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Manual de zonceras económicas

Dice el autor: Las zonceras reemplazan al razonamiento por consignas repetidas incesantemente desde los multimedios de la comunicación hasta convertirlas en lugares comunes del pensamiento social. Mareados por el bombardeo mediático, los argentinos perdemos noción de la posición que ocupamos en la sociedad y, por consiguiente, de cuáles son nuestros intereses. Repetimos con un dejo de suficiencia ciertas frases que escuchamos en boca de algún periodista, sin percatarnos que el mensaje que se desprende de ellas va en contra de nuestra víscera más sensible: el bolsillo. Pero el daño producido por las zonceras no se circunscribe a nuestro bolsillo. Especialmente cuando se vuelven masivas y azonzan a las mayorías. En ese caso, la suma de los bolsillos de los azonzados se transforma en la propia economía nacional. Por ello, la zoncera sirve sólo a ciertos sectores minoritarios de la sociedad que se benefician de la desorientación de las mayorías. En forma de trabalenguas, es el sentido común creado por quienes se benefician del común, impidiéndole usar su propio sentido.

ManualDeZoncerasEconomicas

Simplemente excluyen la argumentación actuando dogmáticamente mediante un axioma introducido en la inteligencia —que sirve de premisa— y su eficacia no depende, por lo tanto, de la habilidad en la discusión como de que no haya discusión. Porque en cuanto el zonzo analiza la zoncera —como se ha dicho— deja de ser zonzo”.

Arturo Jauretche, Manual de zonceras argentinas

El maestro don Arturo Jauretche nos enseñó que el papel de la zoncera es impedir el razonamiento, reemplazándolo por consignas repetidas incesantemente por los multimedios de la comunicación hasta convertirlas en lugares comunes del pensamiento social. Mareados por el bombardeo mediático, los argentinos perdemos noción de la posición que ocupamos en la sociedad y, por consiguiente, de cuáles son nuestros intereses. Por el contrario, repetimos con un dejo de suficiencia ciertas frases que escuchamos en la radio o en boca de algún periodista de la televisión, sin percatarnos que el mensaje que se desprende de ellas va en contra de nuestra víscera más sensible: el bolsillo.

Vale aclarar que el daño producido por las zonceras no se circunscribe al bolsillo del azonzado. Especialmente cuando se vuelven masivas y azonzan a las mayorías. En ese caso, la suma de los bolsillos de los azonzados se transforma en la propia economía nacional. De manera que el azonzado al no defender su bolsillo, no sacrifica sus intereses particulares en favor de un interés colectivo, como ser la salud económica de la patria. Por el contrario, se sacrifica a él junto a su patria. Por ello, la zoncera sirve sólo a ciertos sectores minoritarios de la sociedad que se benefician de la desorientación de las mayorías azonzadas. En forma de trabalenguas, es el sentido común creado por quienes se benefician del común, impidiéndoles usar su propio sentido.

En el campo de la economía abundan las zonceras, de las que el presente manual recopila algunas de ellas. Están las que hacen al saber económico y el rol social de sus portadores: los economistas. Las que forman parte del folclore económico nacional donde el dólar, la inflación y la deuda ocupan un lugar similar al del mate, el asado y la empanada en nuestra gastronomía. También se encuentran presentes ciertas muestras de conservadurismo social que el lenguaje popular ha definido como goriladas. No faltan las que buscan perpetuar nuestra situación de país semicolonial ya sea expandiendo el complejo de inferioridad nacional o bien consolidando la idea de que somos un granero sin posibilidades industriales. Por último, se presentan una serie de zonceras académicas que conforman las bases de un saber económico convencional, que va perdiendo cada vez más el cartel de ciencia para transformarse en un instrumento más del lobby corporativo.

Este libro toma esas zonceras para desnudar su falsedad y reducir, por ende, su peligrosidad. Rastrear su origen, los intereses que favorecen, discutir su validez teórica y práctica, será el método para ir limando esos barrotes que encarcelan nuestra capacidad de razonar. Sabiendo que un razonamiento libre va de la mano con otras libertades.

Andrés Asiain

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