaban: operadores políticos.
Dejaron de ser militantes del proyecto nacional y popular y pasaron a ser operadores políticos de: diputados, senadores, intendentes, ministros, funcionarios públicos, etc.
Mutando de concepción política de acuerdo del ?funcionario? que se trate y la ideología que el mismo profesara.

7.1.1. Opciones que intentaron rescatar la legitimidad de la mano con la legalidad: Intransigencia y Movilización; el Peronismo Renovador y El Frente Grande
7.1.1.1. Intransigencia y Movilización
Cumplió un rol en el intento de reagrupamiento de la militancia tras la Dictadura Militar.
Con dispar resultado en las diferentes provincias argentinas. Se mezcló mucho la ?verticalidad? de la política a implementar, de las estructuras organizativas, alianzas y concepciones de otrora, con los métodos ?permitidos? de hacer política heredados del Proceso Militar. No se tuvo una propuesta política capaz de interpretar la nueva realidad política, el fenómeno alfonsinista y la relación con la partidocracia del Partido Justicialista.
Fue importante el aporte que realizó en los intentos de reagrupar la militancia de todo el país, sumamente dispersa y descreída, con una sensación de derrota muy grande.
7.1.1.2. El Peronismo Renovador
Esa Intransigencia y Movilización fue uno de los sectores que interpretó la derrota estratégica electoral de Octubre de 1983 del Peronismo frente al avasallador avance del alfonsinismo.
El Peronismo Renovador nacido en la Provincia de Buenos Aires, enfrentando a la máxima expresión de la derrota Peronismo: Herminio Iglesias ( con la imagen de la quema del Cajón Radical estando al lado de Italo Luder, el candidato peronista, que permanecía impávido).
Herminio se había quedado con la estructura del PJ de la Provincia, usando todos los métodos de la partidocracia y de la burocracia sindical peronista. El Peronismo Renovador fue por afuera de esa estructura burocratizada y logró imponerse en la elección general ?al Herminio?. No obstante ya haberse pasado o comenzarse a pasar a partir de este triunfo, los otrora herministas al campo de los renovadores.
Fue una experiencia que incubó otra frustración para el campo popular, ya que triunfaron, hegemonizaron los sectores burócratas las estructuras. Menem años después, genera otro desencanto en cientos de militantes que se sumaron a él para enfrentar al ?Renovador? Antonio Cafiero en las elecciones internas y que condujeron el proceso a la más alta traición que sufriera el pueblo argentino: el menemato.
7.1.1.3. El Frente Grande
Siguiendo con los intentos de reagrupar a los sectores populares, a la militancia y como continuidad de los dos sectores antes mencionados (Intransigencia y los Renovadores), surge como alternativa al menemismo catalizador de militantes (que conocieron el precio de su ?ideología? con un puesto o unos cientos o miles de dólares), el Frente Grande.
Contuvo compañeros con una vasta trayectoria, no obstante haber estado este sector liderado por Chacho Álvarez quién demostró palmariamente que carece de una política de poder organizacional que no sea la personal. Tanto es así que queda reflejado en las alianzas internas en el Frente Grande que realizó ( Graciela Fernández Meijide, es el ejemplo más elocuente), la lógica de relaciones que tejió entre los compañeros, aunque esto no es achacable solamente a Chacho Álvarez y la ALIANZA con De La Rúa que lo terminó convirtiendo en el vicepresidente de la Nación.
En todo el país se gestó el Frente Grande, en general con compañeros muy honestos que quedaron absolutamente aferrados a su honestidad y aislados, desahuciados, ante la renuncia de Chacho Álvarez a la Vicepresidencia de la Nación.
Otro fracaso para los militantes populares que siguieron esta opción, por insuficiente, tibia, incorrecta y frustrante.

7.1.2. El Partido como encasillamiento y domesticación de las formas de hacer política. Limitar la política al Partido Político.
Es sabido que los partidos políticos cumplen la función de representar intereses de la comunidad. Intereses económicos, sociales, culturales, educativos, ecológicos, medioambientales, etc. Eso en los papeles. También resulta conocido que la representatividad política tiene que ver con la forma y el contenido que dichos partidos logran o intentan lograr ser elegidos por una determinada cantidad de miembros del pueblo.
