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El regreso del General Perón a la Argentina, luego de 17 años

Hacía poco nomas los adolescentes y jóvenes nos habíamos desayunado que los Beatles se habían separado. Y le echábamos la culpa a una japonesa de rostro serio. En ese momento hacíamos fiestas en nuestras casas. Uno aportaba el “Winco” y todos algunos discos de vinilo. Quienes teníamos entre quince y dieciocho años, no habíamos vivido un solo día de nuestras vidas en democracia. Vivíamos a fuerza de golpes militares promovidos por el odio de clase que utilizaba la “revoluciones triunfantes” para imponer la voluntad de unos pocos.

Eran épocas donde ser joven era “peligroso” aunque, a decir verdad, nunca dejó de serlo. El rock nacional se abría paso. Si llevabas el pelo largo corrías el concreto peligro de terminar en una comisaría y que te pasen la “doble cero” como le llamaban a la máquina de cortar el pelo. Ni te cuento si eras gay, lesbiana o travesti. Incluso los cantantes de rock debían llevar en muchos casos un certificado que les extendía su compañía discográfica –los que habían tenido la fortuna de lograr un contrato en el que nunca veían un peso – para que la policía no hiciera que sus largas crines terminaran en el suelo.17nov1972RegresodelGralPeronDespuesDe17

Hacía pocos años que nos habíamos enterado que un argentino que era satanizado en los medios, un tal Che Guevara, había sido fusilado en un ignoto pueblo de Bolivia, Los que tenían diez años mas que nosotros recordaban su participación en la Revolución Cubana. Recién nos estábamos enterando de eso. La prensa lo demonizaba como el “subversivo”. Nosotros mirábamos esa foto célebre del Che sin entender mucho pero intuyendo que por allí iba la cosa.

Veíamos en la clase trabajadora esa adhesión inconmovible a Perón y Evita. Muchos la vivíamos en nuestras familias a escondidas, casi en secreto.

Veíamos una nueva clase de curas que nos llamaban a la opción por los pobres. Leíamos lo que pasaba en otros países.

Esta historia de clima opresivo y de despertares juveniles por supuesto no empezó ese año. Pero bueno, cada quien la cuenta desde esa experiencia existencial según los años que tenía al momento de empezar a darse cuenta que algo se rompía y se recreaba adentro de uno.

Eran mis años de Colegio Nacional. Allí, en 1972 conocí a alguien que luego incidió en mi vida. Era Marquitos Zuker, el hijo de aquel famoso actor cómico. Con el y un grupo de compañeros de Colegio le aguamos la fiesta del Día del Maestro a un tal Malek, que era el Ministro de Educación del dictador Alejandro Agustin Lanusse. En el acto para la ocasión, junto a todo el alumnado, le cantamos la Marcha Peronista, vivamos a Evita y no lo dejamos hablar. A la salida lo consabido: palo y palo a chicos de trece a diecisiete años. Porque en ese momento, la mayor rebeldía que podíamos pensar era traer al Viejo de nuevo al país. Era un grito de rebelión, una mezcla de historia peronista y Marcha de la Bronca. Era los tiempos del “Luche y Vuelve”.

Pocos días antes, un 22 de agosto, nos enteramos, con el corazón en sombras, del fusilamiento de veintidos jóvenes en Trelew.

Y el 17 de Noviembre de 1972 el Viejo volvía. Allí fuimos con los pibes del colegio a Ezeiza, con milicos por todos lados. Llovía a a baldazos pero esa fe en el pueblo y en nosotros mismos era increíble. El mundo se cambiaba mañana. ¿Cómo podía ser de otra manera?. No nos querían dejar llegar. Incluso, esas imágenes maravillosas de miles de jóvenes cruzando a pie el Rio Matanza buscando a Perón y a su destino merecen estar en todas las exposiciones de los momentos de gloria de la historia argentina. Era un nuevo 17 de octubre, pero esta vez inspirada en otras vertientes, como en esa canción de John Lennon que solo tenía un año:

“Imagina que no hay posesiones,
Me pregunto si puedes,
Ninguna necesidad de codicia o hambre,
Una hermandad del hombre,
Imagina a toda la gente
Compartiendo todo el mundo…”

Fue un enorme tinkunaku, encuentro, entre juventud, pueblo y su líder. Una expresión de creatividad y también de odio agazapado, esperando su momento. ¿Cómo caminar el mundo sin querer cambiarlo todo, sin querer hablar de las flores?.

Y Perón volvió y miles de jóvenes que luego padecerían horrores sonrieron. Y el Pato Zuker pagaría luego con su vida esos sueños sanmartinianos y peronistas como también otros jóvenes no peronistas padecerían el mismo odio.

Porque después, todo fue otra historia.

Vos que hoy tenes menos de treinta y un años, viviste toda tu vida en democracia. Una democracia imperfecta, con innumerables deudas. A nosotros nos aplastaron los sueños, pero no nos hicieron dejar de soñar. Por eso le agradezco a la vida por estos últimos años tan esperanzadores a pesar del odio disimulado en otros modos.

Y en esto del Día del Militante el reconocimiento a la juventud de hoy y el cálido recuerdo de tantos amigos, compañeros, novios, novias que generosamente todo lo dieron enarbolando sueños y cantando “para el pueblo lo que es del pueblo”. Y también el recuerdo imborrable de un flaco desgarbado llamado Nestor que nos abrió la puerta para volver a soñar.
LZ

(Foto: La JP cruza el Rio Matanza en busca de su destino).

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