En síntesis tiene absoluta validez aquello de qué el partido político tiene razón de ser si es representativo. Si esa representación es la del pueblo.
Pero también es sabido que no sólo se logra la representatividad a través de un determinado partido político. En un mundo hiper comunicado, globalizado, en una Argentina que no escapa a esto, es mucho más complejo el problema de la representatividad que el encasillamiento en un mero partido político x.
En Argentina, por características del poder económico dominante liberal además debemos tener un concepto de representatividad mucho más amplio.
Debemos definir a quienes pretendemos representar, con qué política económica sustentada, defendida.
Es decir que la representatividad está absolutamente ligada al contenido de la propuesta política. El a quién representar y con qué propósito.
La representatividad es lo que legitima la práctica política. Esto sucede en cualquier proceso y sin duda en un proceso que pretende ser revolucionario.
El no limitar la política al Partido Político, está relacionado con la construcción de espacios de poder. Acumular poder popular legítimo. Tenemos que pregonar, que alentar permanentemente esto entre los militantes, con los frentes de masas en que realizamos la práctica política, que las instancias organizativas son múltiples.
Instancias organizativas múltiples donde predomine la amplitud y la propuesta política.
Por lo tanto la política no debe quedar atada a un partido político, ?al partido?, sino a las formas de construir poder popular que surjan de la mano de cubrir las necesidades.
La necesidad de pasar por el consenso antes de la representatividad política. Debemos preocuparnos por obtener aquél consenso para validar la representatividad.
Acá comienza a verse la punta de las propuestas que deben concretarse para llegar al consenso y la posterior representatividad política.

7.1.3. La ligazón de ?la política? al ?puesto político? Aparición del ?operador político?
La política y el puesto político se han hermanado, se han soldado, se ven como algo indisoluble.
El ?que se vayan todos? de diciembre de 2001, fue la respuesta alternativa y diferenciada a esta realidad dada.
El ?puesto político? por el puesto en sí, alejado de cualquier proyecto y con cualquier proyecto es algo absolutamente visible. Tenemos una vieja militante de la JP de M, Patricia Bullrich que entendemos que ha batido todos los record en tour por Partidos, Movimientos, Alianzas. Lo más grave es que luego de estar con JP de Montoneros, pasó por el ARI, López Murphy, Cavallo, UCD, Tellerman, ahora volvió con Lilita Carrió y su derechizada postura, es decir con expresiones políticas que hasta resultaban antagónicas unas con otras. Todas defendiendo proyectos absolutamente diferentes desde el punto de vista ideológico. Pero que a ?ella? como ?dirigente política?, le otorgaba (supuestamente) esa alianza, un puesto.
En tanto, operador político es un militante que trabaja para que la persona que le dio un ?puesto político? logre sus objetivos políticos (ser diputado provincial, intendente, diputado nacional, senador, ministro, etc.). Más allá del proyecto político (o mejor dicho SIN proyecto político o limitando ese ?proyecto? a llegar a tal puesto), del partido político, de la ideología.
Puede ser catalogado sin lugar a dudas como un mercenario de la política. Por lo tanto su accionar está totalmente disociado de las necesidades populares, de sus expectativas. El ?opera para ?? ó bien ?opera para que?? Lógica y obviamente no tiene un lugar donde acumular el poder. No sirve a otro interés que el de su empleador. Le es ?fiel?. ?Leal?. Con ese nuevo concepto de ?Lealtad? que sostienen los politiqueros ante sus empleados políticos. Se pueden ver en diferentes lugares pintadas inmensas : ?Lealtad a Meckievich? ó ?Lealtad a Tati?. Para el que lee esa pintada (porque no podemos decirle consigna), se preguntará ¿por qué? ¿qué implicancias tiene esa Lealtad? ¿Encarna algún proyecto ese tal Meckievich o Tati? Esa ?Lealtad? tiene la implicancia de estar diciéndole al que les paga: te estamos apoyando y pedir a los que ese personaje de la pintada ha hecho algún ?favor político? que lo sigan votando ( y ya estamos hablando de clientelismo político).
Se ha llegado a bastardear tanto el ?hacer política?, que hasta los que realizan pintadas cobran por hacerlo y llegan a firmar sus paredones, como si fuera una obra de arte (con el fin propagandístico de darse corte o referenciarse ante futuros ?clientes?).
Tanto el ?puesto político?, como el ?operador político? cumplen con su carácter de legales. No les pidamos representatividad, consenso, proyecto político, porque no lo encontraremos. Tampoco le pidamos coherencia política o ideológica. Las normas de la política se han tornado como el juego de la perinola: El que gana cobra todo. Recibe adhesiones hasta ayer impensadas. Con el riesgo consabido que así como defeccionó de un lugar porque perder, también puede defeccionar en este lugar ahora ?triunfador?. Esta es la norma y la regla.
Pareciera hasta innecesario aclarar que con esto no se construye poder popular ni representatividad.

7.1.4. El ?Clientelismo?. El Asistencialismo
Tanto un aspecto como el otro cuentan con la dependencia del pueblo. Saben los politiqueros que el pueblo que recibe ayuda cumple con la promesa de votarlos. Además esa ?Lealtad? tiene su origen en la falta de trabajo genuino y sustentable y en la creencia que si pierde el que les dio algo, no van a recibir más. Se produce una dependencia inocultable entre el que produce asistencialismo y el asistido. El Clientelismo político tiene raigambres históricas de la década infame (1930-1940), cuando el conservadorismo y el radicalismo alvearista utilizaban métodos similares, que se expresaban con el: ?Ud. Ya votó?, el fraude con las libretas y el fraude electoral.
Existe en todo el país el Clientelismo y es hijo directo de los estallidos sociales, tanto de los momentos previos a la caída de Alfonsín, como con la caída de de la Rúa. Más profundamente hablando es consecuencia de las políticas liberales desarrolladas desde el 2 de abril de 1976 con Martínez de Hoz, y las implementadas salvajemente durante la Presidencia de Menem.
Claramente se produjo en el estallido social de 1989, ese que tuvo sus puntos más altos en Rosario y en zona de Campo de Mayo en el Norte del Gran Buenos Aires, General Sarmiento de entonces.
Con este estallido social, vinieron las necesidades más elementales por saciar de los humildes sin el mínimo de sustento alimenticio.
La ayuda del Estado.
Y???.
El clientelismo político.
El asistencialismo.
Los que implementaron ese clientelismo, el asistencialismo, fueron los punteros políticos. Los operadores políticos. No importaba si eran del PJ, del sindicalismo, de la UCR, del PC o de JP. Todos estaban en la misma metodología (y en buena medida siguen usandola), no por una cuestión de filantropía o por construir un poder popular alternativo al ofrecido hasta entonces por la partidocracia reinante. No, porque era la opción de práctica política dominante, con el fin de : ?ganar una interna?, ?que permita meter un concejal o un diputado provincial? y ni hablar de meter uno a nivel de Nación.
En ese marco, quedaba mucho espacio para que llegara Menem. Era la consecuencia, hasta lógica. Era la concepción militante imprescindible para que se implementara la ideología y la política menemista.
La que trajo el asistencialismo como expresión prácticamente única. Esta forma que adquirió la militancia, era un requisito transformado como imprescindible para ?hacer política?. El no tener ?qué? ofrecer a los sectores famélicos de nuestro pueblo convertía en estéril la pretensión de llegar al pueblo con su prédica.
Había triunfado y perduraría por años el clientelismo político y el asistencialismo.
Un militante chaqueño de la zona del impenetrable, concurría habitualmente a realizar todo tipo de actividad política con las comunidades tobas y mocovíes. Los ayudaba a cultivar, les compraba la mercadería que necesitaban, los asesoraba en cuestiones de papeles a los caciques y jefes, era muy reconocido en la comunidad. Cuando llegaba la época de las elecciones no votaban a este compañero. Su hermano les preguntó a los tobas y su comunidad, ¿por qué votaban a otro que no hacía nada por ellos? Le respondieron que porque le traían ?la propuesta?. Fue urgente a ver a su hermano y a recriminarle como podía ser que no tuviera propuestas, por lo que fueron juntos a ver a los caciques y jefes. Si, vos nos ayudas a leer, a hacer los contratos, nos asesorás para comprar, pero no nos traes ?la propuesta?, ¿Cómo y todo lo que hacemos juntos y conversamos y leemos no la entienden como propuesta?? No el otro candidato nos trae Azúcar, Vino, porotos, Grasa, Chocolate, nos trae ?propuestas?.
Con lo que el clientelismo y el asistencialismo, tiene también un ida y vuelta: el que otorga y el que recibe. Quitar paulatinamente estas dos sortijas que van juntas seguramente costará mucha inventiva, creatividad, paciencia y constancia. Y TIEMPO….

8. La situación de la militancia a partir de la destrucción del aparato productivo luego de la política liberal implementada desde el 2 de abril de 1976 hasta que el 19 y 20 de diciembre de 2001 EXPLOTÓ!!!!!!!!!!!!!!!!

La militancia de un pueblo, de los pueblos, va variando acorde a los intereses económicos, sociales, culturales y políticos que los hayan movilizado.
No es por ?decreto? que se logra esta militancia y tampoco atendiendo intereses que no sean los concretos que vive la comunidad dada, nuestro país o el país de nuestra América de que estemos hablando. Asimismo dependiendo del desarrollo de las fuerzas productivas.
La militancia del primer gobierno peronista, con una clase trabajadora que participaba en un 50% de la renta nacional, con las necesidades básicas cubiertas, es diferente a la militancia de Sitrac-Sitram cordobés, el mismo Cordobazo, Rodrigazo o el conflicto de 1975 de Villa Constitución.
La reivindicación esencial pos Estallido Social de Diciembre de 2001, está absolutamente relacionada a tener trabajo estable. A partir de 2005, comenzaron a producirse de manera creciente los conflictos de trabajadores pidiendo mejoras salariales. Es evidente que las condiciones económicas vienen modificándose.
Durante el menemato, hubo escasa cantidad de conflictos sindicales. Por aquello de Menem de ?Ramal que para ramal que cierra? y por la complicidad de la dirigencia sindical con el proyecto liberal menemista.
La CTA, ATE y docentes fueron los que movilizaron al pueblo casi con exclusividad. Empezaron a surgir los esbozos de piquetes.
Aquí estaba la militancia legítima.
Pero ni CTA tuvo una política de acumulación de Poder, ya que no fueron capaces de transformar su capacidad de movilización y resistencia en poder político. Optaron (en los hechos) por adoptar posturas sindicales en lugar de políticas. El gremialismo a arriesgarse y dar el salto político constituyendo, fortaleciendo, propiciando, un movimiento político donde se acumule el poder.
En tanto los piqueteros fueron insuficientes en sus intentos por lograr hilvanar los diferentes conflictos y piquetes de todo el país, en una fuerza política. En poder popular. Quizás porque muchos de ellos estuvieron conducidos por CCC, por el trotskismo, por la izquierda con poco peso político o porque primó lo reivindicativo inmediato antes que la construcción de poder político. O porque eran actitudes aisladas y parciales, que en muchos casos obedecía a reivindicaciones concretas.
Cabe agregar que el proceso iniciado el 25 de Mayo de 2003, que no reprimió una sola movilización piquetera y sin embargo generó cooperativas de trabajo y actividades que generaban ingresos genuinos a los (en general) desocupados, cumplió un rol muy importante. Que junto al mejoramiento gradual de la situación económica gravísima, fueron quitando razón de ser a las movilizaciones piqueteras.

8.1. Reconstrucción del Aparato Productivo como elemento central de la militancia.
La recuperación del poder de negociación que otrora tuvo el pueblo argentino es una de las temáticas centrales que los compañeros militantes debemos encarar prioritariamente. Discutir en un marco de respeto.
Sabemos que los cambios sociales de fondo, las revoluciones, se hacen detrás de banderas económicas, sociales, culturales y políticas. El proceso inconcluso iniciado por el Gral. Perón en 1943 es un ejemplo elocuente, concitando detrás suyo a los trabajadores.
No es lo mismo, no tienen el mismo peso específico una movilización de desocupados pidiendo trabajo, que los obreros y empleados telefónicos solicitando un aumento de salarios, ni los trabajadores de SMATA, metalúrgicos o del transporte. No.
Los de CARBAP (Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa) son 35.000 (treinta y cinco mil) productores rurales. Esos son todos y 35.000 piqueteros desocupados se han juntado en la plaza de Mayo decenas de veces y muchos más, pero estos 35.000 de CARBAP que pararon por 10 días pidiendo ganar más dañaron la economía del país. Los desocupados transformados en fuerza de trabajo tienen un valor cualitativo capaz de transformar la realidad.
La organización popular detrás de la producción, el empleo, el trabajo es ESENCIAL.
A lo largo y ancho de nuestro país debemos poner toda nuestra capacidad para que se genere trabajo. Nosotros somos los que tenemos que argumentar cuáles son las consecuencias del desempleo, cuestión que no resultará difícil.
Si somos capaces de conseguir trabajo genuino, habremos empezado a resolver el problema de la representatividad política, de la LEGITIMIZACIÓN de nuestra práctica y ante todo estaremos aportando a la acumulación efectiva y real de poder de nuestro pueblo.
No dejar de lado la disputa de espacios de poder político institucional (legislativo o ejecutivo, nacional, provincial o municipal), pero conjugar la legitimidad política con la legalidad y con el contenido que venimos fundamentando.

8.2. Recuperar la confianza: En el compañero y en el dirigente
Una de las consecuencias que más minaron la organización popular, fue la pérdida de confianza. ¿En qué? En todo lo que no fuera ?mi propia capacidad?¸?mi certeza?, ?mi honestidad?, el otro.
Después de todo lo que venimos diciendo, es casi un silogismo arribar a la falta de confianza, entre compañeros, en el dirigente, en la organización que militamos.
Esta recuperación debe ser práctica. Primero que los dirigentes vivan sin hacer ostentación de vida lujosa, porque no es pertinente que el militante raso viva con escasísimos recursos y el dirigente con un ingreso 10 o 15 veces superior.
Tener prácticas que sean ejemplos de solidaridad. En la cárcel se implementaba el economato, todos teníamos la posibilidad de consumir lo mismo. Sin caer en prácticas ?franciscanas’, si llevar adelante una práctica solidaria. Existen organizaciones solidarias como las Mutuales, que permiten practicar la ayuda mutua, existen desde mucho tiempo atrás en nuestro país.
Esta es una forma posible, donde no sólo estamos recuperando la confianza en el compañero, sino que fortalecemos una organización popular, que a su vez viene a cubrir una o más necesidades que existen en nuestro pueblo, en nuestra comunidad.

9. Definir la fuerza propia, el pueblo, la Nación, el aliado (sus distintos tipos), el contrincante y el enemigo del pueblo y la nación Argentina
9.1 La fuerza propia. Se torna imprescindible para cualquier grupo de personas que piensan contribuir al bien de la comunidad en que viven, establecer con claridad cuales son las fuerzas que están presentes en el escenario de la disputa política.
Por empezar debe tenerse perfectamente aclarado cuál es la fuerza propia, lo que genéricamente definimos como: COMPAÑERO. El compañero es el núcleo de nuestra fuerza, es aquél con el cual definimos las cuestiones estratégicas en cuanto a objetivos, las etapas para lograrlo, las distintas tácticas que pensamos debe emplearse, establecemos las pautas y momentos de las alianzas. Asimismo establecemos los métodos que usaremos para logar los propósitos enunciados. Es con los compañeros que definimos las formas organizativas acordes a lo que acabamos de definir como objetivos políticos e ideológicos. Decidimos a quién o quienes adherimos en términos políticos. En definitiva la fuerza propia es medular en la construcción política, aunque no los únicos. Por el contrario, debe relacionarse ?fuera del cascarón? en forma imprescindible para obtener la representatividad política que será el vehículo de los cambios buscados.
9.2 El pueblo debe ser tenido en cuenta como el elemento a interpretar, conocer, acompañar, recibir su consenso y esperar ser sus representantes El pueblo es TODO para un revolucionario. Es la harina para el panadero. Los pueblos en general y el nuestro porque nos toca, tienen la sabiduría y reciben la influencia de todas las fuerzas económicas, políticas y culturales que se lo disputan para que lo voten o compren su producto ?del mercado? establecido a sangre y fuego como venimos viendo y conocemos perfectamente. El pueblo es la columna vertebral del Movimiento Popular. El pueblo es distinto a ?la gente? que nos han impuesto desde el golpe de Marzo de 1976 y que todos los gobiernos democráticos desde 1983, han aceptado como una categoría social.
?La gente? es una generalidad que tiene que ver por ejemplo con valoraciones que se relacionan por ejemplo con el frío, el calor, el idioma, las provincias, un lugar, ?el mercado?. Es decir categorizaciones poco específicas que no necesariamente tiene que ver con sectores afectados o beneficiados con una determinada política económica, salarios insuficientes, carecer de obra social, de vacaciones o de educación o alimentación apropiada.
La gente tiene frío, la gente sufre el calor, a la gente nacida en Azul se les denomina azuleños. Estas valoraciones de ?gente? son aceptables.
Por eso el pueblo, que para nuestra historia argentina, ha sido el dueño de las grandes gestas nacionales y populares, debe ser recuperado en su más amplio sentido. Fue ex profeso que se reemplazó durante el Proceso Militar el término Pueblo, por uno mucho más ?liviano?, ?rosa? : Gente. El alfonsinismo, el menemismo y el delaruismo, se ocuparon de mantenerlo y hoy día los periodistas que sirven al poder económico concentrado, se ocupan de recalcarlo cotidianamente por TV, radio, Internet, la prensa escrita. La gente, está más ligada al consumo (de hecho las elecciones ganadas por Macri en Capital Federal, son un clarísimo ejemplo de esto) a un producto y no a una categoría socio económica y política como es el Pueblo. Pueblo al que debemos tener como principal dirección de nuestras políticas y representaciones.
9.3. La Nación. Es indudable que vivimos bajo el dominio del poder económico extranjero, hoy tan mezclado, entrecruzado, que no es apropiado hablar solamente de EE.UU.. Baste mirar la composición de las 200 Empresas que más facturan en nuestro país para ratificar lo antedicho (más de dos tercios de las mismas son extranjeras). Incluir dentro de uno de los círculos de nuestra política a los sectores nacionales de la mediana burguesía del campo y de la ciudad, agrario, agropecuario, del Comercio, la industria y los servicios, es un desafío. Históricamente son disputados por los sectores concentrados de la economía y que están aliados con el sector el poder económico internacional, o directamente los gerentes de las subsidiarias extranjeras, asiduos visitantes de la Embajada de Estados Unidos.
Realizar un acuerdo, una alianza estratégica con los sectores nacionales es un desafío, un desafío que no podemos soslayar como menor. Por el contrario, si es importante la fuerza propia, si ésta necesita como el agua para el pez al pueblo, es básico para la estabilidad y la continuidad de cualquier proyecto nacional contar precisamente con los sectores nacionales.
Nos va a resultar muy complicado, pero debemos tenerlo incorporado como una necesidad sustancial. Todos aquellos perjudicados por la política de expansión del interés extranjero deben ser contemplados por nuestra política. Tenemos que recordar que los cantos de sirena del liberalismo llevó al borde de la desintegración nacional (sin exagerar un ápice) a fines del 2001. El liberalismo, pese a los destrozos que provocó en nuestro pueblo, en el estado, en la nación sigue vivito y coleando. Se impone una política alternativa clara, permanente y efectiva para anteponerlo.
9.4. El Aliado. Debemos ante todo saber que necesitamos tener una clara definición de qué es un aliado.
Hay aliados que son permanentes, que nos diferenciamos por pararnos en la defensa de intereses disímiles, o por pertenecer a distintas fuerzas políticas, pero esto no implica que debe pensar igual que nosotros, ni comportarse tal cual nosotros. Es un aliado, ni más ni menos. Recordemos por qué estamos juntos y en qué estamos juntos. Para tener con el aliado una relación ajustada al acuerdo existente que permitió que justamente surja la alianza. En general con los aliados permanentes tenemos coincidencias estratégicas de aspectos políticos, económicos, culturales, históricos, etc.. Aunque podemos tener la alianza permanente en base a uno de estos u otros aspectos y nada más, lo cual no desmerece la alianza, sino que requiere simplemente ubicar nosotros la característica que tiene dicha alianza.
El aliado permanente integral debería hacernos pensar en o bien incorporarlo a nuestra fuerza, fusionarnos, en fin, dar un salto cualitativo a la condición.
Tenemos por otro lado las alianzas circunstanciales o tácticas. Es decir para tal hecho realizar hecho convenir una alianza.
En el proceso revolucionario argentino, con elecciones y organizaciones de distinto tipo y para disímiles circunstancias, se hace básico realizar alianzas.
No hemos dicho que la alianza tiene el carácter de imprescindible cuando solos no podemos conseguir lo que en determinada circunstancia táctica o estratégica no podemos lograr un determinado objetivo. Entonces aparece la alianza como principal. No parece útil realizar una alianza cuando en realidad el objetivo por alcanzar lo podemos concretar con nuestra propia fuerza.
En un país como Argentina, con las características que tiene, con la complejidad económica, cultural, social, provincial, política e histórica, se transforma en ineludible contemplar la alianza. No ya para obtener partes del poder, sino todo.
No para alcanzar el poder sino para perdurar en él.
Es decir la alianza como método organizativo es esencial tanto para construir un poder popular y nacional capaz de sobrevivir a los embates del sector más concentrado de la economía, como para sostener un proyecto nacional por 100 años que haya tenido en cuenta todos los errores cometidos, todas las piedras en las cuales se ha tropezado.
Eso si, saber que estamos hablando con un aliado, por eso de las exigencias, de las propuestas que le hacemos, ante todo de lo que estamos acercándole políticamente.
Debemos ser concientes de ir generando estructuras organizativas circunstanciales o permanentes que contengan a los diferentes tipos de aliados.
Es decir, primero la propuesta e inmediatamente después la organización capaz de encausar y contener la misma.
9.5. El contrincante. Podríamos asegurar que el contrincante es un aliado que no supimos consolidar como tal (pero que valdría la pena volver a intentarlo).
Lo tenemos en un frente de masas determinado, en un barrio, una asamblea, escuela, empresa, cooperativa, una lista de sindicato o de distrito electoral, etc.
No obstante puede llegar a representar distintos intereses, en lo táctico o en lo estratégico. Pero ellos no son antagónicos con los que sustentamos nosotros. El ser capaces de discernir esto nos traerá exigencias. Es decir la práctica esta debe llevarnos a establecer si las diferencias son principales o accesorias, secundarias. En caso de resultar del primer tipo (principal) deberemos dilucidar si además son antagónicas. En caso positivo, no estamos hablando de otra cosa que de un enemigo. Porque así como Cristo tuvo detractores antagónicos (baste juzgar sino su crucifixión) existen los intereses económicos, políticos, culturales, sociales de igual tipo.
Pero estamos hablando de contrincantes, no de enemigos. Por tal razón tengamos una propuesta política para ellos, así como una justa caracterización (una y otra). Esto evitará o hará menor el costo del intento de los sectores minoritarios políticamente (hablando de votos o consenso) pero con muchísimo poder económico.
9.6. El enemigo. Debe estar perfectamente definido. Ubicarlo en términos estratégicos y tácticos, nos permite establecer también la contradicción principal a resolver y consiguientemente empezar a determinar la política de alianzas. Estas categorizaciones tienen que ver en el terreno nacional e internacional. Con quién nos alineamos internacionalmente hablando. Aunque el terreno internacional es mucho más complejo y no lo trataremos. En Argentina el enemigo del pueblo y la Nación defiende la política económica liberal o neoliberal. En los fines del 2001 quedó demostrado – como nunca antes en la historia – el fracaso más rotundo del liberalismo económico. Pusieron todos sus cuadros desde 1976 hasta este diciembre de 2001. Ellos, su política económica, sus Martinez de Hoz, Alsogaray, Cavallo, Lopez Murphy, Grondona, Neustadt, Longobardi, fueron los que impulsaron y defendieron a rajatabla la implementación de estas acciones y FRACASARON!!! Y COMO!!!! Esto debemos tenerlo muy en cuenta para la formulación de nuestras políticas.
En nuestras más de 2000 localidades que llenan nuestras provincias, desde las más pequeñas a las populosas, tenemos que afinar el lápiz antes de realizar categorizaciones sobre ?el enemigo?. Debemos tenerlos ubicados, desde el punto de vista económico y acorde al análisis que venimos realizando. En muchas localidades no existe el enemigo tal cual lo describimos si ponemos como eje la Nación. En otras está en la mina, en el yacimiento, en el transporte, en el banco, en el comercio, etc. . El enemigo es aquel que tiene un modo de acumulación económica que se desarrolla en términos antagónicos con el de las mayorías que conforman la comunidad dada, que su crecimiento, su carácter es antagónico con la existencia de la Nación Argentina misma.. En tal caso debe estar definido perfectamente y buscar acotarlo, hacerlo conocer regional, provincial y nacionalmente.

10. La crítica y la autocrítica
No podemos dejar de hablar de la crítica a aquellas políticas llevadas adelante por nuestra propia fuerza o por alguno de los círculos que conforman nuestros aliados y que contengan errores, déficit, insuficiencias o sean causas de fracasos manifiestos. La crítica es imprescindible para corregir fallas y no debe temblarnos el pulso realizarla.
Entender la crítica como un ?desprestigio? es un pensamiento liberal. Nos han marcado a fuego este concepto desde la llegada de la democracia. Aceptar que nos critiquen implica ?perder puntos?.
De esta manera implica considerar nuestro accionar como infalible. Un absurdo.
Tanto la crítica como la autocrítica son absolutamente necesarias y sanas para poder construir una organización política perdurable e idónea para producir un cambio profundo en nuestro país. Reconocer nuestros errores y ser objetivos en la crítica.
Aparece también el criticar los aspectos principales.
No es un capricho pensar en la eficiencia. La eficiencia en nuestra organización, en nuestras propuestas (las mejores para el pueblo y la nación).
Ser eficientes cada vez que nos toque gobernar. Caso contrario habremos tirado por la borda la oportunidad conseguida y tantos esfuerzos.
El Ché decía: ?si bien es difícil mantener la confianza y la lucha cuando estamos construyendo poder; más difícil es llegar al poder. Pero lo más complicado es gobernar y mantenerse en el poder?.

A modo de conclusión
Si no sabemos distinguir lo principal en cada momento de nuestra práctica política, estaremos ?cazando los ratones mientras se nos escapan los elefantes?.
Lo que popularmente implica que ?el árbol nos estará tapando el bosque?.
Nos habremos preocupado por los aspectos secundarios en lugar de lo esencial.
Esto tiene mucho que ver con la determinación de quienes son la fuerza propia, quienes los aliados, los contrincantes y el enemigo (ese que no tiene ningún interés en el bien común y que no tiene otro interés que el propio). Sus mezquinos intereses y privilegios mantenidos por más desde hace 150 años le han permitido montar una estructura de vínculos en el estado argentino, con la prensa donde se propagandiza permanentemente, con las finanzas y todas las relaciones de poder nacionales e internacionales.
Por otro lado está la inmensa mayoría del pueblo argentino y la nación, que objetivamente tiene intereses incompatibles, pero que políticamente son buscados por las minorías privilegiadas para sostenerse. Ya sea con el voto, con las encuestas, con la aquiescencia.
Si no tenemos propuestas políticas idóneas para recomponer la capacidad económica de negociación que tuvo el pueblo en su momento histórico (1955 ó 1974, por ejemplo) y más allá que la conformación que adoptará esa recomposición, acorde a las condiciones imperantes en Latinoamérica y el mundo, seguramente estaremos haciendo esfuerzos estériles e inconducentes.
Debemos intentar conjugar la legitimidad de nuestra lucha como militantes populares, acumulando poder popular para alcanzar una legalidad duradera.

Mar de Ajó, 12 de Junio de 2007

* Silvio Bageneta

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